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EEUU contra Irak: una humilde propuesta

15/11/2002 - Autor: Noam Chomsky
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Noam Chomsky
Noam Chomsky

Los esfuerzos denodados de la Administración de Bush por hacerse con el control de Irak -mediante una guerra, un golpe de Estado militar o cualquier otro medio- han suscitado varios análisis sobre los motivos que los guían. Anatol Lieven, socio principal de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional, observa que los citados esfuerzos responden a la clásica estrategia moderna de una oligarquía derechista en peligro, que es desviar el descontento de las masas al nacionalismo a través del miedo a los enemigos externos.

El objetivo de la Administración, afirma Lieven, es el dominio mundial unilateral a través de la superioridad militar absoluta, que es la razón por la que gran parte del mundo está tan asustada. Sin embargo, la Administración de EE UU ha pasado por alto una sencilla alternativa a invadir Irak: dejar que Irán lo haga.

Antes de desarrollar esta humilde propuesta, vale la pena examinar los antecedentes de la belicosidad de Washington. Desde los ataques del 11 de septiembre, los republicanos han usado la amenaza terrorista como un pretexto para hacer que se apruebe un programa político de derechas. Para las elecciones al Congreso, la estrategia ha desviado la atención de la economía a la guerra. Cuando la campaña presidencial comience, los republicanos no querrán que la gente haga preguntas sobre sus pensiones, trabajos, seguros de salud y otros asuntos. En vez de eso, deberían estar alabando a su heroico líder por rescatarlos de una inminente destrucción por parte de un enemigo con poder colosal, y marchando hacia el enfrentamiento con la siguiente fuerza poderosa dispuesta a destruirnos.

Las atrocidades del 11 de septiembre proporcionaron una oportunidad y un pretexto para poner en práctica antiguos planes para hacerse con el control de la inmensa riqueza petrolera de Irak, un componente central de los recursos del golfo Pérsico que el Departamento de Estado, en 1945, describió como una formidable fuente de poder estratégico, y uno de los mayores premios materiales en la historia del mundo. El control de las fuentes energéticas alimenta el poder económico y militar de EE UU, y el poder estratégico se traduce en una palanca para controlar el mundo.

Una interpretación diferente es que la Administración de Bush cree en lo que dice: Irak se ha convertido en una amenaza para nuestra existencia misma y para sus vecinos. Así que debemos asegurarnos de que las armas de destrucción masiva y los medios para producirlas sean destruidos, y Sadam Husein, el monstruo, eliminado. Y rápidamente. La guerra debe hacerse este invierno. El próximo será demasiado tarde. Para entonces el hongo nuclear que la asesora Condoleezza Rice predice puede habernos consumido ya.

Supongamos que esa interpretación es correcta. Si los poderes de Oriente Próximo temen a Washington más que a Sadam, como aparentemente sucede, eso sólo revela su comprensión limitada de la realidad. Sólo es una casualidad que para el próximo invierno la campaña presidencial estadounidense esté en marcha. ¿Cómo podemos lograr entonces los objetivos anunciados? Parece que se ha ignorado un sencillo plan, quizá porque se consideraría insensato, y con razón. Pero es instructivo preguntarse por qué. La humilde propuesta es que EE UU anime a Irán a invadir Irak, proporcionando a los iraníes el necesario apoyo logístico y militar, desde una distancia segura (misiles, bombas, bases, etc.) Actuando por poderes, uno de los polos del eje del mal se enfrentaría a otro. La propuesta tiene muchas ventajas sobre sus alternativas.

En primer lugar, Sadam será derrocado; de hecho, despedazado junto a cualquiera que esté junto a él. Sus armas de destrucción masiva también serán destruidas, junto con los medios para producirlas. En segundo lugar, no habrá bajas estadounidenses. Es cierto que muchos iraquíes e iraníes morirán, pero eso difícilmente puede preocupar a nadie. Las personas del círculo del presidente Bush -muchos de ellos reaganianos reciclados- apoyaron a Sadam después de que éste atacara Irán en 1980, ajenos al enorme coste humano, o bien entonces o bajo el posterior régimen de sanciones.

Es probable que Sadam use armas químicas. Pero los actuales dirigentes apoyaron firmemente a la bestia de Bagdad cuando usó armas químicas contra Irán en los años de Reagan, y cuando usó gas contra su propio pueblo: los kurdos, que eran su propio pueblo en el sentido en que los cherokis eran el pueblo de Andrew Jackson. Los actuales planificadores de Washington continuaron apoyando a la bestia después de que cometiera sus peores crímenes con diferencia, proporcionándole incluso medios para desarrollar armas de destrucción masiva, nucleares y biológicas, justo hasta la invasión de Kuwait. Bush número uno y Cheney también autorizaron la matanza de los shiíes que llevó a cabo Sadam en marzo de 1991, en aras de la estabilidad, como se explicó escuetamente entonces. Le retiraron su apoyo a causa de su ataque a los kurdos sólo bajo gran presión internacional e interna.

En tercer lugar, la ONU no será problema. No será necesario explicar al mundo que Naciones Unidas es relevante cuando sigue las órdenes de Estados Unidos, pero irrelevante cuando no lo hace. En cuarto lugar, Irán seguramente tiene credenciales mucho mejores que Washington para hacer la guerra, y para dirigir un Irak postSadam. A diferencia de la Administración de Bush, Irán no tiene un historial de apoyo al sanguinario Sadam y su programa de armas de destrucción masiva. Se podría objetar, con razón, que no podemos confiar en la dirección iraní, pero con seguridad eso es más cierto referido a quienes siguieron ayudando a Sadam mucho después de que cometiera sus crímenes más graves. Además, nos ahorraremos el bochorno de profesar fe ciega a nuestros líderes como en los Estados totalitarios a los que ridiculizamos con razón.

En quinto lugar, la liberación será saludada con entusiasmo por gran parte de la población, en mucha mayor medida que si los estadounidenses efectúan la invasión. La gente les vitoreará en las calles de Basora y Karbala, y podemos unirnos a los periodistas iraníes en la aclamación de la nobleza y la causa justa de los liberadores.

En sexto lugar, Irán puede hacer avances hacia el establecimiento de una democracia. La mayoría de la población es shií, e Irán tendría menos problemas que EE UU en darles voz y voto en un Gobierno posterior. No habrá problema en conseguir acceso al petróleo iraquí, del mismo modo que las compañías de EE UU podrían explotar fácilmente los recursos energéticos iraníes si Washington lo permitiera.

De acuerdo, la humilde propuesta de que Irán libere Irak es insensata. Su único mérito es que es mucho más razonable que los planes que se están ejecutando, o lo sería si los objetivos declarados de la Administración tuvieran alguna relación con los reales.

* Profesor de Lingüística en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y ensayista político. Autor, entre otros libros, de El nuevo orden mundial (y el viejo) y de 11/09/2001.
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