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Jutba del maqam de Nuh 1

27/05/2002 - Autor: Hashim Cabrera - Fuente: Webislam
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Ararat
Ararat

El maqam de Nuh, la paz sea con él, es el comienzo de la travesía espiritual, del viaje interior. Es la purificación que necesita nuestro cuerpo para llegar a ser un cuerpo luminoso. En este maqam se establece nuestra tajara, el gusl más profundo y generalizado. Esta purificación es la prueba que nos aquilata, que nos prepara, dándonos la fuerza y el conocimiento necesarios para poder vivir la revelación dentro de nosotros, en nuestro propio ser y poder así desarrollarnos como criaturas conscientes y luminosas.

Allah nos va dando forma dentro del vientre de nuestras madres. Evolucionamos dentro de la placenta, flotando en un agua acogedora, protectora y nutritiva. Así nos prepara nuestro Sustentador para recibir la luz del mundo al que habremos de nacer. En ese maqam, dentro de nuestras madres, experimentamos otra luz, una luz que se tiñe con el azul del agua, una luz tamizada por la piel humana.

Según Semnani, en nuestro cuerpo luminoso, la latifa relacionada con este maqam se denomina latifa nafsiya, y es el órgano sutil que rige el alma orgánica y vital, el alma sensible, el centro donde brotan con fuerza los deseos y la pasión. En el Qur’an aparece denominado como nafs ammara, como el yo imperativo (Sura 12, aya 53) y de ese nafs ammara dice Allah, refiriéndose al ser humano, que "le incita sin duda al mal". Es el yo de los sentidos, el que cree que la realidad es sólo aquello que contemplan sus ojos y oyen sus oídos, y nada más que eso. Es la inconsciencia asociada a la entropía, es un nafs en bruto, sin pulir, una energía que se desborda en olas sin límite, que trata siempre de encontrar su expresión, de la forma que sea, un torrente energético.

Nuestra primera humanidad está atravesando su prueba de madurez, el maqam donde se decide la naturaleza de nuestro viaje. La medicina tradicional conoce muy bien el sentido purificador de este centro sutil. Para restablecer el cuerpo luminoso es preciso sacar el fuego del vientre mediante el agua fría sobre la piel, provocando una reacción térmica. La medicina de Nuh es la medicina de la salud porque trabaja sobre las causas del desorden, del desequilibrio, que es un exceso de fuego, de calor, en el interior de un ser humano que es fundamentalmente agua. Se trata de restablecer el equilibrio térmico, nivelar la balanza entre lo interno y lo externo mediante el agua.

Por eso esta prueba nos templa, pero hay que estar dispuestos a soportar el frío en nuestra piel durante su travesía.

Es precisamente ese nafs ammara, ese impulso que se desborda hacia el caos, hacia la entropía, lo que la revelación de Nuh trata de reconducir en nosotros, iniciando una travesía interior que nos irá transformando hasta que, en el mejor de los casos, quiéralo Allah, lleguemos a ser una nafs motma yanna, ese alma sosegada que nos regala el Quràn en la surat Al Fayr:

"¡Oh tú, alma sosegada! ¡Vuelve a tu Sustentador, complacida y digna de Su complacencia: entra, pues, con Mis verdaderos siervos, si, entra en Mi jardín!"

(Sura 89, ayat 27-30)

Para realizar el viaje a través de esa noche del caos, desde la oscuridad de los sentidos hasta la percepción luminosa del Fayr, del alba espiritual, es necesario comprender los profundos significados de la revelación de Nuh, la paz sea con él, comprender el sentido purificador de la servidumbre y del sometimiento conscientes a Allah.

El deseo es vida, y la vida es calor que se expande. Los seres humanos nos distraemos con los nombres y esa distracción acaba alterando nuestro propio sentir. Nuestros sentidos no se embriagan con las sustancias químicas sino que se intoxican de pensamientos, de imágenes, y así nuestra experiencia se degrada. Nos convertimos en una conciencia turbia que no dispone de la claridad suficiente para diferenciar entre aquello que estamos viendo y aquello que, sin control, imaginamos. Por eso nuestro calor deja de expandirse y se queda encerrado dentro, y nuestra piel se enfría. Sentimos una combustión encerrada en el vientre, una energía prisionera en un cuerpo de arcilla plástica y permeable.

