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Jutba del maqam de Nuh 2

07/06/2002 - Autor: Hashim Cabrera - Fuente: Webislam
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Diluvio
Diluvio

Navegamos en la barca de Nuh sobre el mar de la prueba y de la purificación de nuestros nafs, conducidos por el profeta que nos trae la primera revelación. Nuh, la paz sea con él, ha sido enviado para transmitir la ciencia del Tawhid y constituir la primera comunidad de seres sometidos, conscientes de que sólo existe una Realidad Única que nos trasciende y constituye.

El vínculo que cohesiona a esa comunidad no son los lazos de sangre y parentesco o las servidumbres existenciales de unos seres humanos hacia otros, sino el imán de cada uno de los viajeros. El sólo hecho de la existencia del imán en nosotros es ya una respuesta cierta, un destino bendecido por Allah. Es la respuesta en forma de ámana y de áman, de préstamo de conciencia y protección.

Esa conciencia que surge en nosotros es un préstamo y no una cesión porque todo en este mundo es transitorio y no podemos poseer nada. Sólo somos usufructuarios. Nada podemos llevarnos de aquí porque en el lugar hacia donde nos dirigimos en la barca de Nuh no conoceremos necesidad de nada, insha Allah, sino que la Realidad nos será entregada ya sin condición ni prueba. Allí no necesitaremos del imán porque degustaremos la Presencia. Masha Allah.

Allah nos aclara en el Qur’an el vínculo real, el tawhid que traba a quienes pertenecen a Su comunidad esencial, a su Ummah. En el Sura de Hud, cuando Nuh está llamando a las gentes al islam, encontramos los siguientes ayats:

"En ese momento Nuh llamó a un hijo suyo, que se había mantenido apartado de los otros: ‘¡Oh hijo mío! ¡Sube con nosotros, y no te quedes con los que niegan la verdad!’

Pero el hijo respondió: ‘Me refugiaré en una montaña que me proteja de las aguas.’

Nuh dijo: ‘¡Hoy no hay protección para nadie del decreto de Allah, salvo para aquellos que hayan merecido Su misericordia!’

Y una ola se interpuso entre ellos, y el hijo fue de los que se ahogaron."

(Sura 11, Hud, ayats 42, 43)

Nuh sólo puede transmitir el mensaje. Es un ser humano, una criatura que no tiene poder para cambiar el curso del decreto divino. Su hijo, apartado de los demás, cree que la montaña lo salvará. Está prisionero del shirk y su corazón cerrado al mensaje. Es uno de los que niegan la verdad, un káfir, y Nuh, la paz sea con él, nada puede hacer para convencerle. Una ola se interpone entre ambos y el hijo se ahoga.

La ola que se interpone entre ambos es una barrera de incomprensión, un muro de inconsciencia. ¿Cómo es posible que el hijo no se dé cuenta de lo que está ocurriendo, mientras se alzan unas olas amenazantes?

Esa inconsciencia y esa incomprensión van a ser deshechas de un solo golpe de agua. El káfir se ahoga irremediablemente porque la barca de Nuh sólo alberga a los creyentes, a los confiados, a aquellos cuyos corazones han sido abiertos a la revelación.

La purificación de la comunidad humana es una purificación de su sangre, que es el vínculo elemental. Allah nos enseña que el vínculo de la comunidad luminosa trasciende la sangre, y así la purifica. Lo importante no es ser padres, madres, hijos, hermanas, esposas, sino mu’minún, musulmanes cuyos corazones han sido purificados por Allah para recibir el mensaje de la Realidad. Sólo así, con esa prioridad existencial podremos ser esposos, hermanos, padres e hijos reales.

Allah señala la condición de aquellos que forman parte de su Ummah. A esta comunidad no pertenecen quienes niegan la Realidad y asumen actitudes y conductas inmorales, extraviadas. La inmoralidad es, básicamente, un rechazo de la capacidad de discriminar nuestros actos, una incapacidad para asumir la responsabilidad, puesto que rechazamos el sentido que nos propone la Realidad en forma de compromiso vital y existencial.

Pero Allah sí establece una discriminación: señala el islam y el kufr y la diferencia que hay entre ambas actitudes, y una vez que la comunidad ha sido purificada, cuando todos los seres sordos y ciegos a la Realidad han perecido, Allah ordena la calma, la meditación y Nuh le invoca:

"Y se dijo: ‘¡Oh tierra, traga tus aguas!’ Y, ‘¡Oh cielo, detén tu lluvia!’ Y las aguas se hundieron en la tierra y se hizo la voluntad de Allah, y el arca se posó sobre el monte Yudi. Y se dijo: ‘¡Fuera con esa gente malvada!’

