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Jutba del maqam de Isa 2

Una palabra libre de los miedos y de los deseos del mundo es una palabra iluminadora, liberadora, realizante

14/02/2002 - Autor: Hashim Cabrera - Fuente: Webislam
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El hombre moderno necesita desesperadamente una nueva visión de la naturaleza
El hombre moderno necesita desesperadamente una nueva visión de la naturaleza

Hemos llegado, gracias a la ámana de Allah, hasta el maqam de Isa, la paz sea con él. Aquí nos encontramos con la palabra que surge de un corazón purificado, con un ser humano realizado en Allah.

Pero muchos de nosotros, que somos conversos, hemos conocido de cerca el catolicismo romano y nos llamábamos a nosotros mismos cristianos. Más tarde, de una forma u otra, abandonamos esa comunidad e iniciamos una andadura por otras tradiciones, en busca de un sentido para nuestras vidas. ¿Por qué ocurrió así? ¿Qué fue lo que nos movió a romper con aquella forma de vida que era la única que entonces conocíamos? Sencillamente, la falta de un contenido real en nuestras vidas, una honda necesidad de encontrar respuestas.

Eso nos sucedió, entre otras cosas, porque el mensaje de Isa, la paz sea con él, el Inyil, había sido tergiversado y oscurecido casi desde el momento de su revelación. La palabra creadora es demasiado peligrosa para aquellos que viven en la sombra, tratando de ocultar la verdad, para los que viven engañándose a sí mismos y a sus semejantes mediante las palabras, las cifras, los conceptos. El Inyil es incompatible con el discurso amañado del poder, porque es una palabra que vuela, libre como un pájaro, sólo sujeta por los latidos de un corazón amante. Por esa razón el mensaje de Isa fue inmediatamente neutralizado, reconducido al mundo de los mitos y de los misterios, que es el que conviene a esos poderes que tratan de oscurecer el alma, de manipular al ser humano e impedirle una existencia verdadera.

Una palabra libre de los miedos y de los deseos del mundo es una palabra iluminadora, liberadora, realizante. Cuando Isa se marchó de este mundo, el Inyil estaba en los corazones y en las gargantas de quienes lo habían oído, pero fue desapareciendo de sus lenguas a medida que los corazones olvidaron, porque esa palabra no podía ser fijada en ningún texto, en ninguna mente, porque no se trataba de adjetivos, nombres y verbos, no era una estructura gramatical sino que era el discurso del sentido, la palabra oportuna y única, la expresión vibrante de la realidad en la realidad, esa que nace y sólo puede vivir en la memoria del corazón.

Por eso, a pesar de todos los intentos de acallar el Inyil entre los velos de la liturgia y de los sacramentos, muchos de nosotros aún pudimos percibir los ecos de aquella voz reveladora, pudimos aún sentir la báraka del profeta y enviado derramándose entre sus compañeros, su claridad mientras hablaba a las multitudes, su capacidad para rasgar los velos y revelarnos una conciencia más allá de las visiones, de las supersticiones y de las creencias. Ni siquiera el paganismo romano, tras siglos de interpretaciones y añadidos, ha podido ocultar el tema central del Inyil: el poder de la palabra pura, la más alta expresión humana del amor.

Y ahora, como musulmanes, a la luz de una revelación no contaminada, de una recitación que nos llega fresca y sugerente, renovamos nuestro vínculo con el profeta Isa y nos sumergimos en el Inyil. En el Sura de la Casa de Imrám, Allah nos regala un fragmento completo del Inyil en el que Isa, la paz sea con él, dice lo siguiente:

"Os traigo un mensaje de vuestro Sustentador. Os modelaré con barro la forma de vuestro destino y luego soplaré en ella, para que se convierta así en vuestro destino con la venia de Allah; y sanaré al ciego y al leproso, y resucitaré a los muertos con la venia de Allah: y os informaré de lo que podéis comer y de lo que debéis almacenar en vuestras casas. En todo esto hay, ciertamente, un mensaje para vosotros, si sois realmente creyentes."

El mensaje de Isa es la santidad. Isa es, ante todo, un santo realizado, un bodisatva, un taumaturgo cuya conciencia está libre de los velos y que, por eso mismo, tiene la capacidad de contradecir las leyes de lo aparente. Isa nos está diciendo que la libertad es un velo, que la muerte es un velo, que la enfermedad es otro velo, que el cuerpo y el mundo son otros tantos velos.

El Inyil nos revela que hay una vida más allá de las apariencias, una existencia real que forma el mundo, un espíritu que nutre cualquier forma, que sopla donde y como quiere, Al hamdulilah.

