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Jutba del maqam de la Revelación 3

El profeta, la paz sea con él, habita el maqam del Qur’an y el Qur’an va desenvolviéndose en su interior, desplegándose y formando su percepción, modelando su nafs, su comprensión del mundo

05/04/2002 - Autor: Hashim Cabrera - Fuente: Webislam
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Qur’an
Qur’an

Al comienzo de la revelación coránica Allah exhorta al profeta a leer, a recitar, y le dice que Él es Al Karim, y que Su mayor generosidad estriba en enseñar al ser humano lo que no sabe mediante el Qalam, la palabra, los nombres, la escritura.

La irrupción del Qur’an en el corazón de Muhámmad, la paz sea con él, le provoca una conmoción que le hace tambalearse. La rotundidad de la revelación ha hecho pedazos su sentimiento de la realidad. Allah ha transmutado su visión para hacerla capaz del mensaje y de la mediación.

Avanzamos con el Qur’an sabiendo ya que éste no es un libro de papel que se aprende de memoria y que se recita durante la salat, sino que la Recitación está siendo escrita en cada expresión de la existencia, en cada respiración, en cada amanecer, en toda mirada.

La creación es puro conocimiento, pura hikma, y nosotros somos parte de esta Sabiduría. Allah se nos revela como Al Musawwir, el diseñador de todas las formas, cuando crea el Qálam para trazar las ondas vibrantes de la vida, las líneas de una Recitación, de un dikr que no es sino la más pura de las conciencias.

En la segunda revelación que experimenta Muhámmad, la paz sea con él, Allah abre su discurso invocando el Qálam. En el Sura 68, Al-Qalam (La Pluma) (ayat 1-4), Allah nos dice:

"Nun ¡Considera el cálamo y todo lo que con él escriben! ¡Tú no eres, por la gracia de tu Sustentador, un loco! Y, realmente, recibirás una recompensa incesante –pues, ciertamente, observas en verdad un modo de vida sublime."

Allah dice al profeta que medite en el qalam, en esa herramienta capaz de trazar la revelación, y le tranquiliza: "¡Tú no eres un loco!". Allah acompaña al profeta en su fanah y le concede su áman cuando se hace capaz de la Revelación y empieza a comprender que el discurso de Allah le está siendo confiado como una ámana para que así, realizándose en su corazón puro, pueda ser visto y oído por los seres humanos necesitados de la luz de la realidad.

La revelación no es una palabra creada por la mente lógica del ser humano sino la palabra inspirada que afecta a nuestro corazón, la que nos otorga sentido, la que nos conmociona arrancándonos significado. El lenguaje nos acompaña desde Adam, la paz sea con él. El lenguaje nos extravía y el lenguaje nos ayuda a recobrar nuestra memoria.

La revelación que está viviendo en sí mismo Muhámmad es el discurso del sentido, una claridad con la que será agraciado e iluminado sin cesar. El profeta vivirá a partir de ese momento constantemente iluminado. ¿Quién podría permanecer en un estado así durante los veintitrés años que tardó su corazón en contener todo el Qur’an? Allah nos aclara que ese estado de iluminación permanente será vivido por Muhámmad porque éste tiene un modo sublime de vivir (juluq)

El profeta, la paz sea con él, habita el maqam del Qur’an y el Qur’an va desenvolviéndose en su interior, desplegándose y formando su percepción, modelando su nafs, su comprensión del mundo. La Recitación va trazando la vida del profeta, la paz sea con él, en la forma de una enseñanza permanente. Sus actos más banales adquieren trascendencia porque son la expresión más viva y real del Insan Al Kamil, la cima de la conciencia humana.

Por esa razón quienes le conocieron estaban atentos al más mínimo de sus gestos, porque sentían y sabían que era un hombre realizado, una fuente inagotable de conocimiento sobre la realidad del ser humano y sobre la forma más elevada de vivir en el mundo. Ese conocimiento del profeta Muhámmad, la paz sea con él, es lo que la humanidad ha necesitado sin cesar desde que Adam se perdió entre los nombres de las cosas.

Allah dice al profeta que medite en el qalam y en los ángeles que con él escriben. Es una meditación en torno a una fuente que es, al mismo tiempo, la de la creación y la de la revelación. La creación de Allah es una revelación constante, un discurso inspirado que ven aquellos que pueden ver y permanece oculto para quienes sólo pueden mirar con los ojos de la mente lógica y mecánica.

