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Mensaje a la Nación

18/02/2002 - Autor: Pervez Musharraf
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Pervez Musharraf
Pervez Musharraf

Bismillah ir Rahman ir Rahim. Hermanas y hermanos pakistaníes:

Como recordaréis, desde el momento mismo que asumí la presidencia, emprendí una campaña para librar a la sociedad del extremismo, la violencia y el terrorismo, esforzándome en mostrar el Islam en su verdadera perspectiva. En mi primer discurso, del 17 de octubre de 1999, dije, y cito: “El Islam enseña la tolerancia, no el odio; la fraternidad universal, no la enemistad; la paz, no la violencia. Tengo mucho respeto a los ulemas y confío en que respondan y presenten el Islam a su verdadera luz. Los exhorto a moderar a aquellos elementos que explotan la religión para servir sus propios intereses y dan un mal nombre a nuestra fe”.

A continuación, adopté una serie de medidas en ese sentido. Primero, en el año 2000, empecé a tratar asiduamente con los talibanes y a aconsejarles que inculcaran la tolerancia y que adoptaran modos más mesurados. También les dije que los terroristas que estuvieran implicados en actos terroristas en Pakistán y trataran de refugiarse en Afganistán debían sernos devueltos. Desafortunadamente no conseguí nada.

En el año 2001, creo que fue por enero, sellamos la frontera pakistano-afgana y di instrucciones para que a ningún alumno de madraza se le permitiera pasar al Afganistán sin ir debidamente documentado. Después envié una serie de delegaciones para que se reunieran con el Mulla Omar. Y siempre he seguido exhortando a la tolerancia y a la mesura.

Más tarde, el 15 de febrero de 2001, promulgamos la ordenanza contra las armas. Con esta ley lanzamos una campaña para acabar con la tenencia de armas en el Pakistán. El 5 de junio, con ocasión de la conferencia Sirat, me dirigí a los ulemas de todas las tendencias de pensamiento y les hablé con firmeza en contra del extremismo religioso.

Finalmente, el 14 de agosto de 2001, tomamos una decisión muy importante, que fue prohibir Lashkar-e-Jhangvi y Sipah-e-Muhammad y poner en observación a Sipah-e-Sahaba y a TJP (Tehrik-e-Jafria Pakistán).

Además, en algunas ocasiones, convoqué a los ulemas y cheijs para mantener con ellos amplias consultas. Se trataba de incorporarlos a nuestra campaña contra el terrorismo y el extremismo. Estas medidas se han venido aplicando desde que nuestro gobierno asumió el poder en 1999. Os explico todo esto con detalle tan sólo porque la campaña contra el extremismo, que emprendimos ya desde el principio, es en nuestro propio interés nacional.

No lo hacemos siguiendo ningún consejo o cediendo a presiones de nadie, sino con clara conciencia de que es en nuestro interés nacional. Nos percatamos de que tenemos que librar a la sociedad del extremismo y así los hemos venido haciendo desde el principio.

Estaba en marcha este proceso nacional de reforma cuando el 11 de septiembre hubo un atentado terrorista contra los Estados Unidos. Ese atentado ha provocado cambios de gran envergadura en todo el mundo. Decidimos, pues, unirnos a la coalición contra el terrorismo, y a este respecto ya os he hablado en varias ocasiones. Esa decisión la adoptamos por principio y en interés de la nación.

Por la gracia de Dios Todopoderoso, nuestra decisión resulto totalmente acertada. Nuestros propósitos eran nobles y Dios Todopoderoso nos favoreció. Me complace poder decir que la inmensa mayoría de los pakistaníes compartió esta decisión y la apoyó. Me siento ufano del realismo de nuestra nación al adoptarla. Me apena, sin embargo, que algunos partidos y grupos extremistas se opusieran a ella. Aunque lo que más me duele es que esa oposición no se fundara en ningún principio. En un momento crítico de nuestra historia antepusieron sus intereses personales y de partido a los de la nación.

Hicieron lo posible por engañar al país, sacaron procesiones y recurrieron a la agitación, por más que todo eso no les sirvió de nada. El pueblo del Pakistán frustró sus designios. Como dije, me siento orgulloso del pueblo pakistaní, que sostiene las decisiones acertadas y no hace caso de quienes tratan de engañarlo.

