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Tawhid: la Unicidad de la existencia

20/05/2002 - Autor: Abdelkarim Osuna - Fuente: Webislam
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Tawhid
Tawhid

Tawhid es la Unicidad de todo lo existente, la identidad de lo diverso en el Origen que todo lo reúne, es decir: el hecho de que el Creador y Mantenedor de la existencia es Uno, no tiene asociados ni puede ser asimilado a nada, separándolo del resto en una doctrina o una identidad concreta. Al-lâh no puede ser representado, en el doble sentido de esta palabra en castellano: ni mediante figuras (lo cual significaría que es una persona), ni mediante delegados, representantes que encarnen Su voluntad en la tierra (negación de credos, iglesia, teocracia, dogmas, etc.).

En el Qur’an se dice: Al-lâh Wahid, "Al-lâh Uno". Tawhîd es un nombre que designa la acción de "hacer que algo sea uno", "reunificar". Por eso el Shayj al-‘Alawî, uno de los más grandes maestros del Magreb en el siglo XX, tiene una sentencia que dice: "El Tawhid es el fuego", pues el fuego convierte todo lo que toca en fuego, lo hace uno con el mismo. Al-lâh es Uno porque todo se reduce hasta desaparecer en Él.

La afirmación habitual de que el Islâm es "una religión monoteísta" debe ser rechazada, pues el Islâm no afirma que solo exista un dios ante el cual todos debamos postrarnos, sino que todos nos postramos ante la Única Realidad existente, lo sepamos o no. Abderrahmân Muhámmad Maanán escribe:

Traducir Tawhid por monoteísmo, como se hace habitualmente, es traicionar descaradamente su significado y reducirlo a los pobres recursos de una mentalidad que jamás escapa del dualismo y la consiguiente visión idolátrica de cuanto existe. El monoteísmo consiste en el reconocimiento de la existencia objetiva de un dios aislado entre criaturas definitivas, y en ese dato se consumen todas sus expectativas, exigiendo la asistencia de la fe para mantener esa afirmación siempre injustificada, mientras que el Tawhid es pura acción transformante cuyo objeto es la comprensión y saboreo de lo que significa la Unidad que sostiene a cuanto existe.

(En www.musulmanesandaluces.org)

 

Monoteísmo implica: ningún dios es verdadero salvo "mi dios", situándonos en la guerra de un dios frente a otros dioses, representantes unos y otros de una nación o un pueblo concreto. Por el contrario el Tawhîd implica que todas las donaciones de sentido provienen de una Única fuente y, por tanto, todas las vías de acercamiento al Absoluto son verdaderas en el momento en que se renuncia a identificarlos con una representación: con un sustituto de dios al cual se han asociado signos de identidad propiamente humanos, como nacionalidad, institución, imagen o doctrina. Eso es lo que separa a los hombres en distintas facciones: si adoramos al ídolo nos enfrentamos por unas formas pasajeras, que no tienen ningún poder efectivo sobre la realidad que nos reúne. En cuanto dejamos de lado el ídolo (sea éste una estatua de piedra, una bandera, una religión o una ideología) y somos capaces de purificar nuestras prácticas de adoración o modos de vida de todo lo superfluo, nos encontramos hermanados.

"Aquellos a quienes dimos antes la revelación conocen esto como conocen a sus propios hijos".

(Al-Anaam, 20)

El monoteísmo solo se refiere a Al-lâh en cuanto a absolutamente separado del mundo, pero no en tanto que se muestra. En el Qur’án Al-lâh es tanto El Oculto (al-Batin) como El Evidente (az-Zahîr), con lo cual el monoteísmo es la negación de la manifestación de Al-lâh en la existencia. El mum’in es el que se ha hecho consciente de que esto es así, y rechaza asociar a su adoración ningún signo de identidad externo, del mismo modo que rechaza asociarlo a ninguna entidad espiritual o suprasensible, ajena a nuestro mundo de percepciones. Quiere esto decir: del mismo modo que existe una idolatría evidente (la construcción física de ídolos), existe una idolatría de lo oculto: la asimilación de Al-lâh al mundo espiritual, a lo suprasensible. Sabiendo esto se hacen comprensibles las palabras de Ibn Ayiba, de otro modo escandalosas: "Al-lâh es físico".

Igualitarismo

Antes que una doctrina el Tawhid es un estado de conciencia: se trata de la conciencia de la unidad de todo lo creado. Al decir "todo" nos referimos no solo a las personas sino también a los animales, a las cosas, a las palabras, a los amaneceres, a las traiciones, a los sabores, a las ideas, a las luces y a las sombras. Todo, absolutamente todo, es Uno.

