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Una respuesta a José Manuel Martín Portales

16/07/2002 - Autor: Ahmed Lahori - Fuente: Webislam
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En el nº 16 de Verde Islam apareció un ensayo de José Manuel Martín Portales titulado Recepción histórica de la revelación. El presente texto es una reacción a dicho artículo. Quiero decir, antes que nada, que su autor me merece el máximo respeto en su intento de profundizar en el tema de la revelación, y que el texto en cuestión contiene más de un párrafo notable, pero considero su planteamiento como totalmente insufrible. Lo que me ha hecho "saltar" es la propia idea de una "revelación sucesiva" (aunque más adelante dice "revelaciones progresivas") en el seno de la tradición semita: la judía, la cristiana y la coránica, a través de las cuales se va desplegando un único mensaje. Aunque dicha idea podría ser halagadora, pues sitúa al Islam como culminación de un ciclo, no puede ser aceptada tal y como nos ha sido presentada, sino que nos provoca un rechazo casi visceral.

Rechazo de la "tradición monoteísta"

En primer lugar mi reacción proviene del hecho inaceptable de ver al Islam presentado como resultado de la evolución histórica de unos pueblos en concreto. Por el contrario, los musulmanes sabemos por el Corán que "todos los pueblos han tenido sus profetas" y no podemos limitar el fenómeno universal de la profecía a una tradición determinada, y menos a eso que los orientalistas han clasificado como "monoteísmo".

Lo que queremos decir es que nos negamos a clasificar el Islam como una de las "tres religiones monoteístas", por considerar que dicha clasificación atenta contra el sentido de la universalidad contenidos en el Corán y la Sunna de Sidna Muhámmad, que la paz de Al-lâh sea con él, y Su salat. La tradición del Islam es universal, y hoy en día podemos establecer nuevos lazos con las religiones de la América precolombina, con las de Malasia, del África negra, etc. Todo esto está sucediendo constantemente en el Islam desde hace ya catorce siglos, y vernos reducidos ahora, por arte de magia de los intereses religiosos, a una supuesta trinidad semita nos parece inaceptable.

Frente a todo lo que hemos dicho, José Manuel habla como si la revelación fuese un fenómeno propio de judíos, cristianos y musulmanes, con lo cual no tiene en cuanta la profecía como fenómeno universal. En este sentido es donde se sitúa su genealogía: en el principio se da un estadio mítico cuya superación se da en la Revelación... pero, en verdad, no hay nada anterior a la Revelación , sino que esta es esencial a la Creación. La propia Creación no es sino la Revelación de Al-lâh por excelencia, cuyo sentido ha recordado a través de todos los profetas.

Nuestro rechazo puede parecer extraño, pues una consideración histórica de la recepción de la revelación pone al Islam en una situación de privilegio, como "última revelación". Desde nuestra perspectiva, sin embargo, se trata de un discurso etnocéntrico. Se trata de una opción que nos parece imperdonable, y que nos hace referirnos como libros revelados al Libro tibetano de los muertos, al Zend Avesta, al I Ching, y otros, por no hablar de los textos ancestrales de los aztecas o los mayas, y de tantas y tantas culturas olvidadas en el pozo de una historia fabricada por los hombres para garantizar la supremacía del lugar desde el cual se escribe la historia. Según un hadiz han existido 124.000 profetas anteriores a Muhámmad, la paz sea con ellos, lo cual nos ofrece un punto de partida muy distinto al de José Manuel.

La "revelación judía"

Dentro de una concepción que consideramos globalmente errónea, el mayor absurdo se muestra a la hora de definir una supuesta "revelación judía". En un momento dado dice: " la Revelación Abrahámica ", aunque más adelante la equipara al genérico "revelación judía", y posteriormente pasa a referirse al profeta Musa, aleihi sallem, como parte de lo mismo.

