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Respuesta a Yamila

03/09/2002 - Autor: Abdelkarim Osuna - Fuente: Webislam
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Mezquita de Palermo en Buenos Aires
Mezquita de Palermo en Buenos Aires

As salamu aleykum, querida hermana Yamila

Siento esta comunicación como un ejemplo de algo que está sucediendo a gran escala, que va más allá de lo anecdótico, hasta constituirse en signo. Un signo que debemos tratar de penetrar desde nuestro entendimiento limitado, con la ayuda de Al-lâh.

Son muchos los correos llegados a esta web en los últimos meses, en los cuales se muestran las contradicciones entre gentes que se acercan al Islam buscando establecer un vínculo con el Creador, y se encuentran con esos señores a los que tú llamas con ironía "sabios árabes", maniáticos de una religión ritualista hasta extremos insoportables, una religión burocratizada que no es el Islam sino su sombra. Una sombra solo es capaz de reflejar el contorno exterior de aquello que refleja, pero no su contenido ni su rostro, sus manos, su mirada.

Experiencias como la tuya están sucediendo en todo el mundo, ya que esas gentes tienen el poder del petróleo para difundir su doctrina, para construir grandes mezquitas al amparo de acuerdos internacionales. En vez de hacer las cosas fáciles (como Al-lâh nos ordena en el Corán) se complacen en despreciar a aquellos que se acercan sinceramente al Islam... ¿por qué sucede esto?, ¿qué es lo que justifica una actuación tan destructiva? Desde luego, si atendemos al ejemplo del Mensajero de Al-lâh —Su paz y Su salat sean siempre con él— nos encontramos con que la cosa debería ser muy diferente. Muhammad (s.a.s.) era todo generosidad y todo entrega, sin hacer distinción entre musulmanes y no musulmanes. Quiero citarte unas palabras de Abderrahman Muhámmad Maanán, un maestro de Sevilla: "Quien siga a Rasûlullâh (s.a.s.) considerándolo como su maestro debe aprender de él su ejemplo de hospitalidad: no rechazar a nadie, honrar al huésped, hacerle sentirse cómodo". Esto es esencial al Islam. La hospitalidad (difaya) no es un mero formulismo, sino un principio cósmico: es una de las derivaciones del Tawhîd, de la concepción integral de la existencia, de esa sabiduría ancestral que nos dice que todas las criaturas somos huéspedes de Al-lâh.

Es curioso que estas gentes se denominen a si mismas "guardianes de la sunna" y la desmientan desde el mismo momento del encuentro, convirtiendo la aceptación del Islam en una pesadilla. Esto es algo grave, que justifica las palabras de todos aquellos que acusan a los saudíes de llevar a cabo una labor de anti-dawa (hacer dawa es difundir el Islam) que tiene por misión frenar el avance del Islam en occidente. Todo esto merece un comentario.

En primer lugar hay que decir que el wahhabismo no representa para nada una concepción ortodoxa del Islam, como tú insinúas, sino que pertenece a las llamadas corrientes modernistas, surgidas en el mundo musulmán ante la decadencia de los otomanos. La palabra modernista ha tomado el sentido de abandono de una concepción orgánica de la comunidad en función de estructuras de poder nacidas con la industrialización. No es una cuestión política o económica, como a simple vista parece, sino algo mucho más profundo. Debes recordar que la palabra Ummah (la comunidad de los creyentes) proviene de la palabra árabe para madre. La traducción más directa de Ummah sería "matria". Penetrar en la Ummah de Muhámmad es renacer en la tierra como madre, pasa por recuperar un modo integral de estar en el mundo. La recuperación consciente del vínculo de cada uno con la Misericordia Creadora (Rahma) es la única referencia posible para la construcción de una sociedad pacificada. Frente a la concepción patriarcal y jerárquica, que hace depender a unos (la mayoría) de la autoridad de otros (la minoría), el Islam se manifestó en Arabia hace catorce siglos como el retorno al Dîn primigenio que Al-lâh ha querido para el hombre, a la religión de siempre, al sometimiento.