He tratado con los ulemas en diversas ocasiones y hemos intercambiado puntos de vista. Me satisface poder decir que nuestras conversaciones han sido muy fructíferas. La mayoría de ellos gozan de sabiduría y capacidad de visión y no mezclan la religión con la política. Algunos extremistas, metidos en protestas, son la clase de personas que tratan de monopolizar y de propagar la idea que ellos mismos se hacen de la religión.

Se comportan como si los demás no fuéramos musulmanes. Son éstos los que consideraron a los talibanes como símbolo del Islam y los que creían que los talibanes iban a traer su renacimiento y que eran los que lo practicaban en su forma más pura. Cualquiera hubiera dicho que los de la Alianza del Norte, contra los que luchaban los talibanes, no eran musulmanes, cuando en realidad eran musulmanes los unos y los otros. Son estos extremistas los que no hablan para nada de “Haquq-ul-Ibad” (los deberes para con los semejantes). Y no hablan de esos deberes porque el cumplirlos exige abnegación. Si hablaran de ellos ¿cómo podrían justificar sus todo terreno y sus automóviles caros?

Quiero preguntarles a estos extremistas, ¿quién se ha llevado engañados a miles de pakistaníes para que los masacraran en Afganistán? A estos pobres desdichados los abandonaron a su suerte los mismos en cuyo apoyo se alistaron. Esto debería ser una lección para todos nosotros. Tenemos que tener presente que somos pakistaníes. Nuestra identidad nos la da el Pakistán, nuestra patria. Y fuera del Pakistán seremos extranjeros, y como a tales se nos tratará. Pakistán es nuestro país, nuestra tierra. Si la abandonamos, se verá en un atolladero. Tenemos que aprender esta lección.

El terrorismo sectario lleva años perpetrándose. Todos estamos hartos y ha llegado a un punto insoportable. La población amante de la paz daría lo que fuera por verse libre de la cultura del Kalashnikov y las armas. Como digo, a todos nos tiene hartos. Por ese motivo prohibimos las organizaciones Lashkar-e-Jhangvi y Sipah-e-Muhammad. Pero tampoco se arregló gran cosa. De modo que ahora ha llegado el momento de la verdad. ¿Queremos hacer del Pakistán un estado teocrático? ¿Creemos que con la enseñanza religiosa nos basta para gobernarnos? ¿o queremos que el Pakistán renazca como estado islámico del bienestar, dinámico y progresista?

El veredicto de las masas está a favor de un estado islámico progresista. Esta decisión, que se funda en las enseñanzas del Santo Profeta –Dios lo bendiga y salude- y que es conforme a las enseñanzas del Quaid-e-Azam (dirigente fundador) y de Allama Iqbal, llevará al Pakistán por la senda del progreso y la prosperidad.

Analicemos ahora con toda honradez lo que estos pocos extremistas religiosos han tratado de hacer con el Pakistán y con el Islam. En primer lugar, con respecto al Afganistán, se prestaron a actividades de agitación. ¡Ya habéis visto el daño que han hecho! Sufrió la imagen internacional del Pakistán y en los medios de comunicación del mundo aparecimos como unos ignorantes y atrasados. Padeció nuestra economía. Se anularon una serie de pedidos a la industria pakistaní que ya estaban cursados, y ya no hubo más pedidos, de forma que algunas fábricas tuvieron que cerrar, con el consiguiente desempleo. El pobre asalariado se quedó sin sustento. Pero los extremistas formaron incluso una Junta de Defensa Pakistán-Afganistán. Aparte de perjudicar al Pakistán, tenían ideas muy negativas y nada se les ocurrió que fuera bueno para el Afganistán. ¿Se les pasó por la cabeza alguna vez procurar la paz en el Afganistán propugnando la reconciliación entre los talibanes y la Alianza del Norte? ¿Les aconsejaron tolerancia? ¿Pensaron alguna vez en hacer colectas para prestar asistencia, rehabilitar y reconstruir el país asolado por la guerra o para aliviar el sufrimiento del pobre pueblo afgano? ¿Se les ocurrió alguna manera de luchar contra el hambre, la pobreza y la destrucción en el Afganistán?

