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La Gnosis

Acerca del Sheij Al Alawi

29/04/2002 - Autor: Martin Lings - Fuente: Webislam
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Martin Lings
Martin Lings

Al considerar lo que es posible y lo que no lo es, el Shayj da como ejemplo de «imposibilidad evidente en sí» la imposibilidad de aislar la Esencia, es decir, de separarla. De ello se sigue, sin que esto sea inmediatamente evidente, que el ojo corporal, cuyos objetos de visión son normalmente las cosas terrestres, no puede ver la Esencia como algo distinto del mundo sensible. Menciona esto como ejemplo de «imposibilidad no evidente en sí», imposibilidad que no era evidente para Moisés, por ejemplo, cuando pidió ver a Al-lâh (1).

«Cuando Moisés pidió ver a Al-lâh distintamente, fuera del mundo, Él le respondió: No Me verás, pues Yo no estoy ni fuera del mundo ni en él. Mira la montaña: Si continúa firme en su sitio, entonces Me verás. Y cuando su Señor Se manifestó a la montaña, cuando la sombra dio paso a la sustancia, cuando la separación llegó a la unión, y cuando, a sus ojos, la montaña y todos los demás lugares fueron aniquilados, Moisés cayó sin sentido, pues todo “entre” había sido borrado y todo “donde” había desaparecido, y el ojo había sido refrescado por el Ojo» (2) (3)

La diferencia entre la Manifestación de la Verdad en la Montaña para Moisés y en el Loto del Límite (4) para Muhammad parece consistir en que Moisés no estaba preparado —de donde la extrema violencia que acompañó a la visión— mientras que Muhammad lo estaba plenamente por el hecho de que en el Viaje Nocturno estaba enteramente en el otro mundo, lo cual significa que su ojo exterior estaba espontánea y perfectamente coordinado. con su ojo interior. Pero el Shayj afirma que es sin embargo posible, para el ojo exterior, ver la Verdad estando todavía «en este mundo», a condición de que este ojo exterior sea capaz ,de conseguir una perfecta coordinación con el ojo interior (5).

«El ojo exterior es la proyección del ojo interior, y el faqir no debería abrir su ojo exterior (con la esperanza de ver la Realidad) antes de haber establecido la conexión entre éste y su ojo interior. Cuando, en virtud de esta conexión, su ojo exterior se haya convertido en pura visión interior, entonces verá al Señor del versículo Nada es semejante a Él con todas sus facultades (6), lo mismo que Le oirá con todas sus facultades, tal como lo ha dicho uno de nosotros:

Soy todo ojos cuando Él aparece ante mí,
Todo oídos cuando me habla».
(7) (8)

El Corán menciona dos visiones que el Profeta tuvo de la Verdad durante el Viaje Nocturno, una con el ojo interior, el Corazón, y la otra con el ojo exterior. Esta segunda visión fue la del Loto, y es descrita como sigue:

En verdad, Lo vio en otra revelación junto al Loto del Límite. Allí está el jardín del último Refugio. Cuando cubría al Loto Lo que cubre, su mirada no se desvió y no transgredió. En verdad, de todos los Signos de su Señor, él vio El mis Grande. (9)

En su comentario (10) de estos versículos, el Shayj dice:

«Esta visión fue la del ojo de los sentidos, mientras que la anterior había sido la del ojo de la inteligencia. El genitivo que sigue a Loto es posesivo y esto significa que es el Loto de Aquel en Quien todas las cosas terminan. En verdad, tu Señor es el último Fin. El Loto representa aquí la totalidad de la manifestación que se desarrolla a partir de su raíz en él. Por esto, también recibe el nombre de Árbol del Universo. » Esta visión superó en excelencia a la que la había precedido, pues unía elementos separados e integraba lo que estaba disperso. Por esto Él dijo: Allí está el Jardín del último Refugio, lo cual significa que el Loto indica la meta de la Gnosis y que aquel que llega a este punto es cubierto por las Luces de la Presencia Divina —es más, el mundo entero es cubierto, de modo que él no ve nada sin ver a Al-lâh en ello—. Esto está expresado en las palabras Cuando cubría al Loto Lo que cubre, esto es, cuando fue envuelto y cubierto por las Luces de la Divinidad, hasta el punto de que toda la jerarquía de los seres creados desapareció, desde los majestuosos hasta los humildes, en la manifestación de las Luces de los Nombres y Cualidades. Al-lâh es la Luz de los Cielos y de la tierra.

