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Tawakkul

06/08/2002 - Autor: Abdelmumin Aya - Fuente: Webislam
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Abdelmumin Aya
Abdelmumin Aya

Partimos de la traducción de tawakkul como "confianza plena, entrega en Allâh" y, tras conocer a hermanos nuestros en una situación que sospechamos tenga que ver con este estadio espiritual, tratamos de poner por escrito nuestras intuiciones relativas a este maqam, sabiendo que es ésta una dignidad espiritual de la que no se puede hablar sin caer en continua contradicción, ya que es el maqam de la oscuridad en la comprensión del hombre, ese estado en el cual –porque el hombre se está muriendo- todo conspira por destruirle (su palabra, su pensamiento, su capacidad de escucha...). Y la primera sensación de contradicción nos vendrá del molesto parecido de la palabra árabe de la que hablamos tawakkul (abandono en Allâh) con tawâkul (estar echado a perder), dos universos separados por un alif... Después de esta primera impresión, vendrán todas las otras oposiciones y desconciertos, que no por serlo te eximen de la obligación de explicar como mejor puedas lo que vas experimentando.

Pero comencemos desde el principio y entronquemos con la tradición. Sin duda, si de tawakkul vamos a hablar, la referencia obligada es al Profeta ‘Isa (Jesús) y a su madre, Mariam, la cual conoce intensamente en su vida el tawakkul por las implicaciones que tuvo para ella el ser madre de ‘Isa, desde su misma concepción, (que es una entrega al "forzamiento" de Yibril) 1 hasta la posterior huída a Egipto, el escándalo que fue su hijo entre el pueblo judío, etc. Mariam es obligada al tawakkul y acepta el devenir del qadar (la realidad que se te impone) como la voluntad de Allâh que es. ‘Isa, en los tres años que la tradición cristiana nos dice que precedieron a su muerte, vive y habla a menudo del tawakkul:

 

(Mt. 6, 25-34) (Lc. 12, 22-31)

"No os inquietéis por vuestra vida sobre qué comeréis, ni por vuestro cuerpo sobre qué os vestiréis. ¿No es acaso la vida más que el alimento y el cuerpo más que el vestido? Mirad a los cuervos, que ni hacen sementera ni cosecha, que no tienen ni despensa ni granero y Dios los alimenta. ¿No valéis vosotros más que las aves? ¿Quién de vosotros a fuerza de cavilar, puede añadir un codo a su estatura? Si, pues, no podéis lo menos ¿por qué preocuparos por lo mas? Mirad los lirios, cómo crecen; ni trabajan, ni hilan, y yo os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos. Si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana es arrojada al fuego así la viste Dios, ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe? No andéis buscando qué comeréis ni qué beberéis, no andéis ansiosos porque todas estas cosas las buscan las gentes del mundo... Los gentiles se afanan por todo eso; pero bien sabe vuestro Padre celestial que de todo eso tenéis necesidad.

Buscad, pues, primero el reino y su justicia, y todo eso se os dará por añadidura. No os inquietéis, pues, por el mañana; porque el día de mañana ya se inquietará por sí mismo; bástele a cada día su afán"

Este texto –y algunos otros en la misma línea 2- tienen que ser deliberadamente ignorados o malinterpretados por la Iglesia Católica toda vez que se ha constituido en una religión de burgueses 3... ¿Cómo puede interpretar la teología católica ese Eloí, Eloí, lama sabactaní (‘Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?’) del Jesús del Evangelio en la Cruz, si no se entinde el tawakkul? El problema con el entendimiento cristiano de la palabra de ‘Isa es que se ha hecho de un hombre que iba viviendo unos maqamat espirituales un modelo para construir una religión de masas como es el Cristianismo. Es como si alguien, con la figura de al-Hallaÿ o de Francisco de Asís hubiera querido fundar una religión. Jesús nunca quiso sentar las bases de una sociedad cristiana; él sólo era un íntimo de su Señor sometido al arrebato de su propia palabra y sin planes fundacionales respecto a nada, que en todo caso pretendía ser un aldabonazo en la mente de los hombres dormidos; él fue un desarrapado de Allâh como esos personajes extravagantes de las montañas de Marruecos, un maÿnûn un loco de Allâh, es decir, un signo de la fuerza de atracción de Allâh hacia sí, un signo dotado de la palabra de haqq que socava los cimientos de la convención humana, de la cultura (también de la ‘cultura religiosa’).

Ciertamente, al que está en tawakkul, Allâh le da una palabra incómoda para sus semejantes. Él es uno de los modos en que la sinceridad les llega a los hombres como un don de Allâh, evitando a un tiempo el daño gratuito (que destruye sin sentido a las criaturas) y la adulación (que impide al otro iniciar un camino de transformación). Como vía del medio, la mística es por definición contra-cultural: mientras que la cultura es el atrincheramiento en una serie de valores, la mística es la demostración de que todo valor es el fósil de una experiencia viva de la realidad.

Nuestra primera intuición de la persona en tawakkul (del mutawakkil) es que se va entrelazando con todo lo que a su alrededor ocurre y se entrega plenamente a aquello que le llega. Un mutawakkil podría definirse como alguien dotado por Allâh de la capacidad de entramarse con la necesidad que lo rodea. Se deja traer y llevar por aquellos que con él se rozan; quien de él quiere palabra la encuentra, quien quiere alegría la logra, quien busca salud la obtiene, quien precise conocimiento lo consigue 4... Se deja hacer por los que le encuentran mientras ellos cogen de él lo que les pertenece. Esto último es importante. Decía Borges "nadie da sino lo que es del otro"; eso es lo que sucede con el mutawakkil. Sólo el mutawakkil es capaz de dar a alguien lo que le pertenece y no lo que cree necesitar. Por eso casi nadie da de verdad; casi nadie es capaz de someterse al derecho que los demás tienen sobre él. Sin tus congéneres, que te piden y te arrebatan lo que necesitan, tu tawakkul sólo sería la vanidad de encerrarte a solas con tu Dios o la enfermedad de ser incapaz de resolver tus propias circunstancias materiales bajo la excusa del abandono a Dios.

A este maqam se refería asimismo ‘Isa cuando dijo a sus discípulos (Mt. 5, 40):

"Al que quiera litigar contigo para quitarte la túnica, déjale también el manto, y si alguno te requisara para una milla, vete con él dos. Da a quien te pida y no vuelvas la espalda a quien te solicite prestado"

Hemos dicho que el mutawakkil se entrega a lo que le viene, aunque no exactamente a todo lo que le viene, sino sólo a lo que tiene haqq, a lo auténtico, de lo que le rodea. De entre esto auténtico, la necesidad es quizá lo que más a menudo lo inmiscuye entre sus ondas. La necesidad de lo que está en estado de necesidad es quizá la experiencia más original de la existencia. La necesidad no es una realidad coyuntural; es la expresión más genuina de toda la naturaleza, también de la humana como constitutiva apertura. El hombre en tawakkul trata de identificarse más con su estado de necesidad que con el de satisfacción, porque sabe que la criatura es en esencia "algo que necesita". Su objetivo respecto a sí mismo es, contra todo sentido, necesitar cada vez más 5. La gente del tawakkul se mantiene forzadamente en ese estado porque el tawakkul es la experiencia positiva de la necesidad, es decir, la necesidad humana vista desde su sentido. Antes de este maqam, el hombre buscaba la satisfacción y ahora busca la necesidad 6; porque la primera -en el mejor de los casos- sólo forma parte del material de su engrandecimiento espiritual si es capaz de transformarla en agradecimiento (shukr), mientras que la segunda en todo caso reafirma su dependencia respecto de Allâh (‘ubûdîa) y refuerza su vínculo con las criaturas (rahim).

