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La victoria de Fátima

Crónica personal de una crisis que nunca debió de existir

18/02/2002 - Autor: Yusuf Fernández - Fuente: Webislam
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Yúsuf Fernández
Yúsuf Fernández

El jueves día 14 de febrero por la noche me enteré oyendo la radio de que una alumna marroquí de 13 años, Fatima Elidrisi, había tenido un problema en un colegio de San Lorenzo del Escorial debido a que "su padre la obligaba a llevar un chador". La noticia me sorprendió por cuanto que, como es sabido, el chador es una prenda específica de Irán y me pareció muy extraño que un marroquí la reivindicara. Tras hablar con diversos hermanos musulmanes miembros de la FEERI (Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas) se fue perfilando la sospecha de que el término "chador" utilizado en este asunto se refería en realidad al hiyab o pañuelo islámico que cubre el cabello, pero no la cara y mucho menos el cuerpo.

Al día siguiente el asunto se comenzó a aclarar. No se trataba en ningún caso de un chador sino de un pañuelo. La niña había ido a un colegio de monjas, pero éstas no querían dejarla ponerse el pañuelo (quizá preferían haberle puesto el hábito) y había ido a parar a un colegio público donde tuvo la poca fortuna de encontrarse con una directora que con una ignorancia y mala intención manifiestas no se le ocurrió hacer otra cosa que proclamar a los cuatro vientos que el pañuelo islámico era un símbolo de "discriminación" y que no iba a permitir a Fatima acudir a clase con él. Naturalmente, tal señora nunca se molestó en preguntar a Fatima, a su padre ni a ninguna organización musulmana qué era el pañuelo y qué es lo que representaba. Si lo hubiera hecho, habría sabido que el hiyab es un símbolo religioso -y en menor medida cultural- para la mayor parte de las mujeres que lo llevan voluntariamente y con orgullo, tanto en España como en otras partes.

Como suele pasar con las cosas negativas, las declaraciones de la directora no vinieron solas. Estuvieron acompañadas de una incomprensible toma de postura en contra del pañuelo por parte de la ministra de Educación, Pilar del Castillo (la ignorancia y prejuicios son mucho menos disculpables en una persona que ostenta tal cargo), que reiteró las tesis de la directora en contra del pañuelo islámico y volvió a reiterar la cantinela de la "discriminación". Hablando de discriminación, la ministra debería de aclarar si el hecho de que los musulmanes no podamos ejercer el derecho constitucional a proporcionar una enseñanza de la religión islámica a nuestros estudiantes de primaria y secundaria, mientras que la Iglesia Católica puede hacerlo con toda libertad es o no es una discriminación. También si el hecho de que el gobierno al que pertenece conceda a la Iglesia medio billón de pesetas al año y a las demás confesiones (judíos, musulmanes, protestantes) absolutamente nada es o no es un acto de discriminación.

Por otro lado, Fatima estaba amparada por la propia Constitución que establece no sólo el derecho a expresar libremente las creencias religiosas -tal y como hacen los católicos con los crucifijos, hábitos (en el caso de las monjas), etc- sino también el derecho a la propia imagen, que permite a los ciudadanos vestir como quieran, llevando una boina, pañuelo, falda larga o corta etc. Estos derechos están también recogidos en las principales convenciones internacionales en materia de derechos humanos.

El sábado por la mañana un grupo de musulmanes nos pusimos en marcha hacia El Escorial para ver al padre de Fatima y conocer la situación de primera mano. No encontramos al padre en ese momento pero sí a Fatima y a su madre, que estaban lógicamente preocupadas por la situación que se había creado. Fatima dejó claro que el pañuelo era una decisión personal y que deseaba llevarlo. No entendía por qué el hecho de llevar un pañuelo podía causar toda esa polémica. Por nuestra parte, le transmitimos a ella y su familia un mensaje de cariño y apoyo de parte nuestra y la de muchos otros musulmanes que no estaban allí pero que a buen seguro sentían lo mismo que nosotros.

La manipulación de El Mundo

Poco después de tener lugar esta visita hablé telefónicamente con una persona que trabaja en El Mundo. "¿Por qué estais hablando de un chador todo el tiempo si se trata de un pañuelo? Eso es claramente una manipulación". La respuesta fue que había "órdenes superiores" de que el término "chador" se siguiera utilizando, teóricamente porque "dicho término había aparecido en un principio y era mejor mantenerlo", una explicación poco satisfactoria a mi juicio. Más bien sonaba como si existiera un interés determinado para que la posición de Fatima fuera mal entendida por la opinión pública. En ese momento alguien me dijo "No, si acabarán hablando del burka".

Ese día por la tarde nos encontramos con el padre de Fatima, Ali, un hombre cuya sencillez y honestidad iban a la par con su determinación de apoyar a su hija. "Es ella la que quiere llevar el pañuelo. Yo me he limitado a respaldarla". Estas palabras nos emocionaron. ¿Qué otra cosa podría haber hecho un padre que amara a una hija?

Muchas personas llegaban y abrazaban a Ali. "Te apoyamos, te apoyamos", era la frase más repetida. La gente estaba indignada. "¿Qué sabe la ministra del Islam para hablar así? ¿Acaso ha estudiado en Al Azhar?". Una chica llega y me dice: "Llevo años sin poner el pañuelo, pero mañana empiezo a ponérmelo". Otros hablan de la necesidad de manifestarnos ante el Ministerio de Educación. Vale, pediremos la correspondiente autorización.

Los representantes de las organizaciones de inmigrantes marroquíes y las asociaciones islámicas comenzamos a reaccionar. Musulmanes practicantes y no practicantes. Todos con Fatima. Todos con el mismo mensaje: "El pañuelo no es discriminatorio, escolarización para Fatima, fuera la intolerancia y la islamofobia". Establecemos nuevas amistades e intercambiamos promesas de nuevos contactos.

La "ablación" de Aparicio

Por la noche, la televisión anuncia que el Consejo Educativo de la Comunidad Autónoma de Madrid ha desactivado la crisis. Fatima podrá llevar su pañuelo. No todos se muestran contentos. Los antiislámicos de siempre siguen dando coces. El ministro de Trabajo, Juan Carlos Aparicio, se lleva la palma de la ignorancia y la desvergüenza. Compara el pañuelo con la ablación de clítores, una práctica aberrante condenada por el Islam. ¿Puede ya algo sorprendernos? ¿Acaso este gobierno no representa a los ciudadanos musulmanes de confesión islámica? ¿Pretende aparecer como el más antiislámico del mundo después del 11 de septiembre?.

Al día siguiente la Federación reacciona. Elaboramos un comunicado en el que le pedimos a Aznar que haga un favor a España y cese a Aparicio. No obstante, no queremos dejarle sin trabajo. Nos comprometemos a gestionarle una beca en alguna universidad islámica como la de Al Azhar, Muhammad V (Rabat) o Virginia (EEUU) para que aprenda un poco de Islam. Así podrá luego enseñar algo a nuestros profesores de religión islámica que no pueden dar clase, o mejor aún a la ministra Pilar.

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