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Irak: Las inspecciones como excusa

20/05/2002 - Autor: Redacción Amanecer - Fuente: Amanecer del Nuevo Siglo
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Inspectores de la ONU en Irak
Inspectores de la ONU en Irak

Recientes informes de prensa sugieren que la Administración Bush y otros miembros del establishment político norteamericano están utilizando el uso de las inspecciones como un pretexto para lanzar una nueva guerra contra Irak. Durante varios años, cientos de inspectores de la ONU trabajaron dentro de Irak controlando todos los sectores productivos de ese país con el fin de impedir que fabricara "armas de destrucción masiva". Ésta no dejaba de ser una muestra de abierta hipocresía, si se tiene en cuenta que el único país de la zona que dispone de armas de destrucción masiva en abundancia, incluidas las nucleares, es Israel. Al final, pese a haber colaborado con los inspectores, Irak no sólo no logró el levantamiento de las sanciones, que pesan sobre este país desde el principio de la guerra del Golfo, en 1990, sino que fue objeto de un fuerte ataque norteamericano en diciembre de 1998. Previamente se había producido un fuerte escándalo internacional al saberse que los inspectores de la UNSCOM, la Agencia de Naciones Unidas encargada del desarme iraquí, habían entregado los resultados de su trabajo a los servicios de inteligencia de EEUU e Israel, incluyendo informes sobre el aparato de seguridad iraquí y los movimientos del presidente Saddam Hussein.

Dichas informaciones fueron utilizadas en la preparación del mencionado ataque, según reconocieron en enero de 1999, un mes después de que éste tuviera lugar, algunos periódicos estadounidenses como The Washington Post y Boston Globe. Éstos señalaron que entre los objetivos del bombardeo se habían encontrado algunos centros y unidades especiales vinculados a la seguridad personal del líder iraquí. Por otro lado, se supo también que el jefe de los inspectores, Richard Butler, había entregado su informe ¿alarmista y que ignoraba la cooperación prestada por Irak? al presidente Bill Clinton, horas antes que a su teórico empleador, el secretario general de la ONU, Kofi Annan. Dicho informe fue la excusa utilizada por EEUU en ese momento para lanzar el ataque contra Bagdad. Tras aquella acción estadounidense, Irak prohibió a los inspectores la entrada en el país. Los planes para una inmediata agresión contra Irak fueron dados a conocer poco después del 11 de septiembre. A las pocas horas de los atentados, la facción más militarista del Pentágono, encabezada por Rumsfeld y su consejero Paul Wolfowitz, comenzó a presionar en favor de extender la guerra a Irak. Ellos tuvieron, sin embargo, que hacer frente a un problema. No había prueba alguna que vinculara a Bagdad con los ataques de Washington y Nueva York.

La mentira del ántrax

Estos halcones cambiaron sus tácticas después de los ataques con ántrax del pasado mes de octubre. Varios editoriales comenzaron a aparecer entonces en periódicos como The Wall Street Journal y otros que representan a esta tendencia ultra y militarista. En ellos se insistía en que el régimen iraquí era la fuente de la que procedía el ántrax presente en el correo enviado a algunos líderes demócratas y a varias figuras relevantes del mundo de la comunicación. Esta campaña se vino abajo, sin embargo, cuando se supo que el ántrax procedía de una fuente norteamericana y no extranjera. La Casa Blanca decidió entonces utilizar el tema de las inspecciones de armas con el fin de crear una crisis con Bagdad, que pudiera ser utilizada para justificar una acción militar, ya decidida de antemano.