Y Nuh invocó a su Sustentador, y dijo: ‘¡Oh Sustentador mío! ¡En verdad, mi hijo era parte de mi familia; y, en verdad, Tu promesa se cumple siempre, y Tú eres el más justo de los jueces!’

Allah respondió: ‘¡Oh Nuh, ciertamente, él no era de tu familia, pues era, en verdad, de conducta inmoral. Y no deberás pedirme algo de lo que no tienes conocimiento: En verdad, te prevengo para que no seas de los que ignoran qué es lo correcto.’

Nuh dijo: ‘¡Oh Sustentador mío! ¡En verdad, busco refugio en Ti de pedirte nunca más algo de lo que no tenga conocimiento! ¡Y si no me otorgas Tu perdón y me concedes Tu misericordia, seré uno de los perdidos!’."

(Sura 11, Hud, ayats 44-47)

La purificación se ha producido ya. La tierra absorbe el agua desbordada. Los que han perecido son ahora abono para una tierra regada. Nuestra piel se hidrata y alcanzamos un estado de equilibrio. El veneno desaparece de nuestro cuerpo, disuelto entre las aguas. El kufr es desenmascarado.

Así supera Nuh la prueba de la purificación de su sangre. Aceptando el decreto y haciendo tauba, volviéndose con claridad hacia la Realidad, hacia Allah.

Nuh, la paz sea con él, comprende que Allah es su Sustentador, que todo depende de Él y que sólo por Su Rahma podrá salvarse de la disolución. Sabe ya que la conciencia y la disposición del corazón humano dependen sólo de Allah. Él agracia a quien Quiere con Su luz y hunde a quien Quiere en las aguas. Una vez establecido este comienzo del islám, de la sumisión a la Realidad Única, en contraposición al kufr, a la negación de la Realidad, Allah se dirige a Nuh y le habla:

"Entonces se dijo: ‘¡Oh Nuh! Desciende con Nuestra paz, y con Nuestras bendiciones sobre ti y sobre las gentes que te acompañan, y los justos que surgirán de ti y de quienes están contigo. Pero a la gente malvada que ha de surgir de vosotros, les dejaremos disfrutar de sus vidas por un breve tiempo, y luego les sobrevendrá un castigo doloroso procedente de Nosotros.’"

(Sura 11. Hud, aya 48)

Allah ordena a Nuh, la paz sea con él, descender a una tierra ya purificada. Este descenso al mundo tras recibir la revelación va acompañado del salam, de la energía pacificadora que produce el sometimiento consciente y voluntario a Allah. El islam produce el salam. La conciencia de la Realidad tranquiliza el corazón humano. Allah bendice a quienes se Le someten y rechaza a quienes desmienten Sus signos.

En estos ayats, además, Allah nos señala el carácter permanente de la purificación en esta vida, la naturaleza constante y recurrente de la prueba. La revelación de Nuh viene a discriminar y a purificar a la primera comunidad humana, a los banu Adam, que se habían extraviado en el occidente de las sombras, en las sombras del mundo. Pero esa comunidad purificada sigue siendo la de los banu Adam porque los seres humanos no podemos renegar de nuestro origen, de la naturaleza y condición con que Allah nos crea en el mundo.

Así, los descendientes de Nuh, la paz sea con él, que somos toda la humanidad, no estamos libres de responsabilidad sino que, por el contrario, ésta es ahora clara y determinante. Hemos recibido el mensaje y hemos conocido la prueba y sus resultados. Allah nos señala la diferencia entre el islam y el kufr y, una vez comprendida esta, nuestra decisión es vinculante. O bien nos vinculamos a los navegantes luminosos de Nuh y de su silsila o, por el contrario, rechazamos la invitación y, negando la Realidad, nos sumimos sin remedio en las olas de lo aparente.

Por esa conciencia que tenemos del poder de Allah es por lo que Le pedimos que sea Misericordioso con nosotros, porque seguimos siendo banu Adam, porque mientras estemos en esta vida sólo somos peregrinos en pos de la Realidad.

Oh Señor nuestro: Conforta nuestros corazones con Tu presencia, con Tu Rahma, con Tu báraka y dános la fuerza para vivir conscientemente en este mundo Tuyo.