El Inyil nos procura la ámana del ruh porque Isa es jalifa ruh Allah y su maqam es el áman espiritual, la paz imperturbable, el fanah donde reina la calma y desaparecen todo temor y todo anhelo.

El conocimiento de nosotros mismos es, ante todo, un conocimiento de nuestro decreto, de nuestra horma original, de nuestro molde de barro, y por eso mismo nos dice Allah en el Corán que, para Él, la naturaleza de Isa es como la naturaleza de Adam, porque ambos nos muestran el molde, la tierra, el cuerpo que alberga y expresa la conciencia que somos.

El molde que nos muestra Isa está hecho de la misma arcilla que Adam, pero esta tierra que somos ha sido ya purificada por dos veces, por el agua de la revelación de Nuh con la que Allah la amasa y por el fuego que no quema del maqam de Ibrahim que la templa como en un horno.

La primera purificación está expresada en la ablución que llevan a cabo Isa y su primo Yahia en aguas del Jordán, y que el paganismo romano convirtió en un sacramento de su liturgia. El catolicismo ha tergiversado de una manera sistemática y atroz el mensaje de Isa. El gusl, que expresa el estado de pureza ritual que ha de tener cualquiera que disfrute del áman de su Señor, fue convertido por los romanos en una maniobra de poder para culpabilizar al ser humano y poder así justificar su redención, una redención que no es sino rendición a la idolatría, al shirk, servidumbre hacia aquello que no nos hace vivir sino que nos aleja de nuestra naturaleza original.

Por eso nos resulta especialmente reveladora la palabra que utiliza Allah para describir la manera en que Isa nos muestra nuestra fitrah, rememorando a Adam, la forma en que el Inyil nos hace conocernos a nosotros mismos, tal y como somos creados por Allah. Se trata de la palabra tair, que significa al mismo tiempo pájaro y destino.

El Inyil nos recuerda que somos hechos de tierra, nos devuelve la conciencia de nuestro Adam, de nuestra fitrah, bajo la forma de un pájaro de barro, de una imagen congelada y quieta, una caligrafía que es súbitamente despertada. El aliento del ruh al Quddús la hace volar como un pájaro, aletear, dar vueltas, cantar y vivir, transmitir sin cesar significado. Así fue creado Adam, la paz sea con él, y así estamos siendo creados nosotros en este momento.

Allah le enseñó a Adam Sus Nombres y más tarde le enseñó los nombres de todas las cosas. Pero los nombres de las cosas velaron a los Nombres de Allah en la conciencia de Adam. Isa viene a devolvernos el conocimiento de los Nombres de Allah que había olvidado Adam. Isa ayuda así al Adam de nuestro ser a recobrar la memoria de Sus Nombres, a conocer el sentido real de nuestras palabras, aquello que las letras ocultan.

Nuestro destino es ser como Adam, nuestro decreto es un pájaro de barro que nace a la conciencia, que vuela a pesar de ser arcilla, porque Allah quiere. El aliento de la compasión lo nutre todo. El Nafs Al Rahmán nos hace libres y la palabra pura es el vuelo de la criatura distinguida, el tair del jalifa.

Isa nos procura la ámana del ruh Al Quddús y su maqam es el fanah fillah, el satori donde hallamos el áman, la calma interior, la seguridad total y la ausencia de temor. La restricción es el barro, la letra inanimada, la jaula uallah quata illah billah. Isa la levanta con el aliento, con el prana, hace circular la energía a través de nosotros, hace que ascienda la luz por nuestras gargantas en forma de sentido, como una conciencia que se hubiera templado en el corazón y ahora nos hablara, tratando de retirar el último velo, de alcanzar el último maqam, el de Muhámmad, la perla escondida en la recitación, en el jardín de los profetas y de los salihin.

Nuestro decreto no es una forma fija sino que vuela como un pájaro, cobrando vida cuando bate sus alas, a medida que laten nuestros corazones. Nuestro destino pende del aliento de nuestro Rabb, que exhala dentro de nosotros. Isa nos hace ser conscientes de nuestro destino y nos dice que el decreto está vivo, que está realizándose, porque la creación es cambio y movimiento, y porque lo que Allah decreta en nuestra creación es la vida, la existencia, la posibilidad de conocerLe. Él hizo a Adam olvidar Sus Nombres para que nosotros pudiésemos recordarLe. Nuestro decreto no es un pájaro de barro sino la peregrinación incesante, la ilusión de la vida como distinta de la muerte y, más allá, la vida de la conciencia.