Fue con la aparición de estas Luces, a las que aluden las palabras en otra revelación, con la que Muhammad alcanzó, por la visión del ojo exterior, un grado más elevado que por la visión del Corazón solo. Su ojo exterior, en esta visión, estaba unificado con su ojo interior y por ello Al-lâh lo alaba en estos términos: Su mirada no se desvió, y no transgredió, es decir, el ojo exterior no se desvió de lo que el ojo interior contemplaba y no transgredió yendo más allá de los límites y apartando su atención de aquello en lo cual la Verdad Se le manifestaba; por el contrario, en cada una de las distintas cosas, mantuvo su mirada fija en Él... »

Ahora bien, la Verdad no puede ser vista por ningún ojo exterior, a menos que la visión de éste se haya invertido y asuma la función del ojo interior, tal como la visión del ojo exterior de Muhammad había sido invertida y unida a la de su ojo interior. El Rûh al‑Bayân, citando a Al‑Ta’wîlât al‑Naymiyya (11), dice que su visión del otro mundo estaba unida a su visión terrestre, de manera que con la primera contemplaba el Aspecto Interior de la Verdad concerniente a Su Nombre El Interiormente Oculto, y con la segunda contemplaba el Aspecto Exterior de la Verdad, concerniente a Su Nombre El Exteriormente Manifiesto. » Pero si tú preguntas: “¿Qué es lo que impide que otros Lo vean también con el ojo exterior en este mundo, puesto que nada puede interponerse entre la visión y Su Manifestación Exterior?, y ¿en qué consiste el privilegio particular de la visión del Profeta?”, mi respuesta es que la causa del impedimento no es que la Verdad se niegue a permitir que la mirada alcance Su Esencia.

La falta de visión de la mirada es el resultado natural de su falta de preparación. Como uno, de los más grandes de entre nosotros ha dicho, lo que impide ver a la Verdad en este mundo es que las criaturas no La reconocen. Tienen ojos, pero no ven; no saben que lo que hay ante su mirada es la Verdad, pues están velados con respecto a Ella únicamente por su propia incapacidad. El privilegio del Profeta se debe a que está dotado de una penetración intelectual más perfecta que la de los demás. Sabía con toda certeza que la mirada no puede fijarse en nada y que, por consiguiente, ningún objeto de visión puede estar desprovisto de la Manifestación Exterior de la Verdad, pues las cosas no son nada en sí mismas. Y así le vino la visión del ojo exterior, y todo aquel que ha heredado el menor fragmento de esta penetración del Profeta es capaz de ver la Manifestación Exterior de la Verdad en las cosas. » La visión del Corazón estaba jerárquicamente más cerca de la Verdad que la visión del ojo exterior, el cual nunca podría haber efectuado la unión de los elementos separados y la integración de lo que estaba disperso si el universo no hubiera sido cubierto por las Luces de la Unificación, que lo envuelven todo y que emanan del árbol de adonde quiera que os volváis, allí está la Faz de Al-lâh (12).

Quien llega a Esto ha alcanzado un Limite más allá del cual no se puede ir, y las palabras En verdad, de todos los Signos de su Señor, él contempló el Más Grande indican que Muhammad llegó hasta allí. Sabemos por esta última palabra que el Signo en cuestión no era de la categoría de los seres creados, ni siquiera de las Manifestaciones de los Nombres y Cualidades (13), sino que no podía ser menos que la visión directa de las Luces de la Santa Esencia. Así pues, este estado era más grande que todos sus otros estados, y dijo de él: "Hay para mí un momento en el que sólo mi Señor basta para contenerme”; y dijo, también, en relación con esto: “Oh Señor, acrecienta mi maravilla ante Ti.” » Lo que he dicho sobre la posibilidad de que el ojo exterior contemple la Verdad en una visión directa es tan extremadamente improbable en la opinión de la mayoría de los que pretenden poseer el conocimiento, sin hablar de los que no lo pretenden, que algunos llegan incluso a considerar que esta posibilidad es contraria a la razón y también a la Ley.

