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Jutba del maqam de Adam 2

14/05/2002 - Autor: Hashim Cabrera - Fuente: Webislam
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Edén
Edén

Tras completarse el ciclo de la revelación con el Qur’an que nos trae Muhámmad, volvemos a encontrarnos con nuestro principio, con nuestro Adam, la paz sea con ellos. El Qur’an nos ha procurado la claridad, la dirección y el sentido, pero hemos vuelto a caer sobre la tierra, hemos vuelto a extraviarnos en esta tierra de Adam que es nuestra morada por un tiempo.

Cuántas veces hemos creído conocer la solución definitiva a nuestros problemas y, sin embargo, hemos vuelto después a vivir de una manera equivocada, a cometer los mismos o parecidos errores. Cuántas veces hemos disfrutado de la conciencia de Allah y del sometimiento a la realidad para regresar, más tarde, a nuestra mente contradictoria y sufriente.

Esa naturaleza voluble, cambiante, maleable, es la arcilla con la que Allah crea al ser humano: La libertad de decidir sobre el propio destino. La responsabilidad y la autoría que eso implica sólo nos ha sido concedida a nosotros. Esa naturaleza diferente y extraña a las demás criaturas es lo que hace que Allah nos esté situando en su creación como jalifas, por nuestra capacidad de reflejar interiormente como algo propio todo aquello que Él está creando sin cesar.

El Adam de nuestro ser es esa naturaleza común a todos nosotros, esa disposición para el reflejo, para el olvido y para el retorno.

El ser humano es la única criatura que recorre un camino trazado sintiendo, como sintió el poeta, que hace camino al andar. Todas las demás recorren su camino trazado sin sentirse autores o responsables de nada. Somos los únicos que tenemos la capacidad de transgredir la Sharía, de cruzar los límites que nos impone la realidad, de trascender las formas, las apariencias.

"Y ciertamente, oh gentes, os hemos asignado una excelente posición en la tierra y os hemos puesto medios de subsistencia en ella: sin embargo, ¡qué raras veces sois agradecidos!

Y, ciertamente, os hemos creado y luego os dimos forma."

(Surat Al Aaraf. La facultad de discernimiento, ayats 10 y 11)

Los seres humanos no sabemos valorar aquello que nos es regalado sin cesar en esta tierra de Adam. Allah nos creó en un soplo, en un instante, y ahora nos va dando forma, haciéndonos vivir en el tiempo. Adam, la paz sea con él, pasa de la experiencia trascendental del Tawhid, de la conciencia del instante, a la experiencia relativa de las palabras, del ihsán al islam, de la experiencia gozosa de la realidad al exilio doloroso en la tierra de las palabras. El extrañamiento de Adam tiene lugar en la tierra de la historia, en el universo lineal del antes y el después, en esta morada del tiempo donde Allah nos va conformando hasta el momento mismo de nuestra muerte.

Allah nos crea en el Jardín de la Presencia y nos va dando forma en la tierra del exilio y del pensamiento, de la dualidad y de la prueba.

Adam ve ahora a Hawa a su lado, la paz sea con ellos. Ya son dos seres humanos, una pareja, un otro y una otra. Allah nos crea a partir de ese primer ser interiormente dividido, apareado y extrañado. Con esa aparente escisión Allah está creando la posibilidad de un reconocimiento, de una existencia consciente.

"Pero tan pronto como hubieron probado ambos el fruto del árbol, se volvieron conscientes de su desnudez; y comenzaron a cubrirse con hojas del jardín."

(Surat Al Aaraf. La facultad de discernimiento, ayat 22)

Mientras no comieron del árbol no se apercibieron de ninguna presencia extraña. No veían sino la Realidad Única, porque su conciencia era pura conciencia de Allah. Y esa conciencia era su vestidura. ¿De quien podrían sentir pudor o vergüenza si aún no habían visto a nadie, si sólo eran conscientes de Quien todo lo ve? ¿Qué vergüenza podían sentir si aún no se habían cruzado con ninguna mirada?

Dice Ibn Ata’ Allah que el momento de la ruptura sólo causa la desgracia del corazón, no la del alma, porque esta alienación, este olvido de Allah coincide con los deleites, caprichos y distracciones del alma humana.

La conciencia de la desnudez es el sentimiento de nuestra precariedad. En el momento en que se cruzan nuestras miradas sentimos pudor, vergüenza de ser reconocidos en nuestra miseria. Cuando reconocemos al otro nos sentimos desnudos. Nos hemos atrevido a mirarnos, a vivir, a transgredir nuestros límites, para sentirnos extraviados, perdidos en el sinsentido que supone creer en otro distinto de Allah. Sentimos pudor, una necesidad de cubrirnos, de protegernos del vacío.

