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Los posibles orígenes de la Mezquita Mayor de Córdoba

18/06/2002 - Autor: Fernando Sánchez Mármol *
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Mezquita Aljama de Córdoba
Mezquita Aljama de Córdoba

Hemos hablado de cierta pobreza y tosquedad en lo que se ha llamado arte visigótico; y no podía ser de otra forma, ya que los visigodos no tuvieron tiempo de echar raíces profundas en nuestro suelo y tampoco las circunstancias históricas les podían ser propicias para un desarrollo artístico. En este llamado arte visigótico se reconocen tradiciones romanas con más o menos éxito, y las aportaciones esporádicas que podían surgir del foco de Bizancio y del contacto con los bizantinos cuando éstos estuvieron en parte de la península.

Pero he aquí, que siguiendo los relatos, que imperan en gran parte de nuestra historiología oficial, se ve surgir como por arte de la forma imprevisible en Córdoba, en la mitad del siglo VIII, un espectáculo tan alucinante como maravilloso, de vistas insospechadas, algo que no concuerda con el recuerdo de nuestras lecturas, con esas ideas ya formadas que tenemos sobre la evolución de las formas, del arte, de la historia. Un edificio deslumbrante y excepcional, la Mezquita Mayor de Córdoba, a la que todos coinciden en considerar, hasta los que se aferran a esos conceptos inamovibles de la evolución histórica, como el fecundo arranque de ese arte de al‑Andalus o andalusí o, como otros gustan en llamar, hispanomusulmán.

Todos reconocen también, siquiera para rendir un tributo a algo que no deja de impresionar y fascinar a tirios y troyanos, a ortodoxos y heterodoxos, que la influencia y la admiración de sus formas ha llegado hasta lejanos lugares de Oriente y Occidente. Y es que en la Mezquita se da una curiosa mezcla de sencillez y majestuosidad, de diminuto y universal. De ella irradia una constante fuerza que la ha hecho mantenerse erguida, a veces desafiante, a veces seductora, contra las irracionalidades, sacrilegios artísticos, esquematismos o inconsecuencias que se dieron en algunas épocas.

¿De dónde puede arrancar este deslumbrante espectáculo? ¿Cuál puede ser el origen de este prodigioso santuario que aún se mantiene erguido como una realidad persistente, como un testimonio espléndido?

Las fáciles respuestas que siempre se han dado para los "menos eruditos" tienen tanta relación con la ignorancia como con la inconsecuencia: "la invasión de los árabes trajo de un lejano Oriente ese suntuoso arte que construyó esa Mezquita". Sólo la incomprensión de los acontecimientos ocurridos en los siglo V, VI, VII y parte VIII lleva a varios autores a dar estas tajantes afirmaciones, o a explicarse esta aparición como algo traído en los equipajes de esos viajeros de Oriente. Algo que surge como por arte de magia. Así el problema queda fácilmente resuelto.

Pero cuando empiezan a aparecer datos constatados de que esta Mezquita sirvió de modelo y referencia a gran parte de las mezquitas orientales, e incluso, a iglesias cristianas anteriores al siglo VIII, como San Vitale de Ravena, que manifiesta un claro parentesco con lo que podría ser los inicios de esta Mezquita, los eruditos divagan sobre hipótesis inexplicables.

Es bien sabido que una de las mezquitas que varios autores ponen como precedente de la de Córdoba, la de Kairwan, metropolitana de África occidental hecha en el año 675, no alcanzó su expresión más terminada y esplendor definitivo hasta bien entrado el siglo IX, cuando sus arquitectos tuvieron que inspirarse en la de Córdoba, y sin lograr alcanzar, no ya la magia y sublimación de su conjunto, sino el perfecto acabado de sus formas y arquitectura.

Varios autores, como Lambert, datan la Mezquita primitiva levantada en el año 785‑786, (es decir ¡en un año!) por Abd al‑Rahman I. Afirmación incongruente si se tiene en cuenta que Abd al‑Rahman II tardó más de 15 años en las ampliaciones que hizo a ésta Mezquita, a pesar de la fama de gran constructor que tenía, de que contaba con muchos más medios que su antecesor, y que sólo se trataba de ampliar esa Mezquita en una superficie más reducida.