Pero, ¿qué quiere decir "revelación judía"? Con ese término se está refiriendo a una historia milenaria, a la recepción de múltiples profetas en tiempos diferentes. ¿Cuál es, pues, la "revelación judía"? ¿La de Musa (Moisés), la de Ezequiel, la de Yunus (Jonás), la de Suleyman (Salomón)?, ¿pueden ponerse todos esos profetas en un único paquete, como receptores de una revelación única y separada con precisión de la cristiana y de la recibida por Sidna Muhámmad, paz y bendiciones? ¿Por qué no hablar de la revelación de Noé, de la revelación de Job, de la revelación de Ismael? ¿Acaso Jesús no debería ser también parte de la revelación judía? ¿Por qué motivo separarlo en una "revelación privada" para él? ¿es suficiente peso el fenómeno histórico del cristianismo para realizar esa clasificación? ¿es lícito clasificar la revelación según la historia de las religiones, realizada a posteriori? ¿qué sucede con Hud y los otros profetas árabes mencionados en el Corán anteriores a la "revelación coránica"? ¿Deben desaparecer de nuestra consideración en base a una concepción historicista, que pretende encajonar en una linealidad "traída por los pelos" el océano infinito de la revelación, depósito de Signos siempre abiertos a nuevas recepciones?

Todas esas preguntas tienen una única respuesta. Desde el momento en que sabemos que el fenómeno de la revelación es algo universal —que se manifiesta en cada lengua, en cada corazón, en cada hombre—, afirmamos que no existe una revelación judía, cristiana, árabe o semita. Todas las revelaciones provienen de la FuenteÚnica de la existencia, y no pueden ser nombradas por el nombre de un pueblo, de un hombre o de una raza. Cuando decimos "la revelación árabe" estamos siendo incorrectos, deberíamos decir "en árabe", que es un idioma, jamás un pueblo o una raza. No se puede decir "revelación judía" del mismo modo que no se puede decir "revelación española", aunque dado que se suele llamar español a una lengua, la confusión es menor en este caso. ¿Existe una revelación especifica hecha para un pueblo? ¿O todos los profetas, por el hecho de serlo, reciben la Palabradel Uno para la humanidad en su conjunto? ¿Puede pensarse que Al-lâh transmite mensajes privados para unos pocos, que no son válidos para el resto de los hombres...? ¿Cuál es, por fin, esta "revelación judía"?

No se puede acotar el fenómeno universal de la revelación mediante categorías históricas creadas a por el hombre en su historia política. No existe una revelación cristiana separada de una revelación judía, pues ‘Îsa mismo era judío. En todo caso su particularidad esencial es que hablaba en arameo, pero no proviene del hecho de que un grupo de hombres se lo hayan querido apropiar mediante una mitología que no tiene nada que ver con la revelación de ‘Îsa, la paz sea con él.

La revelación antes que el mito

Parece como si en un lugar y un tiempo histórico determinado un primer hombre hubiese recibido la revelación del "Dios-Uno" y hubiese sido el iniciador de la transmisión profética, y de una historia. Ese hombre es Abraham: "la revelación abrahámica logra la inversión de la intuición mítica". Según José Manuel, "antes de la revelación existió el mito", lo cual quiere decir que existe "un tiempo cíclico: no hay Historia porque el hombre vive en la corteza del de un universo que pertenece al misterio y no a él."

La idea de que esa revelación judía funda el tiempo histórico es muy curiosa, sobre todo cuando pensamos que antes nos ha dicho que "la Revelación Abrahámica logra la inversión de la intuición mítica", con lo cual Noé (nacido unos cuantos siglos antes de Abraham) se queda fuera de la historia, relegado a la "edad mítica" en la cual el hombre vivió ... pero parece que en la mente de José Manuel eso no es así, sino que existe una unidad interna entre los profetas del Antiguo Testamento que él denomina "revelación judía". Poco después se refiere al profeta Musa formando parte de esa unidad: "el episodio de la zarza ardiente es fundamental". Esa revelación consiste en la fundación del tiempo histórico. Antes de la revelación judía, según José Manuel, no había historia... idea mítica donde las haya. Según esto la revelación judía es la entrada en la historia. El tiempo anterior a la revelación es definido como "mítico": "antes de la Revelación existió el mito" es la frase con la que se inicia, precisamente, el escrito al cual nos referimos.

La idea de una revelación judía creadora de la historia es una de las aberraciones mayores que hemos oído últimamente. ¿A que revelación judía se refiere, a la anterior o a la posterior al exilio en Babilonia? No sé si José Manuel sabe que los ángeles no aparecen el la tradición judía hasta el cautiverio en Persia, con lo cual hablar de una revelación judía como un todo nos plantea nuevos interrogantes.