La conciencia de nuestra miseria es el principio de nuestra conciencia de Allah, que comienza a vivir en nuestra Tauba. Por eso nos dice Allah que:

"Luego, no obstante, su Sustentador lo eligió para Su gracia, aceptó su arrepentimiento, y le concedió Su guía."

(Qur’an, Surat 20, aya 122)

Derrotados, naturalmente vencidos ante nuestra propia irrealidad, nos volvemos a Allah haciéndole Tauba, pidiéndole como criaturas indefensas que nos devuelva Su conciencia, que nos alcance Su magfira, su perdón. El corazón humano no puede contener por mucho tiempo el olvido porque está siendo creado en y para el recuerdo de Allah. Un recuerdo que, en esta tierra de Adam, adopta todas las formas posibles de la vida y del sentimiento, desde la nostalgia hasta la voluptuosidad, para acabar deshaciéndose en la Presencia.

"¡Oh hijos de Adam! Ciertamente, hemos hecho descender para vosotros el conocimiento de la confección de vestidos para cubrir vuestra desnudez, y como adorno: pero el vestido de la conciencia de Allah es el mejor de todos. En esto hay un mensaje de Allah, para que el hombre pueda tenerlo presente.

¡Oh hijos de Adam! ¡No permitáis que Shaytán os seduzca de la misma forma en que hizo que vuestros antepasados fueran expulsados del jardín: les despojó de su vestimenta de conciencia de Dios para hacerles ver su desnudez. En verdad, él y su tribu os acechan desde donde no podéis percibirles!

(Surat Al Aaraf. La facultad de discernimiento, ayats 26, 27)

La necesidad de cubrirse, de vestirse, es netamente humana. Ningún otro animal oculta su cuerpo más allá de sus protecciones y adornos naturales, de su piel, su pelo o de su plumaje. Los animales no sienten pudor ni vergüenza de su condición natural. Sólo los banu Adam necesitamos ocultar nuestra propia vergüenza, nuestro extrañamiento, nuestra naturaleza dividida, porque somos los únicos exiliados de la Realidad.

Los animales viven en su naturaleza sin contradicciones, en su fitrah. No padecen ningún extrañamiento, ningún exilio, no sienten ningún pudor, porque no son conscientes de sí mismos, ni tampoco ven el mundo. Nacen, viven y mueren. Incluso nosotros apenas notamos las diferencias entre los individuos de una misma especie. Todas las gaviotas nos parecen iguales. Siempre oímos al mismo ruiseñor. No nos ocurre lo mismo cuando miramos a los seres humanos. Lo primero que sentimos son las diferencias, las particularidades, los rasgos que hacen de cada uno de nosotros una criatura irrepetible. Esa conciencia de lo distinto, esa mirada "desde el exilio" es uno de los secretos de nuestra creación, cuyo conocimiento nos llega a través de la revelación sobre Adam, la paz sea con él, porque Adam es un profeta sin libro, sin revelación. Sólo conoce los nombres, sólo transmite un inventario de posibilidades, un cógigo genético. Él es nuestro molde. Y así llaman los gnósticos al Adam de nuestro ser, latifa qalabiyya, el molde.

Adam se sustrae de la conciencia de Allah y cuando pierde su fitrah se da cuenta de aquello que en realidad ha perdido, y su corazón se vuelve, su pensamiento trata de regresar a través del recuerdo. Ese es el Adam de nuestro ser, la tensión básica que nos constituye. Así nos crea Allah con Su Ciencia.

La capacidad de alternar olvido y recuerdo, la flexibilidad para vivir estados distintos sin resistencias es lo que nos conduce de nuevo al Ihsán, a la impecabilidad, a la excelencia.

Oh Allah: Haz que transitemos por todos los estados sin resistencias.

Créanos con la mejor de Tus energías, con la mejor disposición y con el mejor carácter.

Realiza en nosotros la promesa que hiciste a nuestro Adam.

Amin.

2.

La tauba de nuestro Adam hace que recobremos la conciencia de Allah por un momento. Adam, la paz sea con él, vivirá debatiéndose entre el olvido y el recuerdo, pero será sólo mientras esté viviendo en esta tierra del tiempo, en este maqam que nos acoge temporalmente. Es aquí donde los banu Adam sentimos que hubo una primera y habrá, insha Allah, una última tauba de nuestro corazón, antes de que cesen sus latidos.

