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Jutba del maqam de Musa 6

27/09/2002 - Autor: Hashim Cabrera - Fuente: Webislam
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desierto
Desierto

Musa, la paz sea con él, parte con su pueblo desde la tierra del velo hacia la tierra de la Realidad, hacia dar al Haqq, y para ello tiene que conducirlo hacia dar al islam, hacia un territorio donde pueda expresarse el sometimiento a la Realidad, libre de la tiranía del ser humano y de sus costumbres. El enemigo exterior ha sido aparentemente vencido cuando los banu Israil ven a Faraón dando testimonio de la Realidad y suplicando la magfira mientras se ahoga en el mar. Han visto con sus propios ojos la mentira de la encarnación, la falsedad del velo. Ya saben que Allah no se encarna en ninguna criatura, que no es algo exterior que se introduce misteriosamente en los cuerpos, también saben que tienen un enviado de Allah y que Allah les está prometiendo la liberación completa. Siguen a Musa y a Harún, la paz sea con ellos, en su vuelta hacia su Señor, dirigiéndose hacia la península de Sinaí.

La ummah sigue los pasos del mensajero, que ya ha recorrido ese mismo trayecto con anterioridad, en un estado parecido al que ahora vive, como un pueblo perdido, sin conciencia de Allah. Ya tienen un profeta y un guía que les ha librado del enemigo exterior, pero no saben vivir de manera distinta a como lo hacían durante el cautiverio, no saben ni siquiera a donde van ni a quien adorar ni cómo hacerlo. Aún están viviendo en yahilia, en situación de ignorancia, faltos de discernimiento y de criterio. En ese estado le piden a Musa que les de un dios como el que tienen los otros pueblos que ellos han conocido, un dios al que puedan ver con sus propios ojos, como nos dice el Qur’an:

"Y franqueamos a los banu Israil la travesía del mar; y luego se encontraron con un pueblo entregado a la adoración de sus ídolos. Dijeron: "¡Musa, danos un dios como el de ellos!"

Respondió: "¡En verdad, sois un pueblo sin criterio! Respecto a estos, ciertamente, su modo de vida conduce a la destrucción; y todo lo que hayan hecho habrá sido en vano."

(Sura 7. Al Aaraf. La facultad de discernir. Ayat 138-139)

Allah, en Su majestad y con Su poder, da a cada ser humano la guía que necesita para cruzar la tierra de la creación a plena luz, da a cada pueblo, a cada ser humano, Su mensaje, cada vez de una forma distinta, siguiendo un desenvolvimiento cabal y armonioso. La revelación ilumina nuestra ignorancia.

El maqam de los banu Israil es el mismo maqam de Musa, la paz sea con él. El maqam de un siervo es el maqam de su mensajero y el maqam del mensajero es el maqam donde se realiza su Señor como Al Mu’izz, Aquel que honra al ser humano con Su teofanía, siempre viva y renovándose en cada profeta, en cada ‘arif, en la recitación de Sus Más Bellos Nombres, en un olor, en un sonido y en un color que nos alcanzan mediante Su Rahma, haciéndonos conscientes del Recuerdo.

Los banu Israil quieren ver a Allah con sus propios ojos, como Musa, que oye el discurso de su Señor como Recuerdo, sin saber desde dónde Le habla, sin poder encontrarlo en ningún sitio. En esta estación paradójica tiene que transmitir la revelación, articular el mensaje, señalar a su pueblo el sendero hacia la ájira de la luz blanca, de la conciencia trascendental.

Cada pueblo tiene su mensajero, y la enseñanza de Musa, la paz sea con él, ilumina a un pueblo encadenado a su ignorancia, a unas gentes ensombrecidas por el cautiverio y por el olvido. La luz de los banu Israil se ha ensombrecido con el velo, en la tierra del nisyán, cautiva en el kufr. La Ummah de Musa necesita una palabra recta, una indicación sensata y comprensible que abra nuevamente una brecha a la luz. Esa necesidad de Bien y de Belleza va a ser satisfecha por Allah mediante la revelación de un pacto con unas indicaciones claras para iniciar la andadura hacia la tierra de la Realidad, hacia la verdadera liberación.

La palabra divina abre una brecha a la luz activando nuestros centros sutiles. Allah hace vivir al Musa de nuestro ser en la paradoja, para que podamos comprender a nuestra Ummah y compasionarnos con ella. Musa, la paz sea con él, ha sido iluminado con la revelación y por eso dice a su pueblo:

"Y dijo: ‘¿He de buscaros un dios distinto de Allah, siendo así que Él os ha favorecido sobre todos los demás pueblos?’"