Ésta era la opinión de los mu’tazilíes (14), quienes estaban convencidos de que esta conclusión era necesaria sobre la base de que lo que es visto debe estar localizado para que la mirada pueda alcanzarlo. No se dieron cuenta en absoluto de que el inevitable corolario de semejante afirmación impediría que la Mirada de la Verdad se posase sobre los seres creados, pues esto presupondría Su localización en el objeto mirado. Así pues, si los siguiésemos deberíamos atribuir a Al-lâh un defecto de percepción —¡que Él sea Exaltado, muy por encima está de semejante incapacidad!—. La solución no está en especular sobre el estado espiritual en cuestión, sino en dejarlo a sus maestros, pues, en verdad, sus misterios están más allá del alcance de la mayoría de las inteligencias» (15).

Notas
(1) Corán, VII, 143. Los fragmentos que el Shayj cita en el párrafo siguiente son de este versículo (en letra cursiva).
(2) O la Esencia; esto es, el ojo humano de Moisés había sido reemplazado por el Ojo Divino.
(3) Minah, p. 28.
(4) Este árbol celestial, que Muhammad vio en su Viaje Nocturno, señala la cima del universo creado.
(5) Durante esta vida, la «resurrección en Al-lâh» del Santo es una resurrección del alma, todavía no lo es del cuerpo. Pero, a través de esta coordinación de la que acabamos de hablar, el Santo puede tener también un anticipo de la resurrección del cuerpo.
(6) Como hemos visto, el Shayj enseñaba que el Intelecto es un puesto avanzado de la Visión Divina, y acaba de extender todavía más esta continuidad diciendo que el rayo del Intelecto llega virtualmente hasta el ojo exterior. Al hablar ahora de todas las facultades exteriores quiere dar a entender que todas ellas son como los «rayos» o las ramas diferenciadas del Intelecto, el cual, siendo una síntesis, puede ser llamado «ojo interior», «oído interior», etc., según el contexto. La coordinación del ojo exterior con el ojo interior implica que las otras facultades exteriores estarán también coordinadas con su arquetipo intelectual; y en virtud de esta coordinación, cada facultad exterior adquirirá algo de la variedad de aptitudes, de la síntesis que pertenece normalmente sólo al Intelecto, de modo que, por ejemplo, el tacto, el olfato y el gusto estarán, por así decirlo, dotados de visión y oído a la vez.
(7) Alî, nieto de ‘Umar ibri al‑Fârid, Ayniyya, 1, 32.
(8) Minah, p. 174.
(9) LIII, 13‑18.
(10) Lubâb al‑Ilm fi Sûrat Wa‑I‑Naym, comentario de toda la Sura de la Estrella, en la que se encuentran estos versículos.
(11) Por el Sufi Ahmad al‑Samnânî (fallecido en 1336).
(12) Aquí comenta indirectamente el Versículo de la Luz (Corán, XXIV, 35): Al-lâh es la Luz de los Cielos y de la tierra. Su Luz es como un nicho en el que hay una lámpara; la lámpara es de vidrio; el vidrio es como un astro fulgurante. Se enciende de un árbol bendito, un olivo que no es de Oriente ni de Occidente, y cuyo aceite alumbra sin haber sido tocado por el fuego. ¡Luz sobre Luz! Al-lâh dirige hacia Su Luz a quien Él quiere. Al-lâh propone parábolas a los hombres y Él es el Omnisciente.
Puesto que no es de Oriente ni de Occidente, el olivo sagrado es el árbol de adondequiera que os volváis... es decir, el árbol de la Gnosis.
(13) Ya ha dicho que, con la manifestación de Lo que cubre, «toda la jerarquía de las cosas creadas desapareció... en la manifestación de las Luces de los Nombres y Cualidades». Éstas eran, evidentemente, una preparación de transición para las Luces Supremas del Signo Más Grande. Para emplear otra de sus metáforas, puede decirse que, para que las palabras sean reabsorbidas en el Punto, antes tienen que haberlo sido en las letras.
(14) Secta racionalista herética de los comienzos del Islam.
(15) Lubâb. pp. 8‑10.
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