Porque ese olvido y ese regreso son la condición para una existencia sin principio ni fin, los cimientos de nuestra verdadera creación.

"Verdaderamente, quienes son conscientes de Allah se hallarán, en la ájira, en medio de jardines y fuentes, habiendo sido recibidos con el saludo, ‘¡Entrad aquí en paz, seguros!’

Y para entonces habremos eliminado todos los pensamientos y sentimientos impropios que pudiera haber en sus pechos, y descansarán como hermanos, unos enfrente de otros, recostados sobre lechos de felicidad. No se verán aquejados allí de desasosiego alguno, ni tendrán jamás que renunciar a ese estado de dicha.

Informa a Mis siervos de que Yo --sólo Yo-- soy realmente indulgente, el verdadero dispensador de gracia; pero que el castigo que habré de imponer a los pecadores será ciertamente un castigo muy doloroso."

(Sura 15. Al Hichr, ayats 45-50)

Librarnos de los velos del mundo y de las palabras, librarnos de nosotros mismos, nos conduce a la conciencia de Allah. Esa conciencia nos devuelve al Jardín de la Presencia, del que un día fuimos extrañados por el lenguaje. El proceso de liberarnos del shirk, de los velos del mundo y de la tiranía de nuestros nafs, es el medio que utiliza Allah para dar forma a nuestra creación como seres capaces de contenerLe y reflejarLe. Nada puede contener a Allah salvo el corazón del siervo amante. Así vamos alcanzando la taqwa, la plena conciencia de Allah, mientras nos liberamos de nosotros mismos, de esa serie de imágenes, asociaciones y pensamientos que nos mantienen prisioneros en una realidad que lo es tan sólo en apariencia.

Para hacernos vivir en la ájira una vida imperecedera en la Presencia, Allah va purificando nuestros pechos de todo lo que nos separa de Él, de todos nuestros sufrimientos y anhelos, de todo pensamiento separador. La illaha illa Allah. Esa purificación implica un reconocimiento, una shahada, y la posibilidad de regresar por el mismo camino que extravió a nuestro Adam.

Adam, la paz sea con él, comió del árbol de la dualidad y del lenguaje y esta transgresión le supuso el extrañamiento, la división y el sufrimiento, pero una vez que hubo digerido ese fruto que no le saciaba, se volvió hacia el verdadero Sustentador, hambriento y suplicante. Él nos dice que comamos de lo que Él nos da y que nos mantengamos en Su recuerdo. Allah nos dice que es el Único que puede restablecer nuestra conciencia de Él, el Único Indulgente, el Único Perdonador. Eso nos lo repite constantemente. También nos dice que Él es Quien nos inflinge el dolor de la separación. Pero que su Misericordia y Su Compasión no tiene límite.

Por eso, después de exiliarle en la tierra, Allah promete a Adam que a sus descendientes nos llegará un mensaje con una guía mediante la cual podremos regresar a Su Jardín. Ese mensaje ha ido descendiendo progresivamente a nosotros hasta su completa revelación. Nosotros ya sabemos lo que tenemos que hacer para regresar a la verdadera realidad, para que nuestra existencia tenga sentido, para que nos sintamos en paz.

En el Jardín de la Presencia descansaremos como hermanos, insha Allah, unos enfrente de otros, en paz, sin ningún desasosiego ni temor de volver a perdernos entre las sombras, porque descansaremos, insha Allah en Su sombra translúcida y acogedora.

Allah nos dice que, si seguimos Su guía, si templamos nuestros corazones con Su revelación, alcanzaremos una vida de plenitud y de dicha permanente. No nos dice que desapareceremos en Él, no nos dice que nuestro destino sea la aniquilación sino todo lo contrario. Seguiremos viviendo, estaremos unos enfrente de otros pero no enfrentados. Seguiremos existiendo como criaturas, pero como criaturas conscientes de nuestra completa semejanza, de nuestra pertenencia a una especie única creada en la Realidad Única. Allah nos está hablando a nosotros, unos seres extraños y extrañados, prometiéndonos una creación verdadera. Sólo Él es Indulgente, Dispensador de Gracia, de Magfira, sólo Él responde a nuestra tauba. Él es Al Gaffur, Él es At Tawwab.

Oh Tawwab: perdona nuestras faltas, danos Tu Magfira.

Oh Waddud, Señor del Amor: Tranquiliza nuestros corazones, cura las enfermedades de nuestras almas.

Oh Al Nasir: Haz que nuestras vidas recobren su sentido.

Amin.

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