(Sura 7. Al Aaraf. La facultad de discernir. Aya 140)

Musa, la paz sea con él, está recordándole a su pueblo los favores que ha recibido de Allah. Quiere guiarles al Recuerdo: Allah no sólo les ha salvado del enemigo exterior sino que, además, durante siglos les ha favorecido enviándoles profetas y mensajes, hombres y mujeres justos, dándoles sin cesar señales de Su Amor y de Su Compasión:

"Y entre el pueblo de Musa han habido gentes que intentaban guiar a otros por el camino de la verdad y, mediante ella, actuar con justicia."

(Sura 7. Al Aaraf. La facultad de discernir. Aya 159)

La Ummah de Musa es fundamentalmente una comunidad rebelde en la que viven hombres y mujeres justos, una comunidad real y contradictoria que es la que constituye la humanidad, una sociedad heterogénea que incluye actitudes vitales a veces contrapuestas. Musa quiere recordar a su pueblo lo mejor de ellos mismos, reconducirles hacia su condición más luminosa, pero se desenvuelve en un maqam paradójico, sin saber exactamente cual es su pueblo ni donde está su tierra. Sólo obedece a su Señor. Allah conoce el corazón de Su siervo Musa, y le emplaza durante cuarenta noches en el Sinaí. Musa pide a Harún que ocupe su lugar ante la comunidad durante este tiempo. Las primeras treinta noches, según Ibn Abbás, fueron de ayuno y meditación, de preparación interna para recibir la Torah, en forma de Háqiqa y de Sharíah, un alumbramiento que va a prolongarse durante las diez últimas noches. Así nos lo describe el Qur’an:

"Y cuando Musa acudió a Nuestra cita, y su Sustentador le hubo hablado, dijo: ‘¡Sustentador mío! ¡Muéstrate a mí, para que pueda verte!’

Dijo: ‘Tú no puedes verme. Pero mira a esa montaña: si sigue firme en su lugar, entonces, sólo entonces, podrás verme.’

Y tan pronto como Allah hubo revelado Su gloria a la montaña, hizo que esta se desmoronase; y Musa cayó al suelo desmayado. Y cuando volvió en sí, dijo: ‘¡Gloria a Ti! ¡Me vuelvo a Ti arrepentido; y seré siempre el primero en creer en Ti!’

Allah dijo: ‘¡Musa! Ciertamente, te he enaltecido sobre todas las gentes al entregarte Mis mensajes, y por haberte hablado: ¡coge, pues, lo que te he entregado y sé de los agradecidos!’

Y le prescribimos en las tablas toda clase de advertencias, exponiendo todo con claridad. Y dijimos: ‘Cógelas con fuerza y ordena a tu pueblo que se aferre a sus excelentes reglas’."

(Sura 7. Al Aaraf. La facultad de discernir. Ayat 143-145)

Musa acude al encuentro con Allah con la misma ansiedad de su pueblo. Cuando Allah Le habla, el profeta Le expresa su necesidad de verLe, porque conoce a su pueblo y sabe que necesita una referencia visible que poder mostrar o describir a su comunidad. Allah le dice "no Me verás, no podrás hacerlo", quiere que se de cuenta de la imposibilidad de verlo, que comprenda la Misericordia que hay en esa imposibilidad mientras le muestra Su Poder, Su Ubicuidad y Su Grandeza como Al Qadir, Ash Shahid y al Al Kabir. Allah está enseñando a Musa que Él abarca la visión, el mundo, cualquier cosa con Su Poder y con Su Ciencia, pero que Él no es abarcable por ninguna creación, por ninguna mirada. Allah está regalándole Su Presencia en Su Ausencia, la Inimitable Realidad que constituye la visión del profeta, suscitándola. ¡Allahu Akbar! ¡La jawla ualla quata illah billah! Todo el Poder, toda la Gloria Le pertenecen sólo a Él y Él es el creador de todas las visiones. ¡Subhana Allah!

Allah regala a Musa Su Gracia entre la luz blanca que hace posible su visión, da a Su siervo el privilegio de oír la palabra de su Señor, como si le dijera: "No Me verás, pero podrás recordarMe y transmitir a tu pueblo aquello que ahora sabes de Mí. Esa es tu misión y tu condición, y la misión y la condición de todo aquel que es alcanzado por Mi mensaje: transmitirMe, dejarse atravesar por Mí, someterse consciente y voluntariamente a la Realidad."

Ese es el mensaje del Musa de nuestro ser y ese es su maqam, la lucha contra la tiranía de la visión, el yihad de la luz blanca abriéndose paso en nuestro interior ensombrecido, entre el recuerdo y el olvido de nuestra Única Realidad, de la Única Realidad que vivimos. En esta dialéctica se va construyendo la sociedad profética, el dar al islam que se extiende más allá de las fronteras y los territorios hasta constituir, masha Allah, el dar al Haqq, la tierra de la Realidad. Porque el pacto que Musa propone a su pueblo es el islam, el sometimiento a la Realidad inabarcable, indefinible y Única.