El establecimiento de una diferencia radical entre el pensamiento mítico y la profecía es imposible, dado que las fuentes se han perdido, han sido destruidas o cambiadas. Recomiendo a José Manuel Martín la lectura de Los mitos hebreos de Robert Graves:

Los documentos sagrados posteriores a la Biblia abundan. En los mil años siguientes a la primera canonización de la Biblia los judíos de Europa, Asia y África escribieron prolíficamente. A ello se deben tentativas para aclarar la ley mosaica, o comentarios históricos, moralistas, anecdóticos o de oratoria sagrada sobre pasajes bíblicos. En ambos caso los autores incluían mucho material mítico, porque el mito ha servido siempre como una validación sucinta de leyes enigmáticas, ritos y costumbres locales.

Ahora bien, aunque a los libros sagrados se los consideraba escritos por inspiración divina y en consecuencia había que eliminar de ellos cualquier mácula de politeísmo, los libros apócrifos fueron tratados con más indulgencia. Se permitió también que muchos mitos suprimidos reaparecieran en el contexto indiscutiblemente ortodoxo en los midrashim postbíblicos. Por ejemplo, en el Éxodo leemos que los caballos, los carros y los soldados de la caballería del faraón persiguieron a los Hijos de Israel hasta el medio del mar (Éxodo XIV, 23). Según un midrás (Melkhilta diR Simón 51.54; Mid. Wayosha 52), Dios asumió la forma de una yegua y atrajo al agua a los salidos sementales egipcios. Si la diosa Deméter de cabeza de yegua ha sido descrita como sumergiendo el carro del rey Pelope en el río Alfeo mediante la misma treta, éste habría sido un mito griego aceptable, pero para el lector piadoso del midrás no era más que una metáfora fantástica de los extremos que podía llegar Dios para proteger a su Pueblo Elegido.

La Biblia misma sólo nos da breves insinuaciones de sus riquezas mitológicas perdidas. Con frecuencia la referencia es tan sucinta que pasa inadvertida. Por ejemplo, pocos de los que leen: "Sucedióle Samgar, hijo de Anat, que mató a los filisteos seiscientos hombres con una aguijada de los bueyes, salvando también a Israel" (Jueces, III.31), relacionan a la madre de Samgar con la sanguinaria diosa del amor ugarítica, la doncella Anat, en honor de la cual recibió el nombre de Anathot la ciudad sacerdotal de Jeremías...

En base a casos como estos, y con la ayuda de un experto en temas bíblicos, Robert Graves construye un libro entero con referencias "míticas" sacadas de la Biblia , lo cual demuestra, además de su prodigiosa erudición, que no se puede separar a la Biblia de su contexto. ¿Es el poema de Gilgamesh un texto revelado? Si no fuera por la inclusión del episodio del diluvio se trataría sin duda de mitología, pero su contenido es muy parecido al Génesis y al Qur’án, por lo menos en sus contenidos generales. Lo que nosotros pensamos es que un texto como el de Gilgamesh o el del diluvio en la literatura griega son restos de revelaciones anteriores que se han perdido, no pudiendo tener certeza de si se trata de parte de esa revelación o de una elaboración humana a partir de una Revelación anterior.

Como ya hemos indicado, la propia idea de una "revelación progresiva" es puramente mitológica. Se trata de un mito conocido, reformulado: el de los tres evangelios, sostenida por Joaquín de Fiore y retomado por algunas corrientes franciscanas, entre otros. Según éste, tras el Evangelio del Padre (Antiguo Testamento: estadio físico) y el del Hijo (Nuevo Testamento: estadio psíquico) debía llegar el Reino del Espíritu Santo, asociado a la "ruptura del séptimo sello" (Apocalipsis 8:1), tras el cual se verán cumplidas las esperanzas escatológicas, con el advenimiento del Milenio... identificado por Carl Gustav Jung con la "era de Piscis" (en Aion, contribución a los simbolismos del sí-mismo, p. 93 y siguientes).

El terror a la verdad de la escatología adopta las formas de la historia, de una lectura histórica concreta. La revelación es, precisamente, el modo de escapara a esa lecturas etnocéntricas. El hombre ha sido colocado por Al-lâh en lo infinito de los mundos, pero se sitúa necesariamente en un punto de la historia. La revelación lo devuelve a ese universo no fragmentario de la teofanía, en el cual todo es simultaneidad y simulacro. Lo pasado y lo presente conviven en el instante de la recepción de la revelación en el corazón del hombre. No existe lo anterior y lo posterior en el tiempo lineal de la historia, sino que somos contemporáneos de Adám. Él convive aquí y ahora con nosotros, está recibiendo por primera vez la revelación para entregárnosla a nosotros. La revelación de Adám es el retorno, la entrega de los signos como superación de la fractura que representa "la expulsión del Yanna".