Que yo sepa, sólo Maulana Abdul Sattar Hedí, a quien Dios bendiga, y algunas organizaciones no gubernamentales extranjeras y las organizaciones de las Naciones Unidas proporcionaron a los afganos alimentos y medicinas. Estos extremistas no hicieron más que contribuir al derramamiento de sangre. Les pregunto si saben hacer otra cosa que no sea el trastornarlo todo y sembrar el odio. ¿Es eso lo que predica el Islam?

Y ahora, veamos cual ha sido su actividad fuera de Afganistán. Fuera de Afganistán crearon el sectarismo y las luchas intestinas.

Sectas y escuelas de pensamiento diferentes han existido desde siempre en el Islam. No hay nada malo en las diferencias intelectuales dimanantes de la libertad de pensamiento, mientras esas diferencias se queden en el terreno del debate intelectual.

Pero ¿veis lo que hace esta minoría extremista? Se entrematan unos a otros. No se tienen ninguna tolerancia. El Quaid-e-Azam proclamó que el Pakistán pertenecía a los fieles de todas las religiones; que a todos se los trataría igual. Y, y por no hablar ya de otras religiones, lo que sucede es que los musulmanes han empezado a matarse unos a otros. Creo que son más los musulmanos que esta gente ha proclamado descreyentes que los no musulmanes que han atraído al Islam. ¿Veis el daño que han causado? Han asesinado a algunos de nuestros mejores médicos, ingenieros, funcionarios y pedagogos, que eran los pilares de nuestra sociedad. ¿Quién lo ha pagado? Las familias de los muertos, sin duda, pero mayor fue la pérdida para el Pakistán, porque, como dije, perdimos los pilares de nuestra sociedad. Pero estos extremistas no se quedaron ahí, sino que se dedicaron a matar a más inocentes todavía en mezquitas y lugares de culto.

Hoy día, la gente no se atreve a entrar en esos santos lugares de oración. Es una vergüenza que haya que apostar policías a la entrada para proteger a la gente. Nosotros afirmamos que el Islam es un din, una forma de vida total. ¿Es esta la forma de vida que nos enseña el Islam? ¿Que nos peleemos entre nosotros mismos y que nos den miedo otros musulmanes, que nos dé miedo entrar en los lugares de culto, en los que hay que poner policía para que nos proteja? Se están empleando las mezquitas para lo que no se debe, para incitar y propagar el odio de unas sectas y de unas creencias contra otras, y también contra el gobierno.

Os informo de que se ha capturado a los miembros de algunas redes terroristas. En Karachi, el Inspector General de la Policía me dijo en su informe que el dirigente de uno de esos grupos es el imán de una mezquita de Malir. Este imán ha confesado haber asesinado con sus propias manos a muchas personas. Así están las cosas. ¿Qué uso estamos dando a las mezquitas? Esta gente ha creado un estado dentro del estado y ha desafiado la autoridad del gobierno.

Ahora voy a tratar con cierto detalle el tema de las madrazas o escuelas religiosas. Estas escuelas son excelentes instituciones de asistencia en las que se da a los pobres comida y alojamiento. En mi opinión, no hay organización gubernamental que pueda competir con ellas en el aspecto asistencial. Además de la religiosa, en estas escuelas se imparten enseñanzas de ciencia e informática.

Les estoy reconocido por esa iniciativa de prestar una asistencia tan excelente sin recibir un céntimo del Estado. Debo decir que a nivel internacional e hablado de las madrazas repetidas veces y con varios jefes de Estado. No creo que nadie en el Pakistán haya propugnado tanto su causa. Sin embargo, hay aspectos negativos en un número reducido de ellas. En este pequeño número de madrazas se imparte sólo enseñanza religiosa, y esta forma de educación lo que produce es eruditos religiosos semianalfabetos.