Isa curará a los enfermos y resucitará a los muertos porque es un ser realizado, alguien que ha conseguido desenmascarar a su propio nafs, a su propio aliento, y ha llegado a vivirlo como lo que es, el Nafs al Rahmán, el aliento del Compasivo. Es en este mismo maqam de Isa donde Mansur Al Hallaj dijo: ‘ana al Haqq’, Yo soy la verdad’, cuando su yo se extinguió en la realidad. Al Hallaj, al igual que Isa, trasciende la Shariah, desvela el secreto porque él mismo no es sino tayali, manifestación, teofanía. Al Hallaj se somete voluntariamente a la muerte porque la ha desenmascarado, ha visto su vacuidad porque ha visto la vacuidad de su propia existencia. La palabra ha revelado lo real y al hacerlo ha conseguido rasgar el velo. La palabra de Isa es un tayali, una teofanía, porque es Allah quien habla por su boca.

Yo soy la verdad, nada hay sino la realidad: ‘Anal Haqq, la ilaha illah Allah’. Isa viene a devolver el espíritu a la palabra muerta y para ello tiene que destruir el ídolo de la letra, los nombres de las cosas cuando tratan de fijar nuestro decreto. Por eso mismo Isa contraviene las leyes del mundo, porque no son del mundo, sino de Allah. Él nos da la vida y nos da la muerte. Él es al Ba’ith. Es Él quien nos está resucitando de la muerte, revelándonos con el Inyil el conocimiento de nuestra naturaleza verdadera, la conciencia de ser como la tierra. En el Inyil contenido en la Recitación, en la misma sura de la Casa de Imrám, Isa, la paz sea con él, nos habla de la verdad que aún quedaba en la Torah:

"Y he venido a confirmar la verdad de lo que aún queda de la Torah y a haceros lícitas algunas de las cosas que antes os estaban prohibidas. Y he venido a traeros un mensaje de vuestro Sustentador; sed, pues, conscientes de Allah y obedecedme."

Isa, la paz sea con él, está diciéndonos que la revelación no está en los libros, que éstos no son más sagrados que el verbo divino que tratan de contener. Isa advierte que su palabra puede confirmar la verdad que aún pueda quedar entre las letras.

El texto de la Torah, en tiempos de Isa, aún contenía algo de la revelación de Musa, pero según parece, muy poco, de la misma manera que en el evangelio romano puede quedar algo del Inyil. Pero necesitamos del Corán, de la recitación viva de Muhámmad, la paz sea con él, para rastrear qué es lo que ha quedado de verdad en una y en otro.

Allah nos revela el sentido de Su palabra y lo hace como Rabb, como Señor y Sustentador, cuando nos enfrenta a las palabras de Isa: "Vengo a acabar con una restricción, a levantar una prohibición, en nombre del Único que puede hacerlo, del Señor que nos sostiene. Vengo a liberaros". Esta misión liberadora es explicada detalladamente en el Corán, a lo largo de toda la sura de la Casa de Imrám.

En principio, a los banu Adam les estaba permitido todo alimento, e incluso en tiempos de Ibrahim aún no existía un cuerpo doctrinal de prohibiciones alimentarias. Es con la Torah, con la revelación de Musa, cuando Allah impone una dura Shariah a los banu Israil por haber violado su pacto, por haber matado a los profetas y enviados y por alardear de ello.

Isa viene a levantar la restricción porque el sentido de ésta es la purificación del nafs de la comunidad y no tiene sentido en una comunidad de seres sometidos a Allah, porque Isa viene a realizar a Allah en este mundo, a ser la más veraz de Sus expresiones y a devolver la fitrah a los seres humanos. Pero va a encontrarse de frente con quienes no han comprendido el sentido de la restricción y han hecho de la letra una forma de vida, con los fariseos, con los hipócritas.

Isa, como todos los profetas anteriores, cuando se refiere a Allah le llama con el Nombre Rabb, el Señor y Sustentador, porque todos ellos y los salihin viven en un estado de conciencia en el que sólo existe Allah y, por lo tanto, cualquier criatura, cualquier manifestación no es para ellos sino un aliento de Su Misericordia.

Allah es el Sustentador, el Señor que nos concede Su áman. Sin Su aliento nada nos sería posible, nada podría ser dicho ni vivido por nosotros. Isa sólo ve a Allah. No puede ver otra cosa. Por eso el mundo no tiene secretos ni poder sobre él. Quien está viendo a través de los velos no es alcanzado por ellos. No podemos ver al mismo tiempo el velo y lo que oculta. Atravesando el velo, Isa contempla la realidad y el velo se deshace porque nunca ha sido más que un signo, un nombre, un mithal.

