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Jutba del maqam de Musa 3

16/08/2002 - Autor: Hashim Cabrera
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Sinaí
Sinaí

Tras el episodio de la muerte del egipcio, los dignatarios de Faraón están deliberando para matar a Musa, quien siente miedo y huye en dirección a Madián. Al llegar a este oasis encontró a un numeroso grupo de hombres que abrevaban allí a sus rebaños y, a cierta distancia de ellos, a dos mujeres que no podían dar de beber a sus animales porque eran débiles y porque su padre era ya un anciano. Musa, la paz sea con él, abrevó por ellas su rebaño.

El padre, un árabe de la tribu de los amoritas, le recompensa y le da a una de sus hijas en matrimonio a cambio de que le sirva como jornalero durante ocho o diez años. Durante este tiempo Musa pastorea por el desierto meditando en las más vastas soledades, muchas veces sin saber siquiera dónde está. Esta meditación en la soledad y en la incertidumbre, esta prolongada jalwa lo irá preparando interiormente para recibir la iluminación que nos aparece así descrita en el Qur’an:

"Y cuando Musa hubo cumplido su plazo, y estaba viajando con su familia por el desierto, distinguió un fuego en la ladera del monte Sinaí; y dijo a su familia: ‘¡Quedáos aquí! Puedo distinguir a lo lejos un fuego; quizá pueda traeros de él alguna indicación, o al menos una antorcha, para que podáis calentaros.’

Pero cuando se aproximó a él, exclamó una voz desde la ladera derecha del valle, desde el árbol que ardía en tierra bendecida: ‘¡Oh Musa! ¡En verdad Yo soy Allah, el Sustentador de todos los mundos!"

Y luego dijo Él: ‘¡Tira tu vara!’

Pero cuando la vio moverse rápidamente, como si fuera una serpiente, huyó atemorizado, sin atreverse a volver.

Y Allah le habló de nuevo: ‘¡Oh Musa! ¡Acércate y no temas --pues, ciertamente, tú eres de los que están a salvo en este mundo y en el próximo!

Y ahora pon tu mano en tu costado: saldrá luminosamente blanca, sin mácula. Y en adelante mantén tu brazo pegado al costado, libre de todo temor. Pues, estos serán los dos signos de que eres portador de un mensaje de tu Sustentador a Faraón y sus dignatarios --pues, ¡ciertamente, son una gente depravada!’."

(Sura 28. Al Qasas. La historia. Ayat 29-32)

Musa, la paz sea con él, lleva años pastoreando en el desierto, arrastrando con él su miedo a la muerte entre las soledades de la península del Sinaí. En esa devastadora estación recibe la iluminación espiritual y la conciencia de su misión profética. Musa percibe paradójicamente a Allah a través de una forma, de un fuego encendido, porque nadie puede ver a Allah, porque Allah no tiene igual ni otro que pueda verle. Musa ve Su manifestación, Su teofanía, de la misma manera que Muhámmad, la paz sea con él, dice en el hadiz de la visión: "He visto a mi Señor bajo una forma de suprema belleza". Musa, la paz sea con él, no recibe al mensajero Yibril, con las buenas nuevas de su Señor, sino el tayali, la teofanía de Allah en forma de una zarza ardiente, en forma de Nar, fuego. Nar que en este caso es sinónimo de Nur, de luz cegadora que le habla.

En otro pasaje Allah le dice "lan tarani" no me verás. Ibn ‘Arabi aclara esta aparente paradoja poniendo el ejemplo del espejo. No podemos vernos en el espejo y ver al mismo tiempo el espejo, no es posible ver al mismo tiempo la imagen que aparece en el espejo y el espejo en sí. La Realidad, Al Haqq, es nuestro espejo, el espejo donde nos miramos, y nosotros somos el espejo de Al Haqq, donde Él contempla Sus Nombres. "Yo era un tesoro escondido que quería ser conocido y por eso hice la Creación." nos dice el hadiz. Creador y criatura componiendo la perfección de la creación.