Esta afirmación, recogida por gran parte de los "especialistas", nos remite al problema planteado: ¿es posible que de la noche a la mañana surja esta Mezquita sin nada que pueda explicar sus conexiones con el pasado, su desarrollo y evolución? La respuesta a este problema se repite en toda una abundante bibliografía que trata el tema: "en su origen, el ser de la gran Mezquita cordobesa fue muy precario". El problema se resuelve así, sin tratar de buscar antecedentes, o con "el milagro de Córdoba". Pero estas cosas no se explican con milagros, aunque tampoco las tenemos todas a favor para poder determinar con precisión el arranque y proceso de esta expresión que supera lo más evolucionado y acabado de cualquier estilo artístico.

Todas las referencias y datos históricos coinciden en que en el actual emplazamiento de la primitiva Mezquita se encontraba la Basílica de San Vicente (San Binyant). ¿En qué medida esta Basílica sirvió de base para la primitiva Mezquita? Todo son dudas y contradicciones a través de los datos que nos aportan las fuentes musulmanas, únicas en hablar de la basílica, y más de dos siglos después de que este hecho pudiera ser así.

En el siglo X aparece en el Ajbar Maymua la primera referencia a esta basílica al relatar las incidencias de la guerra civil sostenida por Abu‑I‑Jattar al‑Husamr ibn Dirar al Kalbi y Yehya ibn Hurayt al‑Yudami, cabecillas de los yamaníes, contra Yusuf in abd al Rahman al-Fihri y al‑Sumay ibn Hatim, cabecillas de los muraríes: "Fueron cautivados —dice el texto— muchos de ellos; luego, al‑Sumayl se hizo cargo de los prisioneros y los juzgó en una iglesia que estaba en el interior de la medina de Córdoba y es hoy emplazamiento de su Mezquita aljama, y degolló a unos setenta". Un aspecto importante que añade este texto es la cuestión cronológica: "Tuvo lugar antes del año 131 (748‑749)".

La conclusión más importante es que en esta fecha, la citada basílica no podía estar en manos de los cristianos, ni dedicada al culto musulmán, ya que si esto fuera así, resultaría inadmisible que en el interior de este edificio se hubiera llevado a efecto la matanza.

Posteriormente aparece otro texto recogido por Ibn ‘Idari: "Ya en el año 170 (786), el primer emir Abd al‑Rahman ordenó poner los cimientos a la Mezquita aljama en la corte de Córdoba; era una iglesia, y gastó en ella cien mil monedas de buen peso".

Al‑Maqqari extiende, algo después, esta referencia: "Y dijo cierto historiador que Abd al‑Rahman al‑Dajil, cuando se afianzó su poder, (se refiere al 170, o sea 786) reedificó en Córdoba el Alcázar; construyó la Mezquita gastando en ella ochenta mil dinares ... y compró su emplazamiento cuando en él existía tina iglesia por cien mil dinares...".

Las contradicciones de estos textos son algo evidentes, ya que si la construcción de la Mezquita esta fechada en el 785‑786, resulta algo inverosímil el que en un año se pueda demoler un templo, quitar los escombros y construir algo tan acabado y sólido como la Mezquita.

¿No sería más probable que la existencia de esta grandiosa creación, pudiera impresionar a cristianos o musulmanes para convertirlo en mezquita, basílica o iglesia... ?

Tratando de buscar una solución, hay quien se aferra a la aparición de referencias históricas (que no dejan de ser contradictorias) sobre el posible reparto de la basílica entre árabes y cristianos. Las referencias a este reparto se recogen en la crónica de Ibn Idari cuando trata sobre las obras efectuadas por Abd al‑Rahman III en este edificio. Dice así:

"Cuenta Al‑Razil que el Alfaquí Muhammad lbn ‘Isa dijo:

"Cuando los musulmanes conquistaron al‑Andalus, guiáronse por lo que hicieron Abu Ubayda y Jalid, con el beneplácito del Príncipe de los Creyentes Umar ibn Al‑Jattab, cuando expropiaron a los cristianos, rendidos por capitulación, la mitad de toda iglesia que poseían como por ejemplo la iglesia de Damasco y otras. Del mismo modo los musulmanes expropiaron a los mozárabes la mitad de la iglesia mayor, en el interior de Córdoba, y edificaron en aquella mitad una Mezquita aljama, quedando la otra mitad en poder de los cristianos, a los que les fueron demolidas las restantes iglesias...