Esto tiene unas implicaciones políticas y sociales muy precisas, dando al musulmán un fuerte sentido igualitario. El Tawhîd conduce inevitablemente a la idea de comunidad (la ummah): reconocerse a uno mismo según lo común y no según las diferencias, propiciando el abandono de las castas, de los nacionalismos y de las identidades, como algo superfluo. El musulmán ha roto con los ídolos de las identidades, de las definiciones doctrinarias, de las creencias. No nos separamos porque yo sigo la "religión de Muhámmad" y tú eres cristiano o hinduista, nos unimos por tener el mismo origen increado. No existe un Islam nacionalista, aunque si hayan existido grandes musulmanes fundadores de naciones, empezando por el profeta Muhámmad, que la paz de Al-lâh y Su salat sean con él. Precisamente, según el ejemplo del Profeta, la fundación de una nación musulmana es el acto de reunificación y pacificación de una serie de elementos tribales o ideológicos que se hallan enfrentados en una unidad superior, que pacifica los opuestos: la de la conciencia de que esas diferencia no son nada ante Al-lâh, subhana wa ta’ala.

Quiere decir, también: más allá de que tú seas x o y, eres una criatura adámica sometida al Universo del Mandato. Quiere decir que tu verdadera identidad es la de un ser creado y acabable, sin más, y que lo mismo que te permite vincularte conscientemente a Al-lâh es aquello que te iguala con todos los demás seres que pueblan el universo. Si nos medimos a nosotros mismos por nuestros signos de identidad externos, todo son diferencias. Si nos identificamos con las cosas estamos separados, pero en cuanto a seres desnudos y completamente vulnerables —en cuanto a musulmanes— somos todos idénticos, el mismo ser adánico que toma diferentes rostros y colores, constituyendo la diversidad un velo de la Unidad que todo lo reúne. En realidad lo que nos diferencia no significa nada ante lo que nos iguala. Uno puede ser médico y el otro mendigo, pero tras esa segregación profesional late la misma vida indivisible. Tanto el sincretismo como el mestizaje muestran que todas las diferencias son absurdas, el intercambio y el aprendizaje de lo "aparentemente otro" nos sitúa en un mundo compartido. Nuestros signos de identidad son la realidad que nos ha tocado vivenciar aquí y ahora, pero no debemos hacer de ellos una traba, servirnos de ellos para establecer fronteras artificiales donde solo existe un campo abierto.

Desde la perspectiva del Tawhîd sabemos que hay algo absurdo en todos los enfrentamientos, en todas las separaciones. Hay algo completamente falso en las fronteras trazadas por la ciencia o por la ideología, entre países o materias, entre razas o costumbres. Por encima de todas las diferencias existe Al-lâh como Unificador de los opuestos, como el "lugar" donde todas las diferencias se desvanecen. La Sharî’a presenta unos principios generales a partir de los cuales cada pueblo puede legislar sin traicionar su propia identidad. Si la Sharî’a implicase la imposición de una determinada identidad cultural, racial o de sacerdotal, no cumpliría con su función re-unificadora, dejaría de ser la Ley Eterna y unificadora, para ser una ley más, creada por el hombre desde una óptica cultural determinada, representativa de una parte frente al todo.

Los hombres conscientes de la Unicidad de todo lo creado no pueden caer en ningún tipo de dicotomía, deben resolver sus diferencias mediante el despojamiento de todas las doctrinas, mediante el abandono de las identidades y las máscaras culturales. Eso implica un nuevo modo de asumir nuestra identidad: siendo algo que tiene su origen en Al-lâh, el hecho de ser x o y no es esencialmente negativo. Él nos ha otorgado un espacio y una vía para que nos identifiquemos con ellas y podamos crecer, pero no debemos hacer de nuestra vía una barrera, sino mostrarla siempre en su carácter abierto, capaz de adaptarse y abandonar cualquier forma de dogmatismo.

Hemos dicho que el Tawhid es una sensación, algo que sentimos ante el mundo cuando permanecemos abiertos. Eso es muy importante: si somos conscientes de que nuestro enemigo somos nosotros mismos dejaremos de proyectar nuestra belicosidad en el otro y lo identificaremos como a un hermano.

Al-lâh es Wahid, el Islam es Tawhid: el sometimiento a la única realidad común a todos es lo que nos une por encima de todas las diferencias, por encima de todo aquello que creemos importante, pero que no son más que accesorios con los cuales velamos Su Presencia. Todos somos uno, todos formamos parte del mismo mundo creado por Al-lâh.

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