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Racismo - El costo oculto del 11 de Septiembre

21/09/2002 - Autor: Liz Fekete - Fuente: Institute fof Race Relations
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islamofobia
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Después del 11 de septiembre, se ha abierto un debate masivo acerca de la integración racial. Los políticos están asiduamente adoptando la visión que la exclusión social de las minorías étnicas puede ser atribuida a aquellos valores y tradiciones culturales que van en contra de las tradiciones humanistas y liberales de Europa.

En los pronunciamientos en público, los políticos de la mayoría (con unas pocas notables excepciones) han reasegurado al mundo musulmán que la guerra contra el terrorismo no es una guerra contra el Islam y que no significa "un choque de civilizaciones". Algunos líderes europeos han incluso advertido contra una reacción anti-musulmana y las fuerzas de policía han emprendido la protección de las mezquitas.

Desafortunadamente, la perspectiva confortable que se extrae de esto - que la sociedad europea es tolerante y que los gobiernos son capaces de lanzar una guerra justa contra los fanáticos islámicos a la vez que sostienen las libertades individuales y la libertad religiosa - no acuerda con la realidad. La creación de una cultura de la sospecha contra lo que puede ser denominado "los enemigos externos" (y los musulmanes son ampliamente considerados como "el enemigo interno") está legitimando la visión que los musulmanes son culpables de fundamentalismo hasta probarse inocentes. Existe una multitud de voces, en los medios y en el parlamento, que están felices de propagarla.

Las comunidades musulmanas en Europa han expresado su indignación acerca del modo en que los medios de comunicación los han demonizado como terroristas si ellos ejercitan sus derechos democráticos para oponerse, de alguna manera, a la naturaleza de la guerra en Afganistán y ahora, con las amenazas de EE.UU. de invadir Irak. Mientras los europeos no musulmanes pueden no estar de acuerdo con las tácticas desplegadas para combatir el terrorismo sin ser demonizados como fanáticos religiosos, los musulmanes que lo hacen son inmediatamente sospechados de inclinaciones fundamentalistas o se les exige credenciales anti-fundamentalistas, como en Alemania donde el Partido Demócrata Cristiano ha demandado repetidamente a los musulmanes que se disocien del fundamentalismo.

La estereotipización y el alarmismo ha enojado a los grupos musulmanes, los cuales tienen dificultades para que sus voces sean oídas. En España los representantes de la comunidad musulmana condenó a los medios por su injusta estereotipización como un todo y por su completo fracaso de informar sobre la condena total de los musulmanes a la atrocidad del 11 de septiembre. En Gran Bretaña, los grupos musulmanes han criticado de forma similar a los medios por difundir constantemente la visión de un grupo de fanáticos e implicar que aislados individuos extremistas son parte de la corriente mayoritaria del pensamiento musulmán. Alexis Kooris, de la Delegación Anti-Racismo en Finlandia, ha comentado sobre la sesgada información de la prensa sobre el Islam, con la mayoría de los artículos relacionados al Islam dominados por discusiones sobre el terrorismo, el extremismo y el no respeto de los derechos humanos en las sociedades islámica. Kooris ha llamado la atención sobre las dificultades que tienen las comunidades musulmanas para obtener una plataforma pública para defenderse y defender su fe.

La diversidad de opiniones políticas y la libertad de expresión, parecería que no son respetadas si el disenso emana de las comunidades musulmanas. El diario católico, Tablet (29.9.01) comenta sobre la prensa occidental, "La pantalla de televisión necesitada incesantemente de excitación visual desplaza la voz calma de los líderes musulmanes moderados que hablan en nombre de la mayoría. Pero el público no entiende la política interna del Islam, no aprecia el peso relativo de la opinión moderada y militante y cree lo que ve". Humillados, estigmatizados y considerados responsables por los crímenes de un pequeño grupo de individuos, los musulmanes creen que poderosas influencias en la sociedad europea se sienten ahora libres para ventilar su juicio contra sus tradiciones culturales y religiosas.

Occidente versus el Islam

El retrato confortable de Europa como tolerante y culturalmente diversa enmascara la dolorosa realidad del racismo y la violencia racista (convenientemente etiquetada como una opinión o reacción minoritaria). Un componente significativo de la reacción racista del post-Septiembre es el aumento del eurocentrismo basado en el chauvinismo cultural y en la intolerancia cultural hacia las comunidades inmigrantes que son percibidas como encerradas en identidades fijas y en tradiciones culturales incambiables. Las respuestas a las minorías étnicas son crecientemente moldeadas en un discurso que coloca a los valores europeos bajo amenaza por prácticas culturales no europeas en su seno y por civilizaciones anti-occidentales en el exterior.

