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Ibn Hazm de Córdoba *

08/04/2002 - Autor: Henry Corbin - Fuente: Webislam
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Ibn Hazm
Ibn Hazm

1. A Córdoba pertenece una de las personalidades más notables del Islam de Andalucía en los siglos X y XI, personalidad compleja cuyos múltiples aspectos se proyectan en su obra. Está lbn Hazm el poeta; está Ibn Hazm el pensador, el teólogo, el historiador crítico de las religiones y de las escuelas filosóficas y teológicas; está el moralista; está el jurista. Vir immensae doctrinae, decía de él R. Dozy. Es el platónico y el historiador de las religiones el que nos interesa esencialmente aquí. Abû Mohammad ‘Alî Ibn Hazm nació en el año 383/994, en una familia de elevada posición social; él mismo se enorgullecía de poder hacer retroceder su ascendencia hasta un cierto persa llamado Yazîd. Siendo su padre visir del califa al‑Mansúr, el joven Ibn Hazm pudo fácilmente recibir la enseñanza de los más célebres maestros de Córdoba en todas las disciplinas: el hadith, la historia, la filosofía, la medicina, la literatura.

Desgraciadamente, en el 403/1013 (abril), todo un barrio de Córdoba fue saqueado por los berberiscos. En junio del mismo año, lbn Hazm pierde a su padre. Desatada la revuelta contra la soberanía de los Omeyas, lbn Hazm es expulsado de Córdoba y se le confiscan sus bienes. Lo encontramos, pues, a los veinte años, totalmente comprometido en la política, alineándose con los más fieles sostenedores de la dinastía de los Omeyas. Se refugia en Almería, poniéndose a la cabeza del movimiento en favor del príncipe Abd al‑Rahmân IV, pretendiente legítimo al califato, contra lbn Hammûd. Pero el príncipe resultó muerto en el curso de un combate en el que su ejército fue derrotado y en el que Ibn Hazm era hecho prisionero. No obstante, será puesto en libertad.

En absoluto desalentado, Ibn Hazm se refugia en Shâtiba (Játiva). Allí encuentra la suficiente paz y seguridad para escribir su admirable libro de amor, El collar de la paloma (Tawq al‑Hamâma), que es, al mismo tiempo, un diario de su experiencia vital, donde revela, entre otras cosas, una herida hasta entonces guardada en secreto: su amor juvenil por la hija adoptiva de sus padres. Permanece siempre fiel a la causa de los Omeyas como única dinastía legítima. Es el más firme sostén del príncipee Abd al‑Rahmân V, que consiguió subir al trono, bajo el nombre de al‑Mostazhir, en el 413/1023, e Ibn Hazm se convirtió en su visir. Por poco tiempo, sin embargo, pues dos meses después, en febrero del mismo año, al‑Mostazhir es asesinado e lbn Hazm es de nuevo desterrado de Córdoba. A partir de ese momento, desaparece cualquier esperanza de una restauración Omeya. Ibn Hazm renuncia a toda actividad política y se consagra a la ciencia. Dejará este mundo en el año 454/1063.

2. Con el libro titulado El collar de la paloma, Ibn Hazm se sitúa entre los adeptos del platonismo islámico, que tiene por ilustre predecesor a Mohammad Ibn Dâwûd Ispahânî (ob. 2971909), cuyo admirable texto, Kitâb al‑Zohra, hemos citado anteriormente (VI, 6). Es probable que lbn Hazm dispusiera en la biblioteca del castillo de Játiva de una copia del libro de Ibn Dâwûd Ispahânî. Ibn Hazm se refiere expresamente al pasaje en el que lbn Dâwûd hace alusión al mito platónico del El banquete: «Algunos adeptos de la filosofía pensaron que Al-lâh creó cada espíritu dándole una forma esférica; después, los dividió en dos partes, colocando cada mitad en un cuerpo. » El secreto del amor es la reunión de esos dos miembros en su unidad original. La idea de la preexistencia de las almas está, por lo demás, expresamente afirmada por un hadith del Profeta. Ibn Hazm se refiere a él, pero prefiere interpretarlo en el sentido de una reunión concerniente al elemento superior de las almas aisladas y dispersas en este mundo; se trata de una afinidad entre los impulsos que las mueven y que afloran desde su preexistencia en el mundo superior. El amor es la mutua aproximación a la forma que las perfecciona. Lo semejante busca a su semejante. El amor es una adhesión espiritual, una fusión de las almas.

