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Jutba del maqam de Isa 1

Mariam está concibiendo a un profeta cuya revelación se hace preceder ya desde su anuncio

14/02/2002 - Autor: Hashim Cabrera - Fuente: Webislam
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Jutba del maqam de Isa 1
Jutba del maqam de Isa 1

Assalamu aleikum

Durante varias jornadas nos hemos ido acercando a la revelación en su dimensión más profunda, tratando de despertar a esa realidad luminosa que Allah promete a quienes viven tratando de someterse a Él. Nos vamos dando cuenta de que el Corán es un signo de signos, lleno de sentido, una señal que puede provocar el despertar de nuestro cuerpo luminoso, de esos centros sutiles que descubrimos en nuestro interior. Y que cada profeta nos trae una revelación de Allah que tiene que ver con esos centros sutiles que se han de despertar para que lleguemos a existir como hombres y mujeres de luz, como seres humanos conscientes de Allah y sometidos a lo real.

Nos detuvimos en el maqam de Ibrahim, profundizando en su significado espiritual, en ese sentido que puede iluminarnos, otorgarnos una dignidad real, la ámana de Allah que nos permite el conocimiento de Sus Nombres y de los nombres de las cosas. Hemos visto la forma en que nos hacemos capaces de Allah, la forma del hanif.

Y una vez que somos conscientes de la luz, una vez que nos hemos purificado, se produce en nosotros una revelación que es como un nacimiento espiritual a la realidad.

Lo que está naciendo en nosotros es, en primer lugar, la conciencia de Dios, y esta conciencia nos hace producir una palabra creadora de realidad. Es el alumbramiento del sentido, su brote luminoso en nosotros. Aquella presencia que sentíamos como misteriosa y desconocida nos resulta ahora tan familiar como la realidad. Reconocemos la grandeza del mundo, la vastedad de la creación. Nuestro corazón está vivo y late ahora en el tiempo de los prodigios, en un espacio donde la realidad se conforma de una manera indescriptible: es el maqam donde sopla el ruh al Quddús, el aliento de la santidad.

Tras la expresión emocionada de Ibrahim nos llega la palabra inspirada de Isa, la paz sea con ellos. Entre los latidos del corazón iluminado la energía divina nos recorre en forma de prana, de aire vital, de soplo vivificante.

Allah nos dice en el Corán, en el surat al Báqara:

“... Y dimos a Isa Ibn Mariam las pruebas evidentes de la verdad y le fortalecimos con la sagrada inspiración.”

Allah nos dice que Isa, la paz sea con él, fue un profeta inspirado por Él. Su maqam es habitado por el espíritu santo, por el ruh, esa energía sutil y poderosa al mismo tiempo, capaz de obrar prodigios, de romper el sueño de la razón. Él es el Ruh al Quddús, el espíritu de la santidad, la energía que Isa nos transmite y despierta.

La revelación de Isa tiene como tema central el nacimiento del verbo, de la palabra, pero ha sido necesaria una profunda gestación en el corazón sutil antes de que el sentido se articule en nuestra garganta. Ese alumbramiento tiene lugar allí donde se produce la forma a la vez mental y sonora de nuestro mundo, la vibración de nuestra lengua en el habla. Por eso, la palabra que exhala el profeta no es tan sólo el discurso de la elocuencia, sino el mismo verbo creador, capaz de conformar el mundo y la visión humana, capaz de articular los Nombres de Allah en el mundo visible, y recordarLe. Esa palabra nos prepara a su vez para el encuentro con la visión que nos procura Muhámmad, la paz sea con él, al término de nuestro recorrido por el camino de los profetas y de los allegados.

El Isa de nuestro ser, nuestro Isa de luz, es el que anuncia los nombres de todos los profetas hasta Muhámmad, y él mismo es anunciado por Yahia, la paz sea con todos ellos. Despertar el Isa de nuestro ser es acceder al lenguaje creador, al que brota del corazón iluminado.

Allah nos revela el trayecto espiritual que media entre el maqam de Ibrahim y el maqam de Isa. Según nos dice en el Corán, en el sura de la Casa de Imrám, la madre de Mariam concibió a ésta para dedicarla a Su servicio. Su tutela fue confiada a Zacariyah, la paz sea con ellos, que era pariente suyo. Éste la visitaba en el santuario y siempre encontraba junto a ella alimentos y provisiones. Cuando le preguntaba sobre el asunto ella respondía: ‘Viene de Allah, ciertamente, Él provee sin medida a quien Él quiere.’

Vemos así que Allah sitúa a Mariam en el mismo maqam que a Hayyar, la paz sea con ellas. Ambas están en el lugar de la adoración y reciben la provisión de directamente de Allah, Ar Razzaq, tienen conciencia Suya y su estado es de sometimiento completo a la realidad. Y, sorprendentemente, también Allah nos muestra a Zacariyah en el propio maqam de Ibrahim, la paz sea con ellos, cuando pide a Allah descendencia de manera idéntica a como lo hiciera el jalil ullah, de pie, sabiendo que Allah le oye y le responde. Y recibe la misma respuesta que el hanif, la presencia divina y la promesa de una dilatada descendencia. Allah nos dice en el Corán, en esta misma sura:

“En ese mismo lugar, Zacariyah hizo un du’a a Allah diciendo: ‘¡Oh Sustentador mío! Otórgame también a mí, de Tu gracia, el regalo de una descendencia buena; pues, ciertamente, Tú escuchas todas las plegarias’.