Amin.

2.

No debemos olvidar que conocemos la revelación de Nuh, la paz sea con él, gracias al Qur’an, y que es en el Qur’an donde encontramos los signos que nos permiten movernos entre las energías del mundo, entre las olas inmensas e incontrolables de la Creación. Es Muhámmad, la paz y las bendiciones sean con él, quien nos transmite la historia de nuestro despertar a la Realidad, los signos que hacen posible nuestro conocimiento. Por eso Allah le dice:

"Estas son reseñas de algo que estaba fuera del alcance de tu percepción y que ahora te revelamos, Oh Muhámmad: pues ni tú ni tu pueblo lo conocíais a fondo antes. Sé, pues, como Nuh, paciente en la adversidad, pues, ¡ciertamente, el futuro es de los conscientes de Dios!"

(Sura 11. Hud, aya 49)

La experiencia que Allah nos hace vivir en este maqam es la del sabr, la paciencia ante la adversidad y la de la conciencia de la Realidad, la taqwa. Sabr y taqua son la mejor provisión para nuestro viaje. Un mu’min no puede ser impaciente ni inconsciente de Allah durante la prueba existencial. Precisamente su condición es la vigilia, el estado despierto, la conciencia de lo Real. Nuh no se tapa los oidos ni cierra sus ojos ante aquello que la Realidad le muestra. Abre sus sentidos y su corazón a Allah y solamente espera Su respuesta. Otea el horizonte hasta que Allah le regala con la visión de Su estrella resplandeciente. El mu’min es, como el enamorado, una criatura que espera la Presencia del ser amado, un ser a quien la adversidad no vence.

Todos los profetas de la primera humanidad viven en este maqam. Además de Nuh, Saleh, Shuayb, Lut, Iunus e Idris, la paz sea con ellos, tienen como misión transmitir a los seres humanos el mensaje del tawhid y advertirles de las consecuencias del tadbir, de la libre elección. Casi todos ellos expresan la purificación de la comunidad humana mediante una purificación de su sangre. La mujer de Lut perece en la prueba. Iunús casi perece él mismo en medio de la angustia. Sólo sobreviven aquellos que aceptan el mensaje y se someten a la Realidad.

Todos estos viajeros de la realidad y sus seguidores están realizando el Hayy al aswad, el itinerario luminoso hacia la Kaaba de luz que aparecerá en la visión de Ibrahim, la paz sea con él. Por eso, el maqam de Nuh es, en cierto sentido, el despertar de nuestra conciencia humana en su peregrinación hacia la Realidad, de nuestra condición de muhrims que queremos cumplir con aquello que nuestros corazones sienten como verdadero, aceptando las pruebas que el itinerario divino nos propone.

De Nuh, la paz sea con él, parten todas los pueblos y culturas. Él es el tronco común de todas las comunidades humanas, qutb de la primera humanidad.

El Nuh de nuestro ser es el dominio de nuestra pasión, el control de nuestro deseo, la templanza de nuestros vientres.

Un maqam es un estado establecido y permanente, en tanto que un estado transitorio se denomina hal, pero también los maqamat tienen decretado su tiempo y su plazo. Son las estaciones de parada y de comprensión, la conciencia de las lataif que vibran en nosotros como una perfecta sinfonía.

Nos dirigimos desde el centro sutil de nuestra vitalidad esencial, latifa nafsiya hacia el centro sutil de nuestra comprensión, latifa qalbiyya, para circunvalar la Kaaba luminosa, para establecernos en el maqam de la adoración consciente, de la ibada. La energía luminosa va ascendiendo desde el vientre hasta el corazón, y allí se hace consciente de sí misma.

Con la purificación de nuestros nafs se hace posible la experiencia trascendental, la experiencia de la Realidad.

El maqam de Nuh es el gusl que hacemos al comenzar nuestro Hayy, una purificación necesaria. Luego nos vestimos con dos piezas de tela, el izar y el rida’, un delantal y un manto. Con una nos cubrimos el vientre y con la otra el pecho. Sabr y taqwa son esas dos piezas de tela que debemos llevar en nuestro viaje.

El delantal de la paciencia y de la templanza nos protege de la pasión y del caos. La conciencia de Allah es el manto que nos mantiene durante la vigilia.

Oh Señor nuestro: manténnos conscientes de Ti y danos paciencia durante nuestra peregrinación por el occidente de las sombras.

Haznos peregrinos de luz hacia la Realidad.

Amin.

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