Este nuevo racismo popular se basa evidentemente en las ideas del teórico americano de derecha, Samuel Huntington, quien antes del 11 de septiembre, sostenía en un influyente artículo del Foreign Affairs (verano 1993) que, después de la Guerra Fría, la política mundial había entrado en una "nueva fase" en la cual la fundamental fuente de conflictos no sería lo ideológico, o lo económico, sino lo cultural con "los principales conflictos de la política global" ocurriendo entre naciones y grupos de diferentes civilizaciones. Dando primacía al choque entre el Islam y Occidente, Huntington concluye que el choque de civilizaciones serían las líneas de batalla en el futuro.

La tesis de Huntington buscó remodelar la idea de la Guerra Fría de "Occidente contra el Resto" en un plano diferente; la amenaza representada por el bloque soviético ahora se trasladaba de la política a la cultura, principalmente a la cultura islámica. Diseñando leyes de emergencia y otras medidas que establece a los árabes y a la gente del Medio Oriente como sospechados terroristas, los gobiernos europeos, incluso aunque se distancian de la noción del "choque de civilizaciones", han creado un cuerpo de leyes y un sistema jurídico criminal para extranjeros sospechosos que populariza y difunde los temas de Huntington.

Indicios de superioridad cultural y religiosa

El argumento de "choque de civilizaciones", siendo ahistórico y superficial, también implica que el choque se produce entre una civilización superior y una inferior. Pero ¿por qué ese tipo de ideas están saliendo a la superficie ahora, en Europa, donde uno hubiera pensado que la vieja noción de superioridad racial y cultural había sido esencialmente derrotada con la derrota del nazismo?

En efecto, muchos de los argumentos de Huntington se prefiguraban en los escritos de la Nueva Derecha. La Nueva Derecha, que alcanzó preeminencia en los años ochenta de Reagan y Thatcher, no utilizó ideas viejas (y desacreditadas) de la superioridad racial blanca, basadas en el racismo científico, pero adoptó argumentos aparentemente más sofisticados basados en la cultura; explícitamente la idea que diferentes culturas no se mezclan y que es natural preferir su propia gente. La Nueva Derecha buscó repetidamente establecer la incompatibilidad entre las culturas no europeas y europeas.

Ahora, desde el 11 de Septiembre, se hace cada vez más aceptable introducir en el discurso de la Nueva Derecha las indicaciones de la superioridad cultural. Es un indicio inyectado bajo la máscara de la superioridad moral y espiritual de los valores cristianos occidentales sobre los islámicos y orientales. Y sólo puede hacerse ahora porque existe una situación concreta en la cual se juzga aceptable para los Estados Unidos y sus aliados occidentales invadir países no occidentales para efectuar un "cambio de régimen" o profundizar la guerra contra el terrorismo.

Cuando la política global se debate en dichos términos, es inevitable que la pluralidad de influencias que crean las civilizaciones sean descartadas. Y las diferentes religiones, también llegan a ser percibidas como identidades fijas, como si sólo hubiera conflicto entre, y no dentro, de las religiones; como si no hubiera tendencias progresistas y fundamentalistas en cada religión, como si las religiones no compartieran valores comunes.

La civilización europea está frecuentemente presentada como desarrollada a partir de una sola raíz religiosa, la cristiana, como si, según la frase de Eward Said, "el Islam no hubiera sido parte de la sociedad europea desde el inicio" Y esta obsesión con la herencia cristiana de Europa alimenta la demagogia de la Extrema Derecha. El diputado italiano Mario Borghezio de la Liga del Norte ha despotricado contra el avance musulmán y prometido que la Liga del Norte "los detendrá en Ceva, en las laderas alpinas, como los ejércitos cristianos los detuvieron en Poitiers". Completó su enunciación hablando de "nuevas cruzadas" lanzadas por la Padania Cristiana.

Demasiado frecuentemente, cuando los políticos usan frases tales como "multiculturalismo", "pluralismo", "diversidad", no es a partir del respeto por las verdades históricas sino como una referencia a mano al modelo particular de política de relaciones raciales adoptada en Europa en la última década. Pero en el post-11 de septiembre, incluso el limitado modelo de integración multicultural (un modelo no sin defectos) está siendo echado por la borda a favor de ideas eurocéntricas de monoculturalismo. En las palabras de Peter Westenthaler, el líder del Partido de la Libertad de Austria, "la sociedad multicultural fue enterrada el 11 de septiembre".

