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Jutba de Ramadán 3

Hacemos nuestra esta salat por Muhámmad porque reconocemos la luz de sus seguidores

15/02/2002 - Autor: Hashim Cabrera - Fuente: Webislam
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El sol desciende de la manera más suave en el horizonte, y los colores que arranca persisten en la atmósfera y en nuestras retinas
El sol desciende de la manera más suave en el horizonte, y los colores que arranca persisten en la atmósfera y en nuestras retinas

Durante el tiempo del ayuno Allah nos hace recorrer, de manera consciente y precisa, nuestro mejor itinerario. En el Qur’án nos insiste una y otra vez que en la sucesión del día y de la noche, en los ciclos y en las maqamat, hay señales para nosotros, unas criaturas dotadas de vista y de oído, dotadas de intelecto.

Y realmente es así. Nuestro calendario lunar nos recuerda que vamos recorriendo las maqamat de la creación. Ramadán es un momento de este calendario, un maqam de restauración y renacimiento, de encuentro con la revelación. Durante esta luna, Allah nos decreta el ayuno para que reconozcamos el Tiempo y así Le recordemos a Él.

El calendario islámico no es una medida humana, fija y convencional, sino la expresión de los ciclos naturales y cósmicos, la frecuencia y los ritmos del latido creador. La luna va cruzando el cielo de las maqamat, reflejando las estaciones en su danza sobre el horizonte. La luna se llena de luz y se vacía, su visión depende de su posición con respecto a la tierra y al sol. Aparentemente la luna hace su tawaf alrededor de la tierra, pero en realidad todos los cuerpos celestes hacen tawaf en torno a una Kaaba que no es sino la Realidad.

Cada año, el ciclo lunar se adelanta once días al ciclo de las estaciones, porque nuestra ‘ibada no está prisionera de una cifra, no es fruto de un acuerdo entre seres humanos, sino que surge en nosotros como una forma de la conciencia, como un acto vivo que se va acompasando con los cambios y pálpitos de la realidad, con el discurso de la luz.

Las luces invernales producen visiones de una especial dulzura, el sol desciende de la manera más suave en el horizonte, y los colores que arranca persisten en la atmósfera y en nuestras retinas, persisten en el frío. Así quiere Allah que recordemos la pureza de esos colores que normalmente se esconden en el tiempo.

El ayuno nos ayuda a recobrar el silencio interior. El pulso, en este maqam, se enlentece, la savia se para, los animales duermen o hibernan y los demonios huyen. Es un tiempo que favorece el diálogo íntimo, el silencio vacío que favorece y provoca la revelación. El ayuno nos hacen sentir como peregrinos que cruzamos el mundo, cumpliendo una orden de nuestro Rabb, siguiendo el rastro de Su luz en las maqamat, atraídos por el Recuerdo como limaduras de hierro hacia un potente imán.

El ayuno, el salat, el zakat, la peregrinación, la shahada…, todos los pilares de nuestro din son hechos de luz para nosotros. Allah quiere que Le conozcamos y nos dice cómo hemos de hacerlo, cómo hemos de vivir en el tiempo. Nuestro Sustentador nos enseña a adorarLe, postrándonos, privándonos, mirándonos, conociéndonos a nosotros mismos, en medio de cambios y contrastes, limándonos unos a otros hasta llegar a ser, como dijo el profeta, cantos rodados. Alhamdulilah porque nos lo está diciendo de forma que podemos entenderlo.

El Ramadán abre nuestra conciencia al latido cósmico, y así Allah nos va despertando progresivamente a la Verdad, haciéndonos capaces de Su revelación. Allah Subhana wa Ta’ala nos va haciendo capaces de concebir el Bien y la Belleza; nos hace conocer nuestros límites, nuestros huddud, con dulzura; nos hace comprender lo difícil mediante secuencias fáciles. Esta conciencia del tiempo que va más allá de las horas, de los días, de los minutos… y de los ciclos, es una apertura cierta que nos devuelve a un mundo más real, amplio y humano, a un mundo de criaturas en precariedad cierta y elocuente.

Allah nos muestra el horizonte de magrib, teñido de un rojo intenso, mientras en Subh vive un azul luminoso. Alhamdulilah. Signos claros que Allah nos procura en la luz. El arco que lanza la luz es invisible, el arcoiris no. Sólo vemos un inmenso arcoiris, la escala infinitamente diversa de la Creación. La creación entera se prosterna ante la luz como un arcoiris hecho de continuidad. Toda la creación no hace otra cosa que adorarLe, desde el rojo intenso que procura la noche hasta el azul de la mañana. Colores que hasta este momento eran sólo palabra, hieren ahora nuestros sentidos.

