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Normalidad en Ramallah

13/05/2002 - Autor: Isabel Camacho
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Ramallah
Ramallah

Queridos amigos.

Pasan los días y las semanas sin sentir que nada ha cambiado excepto que podemos salir de casa y caminar por calles que muestran las heridas sufridas a lo largo de ese abril tan cruel. En realidad, como siempre al salir de una de estas sucesivas pesadillas, despertamos a un escenario mucho peor que los medios llaman sin vergüenza "vuelta a la normalidad".

Lo demás es silencio y mayores problemas que nunca a la hora de vivir los modestos episodios de cualquier vida normal. Para los palestinos, hoy más que nunca, pero menos que mañana, la vida se convierte en una intensa y arriesgada conquista diaria de los más elementales derechos, ir a trabajar, llevar a los niños al colegio, salir a comprar o al dentista.... todo pasa por la decisión arbitraria de soldados armados hasta los dientes, cuya sensibilidad respecto a los dolientes y angustiados seres humanos que esperan en colas interminables se ha embotado hasta extremos difícilmente superables.

La certeza de la impunidad, cualquiera que sea el nivel de brutalidad aplicado, hace de ellos esbirros sin inteligencia aplicados a cumplir las órdenes más abyectas sin atisbo de crítica. Como ya nos tiene acostumbrados la tediosa narración universal de la infamia -ésta sí global sin disimulo- cuando se juzga al soldado o "mando medio" se aduce "obediencia debida", y viceversa, si es el "alto mando" el criticado se escuda en que algunos soldados han perdido el control, pobres: tenían miedo insuperable, por tanto, no serán imputados.

Y así pasan por "normalidad" aspectos como distintos carnets de identidad para los habitantes del mismo país -esta vez no es una estrella de david cosida en el abrigo, sino el documento de ciudadanía en sí el que institucionaliza la "diferencia" que impide no sólo acudir al trabajo, sino también adquirir propiedades, obtener una licencia de construcción y un sin fin de limitaciones, que en lenguaje llano se conocen como discriminación, o apartheid si vamos de internacionales.

Más de esta "normalidad": un trabajador de la construcción, padre de familia numerosa, se queda sin trabajo porque aunque vive en lo que Israel considera Jerusalén, no puede acceder a la sección de Jerusalén en la que las obras crecen sin parar en terrenos expropiados a los árabes, donde éstos no pueden no ya construir por su cuenta, tampoco comprar o alquilar un piso.

Se busca la vida conduciendo un taxi dentro del perímetro de su barrio-gueto, tiene carnet de conducir, pero no licencia de conductor de taxi. Le pilla la policía, prisión incondicional e incomunicado excepto con un abogado proporcionado "dentro". Se descubre que el coche había sido robado y vendido "para piezas": hay mafias dedicadas a ese y otros lucrativos fraudes pero a la policía le resulta más fácil cargar el mochuelo completo a la parte más débil en lugar de esforzarse en neutralizar la delincuencia organizada.

Juzgado por un tribunal militar -sí, habéis leído bien: un tribunal militar que juzga en barracones de un campo militar situado en Cisjordania, también en tierras expropiadas- los "reos" atienden el juicio con grilletes en los tobillos, atados dos a dos. La vista de su "caso" dura escasamente diez o quince minutos, el juicio es en hebreo con traductor al árabe, de modo que se puede contar que sólo la mitad de esos minutos se han dedicado a argumentos legales. Se considera satisfecho porque sale con una multa de unas doscientas cincuenta mil pesetas y unos honorarios para el abogado de setenta y cinco mil, y por supuesto sin la menor esperanza de encontrar trabajo "legalmente".

Llevando esa "normalidad" hasta sus últimas consecuencias, el viejo plan de convertir físicamente las ciudades palestinas en campos de concentración rodeados de vallas electrificadas y con pasos fronterizos exclusivos para palestinos, distintos de los que usarán los extranjeros autorizados y diplomáticos, los periodistas, los agentes de las organizaciones humanitarias, ya es prácticamente un hecho. Los muros, los fosos, las carreteras "solo para blancos"... se empezaron a construir hace varios años, soy testigo, pero nos lo venden como resultado del último "atentado a la carta". Y al que no le guste que se vaya, que de expulsión de población autóctona se trata.

Mientras tanto crece en Europa la vieja derecha con todos los viejos trucos, no deja de ser curioso que el presidente de los consejos judíos de Francia declarara a Haarezt (periódico israelí en hebreo e inglés, considerado de izquierda moderada) que Le Pen estaba contra la inmigración árabe, por lo tanto no resultaba perturbador su ascenso para la sociedad judía. Curiosamente, el asesinado líder de la derecha holandesa, Pim Fortuyn, compartía esa visión: según sus propias declaraciones siempre había estado a favor de Israel, y es el Islam la cultura a marginar porque no ha aportado nada a la tecnología. Holanda está llena, cerremos la puerta.

Por supuesto, estos pintureros líderes -cada uno en su estilo- no llegan al poder, sino que abren el camino a gentes como nuestro Aznar -el hombre que no puede hablar en público sin taparse la boca para que no se le vea la risa de hiena- ya están ahí para volver a introducir la religión -católica- en el curriculum docente, como en los viejos tiempos, mientras braman que nos modernizan. Pero no nos quejemos, podría ser peor, Bush, sin ir más lejos, ya está proponiendo escuelas separadas. Por sus actos les conoceréis.

Una y otra vez el viejo truco, dejarán que los más quemados y violentos cometan las masacres, luego recuperan las riendas y prosiguen con la silenciosa batalla entre bastidores para que nada cambie, cambiando a Tatcher por Blair, que no lleva bolso. Y a los dicatadores sangrientos pillados en un descuido un hombre de paja cualquiera les manda a casa porque están mal de la salud.

Desde Ramallah se ve un horizonte bajo, gris, amenazador. El discurso político se vacía de contenido de tal modo que los locutores tienen que hacer como con los futbolistas: repetir la misma frase mal compuesta, la diferencia mayor es que los políticos tienen peor cuerpo pero mejor sastre, y no siempre.

Después del fulgurante éxito político de sus últimas masacres –pero Sharon es un hombre de paz que no decepciona a Bush- Israel se prepara para invadir Gaza, aunque allí piensan utilizar otros medios más tecnológicos -probablemente más mortíferos para los civiles atacados, y menos peligrosos para los soldados atacantes, el gran avance del siglo: la guerra en la que solo mueren civiles, cuantos más mejor, así baja el paro, y "descafeinado" Anan puede mejorar sus cifras de menesterosos, quizá le den otro Nobel: el de "En Boca Cerrada No Entran Moscas".

Salamat min Ramallah

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