Si la satisfacción de la necesidad fuera el auténtico objetivo de la naturaleza, toda vez que estuviera resuelta ya no sería necesaria la relación humana. Por eso el abandono en Allâh no es el vacío que ofrezco para que se me llene, sino la única posibilidad de que una relación entre criaturas sea verdadera, auténtico rahim de Allâh existenciado. Sin embargo, la sabiduría de Allah ha establecido en la naturaleza la relación humana como el único modo de satisfacer las necesidades más sutiles del ser humano, siendo los lazos que vamos tendiendo el modo humano de realización del tauhîd. Los hombres necesitan de aquel que esté en tawakkul, porque sólo él puede dejarles obtener lo que necesitan a un nivel más profundo 7. Necesitas compensar el desequilibrio que te crea tu propia necesidad en el encuentro con los otros. La sociedad no es sino la experiencia de equilibrio del corazón humano que a solas se hace corazón asalvajado. Pero, para ello, la relación humana debe crear un vínculo de verdad, aún habiendo nacido a partir de la egoísta exigencia de la satisfacción de la necesidad, debe ser un vínculo que sepa a haqq 8.

Lo curioso es que lo que el otro encuentra en ti, tú no lo tienes, o, al menos, no sientes que lo tengas. No olvidemos que es desde el maqam de la pobreza (el faqr) desde donde hemos llegado al tawakkul. No nos extrañe por ello que sea desde el no-tener desde el que se pueda dar. Sólo el que no tiene da de verdad. La necesidad es un hecho-raíz y sólo puede ser cubierta desde una donación-raíz: no tengo pero te doy. Si te diera lo que tengo, sólo precisaría para ello de generosidad; pero contemplar cómo sacan de mí lo que no tengo me lleva al maqam siguiente, el de la humildad, el maqam de Muhammad, por el cual uno comprende que todo lo que tiene está siendo continuamente recibido. Al hombre que experimenta que todo en él es un regalo incesante sólo le queda el reconocimiento de que no es nada.

Lo opuesto a la necesidad real del ser humano (porque también es lo opuesto a la relación humana sin estrategia) es la experiencia del Poder, completamente inútil para ser hombre y que viene a crearle una ficción de realidad en la que acabará perdiéndose. Por eso un mutawakkil, que es capaz de dejarse usar por todo aquel que le rodea, que no puede evitar dejarse involucrar por todo aquello que sucede entorno suya, no es en absoluto ‘carne de tirano’; porque el tirano nada necesita y viene a ti con una falsa necesidad que no pertenece al mundo de lo real. El poderoso no está en estado de realidad y por eso no puede coger nada de ti. Más al contrario, un mutawakkil es indominable, porque al haber perdido el control sobre sí mismo no puede ser sobornado con nada. El Poder sólo puede controlar al que tiene control sobre sí mismo, ofreciéndole más de lo que él mismo se ofrece para hacer las cosas. Al hombre en tawakkul no puedes tentarlo con ser más, tener más o poder más. La propia vida de ‘Isa es prueba de ambos extremos: de cómo vivía sin tener previsto ni dónde dormiría ni de qué comería, y de no permitir ni la menor manipulación de sí mismo por las autoridades políticas o religiosas; porque este maqam hace escurridizo al que lo tiene respecto a las trampas que el Poder le tiende.

Excepto los hombres de poder -los escribas y los fariseos- que sólo recibieron su agresividad, cualquiera pudo tomar de ‘Isa lo que necesitaba: un día el pueblo le alaba por las calles y poco después lo martirizan, y él lo permite; alguien le invita a su casa a comer, una mujer le sirve mientras otra le escucha, uno le cuestiona, otro le pide por su hija muerta, y él va a donde le dicen y obedece a la necesidad que le llega en forma de hombre o de mujer; una le toca y se cura sacando virtud de él sin su autorización, y él lo permite; otro le entrega a los romanos dándole un beso, y él lo permite; una mujer rompe un frasco de perfume para lavarle los pies y secárselos con sus cabellos, y él lo permite...

Respecto a este último pasaje quizá debiera apuntarse algo más, pues ha sido malinterpretada la respuesta de ‘Isa a los que le conminan a que no admita ese derroche habiendo pobres: "...Siempre habrá pobres entre vosotros, pero a mí no me tendréis siempre...". Ser pobre no es sólo no tener que comer, es necesitar, porque hay muchas formas de pobreza y el hombre o mujer en tawakkul tiene la obligación de hacer que toda necesidad que entre en contacto con él se palie a costa de él. María Magdalena necesitaba hacer con él lo que hizo en ese momento y lo de menos era quién era él: Jesús en ese momento era "nadie", esto es, una excusa para que alguien cambie de vida. También existe la necesidad de librarse del Poder de los que lo ejercen, pero ello se posibilita precisamente frustrando a los poderosos sus pretensiones sobre ti.

Dentro de la tradición específicamente árabe, cuando Dûl-Nûn el egipcio, fue preguntado acerca del tawakkul, dijo que era "abandonar el gobierno de sí mismo y desposeerse de la fuerza del control". Y Seri Saqati afirmó: "El tawakkul es dejar tu propio poder y fuerza". Estas respuestas ojalá nos arrojen luz suficiente para comenzar con las definiciones aproximativas: Tawakkul es un trabajo de la criatura contra sí misma para permitir que se desenvuelva a su amor lo que le rodea. Es el abandono del hombre de los roles de poder que nos son connaturales como criaturas; roles que no tienen nada de malo, pero que sólo cuando se bloquean, nos muestran la auténtica naturaleza de las cosas. La dificultad del maqam nos viene de que, cuando estamos en él, no nos dejamos activar por la actividad de Allâh y somos refractarios al poder que Él ejerce a través de nuestra acción. No nos referimos ahora al poder perverso que los fuertes ejercen sobre los débiles sino de esa fuerza de controlar las realidades de nuestro entorno que se da en la conciencia, y que nos ha sido otorgada para que descubramos por qué ha de ser superada. El hombre, efectivamente, es un extrañamiento de la existencia que genera existencia, su sonido natural es el ruido para que la música se siga produciendo de un modo necesariamente nuevo, una distorsión habida en la realidad para que la realidad siga teniendo lugar.

¿Cómo se llega a esta dejación respecto de la intervención en el ocurrir de las cosas y cómo se resiste psicológicamente en ella? En realidad, no hay truco; pero hay un secreto. No hay criatura que vaya a vivir el tawakkul a la que Allâh no dé un "baño de orden", como si se te sumergiera en una solución química que te sirviera de cobertura de un estar en paz; ese orden en el que has sido sumergido no sabemos si es la experiencia más auténtica de las cosas; constatamos sus efectos: ver este mundo como el más perfecto de los orbes, al margen de las circunstancias coyunturales que se te hayan dado a vivir. Conozco un musulmán que en plena vorágine de los atentados del 11-S decía en su jutba del viernes: "Todo está en orden, sigamos en el centro, en la quietud de junto a las raíces, fertilizando el mundo futuro que es el que ahora se está gestando".

