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Jutba de los conversos

El islam es la más humana de todas las vestiduras

08/03/2002 - Autor: Hashim Cabrera - Fuente: Webislam
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Abrazo, llanto y conversión.

Bismillahi ar rahmani ar rahim: Assalamu aleikun:

Mis queridos hermanos y hermanas, compañeros en este viaje hacia Allah que nos lleva a recorrer el tiempo y los espacios, a vivir en este mundo de sombras y de luces efímeras. Los sucesos que tienen lugar en estos tiempos, en los que la violencia y la guerra parecen adueñarse de todas las almas, nos están sirviendo para reflexionar sobre nosotros mismos, porque necesitamos conocer el sentido de nuestra existencia aquí y ahora.

En primer lugar nos estamos dando cuenta de que una cosa es el islam y otra bien distinta somos los musulmanes. Nosotros, los musulmanes conversos y nuestros hijos que crecen siendo musulmanes, nos encontramos en un mundo en que el sometimiento a Allah, es decir, el islam, se encuentra muy amenazado por la barbarie, por la mentira, por el kufr. Hemos encontrado una Ummah que antes no conocíamos, una comunidad que muchos creíamos una utopía, pero es una comunidad maltrecha, golpeada, que ha sufrido los embates de quienes viven tratando de negar la verdad creyendo que así pueden escapar de la muerte y del decreto que Allah establece para cada uno.

Muchos conversos hemos llegado al islam por un movimiento del espíritu, por una honda necesidad de encontrar respuestas. Y las hemos ido encontrando a medida que hemos venido caminando por esta senda. En el límite de nuestra desolación encontramos la calma, el salam, el islam. Porque vivimos la desolación sabemos que ésta acaba con toda vana ilusión, con cualquier ídolo, y que de sus escombros surge una visión humana de la realidad, una experiencia de la verdad. Y esa verdad que vamos reconociendo, esa realidad a la que nos vamos sometiendo conscientemente nos plantea el dilema de decidir, nos otorga la ámana de ser sus jalifas, Su más pura manifestación en esta tierra de Adam, y decidimos someternos a Su Voluntad, al poder de la realidad.

Eso es para nosotros ser musulmanes y eso es para nosotros el islam. Venimos de una infancia y de una juventud llenas de doctrinas, de barreras que se interpusieron implacablemente entre nuestros corazones y la luz que hemos ansiado siempre. Desesperábamos porque no sentíamos a Allah vivo en nuestro interior, porque por eso mismo no podíamos vivir el bien ni la belleza. Éramos prisioneros de la tiniebla y de los colores, que son las dulces sombras. Prisioneros de una visión que desaparece ante nuestros ojos sin que nosotros podamos hacer nada para evitarlo.

Nos debatimos en esa oscuridad y allí comenzamos a renacer como seres de la realidad, como jalifas conscientes, capaces de ver y de oir, como seres dotados de razón y sentido.

La razón nace cuando la visión nos alcanza por dentro, cuando resuena con fuerza entre nuestros latidos, cuando fluye con nuestra respiración. Esa razón, ese sentido no es otro que el amor, no es otra cosa más que orientación hacia la realidad que amamos. Esa orientación nos da razón de ser y de vivir. Es el amor la más profunda de todas las experiencias porque amar implica dar, mirar ‘a otro’, reconocer que no somos completos y sin falta, que el otro no es otro sino Uno. En ese movimiento apasionado, en esa apuesta arriesgada y vital, nos encontramos ya viviendo la realidad como respuesta.

No somos Allah nosotros solos porque no podemos estar solos mientras existan la palabra, la memoria, el recuerdo…, buscamos sin cesar al otro por ver si así, conociendo a las criaturas, podemos saber algo de su Amante Creador, y del Amado, tener una noticia Suya. Pero la búsqueda en el mundo es ardua porque no podemos ver quién o qué lo está creando, sólo vemos Sus huellas, Sus ecos, los pensamientos que se marchan igual que vienen.

Allah nos está agraciando a nosotros, a nuestros hijos, con el din de Muhámmad, sala allahu aleihi wa sallem, con una experiencia integral y espiritual. Esa gracia Suya es la que nos hace sus jalifas y responsables ante Ummah, que en nuestro tiempo aparece castigada y doliente. Tenemos la responsabilidad, la conciencia de lo que es el islam y de lo que es el kufr, porque hemos conocido ambas frecuencias, y porque hemos ido encontrando el islam a medida que hemos ido destrozándonos con todas las doctrinas, una tras otra, rompiéndonos con todo aquello que se interpone entre nuestros corazones y Allah.

Tenemos una responsabilidad ante la Ummah porque somos conscientes de que ésta ha sido envenenada por las doctrinas. ¿Qué dicen el wahabí, el salafí o el talibán? ¿Acaso lo que dijo Abdul Wahab o lo que decían los primeros musulmanes?. No, ahora esos nombres proponen doctrinas y formas de vida separadoras, ecos de un islam que fue un día fuerte e invencible pero que se dejó perder embelesado por las luces del mundo, por el poder, por el lujo y por la inconsciencia. Una cáscara vacía y seca como sus obras, un din que no es un din sino una religión institucionalizada donde existen jerarquías y personas que se atribuyen la capacidad de mediar con Allah, de ser sus intérpretes y depositarios exclusivos. Son doctrinas que tratan de apoderarse de la ámana en exclusividad, de la misma manera que lo han hecho entre los judíos y los cristianos, a base de sinagogas e iglesias.