El wahhabismo no es una interpretación ortodoxa del Islam sino un movimiento reformista, nacido en la Arabia del siglo XVII d.C. La concepción de la ortodoxia como algo rígido e inmóvil frente a la modernidad como la superación del dogmatismo forma parte de la mitología occidental, pero en el Islam sucede lo contrario. Lo "ortodoxo" —según el modelo del Profeta (s.a.s.)— sería el reconocimiento de otras religiones, la ausencia de fanatismos o actitudes exageradas en la práctica del Islam, la ausencia de instituciones jerárquicas, las decisiones colectivas en la ashura (asamblea), la libertad de conciencia y el derecho de cada uno a mantener sus propias opiniones y a desarrollarse dentro de los límites establecidos por Al-lâh. Podría citarte hadices y Corán reforzando todo ello, por no hablar del papel de la mujer, o evocar la imagen de Aisha dictando sentencias judiciales... Dice el maestro de Sevilla: "las mujeres en la época de Muhammad (s.a.s.) gozaban de un protagonismo extraordinario, entraban y salían de sus casas, acudían sin cortapisas a las mezquitas a cualquier hora del día o de la noche, tenían reuniones femeninas en las que se decidían asuntos importantes, participaban en las asambleas, opinaban e imponían sus opiniones, recibían educación, incluso personalmente del Profeta con quien por otra parte tenían un trato propio entre iguales, trabajaban y comerciaban, combatieron en primera fila, morían por el Islam, lo enseñaban, ordenaban el bien y prohibían el mal...".

En la comunidad profética de Medina, judíos y cristianos tenían sus propios tribunales y escuelas, pero aquí en España existe una enseñanza única y obligatoria, y se discute el derecho de las niñas a ir a la escuela con pañuelo. Frente a la política de la exclusión que practican los estados autoproclamados civilizados, el Islam tradicional se presenta como algo omniabarcante: no trata de segregar al otro sino de incluirlo plenamente. Esta es la gran obra del Profeta (s.a.s): unir a tribus y naciones ancestralmente enfrentadas en torno a la Palabra revelada, la única Palabra capaz de operar el milagro de la unión de los contrarios, pues ella misma brota del origen que todo lo reúne.

La perdida de lo real como horizonte del sentido es aquello que llamamos desarraigo, y eso pasa por considerar que la revelación forma parte del pasado. Hemos entrado en el tiempo de lo cuantitativo, donde el hombre ya no puede recibir por si mismo el Mensaje, ni comunicarse con la Realidad directamente. "La política moderna es el desolador experimentum linguae, que desarticula y disuelve a lo ancho y largo del planeta tradiciones y creencias, ideologías y religiones, identidades y costumbres" (Giorgio Agamben, La comunidad que viene). En la política mundial el movimiento wahhabi se constituye en el estereotipo del cual el sistema se alimenta. Se trata de lo que los ingleses llaman un gentleman’s agreement, un pacto entre caballeros: a cambio de ver preservado el Islam como "la religión de los árabes", se encargan de desarticularlo como fuerza planetaria. También el reparto de los beneficios del petróleo forma parte de este pacto, así como la protección norteamericana. En todo esto, claro, sale perdiendo el Islam, por no hablar de Iraq, Chechenia o Palestina, convertidas en moneda de cambio.

Un estado como el de Arabia Saudí representa el abandono de la tradición por intereses económicos, y fue escogido por los británicos porque se ajustaba a los planes de explotación de los recursos naturales que habían diseñado para Oriente Medio. Su aspecto exterior les da una apariencia islámica, mientras que su carácter modernista les facilita la labor de gobernar vulnerando completamente la Sharî’a. Mediante la llamada "apertura de la puerta del Iytihâd" (esfuerzo interpretativo aplicado a la jurisprudencia), los ulemas al servicio del estado se permiten lanzar fatwas para justificar todo aquello que al gobierno le interesa. En el plano de la política internacional, el wahhabismo trata de hacer pasar el Islam como una pieza de la economía de mercado, colaborando en todo con el Fondo Monetario Internacional. Arabia Saudí: un país que comercia en armamento y practica la usura pero se llama a si mismo islámico porque corta la mano al niño que roba una manzana, donde los gobernantes viven rodeados de un lujo extravagante mientras la deuda externa alcanza cifras astronómicas... Pero el Profeta Muhammad (s.a.s.) dijo: "Aquel que trasiega con lo que tiene, a ése es a quien Al-lâh provee; y aquel que acapara bienes y los acumula, a ése es a quien Al-lâh maldice y aparta de su lado". Y han tenido la desfachatez de ponerle el nombre de una familia a la tierra del Profeta, que la paz sea con él.