Según nos transmite Tirmidi en un hadiz, cuando le preguntaron a Muhámmad acerca del qalam, el profeta, la paz sea con él, dijo: "La primera cosa que creó Allah fue el qalam. Creó la tabla y le dijo al qalam: ‘escribe’. El qalam preguntó ¿Qué escribo? Y Allah le contestó: ‘escribe Mi conocimiento y Mi creación hasta el Día de la Resurrección’. Y entonces el qalam trazó lo que se le mandaba."

El Qur’an nos dice que meditemos en el hecho de que creación y revelación son una misma cosa. No hay revelación, no hay desenvolvimiento sin creación, y ésta no existe fuera de la conciencia.

Allah le dice a Muhámmad que no está loco y que el fanah fillah que está experimentando le hará vivir ya por siempre iluminado en la Realidad. Esa será, desde entonces, su forma de vivir, su Din, que es el din del ser humano sometido a la Realidad Única, esa forma de vivir que los conversos vamos conociendo poco a poco pero profundamente, en contraste con otras formas de vida que hemos conocido anteriormente.

En numerosos hadices (Muslim, Abu Da’ud, Tabari...) se narra que A’isha, afirmó en varias ocasiones, hablando del Profeta muchos años después de su muerte, que "su forma de vida (juluq) era el Qur’án"

Nuestra forma de vivir es consecuencia de nuestra visión y ésta se forma en nuestro interior, en el corazón, para irse abriendo a la vida en nuestra palabra y en nuestra mirada. La experiencia del conocimiento y su transmisión requieren de una visión y de un sentido. Por eso los libros, como dice sidi Ali Al Yamal no contienen todo lo que los corazones contienen, porque éstos se asoman al mundo a través de los ojos. Necesitamos ver los ojos de quien nos habla y mirar a quien hablamos.

Nuestro din se aprende con el corazón y se teje en nuestras miradas. Abrimos los ojos y vemos la vida de los campos o el vuelo de un pájaro y consideramos que eso que vemos es la realidad. Claro que es la realidad ¿Qué podría ser si no? Pero la Realidad se nos muestra por partes, por suras, por rincones. La revelación implica vida, desenvolvimiento. No podemos abarcar toda la realidad con nuestra mirada porque nuestra visión es la expresión de un claroscuro. Hay un ojo que ve, un dentro y un fuera, un discurso que se desenvuelve entre luces y sombras. El Qur’an nos exhorta constantemente a reflexionar sobre ese claroscuro, sobre ese latir compasionado.

No podemos vivirlo de otro modo y así cruzamos por la existencia, a través de la experiencia de la noche y del día, del movimiento y la quietud, para realizar la creación de Allah en nosotros. Pero podemos cruzar con plena conciencia, con nuestra visión radicalmente modificada.

La experiencia de la realidad no es la locura. Locura es un pensamiento roto, sin ninguna finalidad, separado del sentir, exiliado del mundo. Locura es creer que podemos abarcarlo todo con nuestra visión, como si lo que vemos, el universo que se nos muestra fuese toda la creación de Allah. La ignorancia nos hace creer que las estrellas son el universo. Creemos en el mundo como algo real e inamovible que está allí, fuera de nosotros. Esa es nuestra visión. Pero la visión de la realidad es otra. Es una revelación que aniquila cualquier visión y nos sitúa en el mundo de lo real, en un universo vasto e inconmensurable en constante creación, donde todo es posible porque es el Reino del Qadr, un maqam donde sentimos que la Belleza y la Majestad se dan la mano.

Allah nos revela un hecho trascendental: el desenvolvimiento del Qur’an en el corazón de Muhámmad, la paz sea con él, le va a establecer en un maqam de iluminación permanente, de conciencia acrecentada hasta sus límites. Y nos dice también que el profeta pudo soportarlo porque tenía una forma sublime de vivir, un din sublime.

Ese es el mensaje maravilloso que nos trae Muhámmad, la paz sea con él, el Qur’an al Karim, la posibilidad de vivir en este mundo con una conciencia acrecentada. Por eso los musulmanes consideramos el Qur’an como un milagro, porque vamos sintiendo poco a poco, gradualmente, la luz que nos procura. El Qur’an nos proporciona las líneas maestras que trazan nuestro din, los hilos que tejen nuestras vidas. Esas líneas son los ayats que nos conmueven, los signos que hacen mella en nuestro corazón y conforman nuestra visión, ampliándola, y que nos hacen comprender y mirar de nuevo el mundo desde esa conciencia acrecentada.