Ese es un punto débil. Muy pocas madrazas, insisto, muy poquitas, están bajo la influencia de partidos políticoreligiosos o son creación suya. Sé que algunas de estas escuelas promueven un pensamiento negativo y propagan el odio y la violencia, en lugar de inculcar la tolerancia, la paciencia y la fraternidad. Recordemos que las madrazas históricamente fueron centros de aprendizaje de enorme prestigio. Fueron baluartes del conocimiento y luminarias para el mundo. Cuando el Islam estuvo en su apogeo, en esas instituciones de enseñaban todas las materias, como las matemáticas, la ciencia, la medicina, la astronomía y la jurisprudencia.

Musulmanes que iluminaron el mundo, como Albiruni, Avicena, Ibn Jaldun, etc., salieron de esas madrazas. Y si estudiamos la historia, veremos que desde el siglo VII al XV, la transferencia tecnológica fue de lo musulmanes al resto del mundo.

Pero mirad ahora en que condición se hallan. El Islam nos dice que hay que buscar el conocimiento, aunque para ello haya que ir a China. Estoy seguro de que sabéis que el Profeta –Dios lo bendiga y salude- dijo a los prisioneros de guerra hechos en la batalla de Badr, que les darían la libertad si enseñaban a diez musulmanes. Es evidente que esa enseñanza no podía ser religiosa, puesto que los prisioneros no eran musulmanes. Por tanto a lo que se refería el Profeta –Dios lo bendiga y salude- era a los conocimientos profanos.

Si no creemos en la educación ¿seguimos o violamos los preceptos del Islam? Debemos preguntarnos por qué camino nos llevan estos extremistas.

Se desafía la autoridad del Estado. Se ha hecho de Pakistán un estado débil en el que se atropella la supremacía de la ley. Es esta es una situación que no puede tolerarse más. La cuestión es ¿cuál es el buen camino?

En primer lugar, debemos librar a la sociedad del odio sectario y del terrorismo, promover la armonía entre unos y otros. Recordad que no se puede cambiar la manera de pensar por la fuerza y la coacción. Ninguna idea puede imponerse por la fuerza. El cambio verdadero sólo puede procurarse con el ejemplo personal, el carácter ejemplar y el intelecto superior. Puede conseguirse cumpliendo los Haquq-ul-ibad (los deberes para con los semejantes). ¿Hemos olvidado acaso el ejemplo del Profeta –Dios lo bendiga y salude- que atrajo al Islam por su conducta ejemplar y por su verdadera capacidad de inspiración y que es así como se cambió entonces el mundo? ¿Hemos olvidado las enseñanzas de personalidades veneradas del Islam, como Hazrat Data Ganj Bakhsh, Hazrat Lal Shahbaz Qalandar, Fareed Ganj Shakar, Baha-uddin Zakria etc.?

¿Acaso se extendió el Islam por la coacción? No. Se predicó con el ejemplo personal. Ilustro lo que digo con estas cosas, porque me duele ver cómo nos hemos dejado relegar. Debemos devolver a las madrazas la condición que fue la suya. Tenemos que cambiar este estado de cosas y ponerlas en el camino de la mejora.

Y la segunda cosa de la que quiero hablar es del concepto de yihad en su totalidad. Quiero detenerme en él, porque es una cuestión discutida, que exige pleno entendimiento. En el Islam, el yihad no se limita a la lucha armada. ¿Acaso se nos ha ocurrido librar el yihad contra el analfabetismo, la pobreza, el atraso y el hambre? Ese es el gran yihad.

Pakistán, a mi entender tiene que librar el yihad contra esos males. Al terminar la batalla de Jaibar, el Profeta –Dios lo bendiga y salude- dijo que había terminado el yihad pequeño y empezaba el Gran Yihad. Lo que significaba que el yihad armado, el pequeño yihad, había terminado y empezaba el Grande contra el atraso y el analfabetismo. Pakistán en estos momentos necesita un Gran yihad. Dicho sea de paso, debemos recordar que sólo el gobierno que esté en ejercicio, y no los particulares, puede proclamar el yihad armado.