En cuanto a la causa por la que con frecuencia surge el amor, el análisis de Ibn Hazm. presenta una clara reminiscencia del Fedro de Platón:

Esa causa es una forma exteriormente (zâhir) bella, porque el alma es bella y desea apasionadamente todo lo que es bello y se inclina hacia las imágenes perfectas. Si ve una imagen así, se fija en ella; y si discierne después en esta imagen algo de su propia naturaleza, sufre su irresistible atracción, y el amor, en el sentido verdadero, surge. Pero si no discierne, más allá de la imagen, algo de su propia naturaleza, su afecto no va más allá de la forma.

Es importante subrayar este análisis en lbn Hazm, que es un zahirita (es decir, un exoterista en materia canónica, apegado a la letra, a la apariencia) capaz, sin embargo, de reflexiones como ésta:

¡Oh perla oculta bajo la forma humana!... Veo una forma humana, pero cuando medito más profundamente, he aquí que me parece un cuerpo venido del mundo celeste de las esferas.

Éstos son pensamientos que podrían encontrarse en esoteristas como Rûzbehân de Shîrâz e lbn Arabî, prestos a percibir cada apariencia como una «forma teofánica». El límite entre unos y otros es, pues, bastante difuso; en unos y en otros, la apariencia se torna aparición. Y es algo que es necesario recordar en el caso del zahirismo del teólogo lbn Hazm.

Debemos al arabista A.R. Nykl la primera edición del texto árabe del libro de Ibn Dâwûd y a la vez la primera traducción a una lengua occidental (inglés) del libro de lbn Hazm. Una cuestión de un interés que podemos calificar de apasionante ha sido igualmente tratada por A.R. NykI, a saber, la estrecha semejanza entre la teoría del amor en Ibn Hazm y ciertas ideas que aparecen en la «Gaya Ciencia» de Guillermo IX de Aquitania y, en general, hasta la cruzada contra los albigenses, en los principales temas del repertorio de los trovadores. No podemos más que enunciar el tema. Su alcance es muy extenso (geográfica, tipológica y espiritualmente), pues no se trata únicamente de cuestiones de forma y de temática, sino de la existencia de algo en común entre los Fedeli d’amore y la religión del amor profesada por algunos sufíes. Pero es preciso diferenciar cuidadosamente las distintas posturas (cf. supra, VI, 6).

Para el platónico Ibn Dâwûd, para Jâhiz, para el teólogo neo‑hanbalita lbn Qayyim, la vía de amor es estrictamente divina; no emerge. Para el platonismo de los sufíes, para Rûzbehân de Shîrâz como para Ibn Arabî, consiste precisamente en ese emerger. Toda la espiritualidad de los sufíes que vendrán después de ellos adopta un tono diferente al de sus predecesores. El amor odhrita no es simplemente el modelo del amor de Al-lâh, pues no se trata de pasar de un objeto humano a un objeto que sería divino. Es una transmutación del amor humano lo que en realidad se produce, pues ése es «el único puente que puede salvar el torrente del tawhîd». La obra de lbn Hazm titulada Los caracteres y la conducta (Kitâb al‑akhlâq wal‑siyar), traducida al español por Asín Palacios, es de gran interés para la lectura del libro anterior, pues el autor precisa en ella la terminología técnica que utiliza para analizar los diversos aspectos del amor. Es una obra que se ajusta, más o menos, a la idea de un «diario» personal. El autor consigna ahí, sin ningún plan preestablecido, sus observaciones, meditaciones y juicios sobre los hombres y sobre la vida: una obra eminentemente reveladora del hombre y la sociedad andaluza del siglo V/XI.