El pasado mes de marzo, el secretario general de la ONU, Kofi Annan, se encontró con una delegación iraquí de alto nivel para tratar el tema de la reanudación de las inspecciones. Poco antes del encuentro, Hans Blix, el jefe de la actual agencia encargada de las inspecciones en Irak, la UNMOVIC, declaró a The New York Times, que la ONU desea un acceso total a cualquier sitio en Irak y que no existe la posibilidad de un veto iraquí en lo que se refiere a la nacionalidad de los inspectores. Blix afirmó: "No debe de haber santuarios. Las resoluciones de la ONU señalan que el acceso debe de ser incondicional, inmediato e ilimitado". The New York Times reconoció que la Administración Bush cree que el gobierno iraquí se verá obligado a rechazar tales demandas. "La cuestión que surge ahora es si EEUU quiere realmente que las inspecciones de armas se reanuden, dadas las declaraciones y comentarios públicos realizados por el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, en los que cuestionaba su utilidad. Algunos diplomáticos consideran que EEUU no quiere que se hallen inspectores actuando sobre el terreno en caso de que un ataque militar sea lanzado; los últimos inspectores tuvieron que salir rápidamente de Irak antes de que EEUU lanzara su ataque en diciembre de 1998". Aun siendo conscientes de que el programa de armas de destrucción masiva ha sido desmantelado hace mucho tiempo, tras la Guerra del Golfo y más de una década de inspecciones, los responsables políticos norteamericanos están exigiendo un debate en la ONU sobre unas inspecciones más intrusivas no sólo con el fin de crear un pretexto válido para llevar a cabo una invasión, sino también, tal y como reconocen los propios analistas militares norteamericanos, para ganar tiempo en lo que respecta a su preparación.

El general de la fuerza aérea retirado Charles Boyd, que dirige la oficina de Washington del influyente Council of Foreign Relations, declaró recientemente a The Washington Post, que la presencia militar de EEUU en la región de Oriente Medio será progresivamente incrementada y que esto irá en paralelo al aumento de la presión sobre Irak en la ONU. Incluso si Irak permite a los inspectores entrar en el país, esto podría no ser suficiente para impedir el estallido de una guerra. Recientemente, Rumsfeld participó en el programa Face the Nation de la cadena CBS, en el que señaló: "En el mejor de los casos, los inspectores tendrán que afrontar momentos muy, muy difíciles porque habrán de tratar con un régimen que.... miente y que lleva años ocultando cosas". En otras palabras, si los inspectores consiguen el permiso para volver a Irak, ellos podrían, como ya hicieran otros anteriormente, llevar a cabo una provocación tras otra, con el fin de acusar después a Irak de "obstruir" su labor, proporcionando así la excusa que Rumsfeld y otros de su entorno están buscando para llevar a cabo la acción mlitar.

Estos planes de la Casa Blanca están siendo abiertamente discutidos en la prensa norteamericana, que los comenta sin el menor grado de crítica. "Es del todo concebible que la Administración Bush consiga más apoyos (para su guerra contra Irak) si provoca un casus belli", comentó la revista Newsweek en su número del 4 de marzo. "Se espera que esta primavera el Consejo de Seguridad de la ONU exija a Irak que permita la reanudación de las inspecciones internacionales de armas con el fin de eliminar sus armas de destrucción masiva. Los responsables de la Administración Bush temen, sin embargo, que Saddam actúe astutamente y acceda a la petición".

Condiciones insoportables

Un antiguo responsable de la Administración dijo a Newsweek que EEUU pedirá derechos de inspección totales e ilimitados "24 horas al día y 365 día al año" sobre cualquier lugar que se halle en Irak con el fin de hacer estas inspecciones tan lesivas para la soberanía nacional que Irak, como haría cualquier otro estado del mundo, se vea obligado a rechazarlas. Comentando esto, la revista norteamericana concluye: "Saddam no va a permitir probablemente a los inspectores de armas entrar en su dormitorio". En este mismo sentido, el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, ha señalado que el nuevo régimen de inspecciones habrá de ser "mucho más intrusivo" de tal forma que cuando entre en vigor, "los iraquíes no controlen ya adónde pueden ir ni lo que pueden hacer". Rumsfeld añadió que "es difícil pensar que ellos vayan a aceptar algo como eso".