Ésta es la definición que da de tawakkul al-Hallaÿ: "Tawakkul es la calma del corazón bajo las acometidas del qadar" 9. En esta misma línea, podría plantearse un texto del Sufismo clásico, casi a modo de kôan:

Preguntaron a Bâyazîd acerca del tawakkul y él, volviéndose hacia mí, me dijo: ‘¿Tú qué dices?’. Le contesté: ‘Nuestros compañeros de la Senda dicen que si a tu derecha hay un dragón y a tu izquierda un león, tu conciencia más íntima no debe verse perturbada’. Bâyazid dijo: ‘Esto es algo raro, sin embargo, si la gente de la Yanna es feliz con el favor del Jardín y la gente de la Yahannam arde en el fuego y tú en el corazón distingues entre ellos, no serás de los que están en tawakkul’.

Es decir, no puedes pretender distinguir entre los malvados que arden en el Fuego y los bienaventurados que gozan del Jardín si aspiras al tawakkul. Porque no hay errores en la existencia y todo está bien. Esta sensación de que "estamos en el mejor de los mundos posibles", no se asienta en la sospecha de ninguna lógica en la voluntad de Allâh; si así fuera, estaríamos de nuevo haciendo trampas en nuestro tawakkul. Sentimos como la verdad que nos vertebra (y que lo estructura todo) que la esencia última del cosmos es el caos, que no hay ni siquiera una lógica de la inercia de las cosas, que nada tiene por qué producirse, y sin embargo el mundo está ahí, instante a instante, tal como está previsto a pesar de que no haya una mayor probabilidad de que se produzca el instante siguiente que la de que todo salte en pedazos.

Los que ven desde fuera este maqam podrían hablar del tawakkul del ser humano como un estado de mente deconstruida, como sinónimo de derrumbamiento psicológico de la persona, sin más, porque pensamos que viviendo de este modo nunca sabes qué va a sucederte en el instante siguiente; y, sin embargo, es al contrario. El razonamiento debe invertirse: en tawakkul siempre sabes qué va a sucederte: la insobornable voluntad de Allâh como algo de lo que estás excluido; mientras que entregado a ti mismo puede suceder cualquier cosa, ya que entonces eres tú en interacción con lo exterior el que está construyendo la voluntad de Allâh. Demasiadas variables, demasiados intereses en juego, para que nuestro estado sea el de una piedra que espera el golpe de otra piedra que se le cae encima. El mutawakkil no es "nadie", pero es de una consistencia psicológica a prueba de qadar, a prueba también de género humano, lo que es tanto como decir a prueba de bomba, porque los acontecimientos no le desmoronan, ya que sabe que, respecto a lo que suceda, él no tiene nada que ver (al menos su voluntad consciente). Esta consistencia no se contradice con su extraordinaria vulnerablilidad, pero el hecho de ser afectable por todo no quiere decir que le desestructure lo más mínimo este sufrimiento. Podría decirse que el daño de alguien que se reconoce vulnerable es sólo dolor, y no auténtico daño. No hay daño en el barro seco por resquebrajarse o en la nieve por derretirse. Decían los docetistas que Jesús no pudo haber sufrido en la Cruz porque un hombre liberado de su ego no puede ser dañado, lo cual suponía una ruptura con la idea ortodoxa de la necesidad del "sacrificio" del Dios hecho hombre y por ello fue declarado herejía por la Iglesia.

Respecto a la consistencia del mutawakkil podríamos añadir algo más... Con sólo leer inocentemente los Evangelios, observamos que, frente a la idea del místico como alguien suave y dulce, el paradigma de mutawakkil que más nítidamente se nos ofrece en Jesús es un personaje duro, suficiente, agresivo, desafiante, impertinente 10, que ni siquiera por su situación material precaria se libra de la envidia de los mediocres 11... Son legión los ejemplos que sobre Jesús podríamos poner de memoria: cómo tira las mesas de los mercaderes en el templo de Jerusalén; con qué desgarro dice que ha venido a traer fuego a la tierra, espada y no paz, a dividir al padre contra el hijo...; cómo se niega en principio a hacer un milagro diciendo que ‘el pan de los hijos no debe darse a los perros’; cómo exige obediencia a que le sigan en el acto y al que le da una buena razón para no hacerlo –como es enterrar a su padre- le contesta: ‘Deja a los muertos que entierren a sus muertos’; cómo lee la Torá sobre la venida del Mesias y dice haberse cumplido ese día en él; cómo reprocha a los que no consiguen velar con él unas horas en la noche; con qué desapego habla de su madre y sus hermanos cuando le dicen que han venido a verle (‘¿Quiénes son mi madre y mis hermanos’?)..., etc. El Profeta ‘Isa no es el blando Jesús de Zefirelli; es un hombre duro con los que le rodean. Aunque vulnerable: todo lo recibe en él como en una pantalla sobre la que las cosas y los seres que le rodean se proyectaran, y por eso reacciona con la capacidad de reacción propia de lo humano, con nervio, con fuerza, con rabia. Porque el mundo de sensaciones de alguien en tawakkul es más intenso de lo normal, y la reacción que le es propia inaugura un nuevo marco de lo humano.

Hemos dicho que el mutawakkil es vulnerable pero no manipulable. Es vulnerable porque, si no lo fuera, su apertura plena a la realidad sería mentira; la realidad es algo que parcialmente siempre te excluye. Y es inmanipulable porque sólo puede manipularse lo que tiene conciencia de ser algo. Se le puede destruir, matar, esto sí, como puede la materia inerte ser diseccionada o ensuciada; lo que no se puede es hacer que un mutawakkil te obedezca si nada real palpita en ti.

Un hombre en estado de entrega absoluta a Allâh es una plena exposición al mundo. No es el mutawakkil el que se ha puesto en situación de serlo, sino que la existencia entera ha quebrado por ahí la férrea estructura impuesta a la realidad. El tawakkul no es un ejercicio programado: no te estás preparando para la novedad que te llega sino que todo te está preparando para que, abandonándote a la existencia, seas esa parte que menos obstáculo ofrece al jalq al-ÿadîd creación continua que está teniendo lugar a cada paso. El que el Todo vaya preparando al mutawakkil para ser una parte fluida de la Creación no elimina el patetismo de la situación del hombre o mujer en tawakkul, sino tan sólo el drama. El patetismo (del griego "pathos") es un momento de especial intensidad emocional, la distorsión de la Naturaleza en ti que es lo más exclusivo del ser humano; y sabemos que el hombre pertenece al patetismo.