En el sura An Naml, las hormigas, donde también se recoge el encuentro de Musa con la zarza ardiente, Allah nos aclara:

"Pero cuando se acercó a él, exclamó una voz: ‘¡Benditos los que están en torno a este fuego, y los que están cerca de él! ¡E infinito es Allah en Su gloria, el Sustentador de todos los mundos!"

(Sura 27. An Naml. Las hormigas, aya 8)

La manifestación de Allah como un fuego ardiente es el tayali de la Realidad Única que todo lo consume, que no permite ninguna contigüidad, ninguna fijeza. Si tocamos el fuego nos quemamos, desaparecemos entre las llamas. Esas mismas llamas que son indescriptibles, inapresables en una forma, y que sin embargo le hablan y se mueven. Las llamas recitan el discurso de la Realidad y le dicen a Musa que tire su vara, que su deambular por el mundo de la apariencia ha terminado, que ha llegado al fin de su periplo por el desierto.

En otro pasaje del Qur’an, Allah le dice también a Musa "Quítate las sandalias" con el mismo sentido. Y este es el sentido que tiene el descalzarnos cuando vamos a prosternarnos ante Allah. En las puertas de las mezquitas se amontonan los bastones y las sandalias, porque las mezquitas son los oasis del desierto del mundo. En cualquier lugar donde nos postremos ante Allah hallamos un oasis de intimidad con la Realidad, y Allah bendice a quienes se acercan a Su tayali, a esa zarza ardiente que exhala formas y significados, a quienes se reúnen en torno a Él para adorarLe.

Cuando Musa, la paz sea con él, arroja su cayado, lo ve moverse como una serpiente y huye de nuevo aterrorizado.

El Qur’an nos presenta a Musa como un hombre lleno de temor, un alma sensible y frágil expuesta a cualquier contingencia y que no oculta en ningún momento su miedo. De hecho él está en el desierto, en la soledad, porque ha huido de quienes querían matarle. Y la iluminación le acontece en esa situación desolada, de intimidad profunda consigo mismo.

El centro sutil que rige este maqam es denominado por Semnani como latifa sirriya, el centro sutil del secreto, del coloquio íntimo, de la oración confidencial. La luz que percibe Musa es una luz blanca sin ningún color, el tayali más cercano a la esencia sin ser la esencia.

No podemos ver la luz porque precisamente es la luz lo que nos hacer ver, aquello que hace posible cualquier visión. Para tener conciencia de la luz es necesario que alguna forma se interponga, que algún ser la refleje, que algún color se exprese en el deseo de Allah de ser conocido en y por Su criatura.

Allah es el tesoro escondido que quiere ser conocido, y el maqam de Musa es la estación del secreto que se revela en la intimidad, del tesoro que quiere ser descubierto en el interior del corazón humano. Es el regalo de Realidad que Allah hace a su criatura en el silencio, en la desolación, en el extravío. Musa, la paz sea con él, recibe así la gracia de la visión y de la profecía. Allah le dice "acércate y no temas" mientras le muestra la luz blanca en su propia mano, en su propio cuerpo. Con esa afirmación Allah le está diciendo al Musa de nuestro ser: No Soy algo exterior a ti. Tú no eres algo distinto de la luz que perciben tus ojos. Tú eres luz blanca sin color y sin mancha. Acércate y no temas porque tú eres uno con Mi Luz.

La iluminación que vive Musa, la paz sea con él, le libra de temor y le otorga la capacidad de trascender la propia visión, las apariencias de las cosas. Allah le hace ver que su cayado es una serpiente. Con ello le hace comprender que es Él con Su Poder Quien construye cualquier visión de la Realidad, cualquier apariencia, y que el mundo que perciben sus ojos no es sino una visión entre infinitas visiones. La fijeza y la movilidad no son realidades sino cualidades de la Realidad Única. Allah Se muestra así como Al Musawwir, el Diseñador de todas las formas.

