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Respuesta a Yasin Trigo

08/10/2002 - Autor: Abdelkarim Osuna - Fuente: Webislam
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Iytihad
Iytihad

Bismil-lâhi ar-Rahmani ar-Rahim

As salamu aleykum

En relación a tu carta — ¿Qué hay detrás de la iniciativa propuesta por el secretario de la FEERI, Mehdi Flores? — me veo en la obligación de contestarte, tanto por las graves acusaciones que profieres, como por el debate de fondo sobre cuestiones jurídicas.

Quiero dejar de lado tus consideraciones sobre el supuesto carácter judaico y masónico de nuestro trabajo. Nos llamas traidores, hipócritas, judíos y masones (no todas estas palabras son un insulto, por cierto), lo cual no es agradable, y sin embargo hemos decidido no darle importancia. Una vez superada esta clase de acusaciones estériles es donde tú carta cobra un cierto interés, como muestra de un debate que se está produciendo a gran escala sobre cuestiones de jurisprudencia. Pedimos a Al-lâh que nos ayude a situarnos más allá de estas miserias, a que este debate se transforme en un motivo de aprendizaje, tanto para nosotros como para los lectores.

Antes de entrar en materia debo decirte que esta respuesta ha sido realizada como redactor jefe de Webislam. Dado que te refieres a mí como cínico y desvergonzado (aunque sin mencionar mi nombre), tengo que aclararte el motivo del comentario que puse a modo de presentación del artículo de El País en Webislam. Con ese comentario no tenía intención alguna de ofender a mis hermanos, sino mostrar nuestro desapego hacia lo que ese artículo predica.

Si había alguna clase de cinismo, era frente al modo recurrente de clasificar a los musulmanes entre radicales y moderados, donde la palabra radical es sinónimo de retrógrado y fanático. El artículo de Jesús Rodríguez contenía un mensaje entre líneas sobre los musulmanes en España: "son bastantes, pero no nos preocupemos: no están uniformados según ninguna lógica de combate, sino más bien enfrentadas entre sí". Mi comentario era una ironía sobre la incapacidad de comprensión que el Islam genera en un mundo basado en las imágenes y los estereotipos. Allí donde domina el espíritu de secta y de partido, choca el espíritu libertario de los musulmanes, aparentemente divididos, y a pesar de ello profundamente unidos en sus prácticas de adoración y en el seguimiento de la Sunna del Profeta, que la paz de Al-lâh sea siempre con él, y Su salat. Quien da importancia a lo primero verá la división, pero lo segundo indica nuestra voluntad de ir más allá de toda división hacia una concepción unitaria de la existencia. Una vez aclarado esto, si se puede decir que las discusiones son enriquecedoras.

Para un periodista la religión no puede ser más que algo primitivo, frente al universo secularizado. Cuando nos llaman "musulmanes moderados" en realidad están pensando: "primitivos, pero poco". Nosotros sonreímos ante estas clasificaciones. No nos consideramos musulmanes moderados, pues esa categoría carece de sentido. El sometimiento a Al-lâh no puede sino ser un acto radical mediante el cual uno se compromete a abandonar toda idolatría, a iniciarse en un despojamiento de todo dogmatismo, de todas las proyecciones que el hombre realiza sobre el mundo para velar su pertenencia a lo incondicionado. No hay un Islam moderado por que no ha ningún Islam fanático o no moderado, por la misma regla de tres: si alguien es fanático es que ha hecho de su religión una barrera, un ídolo enfrentado con otras religiones, y por tanto no es un verdadero musulmán. Dicho de otro modo: el Islam es una apertura radical hacia la Unicidad de la existencia, y esa Unicidad excluye el sectarismo.

La palabra integrista solo es peyorativa cuando se habla de religión, pero no cuando se trata de medicina integral, o de un concepto integrado de la naturaleza, ni tampoco cuando se habla de una persona íntegra. Si ser integrista es tratar de recuperar el Islam como un modo de vida orgánico, que abarque todos los aspectos de la vida, por supuesto que somos integristas. Sin embargo, para la prensa un integrista es alguien que quiere devolver el mundo a la Edad Media, época de la cual se suele tener una imagen deformada. La mitología sobre el laicismo como superación de una época de oscurantismo religioso no deja de impregnar todas sus concepciones. Esa idea está estrechamente relacionada a la de la superioridad del hombre blanco, la idea de progreso, etc.

