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Jutba del maqam de la Revelación 5

Al despertar nos damos cuenta de que la Realidad es Allah

26/04/2002 - Autor: Hashim Cabrera - Fuente: Webislam
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Una hoja del Corán Azul. Túnez.

A lo largo de estos jutbas vamos peregrinando de maqam en maqam, de profeta en profeta, hasta alcanzar las proximidades de nuestro qutb, Muhámmad, la paz sea con él, que es el eje de toda la historia profética. Cada estación nos va revelando un secreto, y así nuestros centros sutiles, nuestras lataif, van despertando a la conciencia procurándonos un recuerdo de lo real, haciendo brotar la luz que duerme en nuestras profundidades. Esas lataif son la expresión de nuestra historia, tanto de la historia personal de cada uno como de la historia del ser humano en la tierra.

Ya sabemos que ser musulmanes es ir sometiéndonos a la Realidad Única, ir despertando a la luz gradualmente, poco a poco, mediante una Recitación que va provocando el crecimiento de nuestro cuerpo luminoso. Ser musulmanes es ir peregrinando consciente y voluntariamente hacia nuestro origen, hacia esa luz sobre luz que es la fuente de toda realidad.

Ser musulmanes es ir siguiendo el rastro de la silsila luminosa de los profetas, la paz sea con todos ellos. A medida que vamos reconociendo en nosotros las ondulaciones de esa serpiente luminosa vamos despertando a la realidad. Al despertar nos damos cuenta de que la Realidad es Allah y que nosotros somos sus siervos. Esa reconducción de nuestras vidas hacia su eje, hacia su qutb, es denominada Ta’wil al Qur’an, y es la experiencia real de la revelación que tiene todo musulmán que lo sea consciente y voluntariamente.

Además de los profetas y salihin, muchos maestros espirituales nos han hablado de ello, a partir de sus propias experiencias. El sheij Semnani nos describe ese despertar como una experiencia de interiorización que nos va reorientando hacia el qutb cuando dice:

"Cada vez que en Libro oyes las palabras dirigidas a Adam, escúchalas a través del órgano de tu cuerpo sutil. Medita en aquello que simboliza. (...) Sólo entonces te será posible aplicarte a ti mismo la enseñanza de la Recitación y cogerla como una rama cargada de flores que acaban de abrirse."

Somos como un árbol que produce todas las formas y colores. Al descubrir en nosotros el reflejo de todas las criaturas nos damos cuenta de que por eso mismo somos sus cuidadores. Toda la creación bulle en nuestro interior, todas sus posibilidades. Desvelamos sus secretos cuando nos sometemos al decreto de Allah, cuando escuchamos la Recitación, cuando estamos abiertos y dispuestos a recibir Su enseñanza. Así, cuando resuena en nuestro interior el divino discurso, provoca un florecimiento espiritual, una expresión bella de nuestra condición de jalifas suyos.

Cuando nos acercamos al Qur’an atraídos por el aura de algún profeta, y buscamos los ayats que sobre él aparecen, Allah nos ayuda a situarnos en su maqam, a revivir en nosotros ese momento de Su revelación.

Allah nos dice que tomemos ejemplo de sus siervos puros, que meditemos en sus historias porque son nuestra historia. Ellos son portadores de los genes de la espiritualidad humana, de toda la humanidad. Así, de profeta en profeta, de maqam en maqam, vamos acercándonos a esa silsila cuyo sheij es el qutb y cuyo imam es Muhámmad, la paz sea con ellos. Ese despertar paulatino a la realidad es la promesa que Allah nos hace de nuestra resurrección.

El Qur’an nos señala el isnad de esa silsila, de esa cadena profética que se va engarzando hasta cerrarse sobre sí misma en un broche de tiernas esmeraldas. En el surat An Nisa, ayat 163-165, la Realidad nos dice:

"Ciertamente, te hemos inspirado, Oh Profeta, como inspiramos a Nuh y a todos los profetas después de él; e inspiramos a Ibrahim, a Ismail, a Ishak, a Jaqub y a sus descendientes, incluyendo a Isa, Yub, Yunús, Harún y Suleymán; y dimos a Daud un libro de sabiduría divina; e inspiramos a otros enviados que ya te hemos men­cionado; así como a enviados que no te hemos mencio­nado; y Allah habló a Musa directamente: hemos comi­sionado a todos estos enviados como anunciadores de buenas nuevas y como advertidores, para que la gente no tenga ex­cusa ante Allah después de la venida de ellos: y Allah es en verdad poderoso, sabio."

Desde Adam hasta Nuh, la humanidad permanece en el olvido de Allah. Él le dio los nombres de las cosas y éstos ocultaron Sus más Bellos Nombres. Con la purificación de Nuh, se inicia el proceso de reconducción hacia el origen, el ta'awil al Qur’an, la reconducción hacia Allah mediante una reorientación hacia el qutb. Tras el diluvio, la Humanidad comienza a entonar un Dikr Allah, de profeta en profeta, de edad en edad. Pero también Adam es reconocido como enviado:

"Ciertamente, Allah exaltó a Adam, a Nuh, a la Casa de Ibrahim y a la Casa de Imrán sobre toda la humanidad: todos son de un mismo linaje."