La minoría extremista debe entender que Pakistán no tiene la responsabilidad de librar el yihad armado en el mundo. Entiendo que además de en los Haquq Allah (los deberes para con Dios) también debemos fijarnos en los Haquq-al-ibad (los deberes para con nuestros semejantes). Debe predicarse en las escuelas, facultades y madrazas las obligaciones para con los demás seres humanos. No hay lugar para los enconos en la enseñanza islámica. Tenemos que enseñar el Islam auténtico, es decir, la tolerancia, el perdón, la compasión, la justicia, la equidad, la amistad y la armonía que son el verdadero espíritu islámico. Eso es lo que tenemos que adoptar. Debemos apartar los pensamientos destructivos.

Hemos trazado una estrategia para las madrazas y es preciso seguirla, de forma que se estimulen los buenos aspectos y se eliminen los malos. Para ellas hemos elaborado un nuevo programa de estudios conforme al cual se impartirán estudios del Pakistán, matemáticas, ciencias e inglés, junto con las materias religiosas. Aun cuando pretendamos que de ellas salgan dirigentes religiosos, éstos han de formarse según esa línea. Así se les tendrá más respeto en la sociedad porque estarán mejor preparados. A mi parecer, los estudiantes de las escuelas religiosas deberían ser parte de la corriente general de la sociedad en general. Si cualquiera de ellos opta por ir a una escuela superior o universidad, al contar con una enseñanza moderna, tendrá posibilidad de hacerlo. Si un joven educado en una madraza no quiere dedicarse a dirigir los rezos y prefiere ser empleado de banca o trabajar en cualquier otra cosa, eso ha de facilitársele.

De lo que se trata en suma es de que los alumnos de las madrazas estén dentro del sistema general gracias a un programa de enseñanza mejorado. En eso consiste fundamentalmente la estrategia para las madrazas. De ningún modo se trata de poner las instituciones religiosas de enseñanza bajo la égida del Estado ni tampoco queremos que pierdan estas instituciones sus excelentes características. Mi único objetivo es ayudarlas a superar los puntos débiles, dotarlas mejor y dar más salidas a los alumnos pobres de esas instituciones.

Hay que poner coto al abuso que se hace de mezquitas y madrazas y no deben servir para propagar prejuicios políticos y sectarios. Tenemos que garantizar que en las mezquitas se tenga libertad y estamos aquí para mantenerla. Al mismo tiempo, confiamos en que se ejerza el sentido de la responsabilidad junto con la libertad. Si los imanes de las mezquitas no hacen gala de ese sentido, habrá que contenerlos. Una vez hecho este análisis, he aquí ahora, algunas conclusiones y decisiones a las que he llegado:

En primer lugar, tenemos que establecer la autoridad del Estado. El funcionamiento de todas las organizaciones del Pakistán estará reglamentado. A ningún particular, organización o partido se le permitirá quebrantar las leyes del país. Es preciso que mejore el clima interno en que se desenvuelve la nación. Es preciso implantar en la sociedad la madurez y el equilibrio.

Hemos de promover un clima de tolerancia, madurez, sentido de la responsabilidad, paciencia y comprensión. Tenemos que poner coto al extremismo, a la militancia, a la violencia y al fundamentalismo. Habremos de desterrar la cólera y el odio de nuestro entorno. Tenemos que dejar de explotar a la gente sencilla y pobre del país y no incitarla a las rencillas y a la violencia. Tenemos que ocuparnos de nuestro propio país.

Lo primero es Pakistán. No tenemos que inmiscuirnos ni meternos en los asuntos ajenos. No hay ninguna necesidad de injerirnos en otros países.

Paso ahora a hablar de otras cuestiones importantes. Tal como yo lo veo, hay tres problemas que nos crean conflicto y nos traen a mal traer. Son: la causa de Cachemira, luego todas las controversias políticas que a nivel internacional afectan a los musulmanes y en tercer lugar las disputas y diferencias sectarias dentro del país.

Esas son las tres cosas que nos crean confusión. Quisiera sentar las normas de conducta con respecto a las tres.