De hecho, lo patético del momento de que hablamos es que, a pesar de tu actitud de entrega plena, en situación de tawakkul no se recibe nada. Si sólo hablamos de ponerse en manos de Allâh hasta en lo mínimo, de fluir y dejar fluir, de someterse plenamente a la realidad que te llega cuando te llega, de volverte inapresable por los hilos con los que el Poder mueve a sus marionetas humanas, estamos ignorando la dureza y lo más auténtico de este maqam. Los primeros sinsabores te vienen de comprobar que te has vuelto incapaz (muwâkil) de desarrollar la menor estrategia para conseguir lo que precisas, tu impotencia a la hora de responder a la lógica del tengo que hacer esto para conseguir aquello; y, en este sentido, el árabe es revelador: un muwâkil no es el que delega voluntariamente, sino el que se ve obligado a delegar en otro porque ya no puede hacer las cosas por sí mismo 12. Más tarde, aún será más duro el experimentar que se te ha llevado a un abandono no para ser acogido con más plenitud sino para dejarte abandonado... Y es que realmente nadie en tawakkul puede esperar recibir nada: no te pones en situación de recibir, sino al contrario 13. Es por eso que los hombres en tawakkul a cuya tradición pertenecemos elegían voluntariamente los caminos menos transitados, para que no hubiera probabilidad natural de un encuentro fortuito que les facilitara la necesidad del momento, sino que el plato de comida de ese día debía caerles del Cielo. ...O no. Esto es importante: en tawakkul no puedes estar tranquilo porque Dios te dará aquello de que careces, porque hemos roto con la cadena de causas-efectos 14 y nada debe producirse por necesidad, tampoco la respuesta de "Allâh" (lo que tú imaginas como Allâh) a tu du‘â. De hecho, es bastante probable que te quedes sin aquello que necesitas por haberte puesto en situación de tawakkul. Esta experiencia da autenticidad a tu maqam. El tawakkul no es un camino trucado hacia el mismo sitio que va el hombre corriente. Es un verdadero camino a ninguna parte. Ciñéndonos sólo a uno de los posibles ejemplos de este maqam, tawakkul no es comer de lo que te cae del Cielo en lugar de comer de lo que consigues con tu trabajo; es la posibilidad de no comer si es voluntad de Allâh, un día y otro, e incluso de morir de hambre si es voluntad de Allâh, y será voluntad de Allâh si así acaba sucediendo 15. Hasta ahora habíamos venido oyendo hablar de un tawakkul que era racionalmente comprensible, ya que era un abandono en un Padre bueno que te amaba como a nada en el mundo... Mentira. No puedes timar a la realidad; nuestra entrega es absoluta porque no pone como condición la bondad de Dios; un Dios que no iba a permitir que tú... ¿Qué no va a permitir en ti que no esté permitiendo y haya permitido ya en otros? ¿Te crees mejor o más hijo de Dios que los inocentes que son diezmados en las guerras, o los que mueren de hambre sin haber conocido siquiera lo que es vivir? Abandonarte en Allâh es dejar de protegerte sin la menor seguridad de que vayas a ser protegido por Él.

Nos decía una mujer en tawakkul: "Lo único que sé es que Allâh ya no me da nada de qué alimentarme". ¡Y, sin embargo, es más que nunca Él quien te alimenta, puesto que nada puedes conseguir por ti mismo! Allâh está pero -para ti- como si no estuviera. Los demás tampoco pueden darte nada. No puedes escucharles siquiera. Es a lo que los místicos han llamado "la noche oscura del alma". Sientes que lo has perdido todo a cambio de nada; tanto te identificaste con las penalidades de tu vida pasada, con las cadenas, con los pesos, con el dolor cotidiano, que sientes como una tragedia la pérdida de todo eso, porque al menos ese conglomerado de cosas te estructuraba y te daban una orientación. Si alguien te pregunta por tu estado de ánimo es probable que digas que estás "muriendo", aunque sepas que hay una alta posibilidad de que no tengas ninguna enfermedad mortal (ya que no hay dolor físico). Ahora sabes que Allâh no te guía en tu abandono; en todo caso, es lo que te estanca en tu inmovilismo 16. O bien, tienes la sensación inequívoca de que vas a la deriva, de que no estás en ningún maqam ni nada, sino simplemente perdiendo el tiempo, sin norte, arruinado. Por eso, la mejor definición de tawakkul que hemos oído pertenece a un maestro vivo –Zeyyed az-Zahirí-, que juega con las palabras del clásico "abandono en Allâh" y dice que es "el abandono de una criatura por Allâh", con el triple sentido del castellano a esa preposición ‘por’: 1) El hombre se abandona por la causa de Allâh, 2) El hombre logra abandonarse por la fuerza que obtiene de Allâh para hacerlo, y 3) El hombre es abandonado por Allâh.

Te sientes abandonado por Allâh, sin ni siquiera saber qué has hecho mal para llegar a ese estado, pues tu único "pecado" ha sido ir obedeciendo a todo lo que se te iba sugiriendo en tu camino espiritual. Ya dijo Sahl ibn ‘Abdullâh: "Tawakkul es ser dócil en la presencia de Allâh y dócil es aquel que va a donde le conducen". Y, efectivamente, la docilidad, la obediencia ha sido tu ruina; a eso es a lo que te ha llevado el tawakkul. Eso es lo que te ha aislado en soledad respecto a la que era tu gente: tus acciones contemplan otros supuestos que los de la lógica que siguen la mayoría de los que te rodean, así que a veces no puedes explicar la razón de tus actos más que con un incomprensible y pobre "debo hacerlo". Desafortunada expresión, porque el deber pertenece a una escala de valores que por ser racional puede ser objeto de debate y discusión, cuando de lo que hablamos es de la emergencia de las necesidades de la realidad en esa realidad que eres...

Has oído lo que se te ha dicho, has obedecido y por eso ahora estás desechado. Es cierto, pero también es verdad que, aunque ahora no lo sientas, tu obediencia a esa serie de prohibiciones, permisos y órdenes que te han llegado con toda nitidez de la estructura más interna de lo real es también lo que te está haciendo ser más real. La orden de Allâh, la prohibición o su permiso respecto a la menor de las posibilidades de acción, cuando por fin cualquiera de las tres se cuajan en tu interior (y puedes estar a oscuras meses y años) toman el relevo a la razón y al instinto.

Cada uno de nosotros certificamos en nuestra biografía personal el haber sido objeto de impulso por parte de los instintos, que como hemos defendido desde hace años no es un ámbito de la persona abominable, y más tarde propulsados por la superación de los instintos, con una guía racional o emocional, interesados en realizar una búsqueda espiritual, un ideal de perfección, el amor a Dios..., la mayor parte de las cuales nos parecen ahora intuiciones respetables aunque infantiles o incluso (alguna de ellas) pura engañifa de las religiones 17. Valoraciones al margen, lo cierto es que el tawakkul es porque las fuerzas que te empujaban –las ilusiones, los objetivos, los medios para lograrlos- se han ido disipando, han ido dejando de empujarte, lo cual ya lo has venido experimentando desde hacía algún tiempo como una progresiva ralentización de tu avance en el camino espiritual 18. Y ha llegado el momento en que te has quedado parado. En seco. Es por eso una experiencia primordial la del tawakkul: "Si nada me mueve, yo no me muevo; soy algo que es movido". La vida del hombre como un fluir por la existencia no te parece en este maqam ni real, ni posible ni positivo. Concebirse a sí mismo como pasividad, como cuerpo inerte, es dejar de ser lo que eras. Cualquier auténtica transformación es pasiva.