Durante el ayuno somos más conscientes del ritmo luminoso del salat. Nuestros sentidos sutiles, nuestras lataif, perciben la adoración en la luz, la peregrinación en la luz, a lo largo de las horas, los días, las lunaciones y las maqamat. Quiere Allah que nos acompasemos con la luz para acercarnos hasta Sí mismo.

Vivimos en una tierra donde hay seres humanos de todas las creencias y sensibilidades. Cada día nos relacionamos con gentes que no saben nada del ayuno o del salat, ayunamos en medio de una sociedad que no sólo no ayuna sino que se entrega a un consumo sin freno. Mediante este contraste radical, Allah nos ofrece la posibilidad de ver este mundo persistente e inamovible como un espacio de relatividad, como la nada cierta que es. Esta conciencia nos libera de muchos velos, alhamdulilah.

Y así nos va purificando en la privación mientras nos enseña a ser testigos de la realidad. Luego, al romper el ayuno, nos devuelve el gozo del sentir y del sentido, el gozo de nuestra individualidad, porque en Su Ciencia está el enseñarnos a recordar el mundo una y otra vez y luego a olvidarlo, a recordar los colores, sonidos, olores, sabores y sensaciones de Su creación. Allah sabe cómo resucitarnos a la Realidad, como abrirnos a Él, y lo hace de la manera más compasiva, regalándonos esta vida por un tiempo y la otra para siempre, masha Allah. Con ello Allah nos hace conscientes de nuestra precariedad y de que nuestra conciencia y nuestro poder son un préstamo Suyo.

Este conocimiento no es como los saberes, las ciencias o las técnicas, sino una báraka que Allah nos otorga cuando y como quiere. Él nos está haciendo vivir como musulmanes aquí, sometiéndonos a lo real en nuestra propia tierra, y haciéndonos testigos de una profunda transformación. Al hacernos nacer, crecer, amar y morir aquí como musulmanes, nos está haciendo ser testigos privilegiados de esos dos mundos suyos que en realidad son uno solo. Allah nos está haciendo vivir aquí, en la confluencia de los dos mares, en la tierra de la Háqiqa. Subhana Allah. Porque Allah está creando el Qur’an para nosotros, está haciendo la creación para Sus jalifas.

Allah nos enseña que este Qur’an desciende para nosotros a través de Su Ángel y de Su Profeta, y nos hace saber, de la manera más sabia, que ese Profeta, sala Allahu alehi wa salem, es Su Mensajero, alhamdulilah, Muhámmad, que está ayunando con nosotros.

Durante el Ramadán Allah Subhana wa Ta’ala nos regala Su Mensaje y Su mensajero, indisolublemente unidos. Nos hace amar a Muhámmad con el Qur’an y a amar el Qur’an con el Muhámmad de nuestro ser.

Nuestras vidas se tornan sencillas y reales cuando nos alcanza la báraka contenida en las sunnas del Profeta, cuando oímos y leemos cómo vivía y como sentía y cómo hablaba y como miraba. Nos sorprendemos siempre de la fuente inagotable de sabiduría que hay en sus hadices. Y el Qur’an nos revela su inimitable carácter.

Quince siglos después de su muerte en la Medina Al Munawara, la báraka de Muhámmad está viva en cada musulmán y cada musulmana que abren su corazón al Qur’an, en cada uno según su grado de apertura, dignificando nuestra condición hasta los más altos grados. Alhamdulilah.

Allah se nos revela en nuestro ayuno porque la privación nos torna verdaderos. Y nos torna verdaderos porque en realidad no somos sino criaturas necesitadas que dependemos de todo para existir: del aire, del agua, de la tierra y del fuego, que sufrimos la sed y el hambre y somos conducidos por el deseo. Somos como las hojas de nuestros árboles, como la vida de nuestros animales, aunque seamos algo más. Y Allah quiere que seamos conscientes de ese algo más, en la medida de nuestras posibilidades. La conciencia de ese algo más es el principio de la restitución de nuestra ámana a su verdadero Dueño.

Y en los días finales del ayuno, Allah nos procura un encuentro con el poder, nos hace comprender el discurso de la luz mediante la oscuridad misma de la noche. Allah nos habla del Qur’an en el Qur’an, de la revelación en la revelación:

"Ciertamente hemos hecho descender ésta en la Noche del Destino.

¿Y qué puede hacerte concebir lo que es esa Noche del Destino?

