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Jutba de la shahada

20/08/2002 - Autor: Hashim Cabrera - Fuente: Webislam
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Shahada.

Alhamdulilahi rabbil’alamin, ar Rahmani ar Rahim, as Shahid, al Basir, al Hayy, al Qayyum.

Nuestra alabanza y nuestra adoración son para Allah, Señor soberano de todos los mundos y estados, productor de todas nuestras visiones y maqamat. A Él nos sometemos, sólo a Él, Que es la Vida que nos sustenta, sólo a Él adoramos. Assalamu aleikun wa rahmatullahi ua barakatuhu.

Reunirnos en torno a un testimonio de tawhid es siempre un regalo gozoso que nos ennoblece. Alhamdulillah que quiere hacernos musulmanes y testigos del sometimiento de todas las criaturas a Su Rahma. Barakalaufiq.

Hablamos de nosotros mismos como conversos y de nuestra shahada como si se tratara de una conversión, pero a medida que nos adentramos en la vía del islam vamos comprendiendo que esto no es así.

Desde un punto de vista formal, nuestra shahada tiene dos partes esenciales: por un lado la afirmación de la unicidad de lo real, la constatación real de esa unidad y, por otro, el reconocimiento y la aceptación del mensaje que esa misma Realidad nos está revelando en el discurso inspirado del profeta, la paz sea con él, por medio del Qur’an, siempre exuberante y Generoso. Generosidad de la conciencia que se expande más allá de cualquier límite.

Eso que llaman conversión al islam no es conversión sino un reconocimiento que tiene lugar en todos los planos de nuestra experiencia, que afecta al ser humano y a la comunidad en la que vive de una forma profunda e integral. Nos llaman conversos sin que lo seamos realmente. Pero esta definición tiene su razón de ser porque quienes así nos llaman no pueden darse cuenta de la experiencia real de nuestro sometimiento, porque si fueran conscientes de ello ya serían musulmanes y testigos, serían shuhadá al islam de una shahada al Haqq, testigos del sometimiento de un ser humano a la Realidad.

La experiencia de unicidad, de tawhid, que subyace detrás de todas las palabras y de todas las cosas es una experiencia humana que pueden vivir los individuos de todos los pueblos y culturas, y puede ser expresada de todas las formas posibles, dicha con los más bellos nombres.

La Shahada es la expresión de esa conciencia trascendental que late en nuestro interior desde que mucho antes de que aprendiésemos a hablar. Cuando decimos la ilaha illa Allah con plena conciencia estamos haciendo vivo nuestro más antiguo Recuerdo, nuestra conciencia más pura y elemental.

La shahada es el primer pilar del islam porque es la condición básica de nuestro sometimiento, de nuestra conformación consciente en la Realidad. Una shahada es una afirmación de la Realidad, la forma más directa y primaria de adoración, porque no puede existir adoración sin reconocimiento, no puede haber adoración sin un reconocimiento de aquello que estamos adorando.

El reconocimiento de esta Realidad Única implica la aceptación de nuestra precariedad, una experiencia de la vacuidad de nuestro ser y de nuestro mundo, un reconocimiento de la polaridad y de la tensión; también implica el reconocimiento de nuestra dependencia de una Realidad que, en este caso, no se deja atrapar por una mente dividida por las palabras, implica el reconocimiento de nuestra condición de seres dependientes, sin realidad propia ninguna, sólo con la realidad que Allah nos otorga en forma de ámana, de conciencia prestada por un tiempo.

Una shahada es un Fana fillah, una extinción en la Realidad, porque ¿Dónde, si no, podemos extinguirnos cuando estamos siendo conscientes de ese vacío, de esa precariedad y de esa irrealidad?

Un testimonio de la Realidad, una shahada al Haqq es siempre un evento cósmico que sacude toda la creación de principio a fin, porque es una creación de conciencia, una fuente de creación donde la criatura declara su condición delante de los otros sabiendo que sólo Allah es testigo, que sólo Él es ash Shahid, Quien todo lo ve.

Las otras criaturas, aquellas que contemplan una shahada, son en ese momento shuhadá al islam, testigos oculares del sometimiento, de la palabra divina que compromete al siervo ante su Señor, de la extinción de la criatura en el océano inmenso de la Realidad.