Empecemos por la causa de Cachemira. Cachemira la llevamos en la sangre. Ningún pakistaní puede permitirse cortar los lazos con Cachemira. Pakistán y el mundo lo saben. Mantendremos nuestro apoyo moral, político y diplomático a los cachemires. No nos desdiremos ni una gota de nuestra postura fundada en los principios sobre Cachemira. El problema de Cachemira tiene que resolverse por el diálogo y los medios pacíficos, de conformidad con los deseos del pueble cachemir y las resoluciones de las Naciones Unidas. Tenemos que dar con la solución a este problema. A ninguna organización se le permitirá dedicarse al terrorismo en nombre de Cachemira. Condenamos los actos terroristas del 11 de septiembre, del 1 de octubre y del 13 de diciembre. Se procederá con toda severidad con quienquiera resulte implicado en actos terroristas.

Se procederá con todo rigor con respecto a cualquier particular, grupo u organización pakistaní que resulte implicado en actos de terrorismo dentro o fuera del país. Nuestra conducta ha de ajustarse en todo momento a las normas internacionales.

En esta oportunidad, en tanto que Presidente del Pakistán, quisiera hacer llegar un mensaje al Primer Ministro Vajpaee: Si queremos normalizar las relaciones entre el Pakistán y la India y hacer que reine la armonía en la región, será preciso resolver la disputa de Cachemira por medios pacíficos, con el diálogo y partiendo de las aspiraciones del pueblo cachemir. La resolución del conflicto de Cachemira incumbe conjuntamente a nuestros dos países. Permítaseme repetir algunas de las observaciones que hizo usted, Sr. Vajpayee, hace algún tiempo, y cito: “Habrá que cambiar de manera de pensar y deshacerse de lastre histórico. Le acepto el ofrecimiento. Empecemos a hablar precisamente en este espíritu.”

En tanto que Comandante de las Fuerzas Armadas del Pakistán, quisiera hacer llegar otro mensaje. Las Fuerzas Armadas del Pakistán están plenamente preparadas y dispuestas a hacer frente a cualquier eventualidad. Derramarán la última gota de sangre en defensa del país. Que no haya ningún intento de traspasar la frontera en ningún sector, porque se le hará frente con todo el poder que tenemos. Que nadie se haga ninguna ilusión a este respecto.

También quisiera dirigirme en esta ocasión a la comunidad internacional, en particular a los Estados Unidos. Como ya he dicho en diversas ocasiones, el Pakistán rechaza y condena el terrorismo en todas sus formas y manifestaciones. Pakistán no permitirá que se emplee su territorio para ninguna actividad terrorista en ninguna parte del mundo. Ahora bien, también la comunidad internacional y los Estados Unidos deben desempeñar un papel activo en la resolución del conflicto de Cachemira, a fin de alcanzar paz y armonía duraderas en la región. No debiéramos hacernos ilusiones de que la pretensión legítima del pueblo de Cachemira podrá acallarse sin una solución justa. Los cachemires también esperan que ustedes le digan a la India que ponga fin al terrorismo de estado y a las violaciones de los derechos humanos. Que las organizaciones de derechos humanos, Amnistía Internacional, los medios de comunicación internacionales y las fuerzas de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas observen las actividades de las fuerzas de ocupación indias.

Pasamos ahora al segundo problema que nos crea confusión y nos preocupa en particular. Se refiere a los conflictos en los que se ven implicados los musulmanes. Los dirigentes religiosos se involucran en ellos sin pensar las cosas bien a fondo. No quisiera alargarme sobre este asunto.

Es al gobierno al que incumbe pronunciarse en cuestiones internacionales. Los particulares, las organizaciones y los partidos políticos deben limitar su actividad a manifestar sus puntos de vista. Les pido que den su parecer sobre cuestiones internacionales con espíritu intelectual y con formas civilizadas, con la fuerza de la razón.

Los puntos de vista que se expresan con madurez y moderación resultan mucho más convincentes. El manifestar opiniones con aire amenazador no causa ningún efecto favorable y a quienes lanzan amenazas a la ligera se los considera en general poco dignos de confianza.

Quisiera pedir que dejáramos de entrometernos en los asuntos ajenos. En primer lugar tenemos que adquirir la fuerza y la importancia necesarias para que cuando demos nuestro parecer, éste tenga peso.