Lo que han hecho en las ciudades de Meka y Medina no deja lugar a dudas. Donde hace unos años estaban las tumbas de los compañeros del Profeta (s.a.s.) ahora se agolpan concesionarios de la Mercedes o la Crysler. En lugares asociados a la misión profética de Muhámmad (s.a.s.) ahora hay hoteles de cinco estrellas regentados por compañías extranjeras. La destrucción del patrimonio, de la memoria colectiva de los musulmanes, forma parte de la política de los Bani Saud desde sus comienzos. Es el mismo desarraigo que se está produciendo a gran escala, y al que Agamben se refiere.

Esta es la entrada en la cultura de la imagen esbozada en la carta de Ahmed Lahori: "el wahhabismo es lo que representa la modernización del Islam, el abandono de la tradición para hallar su semejanza con esa cultura de la representación y de la imagen". No creo que se refiera tanto a la religión católica como a la sociedad del espectáculo, aunque la primera es madre de la otra. Cultura de la imagen: el sistema acepta las imágenes de las diferentes tradiciones, pero no su contenido. Y a eso le llaman tolerancia. Estamos en un mundo donde la idea de tradición quiere ser reducida a la de folclore. (Me remito a la conferencia de Hashim Ibrahim Cabrera, Desde una moral de la eficiencia hacia una ciencia del corazón). El sistema se las da de tolerante por permitir que esas imágenes convivan separadas de sus contenidos. Esto es lo que ofrece el wahhabismo: no el Islam como un todo sino solo su apariencia, no la verdad sino una imagen estereotipada, dentro de una galería de sombras sin sentido. Estamos en lo que llamamos cultura de la representación: todo forma parte de un espectáculo a menudo grotesco, que tiende a cortar los lazos de los hombres entre sí. En esta cultura están empeñados los "representantes de dios en la tierra" de todas las religiones, como los publicitarios, los economistas del Nuevo Orden Mundial, o los fabricantes de noticias. En el terreno de la democracia nos encontramos con lo mismo: no a la participación directa del pueblo en las decisiones colectivas, sino elección (supuestamente libre) de representantes. Yamila: no pienses que en nuestros estados nacionales se da una estructura de poder distinta de aquella que ha sido definida como teocracia. Lejos de eso: la nueva religión es lo que Roger Garaudy ha llamado el monoteísmo del mercado, con sus sacerdotes y sus templos. Una religión ferozmente exclusivista (a pesar de la apariencia), que no duda en conducir a naciones enteras a la ruina.

No voy a extenderme sobre el tema. Existen buenos artículos en Webislam, escritos por gente de conocimiento: El islam tradicional frente al islam radical, de Sheikh Hisham Kabbani, donde se narra la penetración wahhabi en el Cáucaso (y esa es una de las causas de una guerra absurda). Otro artículo de título elocuente es: Wahabismo no es Islam, de Ayub Sabri Pasha (en tres partes). Quiero citar, en descargo de Muhammad ibn ‘Abdel Wahhab, el texto de Tariq Ramadán: lbn Abd al‑Wahhab: un pensamiento reformista, en este mismo número (es importante establecer esta distinción, y reconocer que no conocemos a fondo el pensamiento de este hombre).

Releo mi carta y quedo con la sensación de haberme excedido. Yo no quiero escribir esta carta para denigrar a nadie, sino como una flecha al corazón de Yamila, mi hermana maltratada. El wahhabismo es parte de la Misericordia creadora, y nadie nos ha constituido en jueces de lo que hagan esas gentes. No hay que tener rencor ni actitudes reactivas, sino que todo esto sea como un aprendizaje. En su descargo he de decirte que suelen ser gentes expuestas a una curiosidad malsana, que se refugian en su compartimiento estanco. En la anécdota de tú recibimiento, y en el del "pobre hombre", se ve claramente que no saben que hacer con los que se acercan al Islam sinceramente. No tienen respuestas, ni siquiera comprenden que un occidental quiera "hacerse moro". Les gustaría que el Islam quedase como la "religión de los árabes", no por chovinismo o ninguna clase de racismo, sino porque los conversos somos un problema, que les obliga a replantearse su discurso, a formularlo de un modo comprensible. Y no pueden, porque en muchos casos han perdido el sentido de aquello que defienden. Es mejor decir: esto es así porque es así, y basta, o decir: así lo hizo el Profeta (s.a.s). Cuando los "moros nuevos" nos atrevemos a hablar del Islam la cosa puede ponerse fea. Hay casos en que los encontramos en una contradicción evidente, como en el caso de la lapidación. Nosotros ya sabemos remitirnos a las fuentes, hablamos de ‘aqida, o del supuesto delito por apostasía. Es entonces cuando se aferran a la idea de que el Islam es algo suyo: nosotros somos unos advenedizos, que no podemos saber nada. El suyo es un movimiento de defensa de una tradición que se ha perdido, y que no quiere verse revivida (al-Gazali decía: "es condición esencial del que profesa una fe tradicional que no sepa que es un tradicionalista").