Multiculturalismo versus monoculturalismo

La perspectiva ortodoxa de lo que constituye una buena relación entre razas es que la integración de los inmigrantes puede sólo ser logrado a través de firmes controles migratorios y de la limitación de las cantidades.

La creencia de la postguerra que si la integración debía ser exitosa la sociedad mayoritaria debía permanecer mayoritariamente monocultural, ha sido desafiada en la medida que los inmigrantes devienen residentes. Por supuesto, esto no es verdad en todos lados: cada país europeo tiene sus propias ideas de su cultura y su historia.

Una enorme porción de la opinión política alemana, por ejemplo, insiste todavía en que Alemania no es una sociedad multicultural o un país de inmigración. Central en el pensamiento político francés es la desconfianza hacia el multiculturalismo el cual es visto como una amenaza directa a la secular tradición francesa y a los ideales iluministas de "igualdad, libertad y fraternidad". Mientras la Unión Europea armoniza cada vez más las políticas sociales y de inmigración, la palabra de moda "multiculturalismo" ha prevalecido en los documentos de Unión Europea y en el pensamiento social de la Unión Europea.

Pero es la tendencia hacia el multiculturalismo lo que ha sido minado en el ambiente antiterrorista del post septiembre mientras crecientemente las políticas de relaciones raciales se sopesan con la preocupación por la seguridad nacional. Es como si una gran ola de pánico hubiera barrido el continente con los acontecimientos del 11 de septiembre conduciendo a periodistas y políticos a concentrarse en todos los aspectos negativos de las culturas no europeas. En este proceso, los prejuicios culturales y estereotipos han sido dejados libres y los políticos y los medios han permitido a sus odios más básicos ser expresados. Crecientemente, las tradiciones culturales conservadoras practicadas por grupos minoritarios son tratadas como si fueran la norma para las comunidades inmigrantes.

No es sólo la extrema derecha la que está atacando el multiculturalismo. A la derecha del espectro político, los dirigentes políticos mayoritarios están abriendo un debate sobre la integración de los inmigrantes poniendo el énfasis en el deber de los inmigrantes de abandonar sus prácticas culturales e integrarse en las normas y valores europeos. En este proceso, prácticas extremas tales como matrimonios obligatorios y la mutilación genital son presentadas como omnipresentes en todas las culturas de las minorías y la carencia de una competencia lingüística es argüida como la mayor barrera para el empleo y la integración. Y como demuestran los siguientes ejemplos, el debate acerca de la integración y la inmigración tiene mayor repercusión en términos de cambios en las leyes migratorias y de la política electoral.

En Francia los acontecimientos del 11 de septiembre, y los siguientes disturbios en un encuentro de fútbol franco-argelino durante el cual los jóvenes norafricanos cantaban "Osama Bin Laden" y abuchearon el himno francés, ha comenzado un debate acerca de la integración que ha devenido un tema clave en la campaña electoral presidencial. Desde la izquierda a la derecha del espectro político, los candidatos se han declarado contrarios a las políticas multiculturales, con los candidatos de la derecha acusando a la izquierda de angelismo (falsa ideología), que celebra la diferencia cultural y sólo ve lo bueno en la cultura inmigrante, por los fracasos de la integración.

En Gran Bretaña, Austria y Dinamarca, los sucesos del 11 de septiembre han llevado a nuevas regulaciones de la inmigración. Las organizaciones de las minorías étnicas británicas han protestado por el White Paper del gobierno sobre nacionalidad e inmigración que cuestiona los matrimonios arreglados con esposas en el exterior y las carencias del inglés entre los inmigrantes. Por primera vez, se pretende que los inmigrantes hagan un juramento de alianza al monarca y a los solicitantes de la nacionalidad británica se les requerirá asistir a las clases de idioma inglés y lograr una cierta competencia. De acuerdo al Secretario de Interior David Blunkett, prácticas tales como matrimonios forzados y mutilaciones genitales han podido continuar debido al énfasis en la "diferencia cultural" y el "relativismo moral".

El gobierno austríaco, muy influenciado por la coalición con el Partido de la Libertad ha introducido un nuevo contrato de integración por el cual los recién llegados, como algunos extranjeros viviendo en Austria, tendrán que estudiar alemán y asistir a un curso de civismo y conocimiento de Austria. Aquellos que no conozcan el alemán en el término de cuatro años podrían ser demandados a abandonar el país. Los requerimientos sobre el aprendizaje del alemán se aplican sólo a los extranjeros no provenientes de la Unión Europea. Nuevas regulaciones en materia de familia en Dinamarca establecen para los extranjeros una edad mínima para casarse y para traer los cónyuges a Dinamarca. La edad se elevará de 18 a 23 años y la nueva pareja deberá depositar el equivalente a 6.000 dólares como prueba de que no recurrirán a los fondos públicos. Otra medida permite la deportación del cónyuge si el matrimonio se disuelve antes de los siete años. Bertel Haarder, la ministra dinamarquesa de Integración, defendió las medidas diciendo que la restricción se aplicaría tanto a los nativos daneses como a los extranjeros.