Todo musulmán es un testigo ocular de al Haqq, porque la shahada es el reconocimiento de la presencia de Allah en nuestros corazones, real y enigmática al mismo tiempo, que ilumina todos nuestros mundos. Todo musulmán, desde el simple creyente hasta el simple místico, es un shahid, un testigo de aquello que está declarando, una criatura que alberga la Presencia Real en su corazón, que va desvelando el tesoro oculto que quiere ser conocido: "Adora a Allah como si lo vieras…" nos dice el profeta en un hadiz.

El sheij Muhámmad Ibn al Habib dijo lo siguiente:

"Oh tú que deseas ser un testigo ocular de la Presencia, debes elevarte por encima del Espíritu y de las formas, asirte al vacío original y ser como si no fueras ¡Oh aniquilado! Verdaderamente verás la existencia por un secreto cuyos significados se han extendido en todas las épocas. Ninguna de las imágenes de acción y entidad multiplican al Actor en modo alguno. Así pues, a cualquiera que se eleve por encima de todas las cosas perecederas, se le mostrará la existencia sin dualidad."

La declaración testimonial del muslim precede a la visión del mu'min, que se convierte así, insha Allah, en visión del corazón, siendo el corazón el ojo por el que Allah se ve a Sí mismo. La visión que el siervo tiene de Él es la visión que Él tiene de Su siervo. Sólo Allah puede ser testigo de Sí mismo, Él es Quien se reconoce en todas las cosas porque nada ni nadie hay sino Él. Y por eso le adoramos como Ash Shahid, el Testigo omnipresente, el que todo lo ve constantemente, y por eso nuestros corazones dicen: La illaha illa Allah. Y también por eso mismo Allah nos dice en el Qur’an:

"Y si dices algo en voz alta, Él lo oye, pues, ciertamente, conoce hasta los secretos pensamientos del hombre y también cuanto es aún más recóndito en él.

¡Allah, la illaha illa allah, no hay dios sino Él; Suyos en exclusiva son los atributos de perfección!"

(Qur’an, Sura 20, Ta Ha, Oh Hombre, ayat 7 y 8)

Pero, contra la lógica de la apariencia, Allah quiere que Su siervo declare su fanah ante otros testigos. Por esa razón en toda shahada al Haqq hay siempre un testigo real que la hace posible, un shahid al islam que la materializa contra toda lógica, Alhamdulilah, y ese testigo excepcional es nuestro amado Muhámmad, mensajero de esa Realidad, la paz y las bendiciones sean siempre con él. Él es el alma humana más próxima a Yibril, el ser más próximo a Allah que un ser humano puede contemplar en su visión creadora del mundo.

Una shahada al Haqq es una fatiha al ilm, una apertura de la conciencia, un florecimiento de la Realidad en Sí misma. No hay conversión, pues, sino resurrección incesante de la vida en lo muerto, un triunfo de la luz sobre las cenizas, de la conciencia sobre la inconsciencia. Alhamdulilah.

Quizás eso también explique la ausencia de rituales en el islam. La simple declaración de tawhid nos basta para acceder a la Ummah, a esa comunidad de seres conscientes, voluntaria y gozosamente sometidos a la Realidad. Cualquier representación está sobrando, cualquier actor desaparece, sólo queda la criatura aniquilándose sin cesar, una transmutación irrefrenable. Por esa razón, nos parece un contrasentido preguntar cosas cómo ¿a qué hora va a ser la shahada? ¿será antes del Yumah? ¿Después? El acto social, la declaración pública de tawhid en la Ummah de Muhámmad, ocurre cuando Allah quiere, y esta shahada que estamos viviendo todos nosotros hoy ya está ocurriendo, ha ocurrido ya, no deja de acontecer y nos afecta profundamente. Alhamdulilah. La shahada del corazón humano tiene lugar como una Rahma de Allah que Él concede a quien quiere, como quiere y cuando quiere. La illaha illa Allah.

Una shahada al Haqq es un hecho trascendental, un rayo que nos conduce por todas las estaciones espirituales, por todas y cada una de las maqamat de la revelación. La shahada es así una síntesis perfecta del camino espiritual.