El maqam de Muhámmad es el lugar de la mirada clara, la vibración de unos ojos que no mienten porque nada tienen que ocultar. Alhamdulillah.

Pedimos a Allah que nos mantenga en el maqam de Muhámmad, y que nos revele su din, que es el nuestro.

Que acepte nuestro agradecimiento por el Qur’an y por estar viviendo la Recitación como una conversión al islam, como la shahada de nuestro sometimiento a la Realidad.

Amin.

2.

Vivimos las experiencias básicas de todo ser humano, pero lo hacemos pertrechados con la luz de una revelación que nos está transformando. Nuestra conciencia se va expandiendo a medida que nos hacemos capaces de vivir en el claroscuro, a medida que vamos siendo capaces de albergar sentido; crecemos como seres humanos a medida que progresamos en nuestra comprensión.

El Qur’an nos abre a la luz de la Realidad porque es el tayalli de la Realidad, la manifestación sin la cual no nos son posibles ni la percepción luminosa, ni la imaginación creadora, ni el recuerdo de Allah. En el sura 17, El Viaje Nocturno, ayat 89, nos dice Allah:

"¡Pues, en verdad, hemos dado múltiples facetas en este Qur’án a toda clase de enseñanzas diseñadas para beneficio de la humanidad!"

Allah ha diseñado Sus enseñanzas al ser humano en la forma de un Qur’an, de una recitación que es el discurso abierto del sentido, creador de conciencia y de identidad, que beneficia a aquellos seres humanos a quienes alcanza.

El Qur’an es un tesoro precioso porque es el medio por el cual se incrementa y se realiza nuestro aql, nuestra comprensión. Y se realiza porque la comprensión necesita de un objeto y de un sentido y el Qur’an nos muestra todos los objetos y todos los sentidos posibles de nuestra comprensión.

Allah ha diseñado nuestro aql para hacernos capaces de comprender, para hacernos testigos de nuestra propia creación y de la creación del mundo. La expresión de nuestro aql, su tayalli, es el ajlaq, la responsabilidad que nos hace vivir sometiéndonos a Allah como jalifas. Por eso cuidamos la creación y no la dañamos voluntariamente. Por eso nos duele la barbarie.

Y por eso mismo también, pretender reducir el Qur’an a un conjunto de normas jurídicas o éticas o de directrices sociales o de contenidos esotéricos es una devaluación inaceptable. El Qur’an se revela cuando el ser humano es capaz de contener su mensaje, alcanzar el manantial inagotable de sus sentidos.

El Qur’an es nuestro din porque se nos revela en el corazón, porque transforma nuestra comprensión y nuestros actos. Nuestras vidas van, poco a poco, acompasándose a la recitación.

El Qur’an es la nana que nos acuna en este mundo de las criaturas indefensas y dependientes. También es el himno de nuestra liberación y el poema de nuestro Recuerdo. Todas las facetas de la creación están contenidas en el Qur’an, todas las lecturas de nuestra existencia. Y cuando lo leemos y recitamos con sinceridad nuestras vidas cambian. En el Sura 7, Al-Aaraf, La Facultad del Discernimiento, (ayat 204-206) nos dice Allah:

"Así pues, cuando el Qur’an esté siendo recitado, prestad atención y escuchad en silencio, para que seáis agraciados con la misericordia de Allah.

Y recuerda a tu Sustentador humildemente y con temor, y sin alzar la voz; recuérdale mañana y tarde, y no te permitas ser negligente.

Ciertamente, quienes están próximos a tu Sustentador no tienen a menos adorarle; proclaman Su infinita gloria y se postran sólo ante Él."

El privilegio de vivir como jalifas siguiendo el rastro luminoso del mensajero, la paz sea con él, es también nuestra responsabilidad, porque Allah nos dice que Su Luz sólo alcanza a quienes Él quiere, sólo brota en los corazones puros y ahí están su protección y su secreto.

En los tiempos en que truena la barbarie y se expresa lo más abyecto de la condición humana es cuando más necesarios son los hombres y mujeres de espíritu, porque ellos conservan en sus corazones el mensaje que servirá, insha Allah, para establecer el islam en esta tierra.

Le pedimos a Allah Su áman bajo la forma de un Din que se nos revele con misericordia.

Amin.


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