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Discurso de Bush en la ONU: un ultimátum al mundo

21/09/2002 - Autor: Redacción Amanecer - Fuente: Amanecer del Nuevo Siglo
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George Bush
George Bush

"La globalización ha establecido un sistema económico monolítico: el 11 de septiembre amenaza con engendrar una cultura política monolítica. Juntos significan el fin de la civilización"

A. Sivanandan, Director del Institute for Race Relations – Londres

El pasado día 12 de septiembre, el presidente George W. Bush, acudió ante la Asamblea General de las Naciones Unidas para reiterar los planes de guerra de Washington contra Iraq y lanzar un ultimátum contra la propia ONU: o secunda la agresión de EEUU o se convierte en "irrelevante".

Dominado por un tono arrogante, todo el discurso estuvo basado en una flagrante contradicción: Saddam Hussein tiene que se castigado y derrocado porque ha ignorado la voluntad de la ONU, así que EEUU se reserva el "derecho" a invadir Iraq y establecerá un régimen marioneta ya le guste a la ONU o no.

Esta doble vara de medir ha presidido todas las declaraciones realizadas por Bush hasta la fecha. La premisa que subyace es que, según el presidente norteamericano, EEUU puede hacer lo que quiera. Los demás estados, a los que se reserva un estatus semicolonial, deben hacer lo que se les ordena.

La belicosa declaración de Bush, aderezada eso sí con varias referencias a la paz y la seguridad, estuvo acompañada por el anuncio del Pentágono, realizado la víspera del discurso, de que unos 600 altos responsables de EEUU, bajo la dirección del general Tommy Franks, serán trasladados en noviembre desde el cuartel general del Mando Central en Florida a Qatar, donde quedará establecido un mando militar.

El momento de este anuncio fue claramente escogido para no dejar ninguna duda sobre las intenciones de Washington. Sin declararlo abiertamente, la demanda implícita de Bush al Consejo de Seguridad fue que adopte una resolución ordenando a Iraq que permita el regreso de los inspectores de armas dentro de algunas semanas y les dé un ilimitado acceso a todas las instalaciones iraquíes.

Esta resolución de la ONU debería también sancionar el uso de la fuerza contra Iraq si este país no cumple "plenamente" estas exigencias. Al mismo tiempo, Bush dejó claro que la aprobación de esta resolución sería sólo el preludio del derrocamiento del régimen iraquí y la instalación de un régimen títere que obedezca las directrices de Washington.

El discurso de Bush fue un compendio de las mentiras, distorsiones y contradicciones en que se ha basado la propaganda de los círculos belicistas de la Administración Bush. El discurso vino a decir que el régimen de Iraq representa la mayor amenaza a la paz y la seguridad, y es una amenaza tan grande e inminente que se necesita una acción militar inmediata para hacerle frente.

Presentando al presidente iraquí como una especie de Hitler de los tiempos modernos, Bush señaló que "la paz en el mundo" no debe ser "destruida de nuevo" por la maldad de ningún hombre y que la ONU había nacido para hacer frente precisamente "al tipo de amenaza agresiva" que representa el régimen iraquí.

No hace falta ser ningún experto en política internacional para darse cuenta de la falsedad de estas afirmaciones. Iraq es un país empobrecido, derrotado en la Guerra de 1991 y devastado aún más por una década de sanciones que la propia ex secretaria de Estado, Madeleine Albright, calificó de "las más duras de la historia". EEUU ha venido librando en la última década una guerra permanente, diplomática, económica y militar, contra un país virtualmente indefenso. Los norteamericanos continúan bombardeando casi cada día objetivos civiles y militares en el norte y sur de Iraq.

No deja de ser paradójico también que Bush, que representa a la mayor potencia armamentista de la historia y que posee las armas más avanzadas de destrucción masiva, califique a Iraq de "amenaza". EEUU ha utilizado su poder militar contra muchos países más débiles y pequeños. No cabe olvidar la Guerra de Vietnam en los años sesenta y setenta, que costó la vida a casi dos millones de vietnamitas. Más recientemente, EEUU ha protagonizado intervenciones militares en países como Líbano, Granada, Libia, Panamá, Iraq, Somalia, Sudán, Yugoslavia y Afganistán. Durante esta última guerra, más de 3.000 civiles afganos y otros 3.000 prisioneros de guerra más fueron muertos por la acción del Ejército norteamericano y sus aliados.