Y ahora llegamos a las decisiones de orden interno. La tercera cuestión que nos trae a mal traer son las diferencias sectarias. Como ya he señalado, se va a imponer la autoridad del Estado. A ningún particular, organización ni partido se le va a permitir quebrantar la ley de la nación. Cuanto se haga, será conforme a las normas.

Llegamos así a las organizaciones extremistas. Es preciso poner fin al terrorismo y al sectarismo. El 14 de agosto del año pasado anuncié la prohibición de Lashkar-e-Jhangvi y Sipah-e-Mohammad. En esa ocasión señalé que se colocaría a Sipah-e-Sahaba y TJP en observación. Lamento tener que decir que la situación no ha mejorado mucho. La violencia sectaria no ha cedido. Hay varias bandas implicadas en asesinatos sectarios. Os sorprendería saber que en 2001 cuatrocientas personas inocentes cayeron víctimas de asesinatos sectarios y de otro tipo.

Entre los elementos de las bandas que se ha detenido los hay pertenecientes en su mayoría a Sipah-e-Sahaba y algunos a TJP. Es una situación que ya no se puede tolerar y, por lo tanto, anuncio la prohibición de ambas, Sipah-e-Sahaba y TJP. Además de éstas, TNSM (Tehrik-e-Nifaz-e-Shariat Mohammadi), culpables de llevar engañados a miles de pobre gente al Afganistán, también queda prohibida. Esa organización es la culpable de que esos infortunados fueran a morir al Afganistán. El gobierno también ha decidido poner en observación al Sunni Tehrik. A ninguna organización se le permitirá formar lashkar, sipah o yaish. El gobierno ha prohibido Jaish-e-Mohammad y Lashkar-e-Taiba.

Cualquier organización o particular a los que se halle induciendo a otros a la violencia en el contexto interno o externo, incurrirá en medidas punitivas rigurosas. Nuestras mezquitas son lugares sagrados donde impetramos la bendición de Dios Todopoderoso. Mantengámoslas sagradas. No permitiremos el mal uso de las mezquitas. Todas las mezquitas se inscribirán en el registro y no se construirán nuevas sin la licencia correspondiente. Sólo se permitirá el uso de altavoces para llamar a la oración, para el sermón del viernes y para el Vaaz, aunque quisiera insistir en que para este último el vaaz se saque un permiso especial. Si se hace mal uso de él, se revocará.

Si en alguna mezquita se llevan a cabo actividades políticas, se induce al odio sectario o se propaga el extremismo, se tendrá por responsable a la dirección de la mezquita y se procederá conforme a la ley. Hago un llamamiento a los imanes de rezos para que hagan brillar en las mezquitas las cualidades del Islam y para que inviten a la gente a la piedad. Que hablen de los deberes para con los semejantes, que exhorten a los fieles a no caer en las ideas negativas y a promover las positivas. Confío en que todos los nazims (Jefes de Distrito), Jefes de policía y funcionarios del departamento de habices adopten las medidas pertinentes contra quienes quebranten estas normas.

En cuanto a las madrazas, se establecerá una política apropiada en una nueva Ordenanza de madrazas que se dictará en unos días. Me satisface que se haya dado forma a esa política en consulta con los ulemas y los cheijs. Ya he hablado de los méritos y de las deficiencias de las Madrazas. Hay que consolidar los méritos y acabar con las deficiencias.

Con las nueva política, se regulará el funcionamiento de las madrazas, que se regirán por las mismas normas y reglamentos que las demás escuelas, escuelas superiores y universidades. Para el 23 de marzo todas las madrazas habrán de estar inscritas en el registro de 2002 y no se abrirá ninguna nueva sin la licencia correspondiente.

Si se averiguara que en alguna madraza se permite el extremismo, la subversión, la actividad militante o la tenencia de cualquier tipo de armas, esa madraza se cerrará. Para finales de este año todas tendrán que haber adoptado el nuevo programa de estudios. Aquellas que ya lo estén siguiendo no tienen más que continuar. A esas escuelas, el gobierno ha decidido que se les preste asistencia económica. El Estado también las ayudará en la formación de los profesores. Se han dado instrucciones al Ministerio de Educación para que examine los cursos de enseñanza islámica en todas las escuelas y escuelas superiores para mejorarlos. Por lo que se refiere a los alumnos extranjeros que asisten a las madrazas, hemos dictado algunas normas. Los que no tengan la documentación en regla tendrán que haberla tramitado para el 23 de marzo de 2002, a defecto de lo cual podrán ser deportados.