La diferencia entre el fiqh y la sharî’a

Según tú lo planteas, nosotros representamos una corriente que se entiende con el Kufr para desarticular el Islam, y ves en una serie de escritos aparecidos en Webislam un intento de "alejarse de cualquier consideración islámica jurídica", "actuar como agentes e instrumentos de los enemigos del Islam". En definitiva: "estos conversos musulmanes se convierten en los agentes por excelencia de esa ruptura entre la política y la religión". Es decir, según tú lo presentas, en nuestros escritos aparece la apuesta por un Islam secularizado, que ha operado la separación entre la religión y la política, y la propuesta de El Mehdi Flores se sitúa en la línea de desarticular la jurisprudencia islámica.

Todo eso es, por supuesto, absolutamente falso, hasta el punto que se nos cae el alma a los pies de oír a un hermano proferir semejante sarta de mentiras. Entre los más de cuarenta mil folios aparecidos en Webislam a lo largo de unos cinco años, no creo que puedas encontrar ningún escrito en el cual se abogue por el abandono de la jurisprudencia, o del sentido integral del Islam como el mejor modo de gobernarse. Muy al contrario: nosotros tratamos de trabajar en esa dirección, con el permiso de Al-lâh. Lo que planteamos no es la renuncia a la Ley, sino su recuperación en el presente, en un momento en el cual nos es absolutamente necesaria. Así lo hemos escrito repetidas veces:

La tarea de cada generación de musulmanes es la de aplicar la Ley Eterna al conjunto de la sociedad. (...) La actualidad de la Sharî’a es absoluta (...) Las prescripciones coránicas y la sunna del Profeta (paz y bendiciones) sobre el matrimonio, sobre la familia, sobre la guerra y el comercio, etc., son tan perfectas que su cumplimiento estricto es el único horizonte posible para el logro de una sociedad pacificada. (Defensa de la Sharî’a, en webislam nº 169).

En otro momento cometes la torpeza de citar —como prueba de tus acusaciones— un texto en el cual se afirma explícitamente que "la Sharî’a representa el modelo a partir del cual legislar". Es curioso que cites estas palabras como un ejemplo de nuestra pretensión de "relegar el código islámico jurídico"... pero, ¿acaso legislar es relegar el código jurídico?, ¿acaso no es, y muy precisamente, aplicarlo?, ¿dónde está la renuncia a la integralidad del Islam, a su aplicación en forma de gobierno? No comprendo como puedes extraer de un texto como éste la idea de que queremos abandonar el fiqh, cuando lo que estamos haciendo es meditar sobre sus modos de aplicación en el presente. Tú ceguera me desborda. ¿Cómo es posible? La única respuesta es pensar que has proyectado un esquema previo a nuestras concepciones, confundiéndonos con los movimientos modernistas tipo al-Afghani, Muhammad Abdu, Rashid Rida, etc., a los cuales también calificas de masones infiltrados. Pero, si miras un poco más de cerca, verás que nosotros no nos situamos en la línea de los llamados movimientos modernistas, sino que defendemos la recuperación de una concepción orgánica del Islam como modo de vida, según el Corán y la tradición de nuestro Profeta bienamado. Sobre esto hemos escrito:

Algunos piensan que es necesario adaptar las leyes del Islam a los tiempos modernos... Ese tipo de ideas reformistas son, precisamente, las que han conducido a una fractura con la tradición tal y como vemos en estados como el Saudí, en el cual se aplica la concepción del reformista Muhámmad ibn Abdel Wahhab...

Con lo cual debe hacerse claro que no solo no cerramos filas con los modernistas sino que hemos mostrado nuestro rechazo, aunque sin descalificarlos tan categóricamente (en el ‘Iqd al-Muÿtahid fi ahkam al-Iÿtihâd de Dahlawi se citan estas palabras de Iman Mâlik: "Toda palabra —cualquiera que sea su autor— contiene algo verdadero y algo criticable, salvo la palabra del Profeta", p. y b.). Esos hombres trataron de vivificar el Dîn según Al-lâh se lo dio a entender en su momento, y no creo que fuesen enemigos del Islam en su corazón, aunque solo Al-lâh sabe.

Si la Ley del Islam no puede variar es porque es una Ley eterna, revelada:

Si la Sharî’a es el "camino" que conduce al hombre hacia Al-lâh, el fiqh es la ciencia jurídica que hay que aplicar para que el hombre no se extravíe de ese camino. La Sharî’a, en suma, es eterna, mientras que el fiqh es histórico.