La turbiedad es una resistencia al paso de la luz a través del agua. Son impurezas, son cenizas de la luz, pero también son organismos vivos porque el agua es la placenta de nuestra tierra. La vida surge y crece como una luz atravesando el agua, una luz blanca que deja ver bandas azules, de un azul luminoso líquido y ondulado.

La luz que atraviesa las aguas es la revelación que Allah hace a través de Sus mensajeros, la paz sea con ellos. En este caso de Nuh, que trae la revelación de nuestro nacimiento espiritual, de nuestra primera experiencia como sometidos y como creyentes, como muslimún y como mu’minún, al hamdulilah.

Adam fue el primer musulmán, cuando quiso someterse a Allah haciendo tauba. Nuh es el primer mumin porque es el primero que siente una recitación interior, una revelación cierta de Allah, una respuesta de la Realidad.

Nuh, la paz sea con él, advierte a su pueblo y le señala la vía de someterse a Allah, de adorarle, tratando de llevarlos hacia la luz, de enseñarles el tawhid, pero los dignatarios se niegan a reconocer la verdad y lo combaten como a todos los profetas después de él, con los mismos o parecidos argumentos: "este hombre no es sino un mortal como vosotros… si Allah hubiera querido transmitirnos un mensaje hubiera hecho milagros, etc. En la surat Al Mu’minún nos encontramos con Nuh recibiendo la revelación mientras está sintiendo el rechazo de su pueblo:

"Nuh dijo: ‘¡Oh Sustentador mío! ¡Vindícame frente a su acusación de que miento!’ Y entonces le inspiramos: ‘Construye, bajo Nuestra mirada y según Nuestra inspiración, el arca que ha de salvaros, a ti y a los que te siguen. Y cuando llegue Nuestro decreto, y las aguas broten a torrentes sobre la faz de la tierra, lleva a bordo de este arca a una pareja de cada clase de animal, de ambos sexos, así como a tu familia —excepto a aquellos contra los cuales ha sido dictada ya sentencia—; y no apeles a Mí más en favor de los que se empeñan en hacer el mal pues, ¡ciertamente, están destinados a morir ahogados!

Y tan pronto como tú y los que están contigo estéis instalados en el arca, di: ‘¡Toda alabanza pertenece a Allah, que nos ha salvado de esta gente malvada!’

Y di: ‘¡Oh Sustentador mío! ¡Hazme arribar a un destino bendecido por Ti pues Tú eres quien mejor muestra al hombre cómo llegar a su verdadero destino!’ Ciertamente, en esta historia hay en verdad mensajes para quienes reflexionan: pues, ciertamente, siempre estamos poniendo a prueba al ser humano."

(Surat al Mu’minún, ayat 26-30)

Ciertamente hay muchos mensajes en esta historia. Uno de ellos es la cruda expresión de una fractura en la humanidad. La división interior que forma parte de la creación del ser humano al serle confiados los nombres de las cosas, aparentemente deshecho el tawhid en la mirada del otro, puede ser reconducida mediante la conciencia de Allah, mediante el tawhid del islam y del imán hasta la luz del ihsán. La herida puede cerrarse, pero hemos de preservar la conciencia, cultivarla, porque la conciencia no puede imponerse sino que surge y crece en el corazón humano. Pero hay gentes que son refractarias a la Luz, que están cerradas a Su mensaje. Allah quiere purificar a la comunidad y amonesta a Nuh diciéndole que no pida por aquellos que se empeñan en negar la verdad y en hacer el mal. Sobre esos ya ha sido dictada sentencia, precisamente porque sus corazones han sido sellados.

Nuh pide por ellos no por ingenuidad sino por compasión y bondad, por el deseo de que se salven todas las almas; no en vano su misión consiste en construir una nave y salvar el alma animal completa: una pareja de animales de cada especie y su propia familia humana.