En este maqam vivimos la imposibilidad de ver a Allah en lo particular ¿Cómo podríamos guiarnos hacia Él en el mundo de las relaciones, de los objetos y de las formas? ¿Cómo podríamos adorarLe? En esta aparente paradoja Musa recibe la Shariah, las aclaraciones de los huddud, de los límites que constituyen esas relaciones, esos objetos y esas formas, una descripción de la naturaleza de la creación y de sus leyes. La Haqiqa que recibe Musa, la paz sea con él, es la sabiduría contenida en la Shariah, la conciencia clara de que la Shariah es precisamente una guía para cruzar el mundo como seres merecedores de luz, de la conciencia humana libre y superior. Pero el pueblo de Musa está distante de su profeta cuando recibe la revelación.

Musa, la paz sea con él, no recibe la revelación entre la gente de su pueblo, como Muhámmad, sino que se aparta de él y sube a la montaña. Deja con ellos a su hermano, que no puede hacer ni decir nada para impedir la idolatría del becerro de oro. El Qur’an no deja de señalarnos la situación de ignorancia en que vive el pueblo de Musa. Necesitan de una imagen porque el cautiverio y la asimilación del kufr los ha ido alienando de la Realidad, de la Vida.

La idolatría del oro tiene aquí una profunda significación espiritual. Este metal ha sido asociado tradicionalmente, en el paganismo, a la luz del sol, de la misma manera que a la plata se la relaciona con la luna. Es como si el oro fuese una apariencia sólida de la luz, un objeto que parece luminoso en nuestra visión, una prueba tangible de la condición luminosa de la materia. El culto a los objetos brillantes es casi una experiencia sensible de la idolatría en la visión humana, una experiencia que ha sido convertida en ley por la religión de los antepasados, por fuerza de la costumbre.

Pero la luz no es apresada por ninguna tiniebla, sino que discurre sobre sí misma sin cesar, trazando una creación que la refleja y que se expande. Ningún ser, ningún objeto, pueden cerrarle el paso, interponerse, sin ser al mismo tiempo oscurecidos. Allah muestra a Musa las consecuencias del shirk, el oscurecimiento del alma que produce la idolatría.

"En verdad, a quienes se entregaron a la adoración del becerro de oro les alcanzará la condena de su Sustentador, y la humillación será su sino en este mundo!

Pues así retribuimos a quienes inventan tales mentiras. Pero a aquellos que obran mal y luego se arrepienten y creen realmente, ¡en verdad, después de tal arrepentimiento tu Sustentador es ciertamente indulgente, dispensador de gracia!"

(Sura 7. Al Aaraf. La facultad de discernir. Ayat 152-153)

El maqam de Musa, la paz sea con él, puede ayudarnos a comprender la paradoja en la que han vivido y viven los banu Israil. Allah les distingue, suscita entre ellos profetas y mensajes, no cesa de agraciarles con Sus mensajes y Sus dones, pero ellos prefieren seguir entregados a su visión, al brillo efímero de su material, como si el eco de la luz pudiera sustituir a la luz misma. Necesitan la vara, el cayado, el rigor de la Ley, el exilio, la alienación, porque no son conscientes de la Misericordia Divina que se derrama sobre ellos y sobre toda la creación a raudales. Necesitan recordar a Allah y sólo lo consiguen mediante el sufrimiento, la prueba, el exilio y el genocidio. Viven en el nisyán, prisioneros de su visión, de sus tradiciones, de sus leyes, de sus logros.

Oh Señor de los Mundos:

Ayudanos a comprender a nuestra comunidad, a nuestra Ummah.

Haz que la Ummah florezca entre los pueblos.

Amin.

2.

Allah nos propone ejemplos en la Revelación, y los banu Israil son un ejemplo de lo que ocurre a las comunidades cuyos individuos, mayoritariamente, se obstinan en cerrarse al mensaje y contradecir a sus mensajeros. En el surat al Báqara aparece descrita esta rebeldía contumaz de los banu Israil. Cuando Allah les manda sacrificar una vaca ellos no dejan de preguntar una vez y otra cómo ha de ser el animal, qué color ha de tener, qué edad, qué complexión…, hasta lo inimaginable. Cuando el profeta se aleja, ellos se entregan a la idolatría. Por eso la Sharíah que Allah les prescribe es una Ley rigurosa y detallada, llena de tabúes y advertencias, porque Allah conoce la condición de su Ummah y le transmite aquello que la hace peregrinar hacia Él. Sólo asumiendo el carácter refractario y recalcitrante de los banu Israil podemos comprender el rigor de la Torah y el mantenimiento del Talión.

Serán necesarios más mensajeros para que el mensaje alcance su perfección, para que el ser humano pueda vivir en la tierra de la Realidad: Daud, Isa y Muhámmad, la paz sea con ellos. Allah completa Su mensaje levantando la restricción y extendiendo el islam a toda la humanidad.