La Noche del Destino es mejor que mil meses:

Los ángeles descienden en ella en multitudes portando la inspiración divina con la venia de Su Sustentador.

Contra todo lo malo que pueda ocurrir protege hasta que despunta el alba."

(Qur’án, Sura 97 Al Qadr, El Destino)

En esta noche de oscuridad sentimos la presencia divina, la luz que renace interiormente en medio de la tiniebla. Estamos en tiniebla porque nos ciega nuestro apego a las cosas, porque nos vela la idolatría. Vivimos en la oscuridad misma de nuestro deseo, palpitando, vivimos en la niebla. Y en el límite mismo de esa oscuridad, Allah nos manda Su Ruh con Sus mensajeros, como la Luz de los cielos y de la tierra, An Nur Samauati ual Ard, nos da Su áman mientras dura la noche.

Noche del Destino, laylat al Qadr, cuando Allah derrama sobre nosotros Su Rahma como el agua de una promesa verdadera. Él nos hace ver en medio de la oscuridad para enseñarnos Sus secretos. El ayuno nos purifica para que seamos conscientes de lo real, de Su poder, para que conozcamos Su majestad en esta noche interior que es mejor que mil meses narrados.

En silencio o agitados por el recuerdo somos afectados por Allah, conmovidos por la Realidad. Así nos damos cuenta de que Él es el Más Grande, Allahu Akbar, y que suyo es todo el Poder. ¿No vamos a sentirnos agradecidos a Él por haber abierto nuestros corazones y estar haciendo de nosotros sus siervos, musulmanes y musulmanas que nos sometemos voluntariamente a la privación, y que así estamos siendo guiados al jardín de la realidad, al paraíso de la conciencia?

Sentimos agradecimiento hacia Él porque Él quiere que seamos musulmanes, porque nos está enseñando a cada uno de nosotros el din de nuestro sometimiento. Esa guía Suya es el más preciado de los tesoros, que alberga las formas de nuestro din. Por eso es tan necesario que nuestras vidas se acompasen con esas formas divinas de existencia, con el salat, con el ayuno... no por una cuestión de celo religioso o de ascética espiritual, sino porque verdaderamente en esas formas de vivir que Allah nos hace obligatorias están las llaves que nos permiten abrir las puertas del sentido, acceder a la mejor de las realidades. Alhamdulilah. Los pilares de nuestros din no son los barrotes de una cárcel para tontos sino herramientas de nuestra liberación. Así, el cumplimiento cabal del ayuno afina y afianza nuestros corazones y nos hace capaces de albergar la Revelación, de adquirir un sentido existencial trascendente.

Allahumma:

Haznos recobrar el sentido de la realidad y purifica nuestros corazones.

Haz que el sometimiento a Ti esté vivo en nosotros, en nuestras acciones y palabras.

Haz que nuestro ayuno sea transitado por Tus ángeles.

Acepta nuestro ayuno y nuestro salat.

Haznos peregrinos de Tu Casa, adoradores de lo Real.

Vacíanos de todo lo que nos aparte de Ti.

Haznos amantes de la Vida, amantes Tuyos.

Dirígenos con dulzura por el sendero de la autenticidad.

Líbranos de la pereza y del orgullo.

Ilumina nuestro interior con una luz que no la apaguen nada ni nadie.

Haznos ser agradecidos y líbranos del olvido.

Amin.

2.

No podemos hablar de nuestro ayuno sin hablar del profeta, la paz sea con él. Su ayuno fue agraciado con una revelación que nos alcanza a todos. Es imposible abstraerse de Muhámmad durante el Ramadán. Porque nos acercamos a la revelación, al Qur’an, y allí nos encontramos incesantemente con él, cuando Allah le habla y le dirige Sus palabras para todos nosotros. Sin él no tendríamos la guía que hace posible nuestro Recuerdo.

Sin su báraka trascendente al tiempo y al lugar no habrían podido los santos acercarse tanto a la Realidad. Por eso nos dice Allah en el Qur’an:

"En verdad, Allah y Sus ángeles bendicen al Profeta: así pues, ¡Oh vosotros que habéis llegado a creer, bendecidle y someteos a su guía con un sometimiento total!"

(Qur’án, Sura 33, Al Ahsab, la Coalición, aya 56)

Su guía está en la Sunna, en las luminosas descripciones de los sahába, en las oraciones de los auliyya. Por eso pedimos a Allah por Muhámmad, porque es la perla que refleja lo mejor de nuestra humanidad. Muhámmad, sala Allahu aleihi wa salem, es el vínculo que nos conecta con toda la comunidad espiritual, la lengua que nos comunica con nuestra divinidad. Allah hace que sus santos le conozcan de una manera u otra y le amen como se ama al ser humano más digno de confianza.