La experiencia luminosa que vive Musa le hace, además, capaz de transmitir la luz con todo su ser. Su cuerpo es ahora el tayali de la luz blanca, de la luz pura sin mancha capaz de suscitar el color, la visión de los Nombres.

El Musa de nuestro ser es el umbral de nuestra conciencia superior. Es el maqam donde comprendemos que no podemos ir más allá en el acercamiento a nuestro Señor, porque más allá del árbol ardiente desaparecemos en Él. Es el límite de nuestra visión porque allí se deshacen todas las visiones entre las llamas de la Realidad, de al Haqq. Para trascender esta estación necesitamos a Muhámmad, la paz sea con él, que es el único profeta y mensajero que ascendió más allá del árbol del límite.

La experiencia paradójica de la Realidad como visión y la capacidad de transmitir la luz pura son los dos signos de que Musa es portador de un mensaje de Allah. Pero a pesar de la iluminación, y a pesar de los regalos que está recibiendo, Musa, la paz sea con él, no ha logrado desterrar del todo su temor, en este caso el miedo a no poder cumplir su misión como enviado. En el sura Ta Ha, Oh hombre, Le dice a su Señor:

"Musa dijo: ‘¡Oh Sustentador mío! Abre mi corazón a Tu luz, y facilítame mi misión, y suelta el nudo de mi lengua para que puedan entender bien mis palabras, y nombra, de entre mi gente, a uno que me ayude a llevar mi carga: Harún, mi hermano. ¡Refuérzame con él, y hazle partícipe de mi misión, para que juntos alabemos mucho Tu infinita gloria y Te recordemos sin cesar! ¡Ciertamente, Tú ves dentro de Nosotros!"

(Sura 20 Ta Ha, Oh hombre, ayat 25-35)

Musa, la paz sea con él, ha sido aniquilado y comprende que es la luz lo que le hace ver, aunque él mismo no pueda verla, comprende que sólo la conciencia es capaz de transmutar la existencia. Musa ve con sus ojos y quiere ver también con su corazón para que su lengua pueda articular el mensaje. La misión de Musa, la paz sea con él, es transmitir la conciencia de la luz, y pide a Allah que abra su corazón y suelte su lengua, porque ha de ayudarse de la palabra para transmitir esta experiencia luminosa a los seres humanos.

La visión paradójica de la Luz hace a Musa profeta, pero Allah quiere hacerle también mensajero y para ello le hace ver el tayali luminoso en su propio cuerpo. Aquí podemos encontrar algunas claves para comprender la diferencia entre nabí y rasul, entre profeta y mensajero.

Un profeta, un nabí, es un ser humano dotado de visión interior, alguien que ha sido agraciado con la contemplación, con la experiencia imaginal de las cualidades divinas, de los Nombres. También los gnósticos y los santos viven esta experiencia del mundo intermedio, del alam al mizal. Un mensajero de Allah, un rasululah, es un profeta que, además de visión, recibe la orden de transmitir un mensaje de Él, una expresión Suya, una forma iluminadora, una Sharíah.

En el caso de Musa, la paz sea con él, el mensaje lo recibe directamente de Allah, mediante una voz que surge del mundo exterior, de un fuego llameante. En el caso de Muhámmad, la paz sea con él, éste recibe el anuncio del mensaje a través del ángel, de Yibril, la paz sea con él, y el mensaje le brota del interior del corazón. Esa es una de las claves para entender la perfección del maqam de Muhámmad, y esa es también la razón por la cual anida la inseguridad en el corazón de Musa. No sabe si será capaz de transmitir lo que ha visto y oído. No sabe si su lengua podrá articular el recuerdo de la palabra divina, si su lengua podrá expresar la luz, como más adelante realizará el profeta Isa, la paz sea con él. Por eso le pide a Allah que abra su corazón y suelte su lengua. Musa no es como Isa o como Muhámmad, pero está preparando el camino para que se complete la Revelación en el interior del ser humano, para hacernos capaces de vivir la Realidad. Musa muere contemplando la tierra prometida, la tierra de Muhámmad, el maqam del profeta iletrado que no tiene que recordar nada porque la revelación le brota como un manantial desde su corazón purificado.