La revelación "cristiana"

No existe una religiosidad mítica primitiva inferior al estadio de la revelación semita, sino degeneraciones de la religión hacia cultos idolátricos, como ha sucedido, por otra parte, con el propio cristianismo en muchas de sus expresiones. Por otra parte, ¿dónde está esa "revelación cristiana"? ¿Acaso está contenida en los evangelios, en las cartas de Pablo de Tarso, en el Apocalipsis de San Juan?

En los Evangelios Jesús actúa como un judío estricto, el cual en ningún caso se posiciona en contra de la Ley de Musa. Es el caso de la afirmación de José Manuel, en la página 69: "el cristianismo solo tiene sentido si asume, confirma y cumple la revelación dada a Moisés". No se si el autor de esta frase se da cuenta de que la "revelación dada a Moisés" se constituye primeramente en una Ley, con lo cual estaría diciendo explícitamente que la historia occidental del cristianismo no tiene sentido, idea con cual estamos completamente de acuerdo, si se exceptúan todas las aportaciones de los grandes místicos cristianos, desde los gnósticos docetas a Margarita Porete, hasta Jacob Böehme o al gran Hamman, "el mago del Norte". No tiene sentido en cuanto a la renuncia a aplicar la Leyrevelada a favor de la aceptación del Derecho romano. Aquí no nos situamos en el terreno de la metafísica (Dios es amor) sino en el de una comunidad rectamente guiada, cosa que no aparece en el planteamiento de José Manuel. Claro que en el cristianismo que él reivindica se ha separado ya definitivamente de la ley revelada.

"El Corán contiene la misma revelación que el Evangelio y que la Torá.. .". Eso es completamente falso. El Evangelio (aunque debería decir "los evangelios", incluidos los llamados apócrifos) no es un texto directamente revelado sino una sîra, una biografía del Profeta Îsa, aleihi sallem. La Revelación recibida por Jesús —el Inyil— permanece velada, no nos ha llegado. Los evangelios —el de Mateo, Lucas, Juan y Marcos— explican la vida de Jesús, y puede considerarse algunas de las palabras que en ellos profiere como auténticamente emanadas del Profeta, así como su actitud esencial frente a la cosificación de la doctrina, pero no pueden considerarse en absoluto un texto revelado. Los filólogos han demostrado suficientemente que ninguno de ellos fue escrito en el siglo de Jesús de Nazaret. Es evidente que José Manuel está confundiendo la revelación recibida por Jesús con la doctrina de la Iglesia , lo cual es hacerle un flaco favor a ‘Îsa, el Ungido, el Cristo, aleihi sallem.

El Corán y el Evangelio no son intercambiables. Aquí nos topamos de nuevo con la cuestión de la Ley : ¿Qué sucede entonces con la Sharî ’a? ¿Debemos renunciar a la construcción de una comunidad basada en la Palabrarevelada? Si es así, lo único que está proponiendo José Manuel a los musulmanes es que dejen de serlo, que abandonen la sunna del Profeta, lo cual no es una muestra tolerable de "ecumenismo religioso" sino de evangelismo. Para nosotros la Palabrarevelada es la única que no representa a un interés humano, el único medio de lograr una sociedad pacificada. ¿Cómo puede hablarse de revelación situándola al margen de la Sharî ’a? Para un musulmán, como para un judío, esto es incomprensible. Significa, pura y simplemente, renunciar a la revelación.