Si es necesario hablar hoy del wahhabismo, y tener presente la experiencia que has vivido, es porque nos ofrece una enseñanza. La primera lección es esta: ahora puedes saber que el Islam no está encerrado en ningún sitio, ni es patrimonio de ninguna clase de expertos, sino que pertenece a la esencia de las cosas. No existe ideología ni doctrina que puedan abarcar al Creador de los cielos y la tierra. No existe representación posible, ni un modo acabado de decir esa infinita fuerza que nos mueve. El Islam es el sometimiento a la Realidad, la rendición de todo intento de definir la creación según nuestro pequeño ego. A partir de aquí nos movemos al encuentro de una Unidad que nos envuelve como una paradoja, donde la separación entre el cuerpo y el espíritu se deshace, donde trascendencia e inmanencia borran su distancia.

El sometimiento a Al-lâh no es algo externo al hombre porque Al-lâh no es algo externo al hombre. Los sabios pueden enseñarnos las particularidades de la Sunna del Mensajero de la Realidad (s.a.s), y esta es su misión establecida, pero no pueden enseñarnos lo que llevamos dentro, esa naturaleza primigenia (fitrah) que debemos vivenciar aquí y ahora. Eso es lo que viste en la imagen de los talibanes, pero si lo viste es como un reflejo de un anhelo que ya te dominaba. De otra manera no es comprensible tú perseverancia, aún frente a una situación desagradable. El Islam está en cada uno como una fuerza que nos mueve hacia Al-lâh, un anhelo al que responde la Sunna del Profeta (s.a.s.). La Sunna nos ofrece una práctica precisa para encauzar esa energía, para que seamos capaces de cumplir con el mandato coránico de embellecer el mundo, de cumplir con la tarea que Él (y solo Él) nos encomienda: ser Sus califas en medio de una tierra desolada. La shahada no es el acabamiento de nada, sino el desencadenante de experiencias, una de las cuales es la prueba:

"Pues así es como probamos a unos hombres por medio de los otros, para que lleguen a preguntar: "¿Es pues a esos a quienes Al-lâh ha favorecido prefiriéndolos a nosotros?" ¿No sabe bien Al-lâh quienes Le son agradecidos? (Corán Al-Anaam, 53)

Entre nosotros solemos decir que el wahhabismo es como una criba, que sirve para que solo se acerquen al Islam gentes capaces de ir más allá de los estereotipos y salirse de esa cultura de la imagen. Ellos no saben que es su tarea es preservar la comunidad de los creyentes. Tal vez sean un filtro, que evita que el Islam se convierta en algo de moda, que entre a formar parte de las religiones de nueva era. Ellos nos saben cual es su tarea, como nosotros desconocemos en fin último de nuestra existencia. Pero sólo Al-lâh sabe.

En tú carta te refieres a las enseñanzas que has recibido en este tiempo, y me sorprende descubrir que no sabes que significan las palabras rahma y baraka, tan esenciales al Islam, al mismo tiempo que mencionas una serie de cosas que parecen absurdas, como lo de ¡¡depilarse el pubis cada quince días!! Según te lo han presentado el Islam se reduce a unas cuantas fórmulas de cuyo contenido no se sabe nada. Es así y punto... pero Al-lâh nos invita a todo lo contrario.

En lo referente al tema del Islam en Buenos Aires, quisiera darte un poco de esperanza, ya que allí tenemos buenos amigos y hermanos que pueden ofrecerte una experiencia muy distinta. Quiero ponerte en contacto con Mahmud Esquivel, cuyo correo electrónico está en el panel de consultores. Existe un texto de Abu Dharr Manzolillo (Los conversos en los países con minorías musulmanas) que puede resultarte interesante, pues trata de la necesidad de los musulmanes argentinos de crear sus propias mezquitas y organizaciones.