Uno de los caracteres que definieron a la Alemania Nazi fue su virulento militarismo y su desprecio hacia la legalidad internacional y la opinión pública mundial. La actuación de la Administración Bush y su uso de la fuerza militar, o la amenaza de emplearla, recuerda claramente la política utilizada por el régimen nazi.

El discurso de Bush ante la ONU, que supuso una muestra clara del belicismo de la actual Administración norteamericana y su desdén por la opinión pública internacional y la de los gobiernos extranjeros, es un obvio ejemplo de ello. Bush ni siquiera intentó presentar prueba alguna de la supuesta posesión por parte de Iraq de "armas de destrucción masiva". Esto supone que la población mundial debe simplemente aceptar la palabra de Washington en este tema. La única explicación para ello es que Washington no tiene ninguna prueba seria que respalde sus afirmaciones.

El día antes del discurso de Bush algunos responsables de la inteligencia norteamericana admitieron que el gobierno no había sido capaz de realizar un informe de inteligencia sobre la capacidad de Iraq para fabricar armas químicas, biológicas o nucleares. Bob Graham, un senador demócrata por Florida que encabeza el Comité de Inteligencia del Senado de EEUU, pidió el pasado mes de julio un informe similar sin resultado.

Resulta interesante comparar la actual postura del gobierno norteamericano con la que adoptó la Administración Kennedy durante la crisis de los misiles cubanos en octubre de 1962. En aquel tiempo, el gobierno de EEUU se sintió obligado a comparecer ante la ONU y presentar una prueba clara de que la Unión Soviética estaba desplegando misiles balísticos en Cuba. El entonces embajador norteamericano ante la ONU, Adlai Stevenson, desplegó en el Consejo de Seguridad fotos en las que se mostraban los emplazamientos de los misiles soviéticos. Careciendo de tales pruebas, la Administración Bush intenta dar por sentadas dos presunciones para justificar su postura. En primer lugar, el régimen iraquí amenaza al mundo porque podría entregar armas de destrucción masiva a grupos terroristas, que éstos podrían, a su vez, utilizar para realizar atentados similares o más devastadores que los del 11 de septiembre. En segundo lugar, Iraq podría construir en el futuro un arma nuclear. "La primera vez que podamos estar completamente seguros de que Saddam tiene un arma nuclear es cuando él, Dios no lo quiera, la utilice", declaró Bush.

En otras palabras, la ONU tiene que sancionar una guerra de EEUU contra Iraq no por lo que el régimen iraquí haya hecho, sino por lo que pueda hacer en el futuro. Esta nueva "justificación" para una agresión militar podría ser, obviamente, empleada por cualquier país del mundo para llevar a cabo un ataque contra otro. Más concretamente podría ser empleada por EEUU para atacar a cualquier país del mundo cuya política no siga las directrices de Washington y, en especial, Irán, Siria, Cuba, Corea del Norte o incluso Rusia y China algún día.

Bush citó en su discurso la serie de resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que, según el presidente norteamericano, Iraq no ha cumplido, y pidió que la ONU dé su consentimiento a una acción militar de EEUU apoyándose en el "incumplimiento iraquí" de estas resoluciones.

La primera cosa que habría que decir a este respecto es que estas resoluciones de la ONU son un imposición de los países ganadores de la Guerra del Golfo, en primer lugar de EEUU, al país derrotado, en este caso Iraq. Esto pone de manifiesto que la ONU, tras la caída de la Unión Soviética, se ha convertido en una herramienta al servicio de EEUU y otras grandes potencias. Estas resoluciones privan a Iraq de su soberanía e incluyen sanciones económicas diseñadas para humillar y llevar al pueblo iraquí a una situación de hambre y desesperación. Ellas permiten también a EEUU controlar hasta cierto punto los ricos recursos petrolíferos iraquíes, que se salieron del control de las compañías norteamericanas y británicas tras la nacionalización del petróleo por el gobierno iraquí en 1972. No se han impuesto sanciones similares a otros países como EEUU por su invasión de Granada o Panamá o por sus actos de subversión contra múltiples gobiernos en Asia, África y América Latina.