Mientras tanto, señala Newsweek, la CIA continúa sus operaciones encubiertas dirigidas a derrocar al régimen iraquí ¿algo que, dicho de paso, está prohibido por la Carta de la ONU? con el fin de alentar un golpe de estado desde dentro del propio Ejército e instaurar un régimen títere en Bagdad, "plan éste que los responsables de la agencia vinculan al incremento de la presión contra Irak en la ONU y al aumento de las fuerzas de EEUU en la región". Por su parte, The Washington Post, escribió el 24 de febrero: "A Saddam Hussein sólo le quedará aceptar las exigencias de la ONU, algo que la Administración Bush considera improbable, o negarse a ello, lo cual será utilizado por Washington para convencer al mundo de que todas las opciones pacíficas se han agotado". El USA Today del 27 de febrero ahondaba en este mismo análisis: "Para dar la impresión de que intenta crear la coalición internacional más amplia posible contra Irak, Washington está buscando los medios más efectivos para aplicar los acuerdos de la ONU. Sin embargo, sus propuestas pueden ser difíciles de aceptar no sólo para Irak, sino también para los propios aliados de EEUU". El periódico continuaba diciendo: "Antes de recurrir a una acción militar, la Administración Bush desea justificarse afirmando que intentó previamente que funcionaran otras opciones", y concluía señalando que "los esfuerzos diplomáticos también darán tiempo a EEUU a prepararse para una acción militar". No hay nada de novedoso en el hecho de que el gobierno de EEUU utilice la cantinela de "las armas de destrucción masiva" o pretextos similares para camuflar sus propósitos bélicos.

Este modus operandi fue utilizado también por la Administración Clinton para justificar sus repetidos bombardeos contra Irak y el mantenimiento de las sanciones económicas, que son las responsables de la muerte de más de un millón y medio de iraquíes. Irak lleva soportando lo que la propia ex secretaria de Estado Madeleine Albright calificó en su día del "embargo más duro de la historia" desde el fin de la Guerra del Golfo de 1991. Los iraquíes no pueden, bajo el actual régimen de las sanciones, importar artículos tan vitales como alimentos, medicinas o incluso lápices, ya que según los responsables norteamericanos, éstos últimos contienen materiales que podrían servir "para fabricar armas químicas". Lo que sí es nuevo es que el gobierno estadounidense admita abiertamente que el tema de las "armas de destrucción masiva" iraquíes puede ser utilizado como un casus belli.

Esto es sólo una indicación más de la forma de actuar de la Administración Bush, que no se siente obligada a rendir cuentas ante nadie más que las corporaciones armamentistas y sus expertos militares. Ciegos ante la profunda ira y resentimiento que están creando en el mundo por su arrogancia y su prepotencia, los responsables del actual gobierno norteamericano están llevando a toda la región del Oriente Medio hacia una catástrofe de enormes proporciones. La Administración Bush se siente convencida de que puede actuar de este modo porque no hace frente a una oposición significativa de los medios de comunicación, controlados en su inmensa mayoría por las grandes corporaciones, ni tampoco del Partido Demócrata. Hay que señalar a este respecto que Al Gore, el candidato presidencial norteamericano en el año 2000, salió de su casi retiro hace pocas fechas para declarar su firme apoyo a una posible guerra contra Irak.

El candidato a la vicepresidencia en ese mismo año, el senador de origen judío, Joseph Liebermann, reiteró también su respaldo a una agresión contra Irak y aseguró que la Casa Blanca podría iniciar un ataque de estas características aún sin contar con la aprobación del Congreso. Cabe añadir que tanto Al Gore como Liebermann están estrechamente vinculados al lobby sionista de EEUU. No obstante, hoy por hoy, un ataque contra Irak hace frente a numerosos obstáculos como son la oposición general europea y árabe. En todo el mundo, incluido Oriente Medio, se han sucedido las manifestaciones de repulsa y condena de políticos y ciudadanos contra el apoyo de la Administración Bush a Sharon. Un ataque norteamericano contra Bagdad tendría consecuencias desastrosas para la zona y elevaría el sentimiento antinorteamericano a cotas nunca vistas anteriormente. Es probable también que numerosas iniciativas de boicot contra los productos y bienes norteamericanos fueran puestas en práctica, algo que de tener lugar perjudicaría gravemente los intereses de las empresas y corporaciones estadounidenses.

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