Musa, la paz sea con él, no los conoce. Él sólo obedece a Su Señor que le habla. De Él obtiene todo conocimiento, pero no puede verLe. Es asaltado por la ira y arroja las tablas. No puede admitir que su pueblo se haya entregado al ídolo mientras él recibía la Gracia para ellos. Vuelve con setenta hombres a pedir la magfira de su Sustentador, y entonces Allah le responde revelándole la condición y el destino de su Ummah, y le anuncia a los mensajeros que le seguirán en la transmisión del mensaje a toda la humanidad. Dice el Qur’an:

"Respondió: ‘Inflijo Mi castigo a quien quiero, pero Mi misericordia abarca todas las cosas: y la decretaré para aquellos que sean conscientes de Mí, que gasten en limosnas y que crean en Nuestros mensajes, para aquellos que han de seguir al último Enviado, el Profeta iletrado a quien encontrarán descrito en la Tora que ya tienen, y más tarde en el Inyil: el Profeta que les ordenará la conducta recta y les prohibirá la conducta inmoral, y les hará lícitas las cosas buenas de la vida y les prohibirá las malas, y les librará de las cargas y de las cadenas que antes pesaban sobre ellos. Quienes crean, pues, en él, le honren, le asistan y sigan la luz que se ha hecho descender a través de él, esos son quienes conseguirán la felicidad."

(Sura 7. Al Aaraf. La facultad de discernir. Ayat 156-157)

Baraqalawfiq por habernos dado el Qur’an de Muhámmad, sala Allahu aleihi wa salem, donde comprendemos que el destino del pueblo de Musa, los banu Israil, es un ejemplo para todos los pueblos. La condición humana aparece reflejada aquí con toda crudeza: La incredulidad, el olvido, la perplejidad, el sentimentalismo, la necesidad de un dios, de adorarle, la ceguera ante las evidencias de la Realidad. Todo ello como experiencia necesaria para una conciencia que tiene que ascender hacia su fuente luminosa, retirando poco a poco los velos, profeta tras profeta, maqam tras maqam. Los banu Israil están tan perdidos que necesitan un trato severo, radical, que les conmocione, una ley estricta que compense el deterioro interior, una descripción que estructure su visión, que armonice su alma confundida, desterradas y rota, que les haga posible la vida confiada, masha Allah, la experiencia del Bien y de la Belleza.

Musa, la paz sea con él, no entra en la Tierra de la Realidad prometida pero la divisa a lo lejos mientras contempla cómo su pueblo se dirige hacia ella. Musa contempla a la Ummah caminando hacia sus profetas y entre sus mensajeros, una humanidad que está preparándose para el encuentro con su Señor. Musa sabe ahora de Isa y de Muhámmad, la paz sea con ellos, y sabe que en el profeta iletrado viven todas las revelaciones, no por haberlas leído en un libro de papel o en unas tablas de piedra, sino porque están en su corazón fluyendo entre su pueblo.

¡Alhamdulilah, porque el Qur’an nos está alcanzando por dentro y por fuera, completando la revelación en nosotros! ¡Alhamdulilah, porque conocemos a Muhámmad, la paz sea con él, y sabemos que Muhámmad está con nosotros donde quiera que nuestros corazones escuchen la Recitación.

La realización de la sociedad profética es la Ummah de Muhámmad, paz y bendiciones para él, una Ummah que hoy está viviendo con la conciencia de no tener un territorio definido sino un espacio interior que está creciendo y ensanchándose por todos los continentes y rincones humanos. Muhámmad viene a enseñarnos que la Tierra de Realidad prometida es una ájira cuyas luces alcanzan nuestra existencia aquí, allá, adonde quiera que latan nuestros corazones sometidos.

Musa, la paz sea con él, nos enseña que la contemplación y la visión producen el recuerdo, que el fikr deviene en dikr. Nuestro amado profeta iletrado nos revela que el Recuerdo es la vía por la que somos conscientes de Allah, que el dikr es el fermento de nuestra taqwa. Muhámmad, la paz y las bendiciones sean con él, nos transmite los significados de nuestro espacio y de nuestro tiempo, y nos enseña a vivir en un barzaj: volviendo nuestros corazones hacia el ájira, encontramos la luz de nuestra vida verdadera haciéndose consciente, alumbrando todas las posibilidades de existencia, inundando de claridad este mundo de la dunia donde vivimos como un Aliento del Rahmán.

Oh Señor de los mundos. Tú que nos has traído hasta el sometimiento a Ti, haz que seamos agradecidos.

Tú que creas todas nuestras visiones, dános Tu taqwa y perdona nuestras pretensiones de existencia.

Tú que nos amas cúranos de nosotros mismos.

Amin.


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