En su catálogo sobre los "pecados" de Iraq, Bush no mencionó la forma en que EEUU ha distorsionado y abusado de las resoluciones de la ONU con el fin de crear provocaciones y excusas para llevar a cabo sus repetidos ataques contra el país. Washington ha impuesto "zonas de exclusión aérea", en el norte y sur de Iraq, donde los aviones iraquíes no pueden volar, sin que tales medidas hayan recibido sanción alguna de la ONU. Asimismo, EEUU infiltró espías de la CIA entre los inspectores de armas de la ONU, que ayudaron a fijar los blancos para los misiles norteamericanos y suministraron datos de inteligencia para los intentos de asesinato realizados contra Saddam Hussein y otros líderes iraquíes.

Bush mencionó que Iraq había "dejado completamente de cooperar" con la ONU con respecto a las inspecciones de armas en 1998, pero no explicó que fue la propia ONU la que retiró sus inspectores de Iraq poco antes del ataque aéreo de EEUU y el Reino Unido contra Bagdad, lanzado en diciembre de ese año y llevado a cabo también sin la aprobación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. El presidente norteamericano no indicó tampoco que EEUU declaró unilateralmente en 1998 que su política hacia Iraq no consistía simplemente en la aplicación de las sanciones de la ONU, sino también en el derrocamiento del régimen iraquí, una estrategia que supone una clara violación de la Carta de la ONU, que prohíbe a los estados llevar a cabo actividades dirigidas a derrocar a gobiernos extranjeros.

Bush no tuvo nada tampoco que decir acerca de la postura de su estrecho aliado Israel, al que EEUU ha suministrado considerables cantidades de dinero y armas, pese a que Israel posee armas de destrucción masiva -unas 400 armas nucleares y considerables arsenales de armas químicas y biológicas-, mantiene, a diferencia de Iraq, ocupados territorios pertenecientes tres estados extranjeros (Palestina, Siria y Líbano) y ha violado decenas de resoluciones que le atañen desde hace 35 años (entre ellas la 242 y 338, que exigen a Israel la retirada inmediata de los territorios ocupados en 1967). Por otro lado, el Ejército israelí continúa llevando a cabo todo tipo de crímenes y violaciones de los derechos humanos en flagrante desafío a la Carta de la ONU y las leyes internacionales.

EEUU no duda tampoco en ignorar las resoluciones de la ONU que no le agradan. Actualmente, Washington intenta sabotear abiertamente el Tribunal Penal Internacional, recientemente establecido por la ONU para juzgar a los criminales de guerra. El gobierno de EEUU ha anunciado también que no permitirá que sus ciudadanos, incluyendo los militares, puedan ser juzgados por este tribunal. Bush acusó también en su discurso a Saddam de haber invadido Irán en 1980 y haber utilizado armas químicas durante este conflicto. Él omitió, sin embargo, el hecho de que EEUU apoyó a Saddam Hussein en este conflicto y le ayudó a desarrollar armas químicas y biológicas para que fueran empleadas contra los iraníes y sus aliados kurdos en el norte de Iraq.

El secretario general de la ONU, Kofi Annan, que precedió a Bush en el uso de la palabra dejó claro que la ONU estaba preparada para dar al gobierno norteamericano la cobertura que éste le pide para una nueva guerra contra Iraq. Annan, en un típico gesto de sumisión ante Washington, habló de la Guerra del Golfo de 1991 como un modelo de acción "multilateral". La esencia de su declaración vino a ser casi un ruego a EEUU para que continúe utilizando los servicios de la ONU. A la hora de embarcarse en una guerra, aconsejó Annan a Bush, "no hay un sustituto para la legitimidad única que proporciona la ONU".

En su conjunto, la sesión de la Asamblea General de Naciones Unidas ha proporcionado una advertencia acerca de las catastróficas implicaciones que la actitud postura belicista de la Administración Bush puede acarrear. También deja clara la inutilidad de fundar la oposición a la guerra de agresión que Washington prepara contra Iraq en llamamientos para que la ONU o diversos gobiernos actúen. La única fuerza que puede paralizar la ola de guerra y locura de la actual Administración estadounidense es la movilización efectiva de los pueblos del mundo contra los planes de guerra y agresión.

 

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