También nos dice: "El Dios de las revelaciones es intuido en el Judaísmo y el Cristianismo como un Dios de lo alto, remoto, celestial." Lo cual no se corresponde en absoluto con lo expresado (y experimentado) por cientos de cristianos: "Dios, en la profundidad de nuestro ser, acoge a Dios que viene a nosotros" (Ruysbroek); "la carne es el fundamento de la salvación" (Tertuliano); "los ojos con que vemos a Dios son los mismos con que Él nos ve a nosotros" (Meister Eckhardt, en el sermón XII); "el alma es como un castillo... Y en el centro de todas sus moradas está Dios" (Santa Teresa de Jesús); por no hablar de la literatura de estilo erótico elevada a lo divino, consustancial al cristianismo: "Dios también sale de si mismo cuando cautiva a todos los seres por el sortilegio de su amor y su deseo..." (Pseudo-Dionisio Aeropagita); "Bienaventurado aquel cuyo deseo de Dios ha llegado a ser semejante a la pasión del amante por su amada", (Juan Clímaco). Recomendamos a José Manuel que vuelva al Evangelio: "El que se une a Dios es con él un solo espíritu" (1 Corintios, VI, 17); "El que permanece en el amor en Dios permanece, y Dios en él" (1 Jn., IV, 16). Incluso el concepto de Dios en la Ilustración no es algo remoto: "Dios no es un ente exterior a mí, sino un pensamiento en mí" (Kant). Estas son sólo unas cuantas citas tomadas al azar, de un inmenso mar de posibilidades, recogidas casi de memoria.

¿Cómo puede el cristiano José Manuel decir que el Dios del cristianismo es intuido como un Dios remoto, pero que a través de Muhámmad ese Dios reveló que Él no es "un otro al mundo" y no reconocerse musulmán?

El "Jesús de nuestro ser"

José Manuel nos dice: "el Islam solo tiene sentido si asume, confirma y cumple la revelación dada a Jesús, es decir, si confirma esa misma vinculación como permanente novedad". La aportación y el sentido de la figura profética de Cristo es aquello que deberíamos profundizar, sobre todo en lo que se refiere a la vinculación del "Jesús interior" o "Jesús de tu ser" con el misterio del nacimiento espiritual del hombre, el paso por la muerte y la ascensión desde la cruz:

"No lo han matado; no lo han crucificado; han sido engañados por las apariencias; Al-lâh lo ha llevado hacia Él" (Corán 4; 156).

Esta ascensión de Cristo más allá de la muerte lo hace capaz de recibir la profecía. Siendo así, Cristo se equipara a la capacidad del ser humano de recibir en su corazón aniquilado la palabra en su propio nacimiento. Es a causa de la "pasión unitiva" que Jesús es considerado en el Islam como el sello de los awliya, de los íntimos de Al-lâh. No sólo los musulmanes deberíamos leer los evangelios, sino también los cristianos, para darse cuenta de lo que su mensaje representa.

Una sociedad que tenga a Cristo como modelo debe carecer de instituciones, rechazar el comercio, romper con los lazos de la sangre... El paso de la anarquía espiritual que el Cristo representa es el encuentro con la sobriedad muhammadiana, la pacificación de la naturaleza espiritual del hombre en la comunidad de los creyentes (Ummah). Este paso es la superación del peligro de deificación que asalta al místico en el aniquilamiento, donde la cercanía con Al-lâh es vivida como un momento de indistinción entre el Creador y la criatura. Es solo al eliminar la dramaturgia del aniquilamiento en Al-lâh (superación del dolor de la cruz, de la apariencia) cuando podemos percibir plenamente el maqam muhammadiano. Su luz ha recorrido las sendas del sufismo, identificado como el "imam de los errantes".

Esto tiene un sentido muy preciso en lo que se refiere a la Sharî ’a, tal y como vemos en el episodio de la mujer adultera. Cristo se refiere a la Ley de Moisés y al verdadero modo en que esta debe ser aplicada, retornando al espíritu de la Ley por encima de la letra. Eso es recogido en las prescripciones coránicas sobre el adulterio, en la sura 24. Es inconcebible hablar de la revelación sin referirse a la Ley Eterna, pues esta constituye el centro de la revelación.

Otras afirmaciones

José Manuel nos dice que "el pueblo musulmán no ha comprendido que las revelaciones anteriores son verdad", pero yo no conozco ni un solo musulmán que no admita que las revelaciones anteriores son verdad. Eso es algo sabido por cualquier musulmán desde Marruecos hasta el pueblo más remoto de las Filipinas, en lo que se lo educa desde bien pequeñito, incluso en lugares donde impera el fundamentalismo. La palabra comprensión ("no han comprendido") es un juicio de valor puramente sentimental, imposible de calibrar... Como hemos visto, la realidad de Jesús como Profeta es tan central al Islam que no comprendemos a que se refieren las palabras de José Manuel. Si un hombre no supiera que todas las revelaciones anteriores son verdad no sería, de hecho, musulmán, según el Corán y la Sunna.

