webislam

Lunes 18 Noviembre 2019 | Al-Iznain 20 Rabi al-Auwal 1441
868 usuarios en linea | Español · English · عربي

WebIslam.com

» Artículos

?idt=1173

Una afinidad espiritual

09/07/2002 - Autor: Martin Lings - Fuente: Webislam
  • 2me gusta o estoy de acuerdo
  • Compartir en meneame
  • Compartir en facebook
  • Descargar PDF
  • Imprimir
  • Envia a un amigo
  • Estadisticas de la publicación

Martin Lings
Martin Lings

«En el Islam se dice no sólo que la religión musulmana es la terminación de las religiones anteriores y que Muhammad es, por tanto, el «Sello de la Profecía» (Jâtam al‑nubuwwa), sino también que las anteriores misiones proféticas —las de Abrabam, Moisés y Jesús— fueron llevadas a cabo «por mandato de Muhammad»; ahora bien, esto significa no sólo que en el Islam, Muhammad es asimilado al Logos como tal —toda religión realiza esta asimilación con respecto a su fundador—, sino también que los Profetas anteriores ejercen un tipo de función dentro del marco del Islam mismo, una función de ejemplo y, a veces, de inspiración esotérica» (1).

Sería cierto decir que los Profetas del Antiguo Testamento, junto con Jesús, Juan Bautista y Zacarias, reciben, en el Islam, un triple honor, en primer lugar como Profetas y Mensajeros de Al-lâh, en segundo lugar como manifestaciones del Espíritu Muhammadiano (2) —pues así se denomina al Logos—, y, en tercer lugar, como «hermanos» del hombre Muhammad. Los cristianos a veces se asombran ante la gran reverencia que los musulmanes muestran hacia algunos de aquellos hacia quienes ellos son casi indiferentes. Ningún musulmán dirá simplemente «Aarón» (Hârûn); dirá, cada vez que lo mencione, ni más ni menos que «nuestro Señor Aarón, ¡la Paz sea con él!» Además, la menor sombra de actitud negativa, tal como la que algunos cristianos demuestran hacia David y Salomón, por ejemplo, se consideraría como un grado de impiedad; y a veces se han visto representaciones festivas de Noé en ciertos autos sacramentales que, sin duda, habrían supuesto la sentencia de muerte para su autor y su actor en cualquier lugar dentro de los confines de la civilización islámica.

El credo que el Corán impone a los creyentes consiste en

...creer en Al-lâh, en Sus Ángeles, en Sus Libros y en Sus Mensajeros (4).

No hacemos distinción entre Sus Mensajeros (5).

Es significativo, también, que uno de los más grandes tratados místicos islámicos —el ya citado Fusûs al‑Hikam de Ibn Arabî— tenga a los Profetas como tema: cada capitulo está centrado en un aspecto particular de la Sabiduría Divina y en el Profeta que es su vehículo especial. Cada Profeta es un Fass (engaste o cavidad que se hace en un anillo u otro ornamento para sujetar una piedra preciosa) especialmente formado para ser el receptáculo de la Sabiduría en cuestión —de donde el título del tratado, literalmente «Los Engarces de las Sabidurías».

Como ha dicho uno de los discípulos del Shayj:

la irradiación de los Profetas anteriores dentro del Islam reside en la misma esencia del propio Islam; es, por así decirlo, exigido por esta esencia (6) ; y esto no es pobreza, sino un rico tesoro de la realidad islámica. No son las religiones, sino los Profetas mismos, quienes irradian en el Islam, y lo hacen en cierto sentido con su propio islam».

En respuesta a esta irradiación profética hay, por así decirlo, una irradiación de los santos del Islam hacia los Profetas preislámicos, en el sentido de que un santo puede tener una afinidad especial con uno o más de los Profetas. El propio Profeta Muhammad era consciente de la existencia de una fuerte afinidad entre Abû Bakr, su constante compañero (más tarde el primer Califa), y Jesús, y entre ‘Umar (el segundo Califa) y Moisés (7). Otros santos, a lo largo de toda la historia del Sufismo, han sido conscientes de ser los herederos de estos u otros Profetas; y, en el contexto de este libro, podemos preguntarnos: ¿es posible ver en la espiritualidad del Shayj al‑Alawî, el reflejo de la luz de alguno de los Mensajeros Divinos que precedieron a Muhammad ?