Si quieres hacer la experiencia de la transformación, que es lo propio de lo humano, tienes que vértelas con tu inercia de pertenecer a un cosmos que se deselvuelve mecánicamente, esa inercia que es tu realidad cotidiana. El tawakkul cuestiona que pertenezcas a un todo fáctico que se despliega al margen de tu voluntad, relativiza la idea de que las cosas sean por sí mismas sin Allâh. El tawakkul deja constancia de que la fuerza de la facticidad –del desenvolvimiento automático del mundo- puede paralizarse. Tú puedes detener el cosmos en tu tawakkul. Las fuerzas de la facticidad son tremendas, pero pura inercia, pura pasividad; al contrario, la fuerza del tawakkul se remite a lo que ocurre en una criatura que no quiere convencerse que lo que sucede en el cosmos es esencialmente idéntico a lo que ocurre en sí mismo y por eso quiere detener el Todo causando la quietud en sí mismo. "Puedo intervenir en el Todo a partir de lo que consiga realmente en mí mismo; mis acciones tienen que ver sin intermediación con el orden del Todo", esto es lo que sabe el místico que ya no sabe nada. Si el Todo fuera realmente una facticidad, tú no podrías causar un detenimiento en ti; tu tawakkul evidencia que la facticidad ha dejado de ser en este instante en ti y por tanto que no es absolutamente real, que la acción humana es capaz de suponer su radical contrariedad, y que es esa contrariedad la antesala de "lo nuevo", aunque "lo nuevo" pase en seguida a formar parte de una nueva facticidad.

En este punto muerto, detenimiento sin esperanzas de salir de mi inmovilidad, me voy separando de mi pasado, de lo que he sido, pues carezco de la capacidad de reinventarme. "Yo soy" es un trabajo diario que define el pasado en clave de lo nuevo que voy experimentando; pero si no hay sensación de avance, no hay posibilidad de recordarme a mí mismo, de definirme, así como tampoco hay un futuro con el que soñar 19. Si no tengo pasado y no tengo futuro, no soy nadie. Y si no soy nadie, no tengo una actitud frente a las cosas. Nuestra relación con el medio nos viene mediatizada por lo que creemos ser; si no somos nada, o no sabemos qué somos, la única posibilidad es una entrega a lo que te llega tal como te llega. Porque nosotros no somos "ser", somos "estar". Así que dejas de ser y pasas a estar, si bien un estar activo, un estar que lo activa todo a su alrededor, como el del lugar en el que suceden las cosas. El mutawakkil se reviste del Nombre de Yahweh "Makom", lugar.

...Todo está continuamente cambiando, todo está sucediendo. ¿Qué es lo que no sucede? Lo que está en tawakkul. Es, por eso, el tawakkul una especie de internamiento puntual en "el núcleo frío de la realidad", eso que desarticula a cualquier criatura que inevitablemente precisa del devenir para reconstruirse a cada paso, y no permite ser otra cosa que "nadie".

Esa experiencia de llegar a ser "nadie" fanâ, extinción es el secreto del tawakkul. Pero, ¿en qué consiste dicha experiencia? Es la experiencia de la muerte, la experiencia de la Cruz. Si Jesús es el momento de la profecía en tawakkul, la Cruz es el símbolo del fanâ en que acaba todo tawakkul. La Cruz no es una verdad histórica, como no son los profetas personajes históricos; son signos de Allâh. Tampoco la Cruz es el símbolo de la redención de nuestra naturaleza caída. La Cruz significa la muerte en que acaba toda entrega plena a Allâh. El final del mutawakkil es morir. Morir a tu voluntad, morir a tus sentimientos, a tu mundo de relaciones, a tus lugares, a tu identidad...

A nuestro modo de entender, en el "yo" del hombre hay una gran capacidad de identidad, capacidad natural que es resultado de las fuerzas positivas del devenir de las cosas (lo que hemos llamado "facticidad" de la Creación). Todas las fuerzas de la permanencia en la existencia culminan en esa capacidad del "yo" de identificarse a sí mismo. Pero es ese poder justamente de llegar a una identidad el que quiere desarticular el místico con su esfuerzo. Porque si el hombre es un proceso de transformación, si toda la existencia en el hombre muestra su capacidad de transformación, debe haber cambio real. En el hombre la misma naturaleza se transforma. Recibimos una fuerte intuición de que hay que ir contra lo que hay para generar lo nuevo. Nada tiene que ver nuestro proyecto de ascesis con la demonización del "yo" en pro de una idea de perfección del hombre defendida por algunas místicas negativas, pues el modo de santidad que se quiere lograr en estos planteamientos espirituales son algo ya sabido de antemano. Saber qué vamos a llegar a ser cuando logremos nuestra meta, tener un proyecto de identidad personal como objetivo, es no dirigirse a nada auténtico. Para acabar de escenificar la burla, se cuenta en ese proyecto de santidad elaborado de antemano incluso con auténticas "guías de viajes" del místico que pretenden facilitarnos la dificultad de esos peligrosos caminos del espíritu que –a un tiempo- queremos y tememos recorrer, diciéndosenos que así se nos prepara mejor para el Camino cuando lo único que se consigue evitársenos es el miedo a la experiencia directa de la realidad.

Y frente al santo como un hombre realizado, nosotros estamos hablando del "nadie" que cada vez más es nuestro signo de identidad. Un "nadie" sin cuento: nadie en el trabajo, nadie en las reuniones, nadie en el encuentro humano, nadie en la familia, nadie en estimación propia, nadie como creyente, absolutamente nadie... La experiencia del "nadie" es entrar en proceso de una identidad nueva que ya no depende de ti, de tus ideales, de tus frustraciones, de tus convencionalismos ni de tus lecturas, como sí dependía en fidelidad a las fuerzas de la mera facticidad de las cosas, sino de lo que viene y te hace, sea esto lo que sea. El "yo fabrico mi identidad" es el poder natural primario de la criatura al que se niega el hombre o mujer en tawakkul.

La experiencia del "nadie" es, no sólo la única experiencia verdadera que se nos da a probar en este camino de destrucción que es nuestro sometimiento a Allâh, sino además la única experiencia coherente ante un mundo que es pura desestructuración. El mundo es un caos percibido por nosotros como cosmos. Sólo el que logra la desestructuración del sí mismo se hace mundo. Dijimos al comenzar nuestra búsqueda que queríamos ser realidad, y no parte de la realidad, y nuestra palabra se ha cumplido por la rahma de Allâh que está dispuesto a realizar en nosotros las palabras grandilocuentes que decimos. Por eso estamos en tawakkul, habiéndolo perdido todo excepto la seguridad de que estamos sometidos a la voluntad de Allâh, una seguridad que no nos da la menor seguridad.

Cuando llegamos al "nadie" tenemos nada: lo abierto como abierto. La unificación de la conciencia supone el enfrentamiento a la nada, a la pura posibilidad de transformación, al estadio de la apertura a la novedad sin estrategia. Si lo haces, no puedes esperar encontrarte con nada de lo que reconoces. Eso es abrirte de verdad a la novedad: asistir a la transformación del mundo ante tus mismas narices, transformarte y transformar. Es la asunción de la nada como paisaje de futuro. Cuando se hace la experiencia del nadie, lo que se tiene delante no es evidencia, no es luz, es novedad. No me purifico con mi no-saber, sino que dejo de saber para no saber nada. Así es como podemos respetar el misterio, porque cuando tengo la luz delante no sé qué tengo delante. Nuestra tarea no consistía en pensar el misterio sino en respetar el misterio. O, más aún, en ser nosotros mismos el misterio que nos sobrecoge 20. Cuando tienes una actitud de apertura radical, ya no ves sino que eres la existencia. Ya no tienes perspectiva porque se ha desestructurado tu identidad y ese destrozo te ha hecho estar en el horizonte de la identidad de Allâh. En todo caso, se trataba de pulverizar los contenidos de la inteligencia para poder entrar en la realidad y ser realidad. Desde luego que era más fácil lo que decían los teólogos que nos precedieron; era más sencillo comprender el sentido que ser el sentido, pero, entonces, nada tenía lugar. Era más claro el mensaje de situarte en la realidad que el de producirla. Nosotros, obstinados ignorantes, nos reafirmamos en nuestras perplejidades: ser el misterio es producir realidad, y éste es el único sentido de lo humano.