Estas son palabras de tu escrito, pero me suena haber escrito lo mismo en algún lado, o tal vez fuese Yaratul-lâh o Seyyed az-Zahirí. Es normal, pues se trata de algo en lo cual creo que todos estamos de acuerdo. Pero es justamente en este punto en el cual empiezan nuestras diferencias. Reconocer el carácter histórico del fiqh es reconocer que ha sido construido por el hombre, en base a la revelación eterna. Precisamente la confusión de la Sharî’a con el fiqh es aquello que caracteriza a todo fanatismo, que trata de aplicar las mismas leyes derivadas del Corán y la Sunna en un contexto diferente para el cual fueron establecidas, rompiendo con el entorno inmediato donde debe ser aplicada la Ley. La Sharî’a no es el fiqh mâlikí o hanbalí, sino que éstos emanan de la Sharî’a. En esta misma dirección se sitúan las palabras de El Mehdi, que tú tan ampliamente citas:

Reducir la Sharî’a al fiqh significa caer en la trampa de la reificación y de la unidimensionalidad. (...) Los movimientos salafíes, el wahhabismo y los Hermanos Musulmanes, entre otros, sufren esa tensión porque confunden Sharî’a y fiqh, y en su empeño de "fijar" el fiqh, hacerlo invariable como la Sharî’a, necesitan sujetos y sociedades también "fijas", inmutables.

¿Cuál es pues la diferencia entre tus concepciones y las nuestras? Según tus palabras, el error de El Mehdi consiste en que acaba cayendo en la confusión entre la Sharî’a y el fiqh que denuncia, ... al no definir precisamente cuales serían los límites de la Sharî’a, y cual la jurisdicción de un fiqh activo... según una escuela (madzhab) de jurisprudencia concreta.

Tal y como tu bien dices, este es el meollo del asunto, el terreno donde los caminos se bifurcan (según las expresión de Borges... ¡un judío!). Es aquí donde citas un texto incluido como anexo a La Risala de al-Qairawani, en el cual ‘Ali Laraki afirma:

Por consenso de la Umma, sólo está permitido hacer taqlid de uno de los cuatro madzhabs o escuelas de derecho musulmán. Por lo tanto, si alguien se arroga la capacidad de hacer iÿtihad absoluto ello sólo le concierne a él, ya que a los demás musulmanes no les está permitido seguirle.

Sobre esta consideración de ‘Ali Laraki, citada por ti, debo decirte que se basa en una contradicción esencial. Es cierto que estos cuatro grandes juristas son una referencia obligada para todos aquellos que se interesen en el fiqh, tanto por el consenso generado como por la fecundidad de sus opiniones. Y sin embargo, hablar del taqlid en relación a Abû Hanifa, de Mâlik, de Shafî’î e Ibn Hanbal es un contrasentido. En primer lugar por las palabras ya citadas de Mâlik, en el sentido de que la palabra de los hombres no puede ser infalible, salvo el caso del Profeta, que la paz de Al-lâh sea sobre él, y Su salat. Cualquier creación humana, por excelsa que sea, está limitada por el espacio y el tiempo, no pudiéndose evitar en ningún caso el ser portavoces de una intención (maqâsid) preconcebida en la lectura de los textos. Eso es algo que los cuatro han reconocido explícitamente, con lo cual el taqlid que planteas es del todo inapropiado.

Esta es la opción de Shafî’î: "La tradición auténtica del Profeta, esta es mi doctrina. Si encontráis que mis palabras se separan de ellas, olvidadlas. Nadie, salvo el Profeta de Al-lâh, debe ser imitado". (Citado en al-Radd ‘ala man ajlada ila-l-ard de Suyuti, ed. Alger 1907, p. 56). Donde Shafî’î nos invita a poner en duda sus dictámenes, a no perder de vista como referencias esenciales el Corán y la Sunna, a apartarnos de él si lo creemos errado.

Este es el caso de Abû Hanifa: "El que no comprende mi argumento no debe basarse sobre lo que digo para emitir una fatwa" (según el ‘Iqd al-Muÿtahid fi ahkam al-Iÿtihâd de Dahlawi, imprenta Salafiyya, p. 49).

La palabra más clara corresponde a Ahmad Ibn Hanbal, el cual, según el A’lam al-Muwaqqi’in (II, 183, ed. Cairo 1969) habría dicho:

No me imitéis ni imitéis a Mâlik ni a cualquier otro. Sacad los estatutos (ahkâm) de donde los han sacado ellos es decir: del Corán y la Sunna.

Tal y como dice Seyyed az-Zahirí: "Convertir en dogma la opinión de unos hombres que rechazaron todo dogmatismo no tiene nada de lógico ni de inteligente, por lo cual debemos pensar esa posición como perversa" (El Iÿtihad, en Verde Islam nº 18). Tal vez esta sea la reificación a la cual el texto de El Mehdi Flores se refiere: a esa actitud consistente en hacer de los madzhabs algo inamovible, aun cuando esta actitud vaya claramente en contra de la postura de los creadores de los madzhabs aludidos.