Aquí hay un tema importante. En tú primera carta ya das muestras de sorpresa ante la diversidad de corrientes en que el Islam se manifiesta, como si eso fuera un signo de debilidad o de ruptura. Pero debes entender esa diversidad como algo ineludible, ya que tú misma has descubierto que la única manera posible de vivir el Islam es desde tú propia realidad como eso que eres: una mujer nacida en la Argentina del siglo XXI. Cualquier otra opción sería dar la espalda a la evidencia, alienarte de la realidad que te circunda, mientras que el Islam te exige todo lo contrario. En otro lugar he escrito:

El espíritu universalista se manifiesta en la constante interacción al cual el Islam se ve abocado. Históricamente cada pueblo ha hecho suyo el Mensaje según sus condiciones. Mientras los musulmanes han sido conscientes del Tawhîd no han tenido necesidad aculturizar, colonizar ni destruir otras culturas, porque cada una de ellas encuentra un nexo común en la universalidad esencial de la Palabra revelada.

(...) Hablar de un Islam tamazigh —como de un Islam malgache, chino o europeo—, es hablar de los mil modos en que el Islam es adoptado por diferentes pueblos, creando una variedad embriagadora, uno de los más bellos reflejos de la actividad de Al-lâh en el mundo, garantizando una existencia libre de todo dogmatismo, de toda religiosidad preconcebida.

(...) Hoy en día los indios sudamericanos se acercan al Islam como una vía de preservar sus respectivos modos de vida, dotándoles de una fuerte estructura protectora frente al avance de la maquinización y el desarraigo. Precisamente el Islam es lo que posibilita mantenerse a los pueblos fieles a sus tradiciones en un mundo en el cual la aculturación es una constante amenaza.

(...) El mensaje del Islam es universal y va destinado a toda la humanidad, no a los pueblos semitas o a los árabes en exclusiva, siendo en este caso la lengua árabe el vehículo para la revelación, un nexo de unión, un instrumento. Es evidente que Al-lâh, para comunicar Su Palabra a los hombres, debía usar una lengua determinada, pero eso no quiere decir que Al-lâh hable árabe o una lengua semita, o que Su mensaje se haya revelado en un solo punto geográfico. Al revés: todos los pueblos de la tierra han recibido el Qur’án, la llamada a retornar al Dîn primigenio. Todos los hombres tienen la memoria de ese origen increado, para el cual el Qur’án sirve de recordatorio. Por su carácter universal el Islam tradicional no tiene la tentación de imponer unas estructuras de poder o de sustituir las creencias de las sociedades a las que va llegando, sino que se imbrica con ellas de un modo casi promiscuo, dotándoles de una base más amplia a través de la cual la conciencia puede desarrollarse libremente.

Tras esta larga cita me doy cuenta de que aún quedan por contestar las preguntas esenciales: "¿qué es rahma?", "¿qué es baraka?". La primera respuesta está implícita en todo lo anterior, pero me gustaría todavía contarte un par de cosas. Generalmente Rahma se traduce por compasión o por misericordia, lo cual es muy hermoso. Pero si atendemos a la raíz árabe (la trilítera R-H-M) nos sorprende descubrir que hace referencia al útero materno, de ahí que algunos prefieran traducir esta palabra con un neologismo: lo matricial. A partir de aquí, la frase Bismil-lâhi ar-Rahmani ar-Rahim con que se inician todas las suras del Corán (menos una) ha sido traducida: "con el Nombre Al-lâh, el Matricial, el Matriciante". Esta es una lectura de las muchas posibles: si Al-lâh es Matricial (ar-Rahman) es en cuanto a matriz de todo lo existente. El Matriciante (ar-Rahim) hace referencia a la capacidad dada por Al-lâh a las criaturas de convertirse en matrices de nuevas creaciones. (Ver: En el interior de la básmala, de A. Osuna). Repetir la básmala en cada oración es hacerse recipiente de esa fuerza creadora, generadora de existencia... Este es el tipo de interpretaciones que ponen nerviosos a los árabes cuando hablan castellano. Ellos prefieren acomodarse a traducciones menos sugerentes, aunque en muchos casos sean obras de orientalistas, e incluso de jesuitas que han definido el Islam a su medida. Prefieren traducir la palabra coránica dzanb como pecado, o la palabra tawba por arrepentimiento, aunque nosotros decimos que en el Islam no existe pecado, y que si hacer tawba es arrepentirse, ¿por qué uno de los Nombres de Al-lâh es at-Tawab? ¿Podemos decir de Al-lâh que se arrepiente? Estos son algunos ejemplos del trabajo que estamos realizando, con el permiso de Al-lâh.