Sólo puede hacer shahada quien, como Adam, la paz sea con él, ha conocido el extravío de los nombres y ha perdido su fitrah, su condición original. La shahada es entonces una reconducción a la fitrah, una recuperación de nuestra naturaleza verdadera, una superación del olvido. Por esta razón, como dijo el profeta en un hadiz, todos los niños nacen musulmanes, y por ello no necesitan hacer ninguna shahada. Tampoco necesita hacer shahada quien no ha sido extraviado por las religiones. Sólo aquellos que han sufrido el olvido precisan, mediante el testimonio del tawhid, renovar sus conciencias en lo Único. Y lo primero que hace el ser humano que quiere regresar es poner su intención en ello.

Todo el camino del sometimiento a Allah, todo el itinerario islámico por el siratal mustaquim, discurre a caballo de esa primera intención, de ese deseo que ha surgido como un destello de luz en nuestros corazones.

Para experimentar esa reconducción del intelecto hacia la conciencia, es necesario purificarse mediante el agua. Hacemos gusl como Nuh, la paz sea con él, para adquirir el estado de tajara, de pureza integral, de cuerpo y mente, librándonos de todas las adherencias que nos distraen de nuestro regreso a la Realidad, dejando atrás el rastro de antiguas humanidades. Somos básicamente agua y el contacto con esta materia es un reencuentro con aquello que nos constituye fundamentalmente.

Como Ibrahim, la paz sea con él, decimos La illaha, no existen dioses ni existe nada, y así nuestro corazón se va torneando en una kaaba luminosa y vacía que alberga al fin lo innombrable, que hace posible el encuentro cara a cara, como Musa, la paz sea con él, con Su Señor, que es el mismo Señor nuestro y de todas las criaturas. Sólo Allah es el Señor, Él y sólo Él es la Realidad, y por eso decimos illa Allah.

Cuando recitamos completamente la primera parte de esta shahada, la illaha illa Allah, sentimos con claridad al Isa de nuestro ser, la paz sea con él, porque sentimos la fuerza transformadora de la palabra, del espíritu. La illaha illa Allah es la palabra pura, el Ruh al Quddús, la paz sea con él, porque no hay declaración humana que se le iguale, porque el ser humano no puede expresar una síntesis mejor de su condición, criatura dotada de lenguaje y razón que no conocemos otro testimonio más fidedigno de la Realidad. Todas las palabras que forman la shahada se consideran en la lengua árabe como una sola y única palabra. El texto de la shahada al Haqq, la illaha illa Allah, se conoce entre los musulmanes como kalimat al ijlás o kalimat at tawhid, palabra de la sinceridad y palabra de la unidad. No se dice que sean palabras sino palabra, verbo, y por eso su pronunciación despierta en nuestra garganta a nuestro Isa de Luz, nuestro verbo inspirado.

Finalmente, como desenlace de nuestro testimonio, reconocemos la verdad de lo que decimos en el mundo, ante los otros, y lo hacemos ante el mejor de los testigos humanos, ante el alma del mejor de nosotros, ante el Qur’an que nos trae Muhámmad, la paz sea con él. No juramos ante un libro de papel sino que declaramos nuestra condición ante aquellos cuyos corazones laten con la Revelación y cuyos ojos se humedecen, ante quienes saben que lo que Allah proclama en el Qur’an es la Verdad de la Realidad.

Allahumma: Oh Señor nuestro: haznos ser testigos del sometimiento de toda Tu creación.

Provoca en nosotros la alegría del descubrimiento de la Realidad.

Mantén siempre viva nuestra taqwa, humedece nuestros ojos.

Amin.

2.

La shahada de un ser humano es la apertura de su visión a la Realidad, es un latido cósmico que sacude a la Ummah y la llena de gozo, como llena de gozo al alma de Muhámmad, que siempre está despierta en algún rincón del corazón humano porque el alma del profeta, la paz sea con él, es la sumisión completa que hace posible la Revelación, la posibilidad de vivir ese fanah fillah que transmuta los signos en conciencia, en Realidad Única que nos libra de la dualidad y de la inexistencia.

Allah nos regala a Muhámmad y Muhámmad nos regala una Ummah, una comunidad que se va construyendo gracias al lenguaje de la sumisión, a la palabra que resucita en nuestros corazones cuando escuchamos atentamente el Qur’an, recitación universal que no cesa nunca de desplegar sus suras desbordantes de vida y de sentido.