En eso, cuando rezaba de pie en el santuario, le llamaron los ángeles: ‘Dios te anuncia la buena nueva del nacimiento de Yahia, que confirmará la verdad de una palabra procedente de Allah, y será excepcional entre los hombres, abstinente y un profeta de entre los justos’.”

Y también como hiciera Sarai, Zacariyah pregunta alumbrado al ángel:

“Zacariyah exclamó: ‘¡Oh Sustentador mío! ¿Cómo podré tener un hijo siendo ya anciano y mi mujer estéril?’

Respondió el ángel: ‘Así ha de ser: Dios hace lo que quiere.’

El ángel le responde lo mismo que a Sarai, mostrándose como decreto de Allah, como Qadr, como pronunciamiento del kun fayakun. Dice el Corán:

“Zacariyah suplicó: ‘¡Oh Sustentador mío! ¡Dame un signo!’

Dijo el ángel: ‘Tu signo será que no hablarás a la gente durante tres días sino por señas. Y recuerda mucho a tu Sustentador y ensalza Su infinita gloria de noche y de día’.”

El signo de Allah a Zacariyah es la reflexión sobre la naturaleza profética que va a concebir por orden de Allah. La condición es el silencio, el maqam donde se ha de producir el verbo, la matriz donde se gestará la palabra iluminadora. Silencio absoluto y total. No hay oscuridad sino silencio. El espíritu lo inunda todo, la luz se derrama, la creación está teniendo lugar en el tiempo de Allah, pero lo hace en silencio, los nombres vivien en la meditación pero no han sido aún pronunciados, son Nombres sin interpretación, vivos como pura contemplación de la esencia, como aliento vital y vacío.

Zacariyah va a concebir a Yahia, al profeta ‘que confirmará la verdad de una palabra procedente de Dios’, que anunciará la verdad contenida en una revelación que nos transmite el profeta Isa, la paz sea con ellos. Zacariyah queda absolutamente en silencio y Allah nos dice:

“Y, he aquí, que los ángeles dijeron: ‘¡Oh Mariam! Ciertamente, Dios te ha escogido y te ha purificado, y te ha exaltado sobre todas las mujeres de la creación. ¡Oh Mariam! Conságrate por entero a tu Sustentador y póstrate en adoración, e inclínate con los que se inclinan ante Él.’

Allah se manifiesta así a Mariam, elevándola en el rango de las mujeres porque va a concebir Su expresión, Su palabra. Esa palabra va a hacer posible, más adelante, el advenimiento de Muhámmad y la revelación que cierra el círculo de los profetas, la recitación.

En los ayats siguientes, Allah le explica a Muhámmad, que entonces está recibiendo el Corán, la naturaleza de la revelación de Isa, la paz sea con ellos:

“Esto forma parte de unos acontecimientos que estaban fuera del alcance de tu percepción y que ahora te revelamos: tú no estabas con ellos cuando echaron suertes para ver quien sería el tutor de Mariam, y no estabas con ellos cuando discutieron entre sí acerca de ello.”

Allah le está diciendo al profeta que la revelación pone a su alcance unos hechos que ocurrieron en otro tiempo y lugar. Y así el profeta, la paz sea con él, pone a nuestro alcance una revelación que nos permite atravesar nuestra historia personal y acceder al recuerdo de los Nombres Dios. La revelación de Isa nos sitúa en el tiempo de Allah, en un tiempo pleno de sentido y significado. Por eso también nos dice Allah que la revelación es un mithal, un signo. La palabra divina nos permite acceder al recuerdo de la realidad, nos ilumina porque procede directamente de Allah y nos hace ser conscientes de ello. Tú no has visto jamás lo que ahora se te revela. La realidad es inédita y tú solo reconoces aquello que persiste en tus tímpanos y en tu retina, sólo reconoces los ecos, los reflejos, pero a medida que vas haciéndote capaz de Allah, tu conciencia se ensancha y puedes recorrer los universos.

“He ahí, que los ángeles dijeron: ‘¡Oh Mariam! En verdad, Dios te anuncia la buena nueva, mediante una palabra procedente de Él, de un hijo que será conocido como Isa al Masih Ibn Mariam, el Ungido, hijo de Mariam; de gran eminencia en este mundo y en la Otra Vida, y será de los allegados a Dios. Y hablará a la gente desde la cuna y de adulto, y será de los justos.”

La buena nueva, la revelación, es en este caso una palabra procedente de Dios, una vibración creadora que surge en la garganta y se transmite en el habla.