Escribe el maestro Abdennur:

"Sin exposición, sin apertura incesante a todo aquello que ha de sucedernos, no hay receptividad hacia esa orden interior, como no hay captación de la Majestad y la Belleza de una Creación que nos convoca... pero la exposición a la alegría lo es también, inevitablemente, al dolor, al dolor de ser finito, a la inseguridad que nos supone poder perder todo aquello que amamos o nos ama. Se trata, también de exposición al otro, a la herida de una presencia que no quiere dejar de ser presencia, que no quiere esconderse bajo los mantos de ninguna doctrina de la salvación, de ninguna ideología redentora. La apertura al dolor y al goce son la misma. Atreverse a una es atreverse a la otra. No podemos esperar, ni separar la vida de la muerte".

Ahora, después de años hablando de cómo el Islam es todo él un elogio de la acción humana, del yihâd exterior, de la actividad manifiesta, nos damos cuenta con Coleridge de que también existe una intense activity without action; nos damos cuenta de que –cuando así lo demanda la realidad que te envuelve y te impregna-- quedarte al margen, dejar hacer, es pura actividad. Así se crea el mundo desde el otro lado de la realidad, en el que ya no esperas de Allâh el que se arrogue las funciones del Creador, sino que tú mismo con tu no-acción eres el Nombre más inconcebible de Allâh en la criatura: al-Jâliq; porque Allâh no es un ser separado de la existencia y es el Creador sólo cuando algo es capaz de crear. Comprendamos definitivamente 21 que la realidad no es el resultado de la intervención de un Dios extraterrestre sino el destilado del encuentro de un yo abierto (de hombre o de mujer) con la realidad; la expectativa ante la realidad es lo que produce la realidad. Y eso es precisamente nuestro tawakkul, el que Allâh no sea garantía de nada; y no lo es, porque no existe hasta que no se realiza. No sólo no existe hasta que no se cumple en tu acción sino que, entre otras cosas, no sabes si lo llegarás a realizar. Parece que tendrías que estar tranquilo porque todo iba a depender de ti, pero tú sabes de tus miedos y de tus limitaciones, y que, de sucumbir a ellos, sólo habrá frustración de sentido. Pero no puedes evitar el vértigo ni tampoco estar seguro de tu capacidad de generar realidad. Sólo dejar que las cosas sean. Vives más que ninguna otra realidad la falta de un plan del Todo respecto de ti mismo, aunque sabes que hasta lo mínimo obedece a un plan; que el tiempo es una estructura perfectamente arquitectónica de la realidad. Pero eso no te exime del miedo a dar el paso siguiente: al no haber facticidad, cada paso es pura posibilidad, todo es abismo. Si no das el siguiente paso "sabiendo" que es un paso que va a despeñarte, si no das cada paso sin la menor garantía de que haya tierra bajo tus pies, no surge la nueva tierra bajo tus pies.

Estamos hablando de ti como generador de un mundo con tu gesto heroico de dejar de intervenir en tu medio y en tu realidad. Aunque más que de un "héroe", habría que hablar de un mártir, pues los demás no pueden comprender ni agradecerte que tu generosidad no está tanto en lo que les das sino en cómo les permites arrebatarte lo que precisan pudiendo evitarlo. El mutawakkil cede en las pretensiones (que el ser humano arrastra desde su infancia) de que el universo sea suyo para permitir que el universo sea sin él, absolutamente sin él. Se calla, para que lo que le rodea balbucee, se equivoque y aprenda a expresarse. El tawakkul es el silencio de la acción de un hombre o una mujer, precisamente cuando la fuerza de su "yo" ha llegado a una dimensión gigantesca, para que los seres y las cosas de su alrededor no sufran la merma de la proximidad con este gigante del consumo de energía existencial en que se ha convertido. Que todo tenga lugar alrededor suya supone que es capaz de una gran violencia sobre si mismo, contra si mismo, para no interferir. Tienes que desarrollar un gran esfuerzo para rechazar todo aquello que te pueda dar algo porque es algo que quita a alguien y que te crea una dependencia ‘en las causas segundas’; hay que huir de lo que te aporte lo que no te sea imprescindible en ese instante (‘imprescindible’ es todo aquello que, de no tenerlo, te causaría dolor), porque no puedes hacer acopio de la mínima reserva para el futuro que ya tienes al alcance de la mano: "No toméis nada para el camino, ni báculo ni alforja, ni pan ni dinero, ni llevéis dos túnicas..." (Lc. 9, 3).

Hasta ahora, en nuestra comprensión metafísica, hemos tratado a Allâh como una fuerza incesantemente pujante, un torbellino de generación de existencia y una inacabable energía de mantenimiento de la realidad, pues bien, con el tawakkul estamos hablando de la pasividad de Allâh. Una pasividad que te constituye en pura posibilidad. Al renunciar a escoger, a precaver, a planear, te conviertes en ese espacio en el que puede pasar cualquier cosa. Entendemos que la actividad de Allâh es lo que desde tu primer pálpito te fue estructurando, pero en el tawakkul aprendes a coexistir con la pasividad de Allâh, esa asfixiante impresión de que, puesto que nada te está sucediendo, nada te estructura. No eres proceso, sino acumulación de instantes sin memoria 22. El tawakkul no es irte estructurando con lo que te va llegando, sino justo lo contrario: sentir que lo que llega no te estructura, que lo que ocurre no te forja, que las cosas te traspasan y que tú traspasas las cosas, cuerpo y mente fantasmal que se entrelaza con todo porque no pertenece a nada.

La realidad es movimiento puro. No es reductible a pares de contrarios; el yin-yang es ya una fase posterior del desarrollo del interior de la realidad. El movimiento es un hecho ontológicamente irreductible, porque es la esencia última de las cosas, aquello que hemos llamado "caos" y que tratamos de comprender racionalmente como el resultado de los opuestos del mundo. Pero es al contrario: el caos nuclear genera los opuestos cuando comienza a perder fuerza. Nosotros intuimos que la realidad no obedece a ninguna ley, ni tiene estructura; no hay naturaleza de hombre, ni soporte celular en planta alguna, ni leyes de comportamiento en las especies animales 23.

Intuimos que es el vértigo del movimiento puro precisamente lo que –a pesar de la paradoja- te permite el tawakkul, pero no sabemos qué mecanismos pone en funcionamiento esta certeza para llevarte al abandono. La resolución del conflicto que es el hecho de "estar aquí" no es la consecución de la paz –como el que hace una construcción arquitectónica sobre la ciénaga- sino la apertura a la evidencia del conflicto. No sirve ningún método para lograr la ataraxia excepto el yihâd contra ti mismo que te transforma en un "nadie". Sólo el que se comprenda como "nadie" es movimiento; movimiento y no ninguna otra cosa.