"Mas cuando se acrecentó el número de musulmanes en al‑Andalus y floreció Córdoba, ... aquella Mezquita resultó insuficiente y hubieron de colgarle tribunas, sufriendo las gentes, a causa de la angostura, gran molestia. Cuando Abd al‑Rahman ibn Muawiya entró en al‑Andalus y habitó en Córdoba se interesó por el asunto de la aljama, cuidando de ensancharla y de perfeccionar su construcción...".

El autor de este texto pone como ejemplo de este reparto al que se había adoptado en la iglesia de Damasco, pero es muy poco verosímil que ésta fuera dividida. Quizás el autor, como señala Ocafia Jiménez, tuviera la intención de divulgar, tal vez con fines meramente políticos, la tolerancia de los musulmanes y resaltar una recta y equitativa conducta. Pero, por otro lado, ¿cómo puede imaginarse, según refiere esta crónica, que unos cristianos conquistados por un "enemigo extranjero" (sic) estuvieran dispuestos a oír misa en un edificio en que pared por me dio podían oír los loores a Muhammad y viceversa? Como dice Olagüe, "¿Puede imaginarse una torre en donde se mezclan las llamadas de las campanas con las voces de los almuedanos?" Dozy opina que esto pertenece al ramillete de anécdotas difundidas en al‑Andalus en el siglo IX cuyo origen es egipcio.

También parece inexplicable (siguiendo los textos) el que se hubiesen requerido tantos años —75 años— (desde el 711, cuando se sitúa la conquista musulmana de Córdoba, hasta el 786, fecha en que data la construcción de esta primitiva Mezquita), para que la Basílica de San Vicente hubiera sido transformada en mezquita. Este hecho es contrario a una cierta lógica de historia y acontecimiento; parece más natural que la basílica se hubiera convertido en mezquita desde los primeros días del triunfo de los musulmanes. Así lo hicieron, en sentido contrario, los cristianos en 1236. Cuando Fernando III conquistó Córdoba, no esperó nada de tiempo para establecer en este templo una auténtica verbena de pequeños altares.

Si nos paramos a reflexionar sobre la relación que puede existir entre este edificio con una mezquita o iglesia cristiana, aumenta la incertidumbre. Para que los musulmanes pudieran dirigir su plegarias en común y sus repetidas postraciones necesitaban de un lugar abierto que permitiera la colocación de los musulmanes en largas filas, formando un frente, de tal suerte que pudieran seguir los gestos del imán, situado ante todos ellos de cara al mihrab.

Igualmente en el caso trinitario se impuso una concepción arquitectónica que permitía a los fieles observar y seguir los movimientos y oraciones del oficiante. En ambos casos se resalta el papel del oficiante o del que dirige la oración y la relación de éstos con los fieles de uno u otro signo.

Pero he aquí que adentrándonos en la Mezquita, no existe ningún punto de referencia de estas características. Los fieles perdidos en ese bosque de columnas con infinitos puntos de referencias, con multitud de perspectivas y con la propia sensualidad que inspira esta construcción, no podían, ni seguir los gestos del imán o dote, ni comulgar espiritualmente con éstos, quedando todos perdidos y ocultos en ese desbordante juego de columnas.

Concluyendo, es evidente que a pesar de que varios textos (elaborados dos siglos después de los hechos que narran), coincidan en que Abd al‑Rahman I ordenó el comienzo de los trabajos en el 785 y acabaran en el 786, resulta imposible desde el punto de vista arquitectónico. Es posible que los cronistas hayan malentendido los datos que poseían sobre la historia de la Mezquita. Para cualquiera no se escapa que hubiera sido necesario varios años para ser alzada la planta hipóstila. Era un trabajo minucioso, una auténtica obra de orfebrería. El trabajo se enrevesa al establecer el dovelaje de los arcos; la alternativa de la piedra blanca con el rojo ladrillo requiere una atención minuciosa, una auténtica habilidad formada en el curso de muchos siglos.

En varios apartados de esta historia hemos hecho referencia a la evolución de ideas y conceptos en Andalucía, crisol durante siglos de culturas, pueblos e influencias. Su propia disposición geográfica y la atracción que ejerce el rico y variado contraste de su naturaleza contribuyen a esto. Es lógico que en Andalucía se hubiese conformado, a través de su larga y fecunda historia, una rica y refinada concepción del arte y la cultura.