Por eso nos dice Allah en el Qur’an, en diversos ayats, que la Revelación desciende gradualmente, siguiendo un proceso de desenvolvimiento progresivo, de desvelamiento gradual. Musa, Isa y Muhámmad, mensajeros de Allah, van abriendo paso a paso el sendero de la realización, quitando las cerraduras que mantienen oculto el tesoro escondido, la conciencia dormida.

¡Oh Señor nuestro, oh Rabbi!: Te pedimos que nos ampares en este desolado maqam, que abras nuestros corazones a Tu Luz Más Pura y sueltes las trabas que mantienen prisioneras a nuestras lenguas.

Que Tu Rahma nos alcance en este desierto por medio de la báraka de Muhámmad, de este Qur’an que nos aporta luz, dirección y sentido.

Amin.

2.

Musa, la paz sea con él, le pide a Allah que nombre a alguien como porteador —wasir— que le ayude a soportar la carga del mensaje. Siente el mensaje como algo que pesa sobre él, como algo exterior que tiene que llevar. Musa sabe de Adam, de Nuh, de Ibrahim, pero no conoce a Isa ni a Muhámmad, no puede concebir el tawhid del mensajero con la revelación. Isa es el verbo divino, la lengua sin trabas, y Muhámmad es el sello, el broche, el imam de todos los mensajeros, porque Muhámmad es uno con el mensaje, con la revelación. He aquí una diferencia importante en sus maqamat. Musa pide a Allah que haga posible la transmisión completa del mensaje. Allah es el Sabio, al Hakam, y conoce a Su siervo, conoce su maqam. Por ese Conocimiento Divino, Allah da a Musa lo que Le pide, porque el mensaje no ha llegado aún a hacerse uno con el mensajero. Y por eso le dice en el Qur’an:

"Dijo Él: ‘Fortaleceremos tu brazo con tu hermano, y os dotaremos a ambos de poder, de forma que no podrán tocaros: ¡gracias a Nuestros mensajes, vosotros dos y quienes os sigan seréis los vencedores!’."

(Sura 28. Al Qasas. La historia. Aya 35)

Allah designa a Harún como wasir de Musa, la paz sea con ellos. Un wasir es un visir que comparte la responsabilidad con el emir, con el conductor que habrá de guiar a la Ummah hasta su liberación, hacerla atravesar el desierto del tiempo, atravesar los siglos y llegar hasta el presente, donde los seres humanos tenemos la posibilidad de encontramos con el mensaje íntegro y completo, con una Generosa Recitación, Al hamdulilah.

Los regalos que Musa, la paz sea con él, ha recibido de su Señor, le hacen vivir en un mundo intermedio, en un barzaj. Su maqam le impide fijarse en una forma concreta, en un color, porque su vida es un fuego crepitante en incesante cambio. Es al mismo tiempo una vara recia y una serpiente movediza. La sensibilidad y la flexibilidad son condiciones para poder vivir en este atanor donde cualquier aspecto particular desaparece en la Esencia. De la misma manera que es la luz blanca la que, refractándose, provoca el arco iris, la multiplicidad de los colores, el Musa de nuestro ser es la estación que nos permite contemplar la sabiduría de la luz expresada en la creación, en la Sharíah, en la armoniosa diversidad del arco iris de los Nombres divinos.

Oh Allah: Témplanos en la luz blanca de Musa para que así podamos ser capaces de disfrutar de la luz verde de Muhámmad.

Haznos conscientes del sentido de Tus Leyes y de Tus decretos.

Haznos conscientes de la perfección de Tu Creación.

Amin.

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