Por el contrario, el islam que vivimos los conversos es un islam que necesita construirse desde el principio, desde el núcleo de los corazones. Es el islam de las verdes praderas de la Medina Al Munawara, la comunidad profética, el islam de los corazones ansiosos de bien y de belleza. Nosotros no hemos heredado la ámana como quien hereda una casa, sino que nos está siendo dada a medida que caminamos por la vía del sometimiento a la Realidad, a medida que vamos siendo musulmanes. De la misma manera que les ocurría a aquellos que vivieron con el Profeta, que iban siendo conscientes de Dios a medida que iban conociendo y poniendo en práctica el mensaje, a medida que vivían su din. Nosotros, como aquellos primeros musulmanes, estamos siendo agraciados con la luz de la verdad y eso es así porque Allah quiere y no necesita más explicación.

Pero quizás también esa responsabilidad que hay en nuestras conciencias, ese ajlaq, tenga que tener un propósito. Y ese propósito es el de esclarecer, transmitir, desvelar todo aquello que nos llega a cada uno en forma de luz, en forma de sentido, en forma cualquiera.

No nos toca a nosotros en principio construir un discurso teológico ni jurídico si antes no somos capaces de construir el discurso de nuestra vida cotidiana como seres que están sometiéndose a la Realidad. Nuestra tarea, alhamdulillah, no es armar una doctrina o enumerar unos principios o instaurar una moral, sino que es la más ardua tarea de todas y la más gratificante al mismo tiempo: ayudarnos unos a otros a morir en Allah, compartir nuestras vidas en Él, para poder así realizarlo en la humanidad que somos nosotros y, por tanto, en toda la humanidad.

Allah Subhana ua Ta’ala está depositando en nuestras conciencias las semillas de la humanidad del futuro para que fructifiquen en el presente, para que no se pierdan nada del bien y de la belleza que Allah nos confió. Esa es Su ámana, espejo de Su luz. Por eso mismo nuestras voces, aunque sean pocas y lejanas, tienen la responsabilidad de transmitir el mensaje en estos tiempos que corren turbulentos. El islam no se conserva en los libros ni en las piedras sino en los corazones de los que viven sometiéndose a la Realidad. Sólo puede mantenerse vivo el mensaje en el corazón humano, en la mirada, en la voz y el pensamiento humanos...

El mensaje sólo puede revelarse al corazón ansioso, al amante desesperado. Nosotros estábamos solos y desesperados del mundo cuando el mensaje hizo mella en nuestros corazones y éstos se volvieron hacia la luz como mariposas hipnotizadas. Nosotros sí sabemos lo que es el islam y lo que no es el islam. Nosotros sabemos lo que significa ser musulmanes, lo estamos sabiendo porque Allah quiere. Gracias a Él. Gracias a Allah por todo ello, por habernos reunido en estos momentos de adoración en comunidad y por hacer posible la comunidad, que es hoy la tarea más necesaria y difícil. Gracias a Allah por conservarnos el sentido el humor y por aligerar esta jutba que podría resultar un poco pesada.

El islam es la más humana de todas las vestiduras y Allah lo ha creado para nosotros, a nuestra medida, como una piel que deja traslucir lo más luminoso que pueda encontrarse en nuestro interior y que al mismo tiempo nos protege de las inclemencias del tiempo y de los acontecimientos.

Nos sentimos agradecidos a Allah por procurarnos la conciencia y por hacernos sentir unos a otros, por haber hecho posible la separación y la unión, el olvido y el recuerdo, por habernos dado la posibilidad de conocernos a nosotros mismos, de conocer a algunos otros. Gracias, Dios nuestro, porque has querido para nosotros la senda de Tu recuerdo.

2.

Du’a

Allahumma!

Ayúdanos a librarnos de nuestras miserias.

Líbranos del desamor y del olvido.

No nos dejes nunca a merced de nosotros mismos.

Protégenos de nosotros mismos.

Tú que nos hiciste nacer, que nos haces vivir y que nos harás morir

Sácanos del fuego del alejamiento y haz que cesen nuestros sufrimientos.

Ahora que sé que no tengo más que a Ti, que nunca tuve nada ni nadie más que Tú, hazme capaz de comprenderme a mí mismo, de trascenderme a mí mismo, hazme capaz de Ti, dame la plena conciencia de ser jalifa tuyo. Hazlo como Al Rahmán y perdóname por haberme olvidado de una manera tan concienzuda, tan obstinada y eficaz.

Haz de mí un ser humano agradecido

Sé implacable con mis quejas y con mis debilidades

No dejes que muera en la inconsciencia

Ni que viva en la inconsciencia.

Aniquílame de una manera tan poderosa

Que no quede nadie que pueda lamentarlo.

Amin.


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