Esta pregunta es contestada de modo muy convincente por Michel Válsan en un artículo sumamente interesante, que inicia con una mención de la primera visita que el doctor Carret hizo al Shayj en 1920. Cita un párrafo del relato del doctor que termina con estas palabras:

«Se me ocurrió que éste debió de ser el aspecto de Cristo cuando recibía a sus discípulos en la época en que residía con Marta y María».

«Más adelante —prosigue M. Válsan— el doctor Carret reitera esta idea, diciendo, con referencia al Shayj, "ese rostro de Cristo". Muchos lectores no verán en ello... más que una referencia sumaria a una noción de santidad común en todo el mundo occidental... Tenemos razones para no pensar así, y muchas otras consideraciones pueden ayudar a explicar, al menos en cierta medida, la "semejanza" observada en el relato del doctor, la cual, en nuestra opinión, transmite algo más sutil que una mera apariencia física.»

M. Válsan se refiere luego a unos sucesos que tuvieron lugar en un momento particularmente crucial de la vida del Shayj. Los lectores recordarán que, a la muerte de su Maestro, anunció su intención de irse a vivir a Tripoli, y que, cuando los fuqarâ se vieron incapaces de decidirse a seguir a nadie más que a él como guía espiritual, la decisión final se aplazó para otra semana. Mientras tanto, los fuqará o miembros de sus famliias tuvieron muchas visiones, y todas señalaban claramente al Shayj al‑Alawi como sucesor del Shayj al‑Bûzîdî. Seis de ellas se refieren en el capítulo III. M. Válsan llama la atención hacia otras cuatro que son en verdad, como él dice, altamente significativas (10). La primera la narró el jefe de la zâwiya Alawi de Ya’âfira:

«Uno de los fuqará nos dijo que había tenido una visión de la luna partida en dos (11). Luego de ella descendió una tabla suspendida de cadenas, que fue acercándose a la tierra hasta que estuvo muy próxima a nosotros, y en ella pudimos ver al Maestro al‑Alawí —¡que Al-lâh esté satisfecho de él!— y a su lado a Sayyidnâ Isâ nuestro Señor Jesús —¡la Paz sea con él!—. Luego se levantó un pregonero y gritó: "Quienquiera que desee ver a Jesús—¡la Paz sea con él!— con el supremo Maestro, los dos están aquí, descendidos del Cielo; que venga, pues, a toda prisa". Luego la tierra temblé y se sacudió, y también a todos los que estaban sobre ella, —y toda la gente se juntó y pidió subir a la tabla junto al Maestro, pero él dijo: «Permaneced donde estáis, volveremos con vosotros» (12).

Podemos comparar esta visión con la siguiente, narrada por el Shayj Hasan ibn Abd al‑Aziz al‑Tilimsânî:

«Tuve una visión en la que me hallaba en el valle de la ciudad de Tremecén, el cual estaba lleno de una gran muchedumbre que esperaba el descenso del Cielo de Jesús —¡la Paz sea con él!—, y luego descendió, en efecto, un hombre, y la gente decía: "Éste es Jesús"; cuando pude ver su rostro vi que era el Shayj Sidi Ahmad Bin Alîwa —¡que Al-lâh esté satisfecho de él!» (13).

Otra visión comparable fue referida por el ya citado bisnieto (14) del fundador (15) de la Tariqa Darqâwî :

«Vi un grupo de personas que nos informaron del descenso de Jesús —¡la Paz sea con él!— y que dijeron que ya había descendido y que tenía en la mano una espada de madera con la que golpeaba las piedras y éstas se convertían en hombres, y golpeaba los animales y también se convertían en seres humanos. Pero yo era consciente (en mi visión) de que conocía al hombre que había descendido del Ciclo, que me había escrito cartas y yo a él. Me preparé para ir a su encuentro, y cuándo llegué a él vi que era el Shayj Sidi Ahmad al‑Alawi —pero con el aspecto de un médico qué atendía a los enfermos, y con él estaban más de sesenta hombres para ayudarle—, ¡que Al-lâh esté satisfecho de él!» (16).