Todo esto me recuerda a una anécdota de Woody Allen (¡otro judío!), cuando fue sometido a una serie de tests tras la cual un equipo de psicólogos dictaminó que poseía una inteligencia superior. "¿Superior a vosotros?" Preguntó. Los psicólogos asintieron. "Si es así, yo digo que vuestro veredicto está equivocado".

Más o menos lo mismo: tú quieres convertir los dictámenes de Iman Mâlik en un dogma indiscutible, pero él nos mira desde el Madarik de ‘Iyad, (libro I, 189) y nos dice: "No soy más que un mortal que puede decir tanto lo verdadero como lo falso. Reflexionad bien lo que os digo: lo que consideréis conforme al Corán y la Sunna, tomadlo; lo que no, dejadlo". Palabras sabias de un hombre consciente de que su opinión personal no puede constituirse en algo válido hasta el fin de los tiempos.

¿Quién entonces es un verdadero seguidor del Iman Mâlik, tú o nosotros? Me permito contestarte: tú sigues a Iman Mâlik como un ídolo, quieres petrificar un trabajo que él concebía desde la apertura, traicionando su sentido. Para nosotros él es un musulmán, un gran hombre que nos ha legado una obra que nos merece un pleno reconocimiento. Un trabajo de construcción de la jurisprudencia según unos principios que sí vale la pena tomar como modelo: Iÿma’, Iÿtihâd, Istihsan, etc., así como una actitud humilde y alejada de todo servilismo.

Pero, ¿por qué se habla de cuatro escuelas jurídicas? ¿Acaso lo hace Al-lâh en su Corán Generoso? ¿Acaso hay alguna indicación del Profeta (saws) en ese sentido? ¿Acaso lo establecieron Abû Bakr, ‘Umar ibn al-Jattab, ‘Uthman, Alî Abû Talib (r.a.)? Tampoco en las obras de Hanifa, de Mâlik, de Shafî’î e Ibn Hanbal se encuentra esta doctrina. ¿De donde cuatro madzhabs, y que pasa con los otros?

Los madzhabs no son cuatro, ni nunca han sido cuatro. Nunca en la historia del Islam, salvo en la mente de algunos que así lo han decretado. No se ni quienes, ni porque, ni con que autoridad han escogido esos madzhabs en detrimento de otras construcciones reconocidas en su tiempo, tales como la de Awzâ’î (m. 157 d.H.), Sufyân al-Tawrî (161, d.H.), al-Layt ibn Sa’d (m. 175 d.H, del cual Shâfî’î escribió que era superior a su maestro Iman Mâlik), por no olvidar a Tabarî (m. 311) o a los representantes del madzhab Dzahirí: Dâwûd al-Dzahirî y su reformulación por el cordobés Ibn Hazm (m. 456 d.H.). Hay que notar que esa referencia a las cuatro escuelas de jurisprudencia deja fuera de la Ummah a los chiítas (sobretodo el madzhab ya’farí, pero no únicamente), lo cual a estas alturas es algo impresentable.

Sobre los zahiríes y su radical rechazo de toda forma de taqlid, no me resisto a transcribir la opinión de Ibn Hazm de Córdoba:

No está permitido a ningún hombre imitar a cualquier otro, vivo o muerto, porque cada uno está obligado a realizar, en la medida de sus posibilidades, un iÿtihad.

Cualquiera que imite a un Sahaba, a un Tabi’in, a Mâlik, a Abû Hanifa, a ash-Shâfi’î, a Sufyân at-Tawrî, a al-Awzâ’î, a Ahmad ibn Hanbal o a Dâwûd adz-Dzahirí —que Al-lâh esté complacido con ellos— sepan que ellos no son responsables de su persona, tanto en este mundo como en el Otro.

Estas palabras están recogidas en su Al-Fisal fî al-milal wa al-ahwâ’ an-nihal (nótese que ibn Hazm se refiere a las más de cuatro escuelas activas en su tiempo). Siguiendo en al-Andalus, donde ahora mismo está sucediendo todo esto, quiero también citar la opción de ibn ‘Arabî, el más grande de los maestros, según su biógrafa Claude Addas:

Ibn ‘Arabî no adoptará el madzhab dzahirí ni ningún otro (...) El Shayj al-Akbar considera que la puerta del iÿtihad no está cerrada y permanecerá abierta hasta el final de los tiempos. Todo iÿtihad es, por consiguiente, válido, siempre que no se aparte de la Sharî’a. (Ibn ‘Arabî o la búsqueda del azufre rojo, ed. regional de Murcia p. 55).

Cuando buceamos en las fuentes del Islam siempre nos sucede lo mismo: frente a la cerrazón de miras de nuestros contemporáneos nos encontramos con una tradición abierta y generosa, que nos insta una y otra vez a vivenciar el Islam aquí y ahora. Alhamdulil-lâh que poseemos un determinado acceso a esas fuentes, sino los nuevos dogmáticos acabarían haciéndonos creer que la jurisprudencia es un asunto ya acabado...