El ser humano superviviente de la prueba sobrevive con toda su alma animal, orgánica y funcional, pero es un alma aquilatada con la sumisión a Allah y confortada con Su Protección, con Su áman. Quien no soporta la prueba no sólo permanece velado a la Realidad, sino que su alma vital se va apagando prematuramente hasta que deja de vivir.

Nuh recibe la revelación mientras siente el rechazo y la hostilidad de su propio pueblo, de su propia familia. El maqam de Nuh es la travesía que hemos de hacer de maqam en maqam y de profeta en profeta hasta completar el círculo luminoso de la revelación, atravesando las grandes aguas, las más duras hostilidades. Durante el trayecto adquirimos una fuerza espiritual que surge en nosotros y nos hace mu’minún mientras nos sentimos inmersos en la adversidad, sintiendo la hostilidad y las resistencias de los otros y de nosotros mismos.

Navegar en la barca de Nuh implica trascender los nombres, los conceptos y las imágenes, trascender la propia visión. Esa navegación luminosa atravesando las grandes aguas, sintiendo la humedad en la piel, es el primer acontecer del alma, su primera experiencia del mundo luminoso y sutil. Es el momento en que Allah insufla Su ruh al ser que se está gestando y le concede la dignidad de ser verdaderamente humano. Desde ese instante Allah nos está preparando para que podamos afrontar el momento de nuestro nacimiento, el paso del mundo del agua al mundo del aire, para que atravesemos la piel de nuestras madres. Desde ese momento trascendental la barca navega sobre las aguas a contracorriente, oteando el horizonte exterior, tratando de hallar la fuente de la que provienen las olas y las mareas para encontrar la calma.

Es el ‘viaje del héroe a través de la noche’ que describe Carl Gustav Jung para referirse a la travesía de la conciencia por el mar oscuro del inconsciente humano. Es el regreso de Ulises a su patria de origen a bordo de un barco a cuyo mástil mayor se amarra, y se tapa con cera los oidos para que los genios no le distraigan del regreso y no le hagan enloquecer.

Pero Nuh, la paz sea con él, no puede taparse los oidos porque es Allah quien Le habla a su corazón y Le revela el du’a que ha de hacer todo aquel que habite en este maqam. Nuh no quiere taparse los oídos porque es un profeta verdadero, el primero de los mensajeros después de Muhámmad, la paz sea con ellos. Porque el alma de Muhámmad fue creada antes que la de Adam y porque en el Qur’an de Muhámmad están nuestros du’a:

‘¡Oh Sustentador nuestro! ¡Haznos arribar a un destino bendecido por Ti, pues Tú eres quien mejor muestra al hombre cómo llegar a su verdadero destino!"

Amin.

2.

El maqam de Nuh nos procura la conciencia de nuestro viaje, de su alcance y sentido. Es la conciencia de nuestra condición ante la realidad. Nos sometemos o nos rebelamos. No caben medias tintas. Las aguas se desbordan y no da tiempo ya a rectificar. Quienes suben a la barca de la conciencia se salvan, los incrédulos se ahogan inevitablemente porque están distraídos con las cosas del mundo, con sus nombres e imágenes, y no se dan cuenta de que las aguas hace ya tiempo que se desbordaron. Y eso es lo que percibimos cuando nos sentimos navegar en esta barca de los mu’minún… sentimos los gritos y las expresiones desesperadas de los incrédulos como un fuego en el vientre y nuestra piel siente un escalofrío, porque somos humanos y nos afecta todo aquello que afecta a la humanidad.

Los mu’minún no sólo no nos tapamos los oidos sino que prestamos atención a esos gritos desesperados y vemos en ellos la expresión del inmenso poder de Allah, que hace con el corazón humano lo que quiere. Pero los mu’minún hemos subido ya a la barca y escuchamos atentamente la recitación de Nuh:

"Entonces dijo a sus seguidores: ‘¡Subid a este barco! ¡En el nombre de Allah serán su curso y su fondeo! ¡Ciertamente, mi Sustentador es en verdad indulgente, dispensador de gracia!’ Y navegó con ellos entre olas como montañas".