Tawakkul es –tal como fue dicho- haberte detenido como hombre o haberte detenido como mujer, es poner un punto muerto en la construcción de tu propia identidad, pero es fluir como existente. La experiencia del "yo soy" es el resultado de haber dejado de fluir, que es justo la experiencia contraria. Porque sólo te sabes a ti mismo cuando ya no te dejas llevar. La experiencia del "nadie" es saberte movimiento de la realidad y no capacidad de control de la misma.

El tawakkul es, en tanto que cesación de la capacidad de control del proceso del que eres protagonista, una especie de desequilibrio consciente de tu ser habitual, esa forma normal de ser que responde a la continua reconstrucción de sí mismo en relación a lo que se quiere ser –es decir, lo que se quiere conseguir- en el futuro. Notas que tu pasividad para controlar lo que te llega -y tu vinculación plena a lo que te ocurre- no es tu estado normal. Y sin embargo, a pesar de lo extraño del momento que vives, no lo sientes como alienante, como desconocido a tu naturaleza más profunda. Es un tiempo curiosamente familiar, tuyo como la infancia o aún más 24.

En relación a que el tawakkul pueda –o no- ser nuestra naturaleza más profunda, convendría apuntar que lo primero que nos llamó la atención aún cuando apenas habíamos comenzado la investigación –y permítasenos una imagen del mundo tecnológico para expresarnos- fue la anchura de franja que tiene este maqam. A diferencia de los otros maqamat estudiados, observamos a personas en diferente nivel de tawakkul, con una distinta intensidad de entrega a lo-que-quiera-que-sea que lleguemos a hacer corresponder con la voluntad de Allâh al final de nuestras pesquisas. Hay quien dice que la dificultad para que el estado de tawakkul finalice en nosotros es porque sólo acaba en ti cuando tomas conciencia de que no hay absolutamente ninguna razón por la que debiera acabar, que podrías estar esperando (si es voluntad de Allâh) que te lleguen las cosas más imprescindibles para ti durante toda tu vida y morirte en esa "noche oscura del alma" que es el tawakkul (al menos en su aspecto más excluyente respecto de cualquier otro maqam 25); que en tawakkul lo que fundamentalmente aprendes es a no ponerle tiempo a Allâh. Otros dicen que probablemente, la anchura del tawakkul se debe a que no es sino una prolongación de nuestro reconocimiento como mu’minîn abiertos a Allâh 26; siendo a su vez nuestra condición como mu’minîn una prolongación de nuestra ‘ubûdîa natural, ésa que compartimos con todo lo creado 27. Hay, por ello, quien dice que el tawakkul no es que sea maqam de gran extensión sino que no tiene principio ni fin porque es el estado natural de los seres.

Un argumento a favor del tawakkul como internamiento en ese "núcleo frío de la realidad" que antes mencionamos explicaría que el Corán se refiera al "tawakkul de las cosas"; dice el Libro Generoso que Allâh es el Wakîl de todas las cosas kulli shay‘in Wakîl (6:102, 39:62, 11:12). Esto necesariamente debía ser así. De lo contrario, el nombre de Allâh el Wakîl dependería de que al menos un hombre en la existencia estuviera en tawakkul. Pero el hombre es libre y podría no haber uno solo de ellos en tawakkul; nosotros sabemos que el desaparecer de uno de los Nombres de Allâh destruiría la existencia entera. Así pues, Allâh es Wakîl porque no sólo el hombre puede estar en tawakkul: todas las criaturas –los animales, las plantas- tatawakkal-lâh (dice el Corán); y, por supuesto, las cosas están en tawakkul. La cosa es pura pasividad abandonada bil-lâh. Si hay algo que sepa de tawakkul es la materia. La materia es puro dejarse hacer y dejar hacer. El tawakkul de la materia es lo que permite que Allâh sea ontológicamente estructurante de la realidad. Así, con nuestra experiencia del tawakkul logramos un recuerdo de nosotros mismos más allá del fenómeno estrictamente humano que comienza con la hominización. Quien quiera que constriña el fenómeno humano al homo sapiens está imaginando –y con su imaginación, produciendo- un vertiginoso precipicio entre él y la materia, una brecha que le impedirá conocer la unidad radical de la existencia (el tauhîd). La ignorancia del tauhîd le acarreará su incapacidad de vivir la realidad excepto como "ser humano". Sin el recuerdo de tu materialidad, de tu animalidad, que logras en tawakkul, creyéndote sólo fenómeno humano, finges tu cuerpo, tu instinto: "no recuerdo mi materialidad, no recuerdo mi animalidad, entonces decido que tengo una materia-cuerpo que me constituye y luego decido ser un animal con ese cuerpo". El tawakkul no es una postura, una toma de decisión; es auténtico recuerdo, dzikr, un recuerdo que haces del Todo; un recuerdo de cuando las fuerzas de la existencia pujaban por crear un mundo que finalmente te engendraría.