Es más coherente que, para poder aproximarnos a una explicación de este fenómeno, indaguemos en las posibles hipótesis de evolución y desarrollo de los acontecimientos de tipo político, económico, social, ideológicos y artísticos, en que Andalucía se vio envuelta en los llamados "oscuros siglos" (V,VI,VII y parte del VIII). Es cierto que las referencias escritas, a parte de escasas, se manifiestan casi siempre contradictorias, llegando muchas veces a dar la impresión de favorecer más que a hechos objetivos, a justificaciones o explicaciones propagandísticas con intención de salvar baches de debilidad ideológica y cultural. Pero también es cierto que la aparición de este "templo", sigue siendo un testimonio erguido y vivo, que no puede aparecer por arte de magia, ni de la noche a la mañana, sino que necesitó del concurso de muchos años, yo diría siglos, para que aquí se dieran cita las expresiones de imaginación más ricas y refinadas de toda la antigua cultura mediterránea, para que su acabada composición arquitectónica fuera capaz de desafiar durante muchos siglos a las inclemencias de la naturaleza; y en definitiva para que tan original belleza e impresionante conjunto se convirtieran en los más fervientes defensores que tuvo este monumento contra los numerosos peligros e irracionalidades históricas que lo amenazaron en el transcurso de varios siglos.

Estas conjeturas no quieren decir que el culto musulmán o trinitario no se haya realizado en este templo, tanto en fechas anteriores como posteriores. El problema está en saber qué culto, inspiración o mandato animó al arquitecto para la realización de esta obra, ya que si el templo primitivo no fue construido ni para el culto cristiano ni para el musulmán, tendría que haber sido construido a requerimiento de un movimiento tan, poderoso o una corriente de opinión tan implantada que le permitiera contar con los medios suficientes para realizar una obra de tan grandes dimensiones.

Se sabe que el culto arriano (o cristiano unitario) estuvo muy extendido en Andalucía (de aquí la gran proliferación de concilios reafirmando el trinitarismo), y hasta fechas muy tardías como lo demuestra una antífona fechada en Málaga en el siglo IX, que se cantaba en las ceremonias religiosas unitarias. Dice así: "¡Oh cuan grande e inaudito milagro! La virtud del cielo nos observa: cerró el útero de la virgen, siendo capaz la majestad divina de encerrarse en el aposento del corazón, tras haber cerrado las puertas".

Este texto atribuido al obispo Hostegesis de Málaga, afirma, contra el dogma trinitario, que Cristo había sido concebido en el corazón y no en el útero de la virgen. Si hasta fecha tan tardía, existía este culto unitario, ¿qué sería en los siglos anteriores? Evidentemente, esta referencia no nos da pie para desvelar el origen de la Mezquita, o para afirmar tajantemente que su construcción obedecía al culto arriano, entre otras cosas porque no sabemos nada sobre esta liturgia ni lo que diferenciaba una iglesia arriana de otra trinitaria; pero sí nos permite afirmar que el proceso de las ideas no se configuró en bloques monolíticos, como nos lo presenta, en muchas ocasiones la historia ortodoxa, sino bajo formas más sinuosas e imprecisas que progresivamente se iban decantando, y que, lógico pensar, la mayor implantación del unitarismo en Andalucía, dada su mayor conexión con África y Oriente, dieran como consecuencia la evolución hacia el sincretismo musulmán. En este largo y lento proceso es donde podemos situar el ser y origen de la Mezquita.

Basándose en precisiones como éstas y en algunas más, Olagüe llega a la conclusión de que este templo había sido construido en los siglos V o VI, en tiempos de Leovigildo, cuando los bizantinos dominaban gran parte de Andalucía, quedando patente en este movimiento su influencia artística. Posteriormente con la abjuración de Recaredo se convierte el templo en iglesia cristiana consagrada a San Vicente, para después consagrarse al islamismo a la victoria de éstos.

Es con Abd al‑Rahman II, en el siglo IX, cuando se expande de forma clara una política pro‑islámica, y se transforma el templo en mezquita, pero añadiendo una parte más y el elemento imprescindible de ella: el mihrab. Las obras que emprendió en el 844 fueron de tal importancia que no se habían acabado con mi muerte, ocurrida en el 852. Es, sin lugar a dudas, en el siglo IX, y no en el VIII, cuando el templo se transforma en mezquita.

* Andalucía monumental, de la Mezquita al mudéjar. Biblioteca andaluza de cultura, 1985
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