Los extranjeros que quieran asistir a una madraza en Pakistán tendrán que conseguir la documentación pertinente en su país de origen y el certificado de no objeción del Pakistán. Sólo así se los podrá admitir. Las mismas normas regirán para los profesores extranjeros.

Algunos de los ulemas han opinado que no debería deportarse a su país de origen a la gente pobre que viene al Pakistán a instruirse en religión.

Estoy de acuerdo en que es una pretensión razonable, pero entonces, esas personas deben regularizar su situación en el Pakistán en sus respectivas embajadas. Como dije, debe regularse esa actividad y debe dejarse sentada la autoridad del Estado.

Para acabar con los conflictos he explicado con lujo de detalle los tres aspectos que nos crean confusión. Dictar normas, reglamentos y ordenanzas es fácil. Conseguir que se cumplan es difícil. Creo, sin embargo, que las medidas que he anunciado son de suma importancia. Tenemos que aplicarlas. A este respecto, las fuerzas del orden, incluida la policía, deben cumplir con su deber.

Vamos a introducir reformas en la policía para hacerla más eficaz. En ella recae una enorme responsabilidad.

He dado instrucciones a la policía para que se cumplan las medidas anunciadas por el gobierno y estoy seguro de que estará motivada para cumplir su misión. Una vez aplicadas las reformas, es de esperar que tengan mejor formación y estén más preparados para sus tareas. La guardia rural y la guardia civil estarán ahí para asistirla.

También vamos a adoptar medidas en consulta con el poder judicial para que se juzguen rápidamente las causas de terrorismo y extremismo. Se están reforzando los tribunales antiterroristas y en unos días se dictarán las órdenes necesarias. Aparte de estas cuestiones, quisiera informaros, hermanos y hermanas, de que la India nos ha enviado una lista de veinte personas.

Quiero que quede clara nuestra postura a este respecto. En modo alguno se entregará a ningún pakistaní. Jamás se hará tal cosa. Si se nos entregan pruebas en su contra, se procederá contra ellos en el Pakistán, conforme a nuestras leyes. En cuanto a los no pakistaníes, a ninguno hemos dado asilo. Si se encontrará a alguno, se procederá contra él.

Hermanas y hermanos:

El Pakistán es una República Islámica. El 98 por ciento de los pakistaníes somos musulmanes. Debemos vivir como hermanos y dar ejemplo al resto de los países islámicos. Debemos esforzarnos en convertirnos en un miembro responsable y progresista del concierto de las naciones.

Debemos hacer del Pakistán un país fuerte y poderoso. Tenemos recursos y potencial. Podemos hacer frente al peligro externo. Pero tenemos que guardarnos de los peligros internos. Siempre he dicho que las luchas intestinas nos devoran como la termita. No olvidéis que el Pakistán es el baluarte del Islam y que si queremos servir bien al Islam, primero debemos hacer al Pakistán fuerte y poderoso. Hay una carrera por el progreso entre todas las naciones, pero no podremos progresar con una política de rencillas y enconos.

Podemos progresar creando recursos humanos, adquiriendo conocimiento intelectual y rectitud de carácter y procurando el desarrollo tecnológico. Apelo a todos los pakistaníes a estar a la altura de las circunstancias. Debemos deshacernos de la intolerancia y del odio y promover en su lugar la tolerancia y la armonía.

Que Dios nos guíe para actuar conforme a las verdaderas enseñanzas del Islam. Él nos ayude a hace realidad el lema del Quaid-e-Azam: “Unidad, fé y disciplina”. Tengámoslo siempre presente. Sin unidad seremos como la pluma en el aire. Una vez más, permítaseme recordar dos versos de Allama Iqbal:

Nada es el individuo sin la comunidad,
La onda es onda en el río y fuera de él no es nada.

¡Viva Pakistán!

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