La variedad de contactos, de idas y venidas de ideas, de cruces entre tradiciones y gentes de todas las razas se muestra dentro de la historia del hombre como algo incuestionable. También el Islam en sí mismo es inclasificable, pues su imbricación con los más diversos pueblos y culturas lo hace inabarcable. Pero eso es algo totalmente desconocido para José Manuel, que en otro momento dice, referido a "Dios como Amor": "no es el Todo amorfo con que trabaja la metafísica islámica clásica...", resultando dicha afirmación por completo sorprendente: ¿qué metafísica islámica clásica? ¿la de los falsafa helenizantes? ¿la de los motazilitas? ¿el ‘irfân o la gnosis? ¿la del asharismo? ¿la alquimia espiritual de Jâbir ibn Hayyân? ¿la del hermetismo y las corrientes neo-platónicas? ¿la de la ciencia de las letras? ¿la de los zahiríes? ¿la de los mawlawíes? ¿la del shiísmo duodecimano? Etc., etc., etc. Todas esas corrientes se encuentran coexistiendo en los primeros siglos del Islam, el cual es inseparable de una pluralidad de modos de acercamiento al Absoluto. Eso ha sido siempre así, igual que lo es ahora, y no vemos lo que el calificativo "metafísica islámica clásica" significa, y menos aún definida de una forma tan vaga.

Por último, ¿qué quiere decir que "la revelación ha fracasado"? Esa es una idea que se nos escapa. La revelación es cada aurora, la propia existencia de las cosas, la revelación es el amor del hijo por su madre, aquello que hace que la piedra sea piedra, que el corazón del hombre sea permeable. La revelación es, precisamente, aquello que no está expuesto al triunfo o al fracaso: la conciencia de que Al-lâh se está entregando eternamente a los hombres a través de los Signos, ofreciendo al hombre una guía para que pueda crecer en armonía.

José Manuel nos dice que las revelaciones judía, cristiana y coránica han sido traicionadas... pero, ¿por quien? ¿Ha sido traicionada la revelación cristiana por Benito de Nursia, Hildegarda de Bingen, Juan de la Cruz, y tantos otros grandes íntimos de Al-lâh? ¿Ha sido traicionada la revelación judía por Moisés de León, Baal Shem Tov, Emmanuel Levinas, y tantos otros grandes íntimos de Al-lâh? ¿Ha sido la revelación coránica traicionada por al-Yilani, Rûzbehan Baqli Shirazi, Abû Madian el sevillano, el Shayj Ahmad al-‘Alawî, y tantos otros grandes íntimos de Al-lâh?

No es necesario mencionar a estos gigantes de la espiritualidad para dar una respuesta negativa: en el presente, la Revelación sigue dando sus frutos en todo momento, sigue guiando la vida de millones de personas, lo cual no representa, en absoluto, un fracaso ni el plano más precario de lo cuantitativo.

La traición, en todo caso, es la utilización de la palabra revelada para fines ajenos a una búsqueda espiritual que engloba a toda la comunidad de los hombres como un todo. La traición, en cuanto a apropiación política de la revelación, es aquello que da lugar a unas castas que se arrogan el derecho de ser los únicos guardianes de la fe. Estos proceden siempre ha sustituir el fenómeno abierto de la Revelaciónpor una concepción historicista como la aquí presentada por José Manuel Martín Portales. La propia palabra "progresiva" aplicada a la revelación denota un historicismo al cual somos refractarios. La revelación niega la idea de progreso, es Revelación de Al-lâh en el mundo como algo completo en cada instante desde el principio de la Creación. Donde hay revelación ya no hay esa ficción que llamamos progreso, en el sentido de que no hay una idea de "mejoramiento discursivo".

Que Al-lâh nos libre para siempre de estas tergiversaciones, de estos velos que alejan a los hombres de la Fuente Manantial de la existencia, que nos separan y definen en función de unas genealogías inventadas por el hombre.

Que Al-lâh ayude tanto a los musulmanes como a los que se auto-denominan cristianos a recuperar la realidad profética de Cristo en el camino de apertura de la Sharîa.

Pero sólo Él sabe.

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