Y, por último, he aquí la visión de Sidi Ahmad ibn Hâyyi al- Tilimsânî:

«Mientras me hallaba absorbido en la invocación del Nombre Supremo vi cómo las letras de Majestad` llenaban el universo entero, y de ellas surgió la persona del Profeta en una forma luminosa —¡que Al-lâh le colme de Gloria y le dé la Paz!—. Luego las letras se manifestaron en otra forma, y vi en ellas el rostro del Shayj Sidi Ahmad Bin Alîwa, y en él estaba escrito Mustafa Ahmad Bin Alîwa. Luego oí una voz que decía: «¡Testigos! ¡Observadores!» A continuación las letras se manifestaron una tercera vez en la imagen del Shayj, que llevaba una corona en su cabeza, y mientras mirábamos, un pájaro se posó sobre su cabeza y me habló, diciendo: "Mira, ésta es la estación (maqâm) (18) de Jesús —¡la Paz sea con él!—".» (19).

Notas:
(1) Frithjof Schuon, Dimensions of Islam, p. 70 (Allen & Unwin, 1969).
(2) Véase p. 149,n. 26.
(3) Excepto en circunstancias anormales, como en algunas de las citas que vienen a continuación, en las que se nombra a Jesús , en las visiones, sin las palabras «nuestro señor».
(4) Una consecuencia inmediata de esto es que, cuando un judío entra en el Islam, se le exige que testifique no sólo que Muhammad es el Enviado de Al-lâh, sino también que Jesús es el Enviado de Al-lâh. De las iniquidades de los judíos mencionadas en el Corán, una de las mayores es que profirieron contra María una calumnia tremenda (Corán, IV, 156).
(5) Corán, II, 285.
(6) Como Sello (y después recapitulación) de las Religiones.
(7) También comparó a Abú Bakr con Abraham, y a ‘Umar con Sâlih, el Profeta enviado al pueblo de Tamûd, no mencionado en la Biblia.
(8) «Notes on the Shaikh al‑Alawi» en Studies in Comparative Religion, Verano, 1971 (Perennial Books, Londres). De lectura obligada para toda persona interesada en las cuestiones planteadas en este capítulo.
(9) Pp.64‑65.
(10) Por mi parte, ya las había leído, aunque confieso que su interés especial se me habla escapado; ahora las he traducido del árabe.
(11) Signo del fin del mundo y, por tanto, de la segunda venida de Cristo, que es tan esperada en el Islam como en el Cristianismo.
(12) Rawda, p.138.
(13) Ibid, p. 135.
(14) Véanse pp. 83‑84.
(15) Recientemente se han publicado selecciones de sus cartas en una traducción inglesa: Letters of a Sufi Master, the Shaikh al-Arabî ad‑Darqâwî (Perennial Books, Londres 1969) trad. esp.: Cartas de un maestro sufi, en la editorial Olañeta .
(17) Es decir, las letras del Nombre Al-lâh.
(18) Véase más arriba capítulo IV. Señalaremos de paso que la Tariqa Isawî no recibe este nombre directamente de Jesús, sino que lo lleva simplemente porque ése era el nombre de familia de su fundador. Esta orden particular no tiene nada de específicamente crístico. Pero, para volver a lo que está directamente relacionado con Cristo, M. Válsan menciona otro gran santo del Islam como perteneciente también, de manera indiscutible, al tipo de Jesús, a saber, Hallâj; sin duda, es en parte debido a esta afinidad por lo que Hallâj cobra tanta importancia en el horizonte de muchos cristianos.
(19) Rawa, p. 145

Anuncios



Escribir comentario

Debes iniciar sesión para escribir comentarios.

Si no estás registrado puedes registrarte en un minuto.

  • Esta es la opinión de los internautas, no de Webislam
  • No están permitidos comentarios discriminatorios, injuriantes o contrarios a la ley
  • Céntrate en el tema, escribe correctamente y no escribas todo en mayúsculas
  • Eliminaremos los comentarios fuera de tema, inapropiados o ilegibles

play
play
play
play
Colabora


 

Junta Islámica - Avda. Trassierra, 52 - 14011 - Córdoba - España - Teléfono: (+34) 957 634 071

 

Junta Islámica
https://www.webislam.co/articulos/26351-una_afinidad_espiritual.html