Conocemos algunas oraciones que los auliyyá han hecho por el profeta, pero Allah ha querido hoy regalarnos una muy especial, compuesta por ‘Abd es-Salam Ibn Mashish, qutb de su época, hace doscientos años. Su tumba está en la montaña que lleva su nombre: Muley Abd as Salam, en el rif marroquí. Su nombre significa "Siervo de la Paz, hijo de un hombre de rostro sereno".

De él no se conoce más que este texto, as-salát al-mashyshiyah, que se recita en las táriqas shadilíes, como experiencia del insán al-kámil a través de Muhámmad, la paz sea con él, como un reflejo de las más altas cualidades humanas. Hacemos nuestra esta salat por Muhámmad porque reconocemos la luz de sus seguidores, la paz sea con todos ellos. Y dice así:

"Allahumma, bendice a aquel del que derivan los secretos y brotan las luces, en el que ascienden las realidades, y sobre el cual fueron descendidas las ciencias de Adam, de modo que vuelve impotentes a las criaturas, y las inteligencias empequeñecen con relación a él, de manera que nadie entre nosotros, ni predecesor ni sucesor, puede comprenderlo.

Los jardines del mundo espiritual —al-malakut— se adornan de la flor de su belleza, y los estanques del mundo de la omni­potencia —al-yabarut— rebosan por el flujo de sus luces.

No existe cosa alguna que no esté vinculada a él, porque, como se ha dicho: ‘De no ser por el mediador, todo lo que de él de­pende desaparecería.’ ¡Bendícelo!, Allahumma, con una bendición tal como le corresponde por Ti de Tu parte, según lo digno que es de ello.

Allahumma, él es Tu secreto íntegro, que Te demuestra, y Tu velo supremo puesto ante Ti.

Allahumma, úneme a su posteridad y justifícame por su cuenta. Haz que lo conozca mediante un conocimiento que me salve de los abrevaderos de la ignorancia y apague mi sed en los abre­vaderos de la virtud. Ponme en su camino, arropado de Tu ayu­da, hacia Tu presencia. Golpea por mí la vanidad para que pue­da destruirla. Sumérgeme en los océanos de la Unidad, sácame de los cenagales del tawhid, y ahógame en la fuente pura del océano de la Unicidad a fin de que no vea ni oiga ni sea consciente ni sienta sino por ella. Y haz del Velo supremo la vida de mi espíritu, y de su espíritu el secreto de mi realidad, y de su realidad todos mis mundos, por la realización de la Verdad primera.

Oh Primero, oh Ultimo, oh Exterior, oh Interior, escucha mi llamada, así como escuchaste la llamada de Tu siervo Zaca­ríyya; socórreme por Ti hacia Ti, ayúdame por Ti hacia Ti, une entre yo y Tú, y desliga entre yo y otro-que-Tú: ¡Alláh, Alláh, Alláh!

Y acaba con estas citas del Qur’an:

"Ciertamente, Aquel que ha enunciado este Qur’án en términos sencillos, haciéndolo vinculante para ti, te hará sin duda regresar de la muerte a una vida renovada."

(Qur’an Sura 28, Al Qasas, La Historia, aya 85)

"¡Oh Sustentador nuestro! ¡Concédenos de Tu misericordia, y haznos conscientes de lo que es recto, cualquiera que sea nuestra condición externa!"

(Qur’án, Sura 18, Al Kahf, la Cueva, aya 10)

"En verdad, Allah y Sus ángeles bendicen al Profeta: así pues, ¡Oh vosotros que habéis llegado a creer, bendecidle y someteos a su guía con un sometimiento total!"

(Qur’án, Sura 33, Al Ahsab, la Coalición, aya 56)

Las gracias, las salawat de Allah, Su paz, Sus salutaciones, Su Rahma y Sus barakaat sean con nuestro señor Muhámmad, Tu servidor, Tu profeta y enviado, el profeta ile­trado, y sean con su familia y sus compañeros gracias tan nu­merosas como lo simple y lo impar y como las palabras perfectas y benditas de nuestro Rabb."

"¡Infinita es la gloria de tu Rabb, Señor del Honor y el Poder, excelso por encima de cuanto los hombres conciban para definirle!

¡Y la paz sea sobre todos Sus mensajeros!

¡Y la alabanza es debida por entero a Allah, Rabbil al’amin!"

(Qur’án, Sura 37, As Saffat, Los alineados en filas, ayat 180-182)

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