(Sura 11. Hud, ayat 41, 42)

El jalifato, la realización de la promesa de Allah en el ser humano, inicia su andadura en la barca de Nuh. Es el primer jalifato de la Ummah porque hasta ese momento la comunidad había vivido sin guía ni orientación, era sólo una humanidad vital entregada a la disolución irreversible, a la entropía. Entonces Allah suscita un jalifa luminoso en nosotros, un profeta que habrá de guiarnos a través de la prueba, y nos irá purificando hasta hacernos arribar a un puerto en el que cada miembro de nuestra comunidad acabe siendo un jalifa de la Realidad, un jalifa ullah. El mumin navega en el nombre de Allah y amarra la barca en Su nombre. Esa es la barca de los locos que decían los que se ahogaron, la barca de los locos de Allah, los iluminados que se salvan porque sienten sabiendo que todo depende de Su Poder, sintiendo Su Compasión en cada latido, alhamdulilah.

Nuh, la paz sea con él, navega con nosotros mientras escuchamos la revelación que Allah nos hace a través de él. El Nuh de nuestro ser es la conciencia de nuestra vitalidad esencial y de la necesidad imperiosa de purificarnos, de separar lo grosero de lo sutil, de restablecer nuestro equilibrio en el mundo. Es el maqam de la salud integral de nuestro cuerpo de luz, porque es la balanza de la luz en el agua, la clave del equilibrio entre lo interno y lo externo, la expresión pacificada de nuestra sumisión. Somos creados a partir de un qutb, un eje que se abre en una polaridad intensa hasta un desdoblamiento de riñones y glándulas que, para existir, necesitan compensar el calor y la entropía mediante el agua. Y todo ello dando lugar a estados diferentes, a maqamat que son como esas olas gigantescas que nos describe el Qur’an. La revelación de Nuh, la paz sea con él, nos hace viajeros de las maqamat, peregrinos de luz hacia la luz. Alhamdulilah.

Nuh nos lleva a cruzar las grandes aguas, nos orienta en el mar de la noche. Nos enseña la brújula que marca la dirección de nuestra travesía. Esa orientación no es, en este caso, hacia el oriente geográfico ni hacia el oriente de los orientalistas, sino hacia el oriente del amanecer de la Luz. Nuh nos saca del occidente de las sombras, del crepúsculo de fuego y oscuridad.

Durante su travesía en este maqam, Sohravardí ve aparecer sobre el horizonte de las aguas la estrella del Yemen, Suhail o Canope, que se eleva "sobre ciertas nubes tenues, compuestas de lo que tejen las arañas del mundo elemental en el mundo de la generación y la disolución. La estrella del Yemen nos señala el oriente del amanecer espiritual, la dirección en que se encuentra la Fuente de la Vida. Fue ese guiño luminoso el que sintió Muhámmad, la paz sea con él, cuando dijo: "Siento el Aliento del Misericordioso viniendo de la dirección del Yemen." Se refería a la luz de un gnóstico contemporáneo suyo que vivía en esa tierra, un salih llamado Oways al Qaraní que conocía al profeta sin haberlo visto nunca físicamente y a quien el profeta asimismo conocía de la misma manera. Oways no tuvo un guía humano visible pero no por eso dejó de sentir la guía en su interior. Por esa razón los sufíes que no tienen un guía visible se llaman a sí mismos owaysís.

La aparición de la estrella del Yemen durante la travesía espiritual significa que ya hemos abandonado el occidente de las sombras, que estamos ya cruzando hacia nuestro verdadero destino que no es otro que la Fuente de la Vida, esa Luz que no es del oriente ni del occidente y que arde sin haber sido tocada por el fuego. Luz sobre Luz. Allah ilumina a quien Él quiere.

Que Allah nos acerque a Su Presencia en la barca de Nuh

Oh Allah: Nos sentimos agradecidos por la sabiduría que se esconde en Tus pruebas.

Te pedimos fuerza, valor y entrega para vivir en las pruebas que Tú nos decretas.

Haznos conocer el sentido luminoso de nuestras pruebas, muéstranos la estrella del Yemen.

Amin.

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