Pues en definitiva, ¿qué es la imitación? Una renuncia al ejercicio de las facultades que Al-lâh ha otorgado al hombre: capacidad de comprensión, de raciocinio, de interiorizar el objeto de su estudio. Pero, sobre todo: imitar es no ejercer la propia responsabilidad personal del hombre que reconoce su sometimiento a Al-lâh, sin coacción alguna. La imitación, en el sentido de adoptar una serie de normas de comportamiento externas o heredadas sin meditación ni actualización en el presente, está en contradicción con el mandato coránico, tantas veces repetido:

"Ciertamente, hemos hecho descender sobre ti esta escritura divina que expone la verdad, para que juzgues entre los hombres según lo que Al-lâh te da a entender".

(4:105)

"Así salva Al-lâh vidas de la muerte y os muestra Su voluntad, para que aprendáis a usar vuestra razón"

(2:73)

Pero cuando se les dice: "Seguid lo que Al-lâh ha revelado", algunos responden: "¡No!, seguiremos sólo lo que hemos hallado que creían y hacían nuestros antepasados".

(2:170)

"Y existe entre la gente quien disputa sobre Al-lâh sin conocimiento, ni guía, ni una Escritura luminosa."

(22:8)

"En verdad, las peores bestias ante Al-lâh son las sordas y mudas, aquellas que no razonan."

(8:22)

"Dirán: ‘Si hubiéramos oído o razonado, no estaríamos entre los compañeros del Fuego’."

(67:10)

"Ciertamente, hay en ello signos para gente que razona."

(2:164, 16:12, 45:13, 16:11)

También en la Sunna de Rasulul-lâh, saws, encontramos numerosas exhortaciones hacia el uso de la razón, del ejercicio de la propia responsabilidad y la búsqueda del conocimiento:

El Profeta (saws) dijo: "La búsqueda de la Ciencia es una obligación para todo musulmán, pues sepan que Al-lâh ama al buscador del Conocimiento".

El Profeta (saws) dijo: "Sólo se comprende todo el bien con el intelecto. No hay Dîn para quien no tiene intelecto".

Que yo sepa los comentarios de ‘Ali Laraki no anulan el Corán ni la Sunna del Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-lâh sean con él. Espero que en eso si podremos encontrar un amplio consenso, en el caso de que alguien nos diga quien es el tal Laraki, ¿por qué se incluye su texto como anexo a La Risala de Ibn Abi Zaid al-Qairawani? Tal vez sea porque había que afirmar sobre el fiqh mâlikí algo que no se encuentra en el fiqh mâlikí, a saber: la propia teoría de los cuatro madzhabs, según la cual fuera de la aceptación servil de alguna de esas escuelas nos salimos del Islam. Nótese, por si fuera poco, que ‘Ali Laraki se está refiriendo aquí al iÿtihad absoluto, es decir: al que no toma como punto de partida las soluciones de las escuelas mencionadas, aún en el caso de que se aparte de ellas en algún caso concreto...

Ninguno de nosotros, que yo sepa, ha denigrado o rechazado ninguna de las escuelas tradicionales de jurisprudencia, ¡Al-lâh nos libre de semejante idea! Las obras de los juristas musulmanes llenan de admiración a todos los estudiosos que se acercan a ellas sin prejuicios. Simplemente: nos negamos a aceptar la idolatría que quiere hacer de una aplicación histórica concreta una ley eterna. Lo fosilizado no es el fiqh de Abû Hanifa, sino la actitud de aquellos que lo toman como algo inamovible, que no comprenden que se trata de un modelo que debemos emular en sus métodos, pero que no todos sus resultados son necesariamente vinculantes, sino que existen disposiciones más o menos apropiadas para cada circunstancia. La aceptación de las escuelas de jurisprudencia no puede realizarse nunca a costa de anular el ejercicio de nuestras facultades mentales, sino como acicate para su actualización en el presente.

Eso no nos lo estamos inventando, sino que lo decían esos mismos hombres. Es conocida la anécdota de Iman Shâfi’î, cuando le preguntaron sobre una decisión jurídica determinada en El Cairo, y contestó en un sentido contrario a su Risala, argumentando (ante los sorprendidos alfaquíes): "no se puede legislar lo mismo en Bagdad que en El Cairo". Del mismo modo no se puede legislar lo mismo en Arabia que en Somalia, o en Francia que en Malasia, ni en el siglo VII que en el siglo XXI, y siempre por la misma razón: porque el contexto es diferente. La Sharî’a es el camino manantial que conduce al hombre hasta Al-lâh, y el fiqh pretende ofrecer una solución realista a los problemas de una comunidad determinada, y no imponer algo que choca frontalmente con toda posibilidad real de ser establecido.

