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La palabra halâl

20/08/2002 - Autor: Abderrahmán Muhámmad Maanán - Fuente: Webislam
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Halal
Halal

La palabra halâl designa lo que es en esencia bueno y está permitido al musulmán. El Corán nos ordena alimentarnos de lo halâl. Lo contrario de lo halâl es lo harâm, lo que la Sharî‘a nos prohíbe tajantemente y debemos evitarlo. La razón de que algo sea considerado harâm es que esa cosa sea nociva a un nivel u otro,... porque sea nociva o porque sea el fruto de un acto deshonesto como el robo, el engaño, el fraude, la usurpación o el abuso, o porque nos desvíe del Islam de un modo u otro. Lo halâl es lo bueno en sí y fruto del esfuerzo honesto. Éste es el mejor resumen que se puede hacer de lo halâl. Y en el Islam se da una importancia extraordinaria a que el musulmán viva y se alimente con lo halâl y se abstenga y se aparte de lo harâm.

En un hadiz, Rasûlullâh (s.a.s.) dice que el halâl está claro y el harâm está claro. En líneas generales, cualquier inteligencia medianamente dotada distingue perfectamente entre lo halâl y lo harâm, es decir, entre lo bueno y lo malo, lo que hace bien y lo que hace mal, lo beneficioso y lo perjudicial, lo honesto y lo deshonesto y quien conoce mínimamente el Islam sabe qué es lo halâl y lo harâm en la Sharî‘a, sabe que debe abstenerse de la carne de cerdo y del alcohol y de todo lo que tenga un origen moralmente dudoso, por ejemplo. Es cierto, como dijo Rasûlullâh (s.a.s.) en el mismo hadiz, que, con frecuencia, hay momentos de dudas, y entre lo halâl y lo harâm hay mutashâbihât, cosas confusas que no sabemos con exactitud si son halâl o harâm.

En el Corán se nos ordena: "¡Comed de lo bueno y actuad rectamente!". Se nos está diciendo que alimentemos nuestros cuerpos con cosas sanas y que no hayamos arrebatado a nadie. Y con las fuerzas que el cuerpo saca de esa alimentación halâl, que entonces actuemos rectamente, caminando erguidos por el mundo y avanzando decididamente hacia Allah.

El Islam quiere que todo siempre esté integrado en un conjunto donde todo se complementa y armoniza. Si no atendemos al origen de nuestras ganancias, si no nos preocupa aquello con lo que construimos nuestro ser, si nos da igual aquello con lo que alimentamos y hacemos crecer nuestro cuerpo, si nos presentamos ante Allah con buena intención pero con un cuerpo y un ser fruto de robos, abusos, iniquidades y perversiones, ¿qué queremos de Él? En cierta ocasión, Rasûlullâh (s.a.s.) habló de alguien que se entregara con ardor a las prácticas espirituales, pero cuyo cuerpo se hubiera convertido en algo harâm, en algo perjudicial para él mismo porque lo haya alimentado con lo harâm, le hubiera dado de beber lo harâm y lo hubiera vestido con lo harâm, ¿cómo puede esperar que Allah le responda?

Por ello, es muy importante que sepamos lo que es halâl y lo que es harâm, lo que nos ilumina y lo que nos entenebrece. Y puesto que hay cosas confusas, lo mejor es siempre remitirse a la Sharî‘a. Y desde este punto de vista, es halâl todo lo que no es harâm, y harâm es aquello que el Corán y la Sunna nos prohiben tajantemente. Por supuesto, hay gradaciones, pero el anterior es el criterio rector que hace que las cosas sean claras.

Un cuerpo desatendido que crece en lo harâm, que se alimenta de lo harâm, es decir, con lo que la Sharî‘a prohíbe, lo que desaconseja la salud, lo que la honestidad reprueba, ese cuerpo entenebrece el espíritu, influye en él negativamente. Y un cuerpo excesivamente atendido hace que nos olvidemos del espíritu. Hay que encontrar un justo equilibrio, y en todo caso no hay que considerar que algo depende de nosotros. Debemos empeñar nuestro esfuerzo en ese sentido, sabiendo siempre que todo está en manos de Allah y es lo que Él quiere que sea. Es decir, no hay que obsesionarse creyendo que hemos hecho cosas reprobables que nos impiden definitivamente acercarnos a Allah ¿dónde quedaría entonces su Misericordia? Pero tampoco debemos ser dejados o confiados, porque Allah también es Terrible. Moviéndonos entre esos dos extremos caminaremos rectamente.

Es necesario que practiquemos el Wára‘, la escrupulosidad, pero ésta se puede convertir en una enfermedad si no es juiciosa. Nuestros escrúpulos deben atender a la justicia de las cosas, pero no excederse y convertirse en un continuo reproche dirigido a nosotros mismos o a los demás. Es muy fácil caer en esa trampa, que hace invivibles nuestras vidas y la de quienes nos rodean. En todo, es la prudencia y la sensatez las que deben regir incluso nuestros escrúpulos, para que estos sean rigor con el que acercarnos a Allah. Con la virtud del Wára‘ debemos apartarnos de lo dudoso, de lo sospechoso, por miedo a caer en injusticias o aceptar injusticias, pero no debe ser miedo a la vida.

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