Qur’an,(sura 3, ayat 33 y 34)

Ese linaje único de todos los profetas es la silsila que despierta en nosotros, cuando somos capaces de oír su mensaje, gradual y reiteradamente, cada vez de una forma distinta. Este mensaje está dando sentido a nuestro pensamiento y a nuestra palabra, porque está reconduciéndonos desde los nombres de las cosas hasta las cualidades divinas y así nos hace trascender. Es ésta la silsila de los adoradores sinceros, la que nos procura la certeza, el isnad que Allah suscita en la humanidad para que no desaparezca Su Recuerdo.

A lo largo de toda la recitación nos encontramos con este isnad, esta larga cadena de transmisión espiritual en la que, además de los mencionados anteriormente, se articulan también Du-l-kifl, Du-l-Qarnain, Elías y Eliseo, Hud, Idris, Jidri, Yusuf, Yahia, Lut, Saleh, Samuel, Shuayb y Zaqariyya, la paz sea con ellos.

Todos ellos, así como esos otros que Allah no ha nombrado en Su Qur’an, han sido encargados de transmitir, cada uno en su tiempo, un mismo mensaje, porque Allah quiere que todos los seres humanos tengamos la posibilidad de vivir aquello para lo que nos está creando, para ser jalifas suyos en todos los mundos, criaturas conscientes. Por eso también nos asegura:

"Y, ciertamente, la esencia de esta revelación se encuentra también en verdad en los libros antiguos de sabiduría."

Qur’an, en la Sura 26, aya 196, Ash-Shuaara (Los Poetas)

Allah no se ha olvidado de ninguno de nosotros, y mucho menos aún de quien lo piensa. ¡Subhana Allah!

Oh Allah: continúa derramando Tu gracia y Tu báraka sobre la silsila de Tus profetas y enviados, sobre sus familias y sobre quienes les siguen hasta el último de los rezagados.

Amin.

2.

Allah quiere revelarnos el Qur’an para que expresemos Su luz en el mundo, para que nazcamos a la conciencia y así le conozcamos a Él. Allah quiere que Sus criaturas alcancemos la Plenitud, le alcancemos a Él, y lo hace mediante un suspiro compasionado que atraviesa toda Su creación.

Allah nos regala sin cesar con una energía que está más allá de toda vibración, de todo sonido, pero lo hace mediante una articulación incomparable y misteriosa. Su Mensaje es una vibración pura que nos otorga la flexibilidad y la energía necesarias para existir como seres de luz, como fibras luminosas que se prosternan en un Único Rayo de luz que va creando todos los mundos a su paso. Un rayo que se ondula incomprensiblemente generando la vida, un milagro que no podemos comprender porque es Luz sobre Luz que nutre y atraviesa los mundos como una serpiente luminosa. Sólo quiere que despertemos a la Realidad, a la conciencia, y que nos demos cuenta de que ese es el sentido de nuestra creación, quiere que comprendamos que nuestro decreto es la Resurrección y que todo lo demás de nuestra existencia le corresponde sólo a Él.

Ese cambio en nuestras conciencias se produce gracias a la luz verde de Muhámmad, la paz sea con él, que recorre toda la silsila profética hasta Adam y aún se interna más allá. Es el reverdecimiento, el tayalli de la Resurrección de la luz en nosotros lo que nos trae Muhámmad.

Y así, acercándonos al Qur’an, nos damos cuenta de que Al Jidri, la paz sea con él, es el sheij de Musa, y de que la Haqiqa ilumina a la Shariah. La sabiduría llena de sentido a la ley. El verde hace vivir incluso al blanco porque está escondido en la fuente del arco iris.

El Qur’an cambia nuestra visión. La recitación nos lleva desde la visión ordinaria del mundo hacia el tayalli, a la teofanía. El ejemplo de los profetas y los salihin nos ayuda a comprender la forma en que se produce la revelación en nosotros, nos ayuda a comprendernos a nosotros mismos y a comprender el mundo.

La visión común surge en nuestras almas a partir de nuestras percepciones del mundo, de aquello que vemos y oimos. La visión de los profetas y de los salihin es una proyección de sus almas inspiradas sobre el mundo. Es una visión plena de sentido, un tayalli que borra el dentro y el fuera. Ven y oyen a Allah en sus corazones porque viven en la imaginación activa y creadora, en la Haqiqa, entregados a la Realidad con plena conciencia, sin maqamat, y sus historias personales se confunden con nuestra propia historia. ¡Barakalawfiq!

Buscamos la Realidad en el mundo pero la Realidad nos alcanza por dentro, nos atraviesa y vuelve al mundo de nuevo en forma de visión, como Al Jidri le demostró a Musa, la paz sea con ellos.

Resucitamos y reverdecemos en la existencia. Somos el más alto tayali cuando somos lo que Allah quiere que seamos, siervos atentos a Su Palabra, capaces de distinguir y amar lo halal que hay en el mundo, que seguimos el rastro de la silsila de los adoradores, de los que se prosternan de día y de noche, al Hamdulilah.

Los profetas de nuestra silsila mantienen la apariencia humana como Rahmatullah para quienes aún vivimos en el olvido, para quienes aún necesitamos del Recuerdo. Ellos son los heraldos de nuestra Resurrección en esta vida que surge sin cesar en nosotros, rompiéndonos en mil pedazos, y haciéndonos nacer enteros a otra vida que hemos de vivir con total seguridad y sin olvido.

El despertar a la realidad es el único acto libre por el cual somos recompensados con una existencia verdadera.

Señor nuestro: procúranos la conciencia de Tu Mensaje. Abre nuestros corazones a Tu Qur’an.

Amin.


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