El trágico asesinato de Fadime Sahindal, una joven sueca-kurda que había hecho campañas contra los extremos valores patriarcales en la comunidad kurda ha llevado a un debate masivo sobre la integración, con la ministra Mona Sahlin, diciendo que los aspectos claves de la política de inmigración sueca ha fallado. Pero aunque el debate sobre la integración no se llevó a cabo enteramente en términos conservadores, el comité parlamentario nombrado para investigar las medidas de integración se ha concentrado sólo en las prácticas culturales como barrera a la inclusión. El comité ha propuesto prohibir los matrimonios de mujeres inmigrantes menores de 18 años, después de varios informes que muchas jóvenes fueron casadas contra su voluntad. Algunas figuras políticas han ido más lejos pidiendo al gobierno la deportación o el retiro de la ciudadanía a los inmigrantes que cometen un crimen.

El asesinato de Fadime Sahindal tuvo repercusiones en Noruega también, donde se combinó los sucesos del 11 de septiembre con el debate sobre la integración mientras el gobierno noruego ha llegado a un acuerdo legal sin precedente con el gobierno pakistaní para colaborar en prevenir los casos de matrimonios forzados a través de conexiones con datos de inteligencia. El Partido Socialista de Izquierda ha urgido penas económicas contra los inmigrantes que no completan los cursos obligatorios de idioma y los esquemas de formación laboral.

En España, el debate sobre la integración se concentra en las prácticas culturales islámicas. En un caso muy publicitado el gobierno ha sido forzado a retractarse después de haber sostenido a una directora de escuela que no permitió a una niña musulmana usar el pañuelo en la cabeza sobre la base que ella no quería ninguna niña "con un velo, chador, o cualquier tipo de vestido que fuera símbolo de sumisión, y que violara los derechos civiles de los ciudadanos". El furor acerca de este caso particular es realmente sorprendente dado que en los enclaves españoles de Ceuta y Melilla, y en algunas escuelas de Andalucía, niñas con hejab asisten rutinariamente a las escuelas del Estado. La ministra de Educación, Pilar del Castillo, que apoyó a la directora sobre la base que el hejab no es "un símbolo religioso sino un signo de discriminación contra las mujeres", decía que se preparaba a legislar sobre el tema, y Juan Carlos Aparicio, ministro de Trabajo, dijo en un meeting del Partido Popular que "existen costumbres que son siempre inaceptables y se pueden citar dos ejemplos - el uso de vestimenta discriminatoria o, muy claramente, la práctica de la circuncisión femenina, que no pueden ser entendidas como un concepto cultural o religioso, sino como barbarie".

El momento de los derechos civiles

Un debate tan limitado sobre el tema de integración está llevando a más estigmatización, humillación y marginalización de las minorías étnicas y de los refugiados. Culpabilizando al liberalismo europeo por permitir prácticas culturales primitivas, los políticos son responsables de una dañina sobresimplificación. Porque esa visión ignora convenientemente la debilidad inherente en cualquiera de las políticas culturales de relaciones raciales. Los gobiernos europeos no introdujeron el multiculturalismo por un deseo benigno pero equivocado de celebrar la diferencia cultural. Mas bien, el multiculturalismo, como política, se basó en la idea que la integración podría ser lograda, no a través de justicia racial efectiva y la garantía de plenos derechos civiles, políticos y sociales, sino a través de afrontar los derechos culturales. Los gobiernos apoyaban entusiastas el desarrollo de enclaves culturales separados, dentro de los cuales los "líderes inmigrantes" controlarían sus propias comunidades.

Pero la prosecución de políticas autoritarias que estigmatizan y humillan a las comunidades inmigrantes está llevando a un contraataque. Los elementos progresistas de las comunidades musulmanas - previamente aislados por las políticas étnicas de los gobiernos, están encontrando el coraje de hablar y elucidar un camino que ni acepta el patronazgo del gobierno ni se acomoda a las fuerzas fundamentalistas. Están simplemente luchando por sus derechos civiles y en este proceso sosteniendo los fundamentos de la democracia.

(*) Liz Fekete- Investigadora Principal del Institute for Race Relations - Londres
(www.irr.org.uk)
Traducido para Rebelión por María Luján Leiva
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