Califato y democracia

En el camino que va de la Sharî’a hasta el fiqh debemos tomar como maestros a los grandes autores clásicos. Recrear un fiqh a partir de las fuentes, tal y como ellos hicieron, teniéndolos como maestros que nos dan su aliento, jamás como una carga que nos paraliza. El rigor con el cual ellos han planteado la aplicación de la Sharî’a en un tiempo histórico preciso si constituye un ejemplo a seguir, una muestra de la grandeza del Islam tradicional frente a las concepciones reformistas. Parece que estas de acuerdo en ello cuando dices:

En el legítimo deseo de purificar el Islam de la bazofia que ha impuesto en el mundo islámico tanto la Wahhabiyya como los movimientos modernistas (yadidi), estos conversos musulmanes declaran que el iÿtihad está abierto otra vez. Pero, ¿no es eso precisamente lo que defienden la Wahhabiyya y los modernistas?

Lo cual, a su vez, coincide con las palabras de Seyyed az-Zahirí aparecidas en Verde Islam nº 18, p. 32:

Debemos recordar que la necesidad de recuperar el iÿtihad en un sentido amplio ha sido expresada por todos los llamados movimientos reformistas, desde Ibn Taymiyya hasta Hasan al-Bana, pasando por el propio Muhámmad Ibn Abd al-Wahhab...

Es aquí donde se nos hace patente la necesidad de la shura como una pieza del Islam en su conjunto, pues el iÿtihad sin ashura se convierte en un arma al servicio del poder establecido, que ha de utilizar a los alfaquíes de turno para dictar fatuas a su medida. Con ello queda eludida la Sharî’a, toda forma de lazo entre el poder y la Misericordia, y el poder se vuelve despótico. La ashura es un mecanismo colectivo que se desprende del ejercicio del califato, de la responsabilidad que Al-lâh ha otorgado a cada ser humano:

"Ofrecimos el compromiso de la razón y la voluntad a los cielos, a la tierra y a las montañas: pero rehusaron cargar con él por temor. No obstante, el hombre lo aceptó..."

(33:72)

"Y he ahí que tu Sustentador dijo a los ángeles: ‘Voy a poner un califa mío en la tierra’."

(2:30)

"Y todo lo que un ser humano haga recaerá sólo en él; y nadie habrá de soportar la carga de otro."

(6:164)

La responsabilidad de gobernar su vida ha sido ofrecida por Al-lâh a cada ser humano, y asumirla es inseparable de asumir la relación directa entre la criatura y el Creador, del uno con el Único, una relación que no puede ser otra que la auto-sumisión consciente. Siendo así, el musulmán se afirma como poseedor de la responsabilidad de gobernarse a si mismo en base a la capacidad que Al-lâh le ha otorgado, afirma su soberanía frente a cualquier imposición externa, y trata de hacerse protagonista de su propia vida. Una comunidad de musulmanes no puede ser la de seres sumisos a un poder totalitario, por muy islámico que este poder se llame.

No nos puede sorprender saber que en la comunidad profética de Medina las decisiones se tomaban en ashura: el Profeta, que la paz sea con él, reunía a toda la comunidad en la Mezquita, y ahí decidían en conjunto los problemas que afectaban a la convivencia… Insistimos en que el Mensajero de Al-lâh, paz y bendiciones, siempre tomó sus decisiones con la comunidad en pleno, hombres y mujeres. Democracia: gobierno participativo. Claro que en esos momentos la comunidad de los creyentes era pequeña, y todos se conocían, pero el hecho de que el Islam haya crecido no justifica que deba masificarse, ni abandonar los principios comunitarios en los que se basa. Debemos, por el contrario, meditar el modo de aplicar los mecanismos de participación del pueblo en el presente.

Es el tema de la Shura lo que nos conduce a desmarcarnos de las concepciones modernistas, sobre todo en el momento en que aceptan el marco del Estado para aplicarse. Si hemos definido la Shura como "democracia directa" es para contextualizar nuestro trabajo, y mostrar a la sociedad donde vivimos que el Islam no pretende arrasar con todo y volver a un pasado medieval utópico, sino constituirse en apuesta de futuro. Proponer desde el Islam la superación de la democracia de los partidos hacia formas más abiertas de participación del pueblo… eso no es algo que puedas descartar como una conspiración judeo-masónica. Se trata de una de esas ideas-fuerza capaces de hacer salir a los musulmanes de la posición de sospechosos en la cual hemos sido situados, y situarnos como perspectiva de futuro. En este sentido queremos insistir tanto en la idea de una "democracia directa" (más cercana al marco comunitario que al de la estructura del estado) como en la prohibición de la usura y el redescubrimiento de toda la normativa islámica sobre el comercio, aplicada de un modo realista aquí y ahora.