3. Como canonista, Ibn Hazm se destaca por un libro (Kitâb al-Ibtâl) en el que trata de las cinco fuentes reconocidas por las diferentes escuelas para establecer una decisión jurídica: la analogía (qiyâs), la opinión personal (rai), la aprobación (istihsân), la imitación (taqlîd) y la motivación (talîl). En otro texto, (Kitâb al‑mohallâ), critica severamente los principios de la escuela shafiíta. Estos libros establecen, sobre la base de la doctrina zahirita, los criterios de discusión con otros autores.

Pero la que es, con mucho, la obra más importante del teólogo lbn Hazm es su tratado sobre las religiones y las escuelas de pensamiento (Kitâb al‑fisal wal‑nihal, ed. de El Cairo, 321/1923, traducido al español igualmente por Asín Palacios según la Enciclopedia del Islam, la primera edición de esta obra —en El Cairo— es de 1317. La edición española, de Asín Palacios, 1927‑1932). Esta voluminosa obra es considerada, con toda justicia, como el primer tratado de historia comparada de las religiones que se haya escrito nunca, tanto en árabe como en cualquier otra lengua. El maestro de Córdoba deja plasmada en ella toda la medida de su genio y de sus inmensos conocimientos. Analiza, además de las diversas religiones, las diferentes actitudes del espíritu humano ante el hecho religioso, tanto la del escéptico que pone en cuestión todos los valores sagrados, como la del simple creyente de cuño popular.

En función de su actitud, clasifica a los seres humanos y a las doctrinas en varias categorías. Está la categoría de los ateos, que engloba igualmente a los escépticos y a los materialistas. Está la categoría de los creyentes, que engloba a aquellos que creen en una divinidad personal y a quienes creen en una divinidad impersonal, abstracta, sin relación alguna con la humanidad. El primer grupo se subdivide a su vez en monoteístas y politeístas. Entre los primeros, es preciso distinguir todavía entre quienes tienen un Libro revelado por el Cielo a través de un profeta, y quienes no lo tienen. Entre aquellos que poseen un Libro (los Ahl al-Kitâb), hay aún dos posibilidades: están quienes han conservado fielmente, en el curso de los siglos, el texto sagrado, sin ninguna alteración, y quienes han alterado el texto. El criterio de la verdad del hecho religioso consiste, pues, para Ibn Hazm, en la afirmación de la Unidad divina (tawhîd) y en la conservación íntegra, a través de los siglos, del texto de la Revelación. Así comprendido, el hecho religioso está esencialmente basado en el sentido de lo divino, de lo sagrado, y la autenticidad de ese sentido depende de la afirmación de la Unidad trascendente, garantizada a su vez por la Revelación profética. Para que esta Revelación conserve su acción permanente es importante, pues, que sea conservada textualmente, de siglo en siglo, puesto que ese texto es el umbral a través del cual el fiel se aproxima al misterio divino.

Estas son las grandes líneas del universo religioso tal como lo concibe Ibn Hazm, y en función de las cuales establece su sistema exotérico (zâhirî) como única vía de la verdad espiritual. En apoyo de lo que se ha dicho más arriba en relación al zahirismo, se recuerda que Ibn Arabî, uno de los más grandes esoteristas (bâtinî) de todos los tiempos, era, también él, andaluz y, jurídicamente, un zâhirî. (1)

Notas:
*Historia de la filosofía islámica, ed. Trotta, 1994, pp. 207-211)
(1) Nota de webislam: Este juicio de Henry Corbin sobre Ibn ‘Arabî ha sido desmentido por numerosos especialistas. Cf. M. Chodkiewicz, “Ibn ‘Arabî, La letre et le loi”, en Actes du colloque: Mystique, culture et société, París, 1983. Y Claude Addas, Ibn ‘Arabî o la búsqueda del azufre rojo, pp. 55, donde explica que Ibn ‘Arabî no adoptó ningún madhab. En la misma dirección, la denominación de Ibn ‘Arabî como bâtinî es también equívoca. Debemos afirmar que en Ibn ‘Arabî esas clasificaciones han sido rebasadas.
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