Allah nos dice que el profeta será conocido como Isa al Masih Ibn Mariam. Al Masih, el ungido, hace referencia a su linaje real y profético al mismo tiempo. Su preeminencia tiene lugar tanto en la Dunia como en la Ájira. Los profetas que reinaron entre los banu israil eran ungidos con aceite al ser reconocidos por la ummah. Isa, la paz sea con él, descendía por línea paterna de la Casa de Daud, y por parte de su madre Mariam, de la Casa de Harún, la paz sea con ellos. Une en su genealogía el mulk y el malakut, como un barzaj que sólo es posible mediante la palabra purificada.

Isa nos habla desde la cuna porque su revelación es el verbo creador y éste no es el discurso de un ser humano con una biografía y con una historia, sino la palabra del insan al Kamil, del ser humano realizado.

De la misma manera que el habla no es sólo la vibración de la garganta, sino que necesita del aliento, del prana y del sentido para poder articularse, así el Isa de nuestro ser no es sólo la capacidad de comprender y difundir la lengua sino la posibilidad de transmitir la revelación, el sentido. La adoración humana necesita de la palabra porque así dispuso Allah la naturaleza de Adam, capaz de reflejar en su interior las luces y los sonidos del mundo, las pulsiones del universo y el sentir de Dios. Por esa capacidad para nombrar el mundo y reflejar así la creación, Allah nos dice en el Corán que, para Él, la naturaleza de Isa es como la naturaleza de Adam, la paz sea con ellos.

Pedimos a Allah que nuestra palabra Le recuerde.

Que transmita la mejor de las vibraciones, el mejor de los sentidos.

Que refleje el espíritu de santidad y que ilumine los corazones.

Amin.

2.

Adoramos a Allah con el corazón y con la lengua cuando éstos no se contradicen. El maqam de Isa es inundado por el espíritu, por la inspiración arrebatadora. El despertar del Isa de nuestro ser es el surgimiento de nuestra palabra iluminadora, la expresión real y palpable de nuestro sometimiento a la realidad.

Sigue diciéndonos Allah en el Corán:

“Dijo: ‘¡Oh Sustentador mío! ¿Cómo podré tener un hijo, si ningún hombre me ha tocado?’

Respondió el ángel: ‘Así ha de ser: Dios crea lo que Él quiere: cuando dispone un asunto, le dice tan sólo: ‘Sé’, y es. Y Él enseñará a tu hijo la revelación y la sabiduría, la Torah y el Inyil y le hará un enviado a los Banu Israil.”

Un mismo asombro ante la presencia y una misma respuesta de Allah, Quien responde a Mariam de igual manera que a Sarai y a Zacariyah, mostrándole su infinito poder, Su capacidad para provocar cualquier circunstancia, cualquier acontecimiento. Kun fayakun, Sé, y es: La conciencia que se ha hecho capaz de Allah recibe el primer destello de Su luz. Es la luna nueva, el jilal que aparece como una inmaculada concepción.

Cuando Allah se manifiesta a través de Su ángel, es como si el espejo reflejase Su luz y nuestro espacio interior devolviese el eco de Su vibración, como si fuésemos capaces de la realidad, como si fuésemos reales porque Allah quiere que lo seamos.

Si recordamos las representaciones cristianas de la inmaculada concepción de María vemos que ésta es representada como una virgen vestida de azul y blanco que pisa una serpiente y una media luna, un jilal. El paganismo romano invirtió así el significado de la inmaculada concepción, devaluando el signo mediante una alegoría. Mariam no es la pureza aplastando al mal y a la tiniebla, representados como un monstruo y una media luna. Mariam es el propio jilal, el primer reflejo de la luz creadora, porque Mariam está concibiendo la luz y la palabra ya desde el mismo momento de su anunciación.

Mariam está concibiendo a un profeta cuya revelación se hace preceder ya desde su anuncio, desde Yahia, de la misma manera que Allah nos dice que Isa, la paz sea con él, nos hablará desde su cuna, desde su nacimiento. Esa es su misión, hacernos oir la palabra del ser iluminado, del que es agraciado con la presencia. Isa rompe la linealidad y la lógica. Acaba con la historia horizontal porque desde su maqam se divisa ya el Qutb, el polo celeste sobre el que gira la revelación y la profecía, Muhámmad, la paz sea con él.

Allah nos dice también que enseñará a Isa la revelación y la sabiduría, la Torah y el Inyil. Revelación y Sabiduría aparecen aquí como una secuencia normal en la vía del sometimiento a la realidad, en el camino de los profetas y allegados.

La Torah es la revelación y el Inyil es la sabiduría. El corazón y la garganta no se contradicen sino que son recorridos por una misma recitación en la palabra de Isa, la paz sea con él. Isa no viene a contradecir la íbada de Ibrahim ni la Shariah de Musa sino que viene a realizarlas. Isa es sobre todo el barzaj, el milagro, que sólo se sostiene en el amor. El verbo creador son las bellas palabras del amante de Allah, del amado de Allah, de los enamorados sinceros y deseosos de unión. Isa es palabra unitiva, vibración de tawhid.

Pedimos a Allah que purifique nuestras intenciones para que así nuestra palabra resuene cristalina y sirva al propósito de la creación, que no es otro que el de adorar a Allah como si lo viéramos.

Amin.


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