Nosotros hemos llegado a la concepción de la democracia en el Islam por un imperativo, que nada tiene que ver con el oportunismo ni con la desarticulación del Dîn. Se trata de una situación que nos ha sido dada, y tratamos de hacer posible el Islam en este preciso contexto, actualizar la Palabra en base a las posibilidades del presente, tal y como lo hicieron los grandes juristas del pasado. Creo que la aplicación inteligente y un cierto realismo son más conformes al sentido del fiqh que no el aferrarse a una mitología impracticable, a la nostalgia de una época histórica pasada, a un califato que sólo existe como modelo de virtudes en la hagiografía de los que se han encargado de legitimar esta o aquella tiranía. ¿O me vas a decir que el califato de los omeyas, abbasíes o de los otomanos es un modelo al cual debemos retornar?

Por el contrario, según tú lo planteas, nuestra insistencia en que Islam y democracia no son incompatibles es una muestra de que estamos infiltrados (como los deportistas). Muchos de los que escribimos en Webislam sostenemos que la verdadera incompatibilidad está entre un sistema basado en la usura y el sentido original de democracia. Para nosotros el Islam es la fuerza que ha de transformar el mundo en que vivimos. Al plantear este trabajo respondemos a un mandato, a una necesidad emanada de los tiempos. Queremos ofrecer un modelo de vida orgánico e integrado, que no excluya a nadie, sino que ponga en juego todas las capacidades del ser humano en el cuidado del mundo, para complacer al Creador de los cielos y la tierra. Creemos que podemos ofrecer a nuestros compatriotas un modelo social más justo, tratar de avanzar hacia la prohibición de la usura, hacia la erradicación de la pobreza, hacia la desarticulación de una sociedad basada en la depredación y en la exacerbación de las pasiones, desigualdad, racismo, usura, incitación al consumo, etc. Y en eso se trabaja.

Todo esto choca con la idea que tú expresas de la democracia como un "invento judío"… estos comentarios han hecho sonreír a más de uno entre nosotros: por aquí andan diciendo que quieres ganarte el puesto de imam de alguna suntuosa mezquita. Para lograrlo no tienes más que repetir este estribillo ("el Islam es incompatible con la democracia") sin meditar lo que las palabras significan: Islam, democracia… ya no son "sometimiento a Al-lâh" o "gobierno participativo", sino que se han convertido en tu boca en estereotipos definidos por la historia, pertenecientes a culturas que deben enfrentarse a muerte. Justo lo que el Kufur predica, tratando de justificar así la persecución de los musulmanes. Para completarlo puedes decir, como lo haces, que la posición de judíos y cristianos dentro de la comunidad de los creyentes implica la asunción de una categoría social inferior:

"Este pacto, llamado dimma ("protección"), que impone la legislación islámica tanto a los judíos como a los cristianos, expresa la subordinación y dependencia de éstos, estableciendo una serie de restricciones "sociales" que los obliga a acoplarse dentro de una posición social inferior a la de los musulmanes.…"

Un párrafo como este merecería pasar a una antología de los despropósitos que hemos oído sobre el Islam, que son muchos. Realmente, pareces coincidir con el modelo de musulmán que el sionismo fomenta y le interesa, hasta el punto de que dudamos si tratas de imitar a Iman Malik, o a ese estereotipo. Por supuesto que tú mención del régimen de los dzimmíes no es más que una caricatura. Si esta descripción la lanzasen miembros de otras religiones podríamos hablar directamente de una calumnia al Islam. Al presentarte tú como musulmán (y converso) la cosa da que pensar.

Creo que has caricaturizado conscientemente nuestra postura frente a la democracia, eludiendo el contenido de nuestra propuesta, por no hablar de la palabra que pones entre ellas: "incompatible", como un letrero de haram, prohibido. Habría que meditar, más bien, sobre "que Islam", "que democracia", antes de decretar la ausencia de compasión (de pathos) entre lo uno y lo otro. Cuando, si lo piensas bien, la Realidad Única compasiona con todo.

Esto en cuanto a nuestras concepciones. (O por lo menos a las mías. Aquí debo recordar que Webislam no es el órgano de expresión de ningún grupo cerrado, con lo cual es probable que algunos de los que trabajan con nosotros estén en desacuerdo).