La palabra baraka es traducida habitualmente como "bendición", lo cual no dice mucho. Te recomiendo el artículo de Yahya Figueras, donde está escrito: "la baraka es un efluvio misteriosos que da fecundidad, actuando principalmente por contacto y, debido a que nuestra naturaleza es esencialmente porosa a lo sagrado, nos penetra cuando nos acercamos al ser que la contenga". No solo algunas personas (vivas y muertas) son portadoras de baraka: también ciertos objetos o lugares. Estoy seguro de que la Argentina posee multitud de lugares cargados de baraka, que tu misma has de reconocer sin que tengas necesidad de que nadie la defina. Lo mismo sucede con la Rahma: es algo tan inmediato a nosotros mismos que se nos aparece en todos los rincones, penetrándolo todo. Hay que aprender a mirar el mundo como si fuese creado en el mismo instante donde la mirada se ilumina. Es maravilloso darse cuenta de que nada de la cosmovisión islámica nos es extraño, y este es el secreto: llegar a descubrir que el Islam formaba parte de nosotros desde nuestro nacimiento, a pesar de haber sido criados en países y familias que no parecen tener nada que ver con todo esto.

En las pequeñas comunidades de al-Andalus llevamos ya un buen tiempo trabajando para poner en claro algunos de los aspectos centrales de la cosmovisión islámica, con el permiso de Al-lâh, y eso solo podemos hacerlo sabiendo que Al-lâh az-Zahir, El Evidente, que es al-Hâdî, el Guía, que es al-Muhyî, el Vivificador, que no cesa de crear. Basta limpiar la mirada para intuir Su presencia, para saber que estamos viviendo en el instante de la teofanía, y somos el espacio donde la Creación renueva su sentido. Espero que nuestro trabajo os sirva a los nuevos musulmanes de Argentina como una referencia, pero que no os haga olvidar vuestras tradiciones escondidas.

Para acabar, solo quiero indicarte que el Islam es mucho más telúrico de lo que puedas imaginarte, que el Profeta (s.a.s.) le ponía nombres a las capas y a las sillas y que hablaba con las cosas, que era un hombre abierto, paciente y generoso, que jamás discutía con nadie, que no hacía distinciones entre pobres y ricos, que era el más humilde de los hombres, y que sigue entregado a los que lo rodean. Que su mensaje contiene una llamada hacia el fortalecimiento de los lazos de los hombres entre sí. Rasulual-lâh (s.a.s) dijo: "Reconciliar a dos personas es mejor que la totalidad de las oraciones y ayunos". También dijo: "Encontrarte ante Al-lâh con setenta injusticias que hayas cometido contra Él, es para ti mejor que situarte frente a Él con una injusticia tuya contra los hombres". Quiero recordarte que cuando le deseamos la paz a un hermano lo hacemos en plural —as salamu aleykum—, pues nuestro saludo también se dirige a los ángeles que caminan junto a él, y que los ángeles están presentes en toda reunión donde se invoca el nombre de Muhámmad, que la paz de Al-lâh y Su salat sean siempre junto a él, y que esta presencia no es un cuento chino.

Quiero también recordarte que "Al-lâh es la luz de los cielos y la tierra" (surat an-Nur, 35), que "Él es quien hizo descender paz interior a los corazones de los creyentes, para que añadieran fe a su fe", que "no ha hecho descender el Corán para hacerte desgraciado" (surat Ta Ha, 1), que "Al-lâh guía hacia Su luz a quien quiere ser guiado" (surat an-Nur, 35) y que en definitiva, "después de todo, Al-lâh se volverá en Su misericordia a quien Él quiera: pues Él es indulgente, dispensador de gracia" (surat at-Tawba, 27).

Pedimos a Al-lâh que nos arranque de los velos de la separación y la discordia, y nos de una capacidad de comprensión que abarque al enemigo, que nos deje sentir que aquel que nos niega también es nuestro hermano, sentir como las cosas son tan solo instrumentos en manos de al-Malik, Aquel que todo lo Gobierna. Pedimos a Al-lâh que haga sentir su sakína sobre Yamila, sobre todos los hermanos y hermanas traicionados por el recibimiento de unas gentes que Al-lâh ha creado como enseñanza y como prueba. Pedimos a Al-lâh que acreciente la Ummah de Muhámmad no solo en el número de los creyentes, sino en gentes capaces de vivenciar el Islam desde su corazón aquí y ahora, y no como una imposición que llega desde fuera.

"Verdaderamente, la felicidad será de los creyentes"

(Corán, surat al-Mu’minun, 1)

No me queda más que desearte: Baraka Al-lâh wa Rahma, es decir: que la misericordia creadora de Al-lâh te colme de bendiciones y te haga recipiente de nuevas creaciones cargadas de sentido.

Abdelkarim Osuna

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