Notas:
1 "Yibrîl", literalmente -tanto en árabe como en hebreo- "lo que fuerza a alguien para obligarle a ser lo que es". De la misma raíz, yabira (tablilla para enderezar huesos rotos) o yabran (adv. ‘Por fuerza’).
2 Su invitación al tawakkul era constante. Recuérdese su "Deja a tu padre y a tu madre, ven y sígueme".
3 Sobre la transformación del auténtico Dios de la Revelación de Jesús en un Dios padre-bueno, véase de José Manuel Martín la fractura relacionada. Córdoba, 2001.
4 Comenta mi maestro, José Manuel Martín Portales: "Incluso si está en la pura perplejidad es capaz de comunicarlo, porque el conocimiento que comunica no son datos, sino la evidencia de la apertura en él, eso que es la posición exacta de lo humano".
5 No hay interés deliberado en su gesto de mantenerse en la necesidad, pero -de tratarse de un mecanismo de religiosidad mercantilista- podría serlo, pues, de alguna forma, si la experiencia tras la muerte es la inversión de nuestra experiencia actual, con el tawakkul se está creando el hueco que luego será plenitud.
6 Decía Wâseti: "La realidad del tawakkul es la precariedad y la necesidad".
7 El vértigo del pozo interior de nuestra propia satisfacción es demasiado vertical para poder sacar cada uno de sí mismo, de su qalb, lo que necesita, aunque ahí se encuentra lo que necesitamos. Así que nos es necesario que nos permita zambullirnos en el pozo de lo humano ese otro cuyo corazón es idéntico al nuestro y que contiene el mismo principio universal del contentamiento de la criatura, pero en cuya inmersión podemos pararnos cuando obtengamos lo que precisamos. Porque sumergirse en el otro es un esfuerzo que haremos lo posible que abreviar, decidiendo ignorar en la medida de lo posible la profundidad de lo que ahí se encuentra; mientras que sumergirse en sí mismo acuciado por la necesidad es un viaje a los límites que nunca acaban de nosotros mismos, es decir, un viaje a la locura.
8 De incalculable valor la apreciación de José Manuel Martín Portales tras la lectura de este párrafo: "Realmente ni uno da ni otro obtiene. No hay un transvase que ayude a la identidad de uno y otro. Lo importante no son los que intervienen en la relación sino que se están dando las condiciones de la relación. Porque Allâh es la relacionalidad; lo que está ocurriendo en el trasiego del dar y recibir".
9 Hay quien cree que el qadar es "el Destino", un futurible, lo que está escrito y va inexorable a llegarte; desde un punto de vista interior, se nos informa que es más bien la urdimbre de nuestro momento actual.
10 Si bien el máximo ejemplo de "mística impertinencia" (shatj) lo encontramos en una tradición del Profeta Ibrahim, el cual, cuando se le mostró Yibrîl preguntándole si necesitaba algo, le contestó: "De ti, no", pues nada le bastaba sino Allâh.
11 Atinada la percepción de Ruzbahân de que al hombre que llega al uns intimidad de Allâh se le obliga a una situación material de tawakkul como un velo de protección de favor divino para guardarle de la envidia de los otros, ya que la "palabra incómoda" del mutawakkil siempre podrá estar asociada a la condición de maÿnûn arrebatado, loco del que vive sin la menor provisión de futuro.
12 El haber sido forzado al tawakkul es lo que certifica la verdad de el maqam del tawakkul. No es voluntario; no es meritorio. Es un destino cruel que durante un tiempo señala a un hombre o mujer. No hay, por eso, tawakkul sin la rabia de que no sea capaz de evitar que los demás le manipulen, especialmente manifiesta ante los que hacen sus exhibiciones de poder a su costa: "Si te abofetean una mejilla, pon la otra". No es que sea manso, sino que no puede evitarlo. El mutawakkil no es un "hombre bueno": no es tolerante, no es generoso, no es paciente, no es magnánimo con la gente. Es que no tiene capacidad de evitar que abusen de él. Querría que le diesen la opción de ser bueno o la capacidad de ser egoísta, pero ni una ni otra se le concede. Por eso, tampoco es malo, egoísta, intolerante, impaciente o rígido con los demás. Sencillamente, no es nada. Está en un estado de voluntad robada y ha dejado de ser sujeto moral.
13 Decía Sahl ibn ‘Abdullâh: "Los signos del tawakkul en Allâh son: Primero, que uno no pide nada a nadie; segundo, que no acepta nada de nadie; y tercero, que si acepta algo, lo da a otros".
14 Es ésta una clave fundamental del tawakkul. Preguntaron a al-Hallaÿ qué era el tawakkul, y contestó: ‘ Es ver al Origen de toda causa’. Y Dûl-Nûn dijo: ‘Es desposeer de su soberanía a los arbâb (pl. de rabb, lo que determina la realidad) y abandonar los asbâb (intermediarios, causas segundas)’.
15 Hermosa la anécdota de al-Hallaÿ, que se encuentra en el desierto con Ibrahim Jawâs, y le pregunta: ‘¿Qué haces aquí?’. Éste le contesta: ‘Me asiento fuertemente en el maqam del tawakkul’ es decir, me entreno a esperar sólo de Allâh mi sustento. Al-Hallaÿ le dice: ‘Pasas toda tu vida sirviendo a tu estómago, ¿cuándo te aniquilarás en el tauhîd?’.
16 Se ha dicho que quien está en tawakkul se asemeja a un niño que no encuentra su camino hacia ninguna parte y permanece con su madre (Javad Nurbakhsh, La gnosis sufi, tomo II, p. 170).
17 Nuestra postura ante estas cuestiones ha quedado expuesta en escritos anteriores. Respecto al "amor a Dios", del que aún no hemos escrito nunca, queremos resaltar que el mundo sentimental del creyente pertenece a la facticidad de la Creación (el desenvolverse mecánico del cosmos): no hay amor a Allâh real previo a la experiencia del tawakkul.
18 De inapreciable valor para llegar a esta conclusión es el primer significado –el menos ideológico- que aparece en el diccionario árabe-castellano del verbo wakala, a saber, "disminuir la marcha"; del que derivará el verbo wâkala (wikâla) "andar lentamente", el adjetivo "lento" (wâkil) y el sustantivo "lentitud" (wikâl).
19 Insistiendo en el mensaje que aprendimos de ‘Isa (‘No os inquietéis, pues, por el mañana; porque el día de mañana ya se inquietará por sí mismo; bástele a cada día su afán’), leemos en el maestro Bâyazid esta misma sensación de no-futuro del mutawakkil: "El tawakkul es considerar la vida como un solo día y borrar de la mente la idea del mañana". También Abu Bakr Warrâq apuntaba: "Tawakkul es aprovechar al máximo el waqt momento (...) de tal forma que ni os lamentéis por lo que ha pasado ni esperéis lo venidero".
20 Nadie como al-Yunaid para revelar la naturaleza misteriosa de nuestro abandono en Allâh: "Tawakkul es ser de Allâh del modo en que eras de Él cuando no existías".
21 Hasta el final del párrafo son palabras de José Manuel Martín Portales, las cuales, se entiendan o no, no pararán de resonar en la estructura metálica en la que viven encerrados los hombres esclavos de las religiones, con la confianza de que -incluso sin poder ser desvelados esos sonidos que en el exterior son palabras- les muestren a esos hombres que hay vida fuera de su cárcel conceptual.
22 "Sin memoria" aunque los que no estamos en tawakkul sabemos que "con sentido".
23 Cuando hemos pensado el ‘abd y el rabb hemos sugerido que eran dos partes separadas de la criatura con cometidos fijos. Ahora no lo creemos así: es rabb cualquier aspecto de la criatura que la esté determinando, mientras que en ese instante el resto de ella es ‘abd.
24 Hasta tal punto que en lenguaje coloquial tawakkala ‘alâ llâh (entregarse a Allâh) es un modo de despedirse para irse cada uno a su casa, a descansar o a lo que sea, como en castellano castizo se dice "bueno, cada mochuelo a su olivo", y verdaderamente el hogar es para un musulmán el lugar donde estar relajado en la intimidad de Allâh.
25 Ciertamente que los maqamat, en tanto que hasta ahora sabemos de ellos, funcionan a modo de peldaños, no de diferentes moradas de un castillo interior, ya que la altura conseguida con un maqam se suma al siguiente.
26 Es el haber conseguido lo que deseaste con tu shahâda: que nada nos importase salvo Allâh. La invitación coránica a los mu’minîn al tawakkul no ofrece la menor ambigüedad: "¡Que los mu’minîn hagan el tawakkul de Allâh!" (9:51, 58:10, 64:13), y "Si sois mu’minîn, haced el tawakkul de Allâh" (5:23). Escribe Abdelkarim Osuna: "Reconocerse mu’min implica el propósito de afrontar los hechos como expresión de una Voluntad que está muy por encima de nosotros, que no puede ser adaptada a nuestros intereses sin reducirla a polvo. Es realizar una entrega total a nuestra naturaleza tal y como nos ha sido dada. Recorrer el camino que va desde el yo al Todo, rompiendo la distancia mediante la conciencia de pertenecer al mismo mundo indivisible, de provenir del mismo origen increado. Se trata en definitiva de la búsqueda de un nuevo equilibrio social, comunitario, que nos permita vivir la Realidad como seres nobles, enraizados al ciclo del día y de la noche. Para saborear el ritmo de una Creación que se despliega como un manto sutil que nos acuna".
27 El tawakkul es progresar en tu ‘ubûdîa, por eso el íntimo de Allâh no quiere salir del estado de necesidad que le enrraiza en su ‘ubûdîa como criatura.

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