El nombramiento de Abdelkarim Carrasco y la propuesta de El Mehdi

La tergiversación que realizas en torno al nombramiento de Abdelkarim Carrasco como vocal de la Comisión Asesora de Libertad Religiosa es lamentable. Quieres dar la imagen de una connivencia entre la FEERI y el Estado, pero la realidad es bien distinta: desde hace muchos años los llamados musulmanes reformistas, radicales o fundamentalistas SÍ han pertenecido a dicho organismo, mientas que a los musulmanes españoles se les ha ninguneado. El entendimiento entre la administración española y las tendencias que viene del Golfo no es sino un reflejo de otra connivencia: la establecida entre todas aquellas corrientes llamadas fundamentalistas y los estados occidentales. Una colaboración instaurada en base a intereses económicos comunes, y que trata de bloquear el acceso del Islam hacia occidente. El gobierno español, en este caso, no hace sino seguir el modelo de la administración americana. Ese pacto es lo que una y otra vez nuestras páginas denuncian. A todos ellos les conviene dar la imagen del Islam como algo extranjero, según lo expresa El Mehdi Flores.

Recuerdo ahora las palabras del Mufti de Marsella, que ante la pregunta: "¿cuándo desaparecerá el fundamentalismo en Francia?" contestaba: "cuando el estado francés deje de apoyarlo".

Frente estas estrategias los musulmanes conversos somos un incordio: no les interesamos ni a los unos ni a los otros, a pesar de lo cual los musulmanes españoles hemos dejado oír nuestra voz, llamar la atención de la prensa a través de las publicaciones de Junta Islámica. Un trabajo hecho sin apoyo, en una situación precaria. Tras los últimos sucesos a nivel internacional, la actitud del estado se ha visto cuestionada por la prensa. El nombramiento de Abdelkarim es el resultado de una coyuntura en la cual la administración se ha visto tan al descubierto que no ha tenido más remedio que ceder en ese nombramiento... de ahí a una conspiración urdida en conjunto por la FEERI y el Estado hay un inmenso trecho.

Es hora de darse cuenta de que dicha connivencia entre los estados occidentales y las llamadas corrientes fundamentalistas está quebrando, que se ha abierto una brecha por la que el Islam penetra en occidente. Pero no solo eso: muchos inmigrantes, exiliados políticos o visitantes de Webislam están encontrando ese Islam que les era propio desde su nacimiento. Son muchos los que nos escriben agradecidos. Hace poco nos encontramos con una mujer iraquí, que nos confesó su alejamiento del Islam a causa de la política de los ulemas de su patria. Por la noche nos dijo: con vosotros si me siento musulmana.

¿Qué importa lo que tú o yo pensemos frente a la Realidad que todo lo gobierna? Nosotros nos situamos en una situación de hecho, y es en ella en la cual tratamos de hacer posible el Islam. No soñamos con la restauración del califato según unos modelos del pasado, sino en las nuevas creaciones del futuro. No nos remitimos a ninguna edad de oro sino que tratamos de vivenciar el Islam en el presente. La Revelación está descendiendo ahora. No hay pasado, presente o futuro para la eternidad de la Palabra. Todo el Tiempo es Suyo, porque —según el hadîz qudsi— Él es el Tiempo.

Hay algo que está sucediendo, que sucede cada vez que unos hombres se atreven a recibir la Palabra revelada, y es la expansión del Islam como algo en esencia creativo, capaz de superar las trabas conceptuales mediante una verdadera yihad por revitalizar el Dîn, para hacerlo posible en el presente de nuestras construcciones de califa. Nosotros somos una mota de polvo, pero sentimos como la rahma sopla sobre nuestras cabezas, como nos penetra y nos conduce. No podemos sino responder a ese mandato, a la inmensa demanda de un mundo que se ha visto condenado por la depredación capitalista. Nosotros, a través de la Web, recibimos una serie de preguntas que nos obligan a trazar una respuesta, a indagar en las fuentes, con el permiso de Al-lâh. Es así que nuestro pensamiento surge de una situación determinada, en contacto con la realidad que se construye.

Así surgió la propuesta de El Mehdi: como un modo de desenmascarar esa política entre estados, de mostrar la incoherencia de una administración que dice combatir el terrorismo a miles de kilómetros mientras lo fomenta en casa. Lejos de ser una colaboración entre los conversos y el estado español, esa propuesta puede abocar a la administración a un conflicto diplomático. En este caso, lo que se pretende es utilizar los medios del sistema para mostrar su incoherencia.

Pedimos a Al-lâh que nos permita seguir en su ámana, que nos de la fuerza para responder a Su mandato, para afrontar el presente desde una apertura de corazón que nos permita situarnos por encima de las miserias de los enemigos del Islam.

Baraka Al-lâh wa Rahma

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