La segunda parte de nuestra jutba es también la segunda parte de nuestra shahada. Decimos Ashahadu anna Muhammad rasullullah. Soy testigo y declaro que Muhámmad es el mensajero de Allah, mensajero de al Haqq, enviado de la Única Realidad a la Única Realidad. Para decir eso hemos necesitado escuchar con atención el Mensaje, sentir el poder transformante del Qur’an. Hemos reconocido la Recitación Incomparable cuando Allah nos ha regalado suras completas llenas de signos, plenas de sentido, la palabra que nos ha señalado dirección y ha resultado ser una guía para nosotros. Reconocemos en ese mensaje el discurso que Allah no ha cesado jamás de enviarnos de todas las maneras posibles hasta donde alcanza nuestro recuerdo.

Un buen día miramos a una criatura y Allah nos hace ser testigos de su sometimiento a Él, nos hace conscientes de la dignidad y profundidad que a todo ser otorga ese sometimiento. Por eso no hablamos de conversión sino de reconocimiento, de la resurrección y del recuerdo.

Dicen los gnósticos que no hay reunión en la que se nombre a Muhámmad sin que él esté presente realmente en ese encuentro. Muhámmad, la paz sea con él, es el testigo excepcional de toda shahada, porque es nombrado por el shahid al Haqq y porque los shuhadá al islam son testigos del profeta y él es testigo y valedor de todos aquellos que están siendo musulmanes. Él vio más que ningún otro ser humano. La perfección de su visión es tan excepcional que él es quien dá testimonio de la calidad de nuestra sumisión cuando rendimos cuentas, antes de aniquilarnos en la Presencia. Muhámmad, la paz sea con él, es el garante de nuestro islam, su sello o piedra de toque.

Por eso no es cierto que seamos musulmanes nuevos, porque no hay musulmanes nuevos ni viejos, porque el sometimiento a la Realidad es una condición intemporal, ese regusto de eternidad que surge en nosotros cuando adoramos conscientemente a Allah en cada respiración y en cada latido de nuestros corazones. Para dar testimonio de nuestra sumisión es necesario estar viviéndola, experimentado lo real realmente. No podemos decirlo de otro modo. Alhamdulilah.

La shahada es también la puerta del Gran Yihad, porque, tras la extinción en la Realidad Única, retornamos al mundo, cumpliendo así el decreto de Allah de habitar la tierra de la contradicción, el lugar donde nos torneamos para hacernos capaces de la vida, capaces de amar la Vida, de recordar Sus Nombres.

Nos damos cuenta de que estamos emergiendo en el mundo y de que el islam, el sometimiento a Allah, como dice el Qur’an, es Dunia, un camino equilibrado, el camino de en medio, la vía central que recorre esa polaridad. El din son la práctica formal y las actitudes, la propia shahada, el salat, el ayuno, el zakat y el hayy, el ádab y el ajlaq, pero esa práctica tiene una finalidad que es hacernos jalifas, criaturas capaces de reflejar los dones de Allah, capaces de verlo en Sus criaturas, en la Dunia. Por eso nos dice Allah en el Qur’an:

"¡Oh hombre! No hemos hecho descender este Qur’án sobre ti para hacerte desgraciado."

(Qur’an, Sura 20, Ta Ha, Oh Hombre, aya 1)

Sabiendo esto no tenemos más que alegrarnos porque una shahada es el descendimiento del Qur’an al corazón de un ser humano, para hacerle feliz, para hacerle capaz de vivir conscientemente.

Nos sentimos contentos, muy contentos, porque Allah resuena con fuerza en los corazones y porque Su recuerdo no ha desaparecido de nosotros. Alhamdulilah.

Barakalawfiq por hacernos una vez más shuhadá al islam, testigos del sometimiento del ser humano a Tu Poder.

Allahumma: regálanos la shahada de todas tus criaturas.

Establece el islam en la tierra de Adam.

Perdona todas nuestras faltas porque queremos disfrutar de Ti en nosotros mismos.

Concede facilidad y belleza a quienes hoy dan testimonio de Ti, de Tu mensaje y de Tu mensajero, y a quienes somos testigos de ello.

Amin.


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