Isa trae un mensaje de Allah. Él es, como Muhámmad, además de profeta, mensajero, rasullullah. Nos muestra la inutilidad de la letra muerta y nos prepara para la revelación definitiva, que tendrá la forma de una recitación, de un Corán, una revelación que no podrá ser ya manipulada porque ha conseguido por fin arraigarse en nuestra conciencia y florecer.

Finalmente, Isa nos llama a la conciencia de Allah, a la taqwa, y al áman que todo profeta disfruta en su soledad acompañada.

Pedimos a Allah que nos haga conscientes de nuestro decreto.

Que nos haga capaces de vivir sin que los velos nos detengan.

Que nos haga morir conscientes de Él.

Que seamos conscientes, en el momento de nuestra muerte de que rasgamos el velo definitivo que nos mantiene separados.

Que nos haga ser conscientes, en ese momento, de que nuestro aliento es el Suyo.

Que muramos disfrutando de Su áman.

Amin.

2.

Necesitamos a los profetas y a los salihin porque ellos mantienen viva la conciencia de Allah, porque nos enseñan la vía de la trascendencia y nos muestran que es posible vivir en el sentido, recobrar la conciencia y habitar la realidad vibrando al unísono con ella. Ellos guardan el elixir que nos resucita de la ignorancia, el talismán que nos libra de las oscuridades en este mundo de la muerte.

Isa, la paz sea con él, vino a levantar una prohibición, pero se encontró con la misma respuesta que los profetas anteriores a él. Los banu Israil no sólo no le reconocieron sino que lo calumniaron y combatieron. Así pues, la liberación que proponía Isa no alcanzó a los fariseos, y los banu Israil continuaron sufriendo la restricción, tal y como Allah nos aclara en el Surat An Nisa, Sura de las mujeres:

"... por la enorme calumnia que profieren contra Mariam, y por alardear diciendo ‘Ciertamente hemos matado a Al Masih Ibn Mariam, que decía ser el enviado de Allah’."

Pero el Corán, inmediatamente nos aclara:

"Sin embargo, ni le mataron ni le crucificaron sino que les pareció que había ocurrido así. Y, en verdad, quienes discrepan acerca de esto, están ciertamente confusos, carecen de verdadero conocimiento y siguen meras conjeturas. Pues, con toda certeza, no le mataron, sino que Allah lo exaltó hacia Sí. Allah es en verdad Poderoso y Sabio."

Allah nos dice que, con toda certeza, no le mataron, sino que a ellos ‘les pareció que había ocurrido así’. Isa, como expresión del profeta y del santo, como wali ullah, está más allá de la apariencia, más allá de la muerte. Ha desvelado el arcano y por eso, en su maqam se curan los enfermos y resucitan los muertos. Los que creyeron que Isa había muerto no habían entendido su mensaje. Allah nos dice que quienes discrepan sobre la muerte de Isa carecen de verdadero conocimiento. Sólo pueden discrepar sobre este asunto quienes no han conocido el Inyil. Sin embargo, aquellos que tienen un verdadero conocimiento del Inyil, de la revelación de Isa contenida en la Recitación, saben que Isa está vivo con Allah y que Allah puede despertarlo en nosotros si Él quiere. Es precisamente el Isa de nuestro ser, nuestro Isa de luz el que nos enseña a atravesar la muerte, el que nos permite así alcanzar la última estación de nuestro viaje.

Allah nos precisa que entre estas gentes que carecen de conocimiento verdadero están los judíos y los cristianos, y así continúa diciéndonos el Corán:

"Sin embargo, ninguno de los seguidores de anteriores revelaciones dejará de comprender, en el momento de su muerte, la verdad acerca de Isa, y el Día de la Resurrección, él dará testimonio de la verdad en contra de ellos."

En el momento de la muerte todos viviremos, insha Allah, por un instante, en el maqam de Isa y disfrutaremos entonces del áman espiritual: los judíos morirán sabiendo que Isa fue en realidad un profeta y rasululah, y los cristianos se darán cuenta de que Isa no es el hijo de Allah sino el Espíritu Santo, el Ruh Al Quddús, rompiéndose en ellos la trinidad que hasta ese momento los velaba.

Y eso es así, porque en el áman de Allah no existen los secretos. Nada hay ya que desvelar porque es Luz sobre Luz. ¿Dónde podrán entonces anidar las sombras?

Pedimos a Allah que nos conceda una palabra verdadera.

Que nos guarde de la insinceridad.

Que nos proteja del falso conocimiento.

Que nos conceda Su áman y nos haga ser transmisores de la vida espiritual.

Amin.


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1 Comentarios

Jaime Ruben dijo el 13/03/2012 a las 21:49h:

Ya es hora, de que deis luz a tanta oscuridad, Gracias.


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