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Mi viaje hacia la Kaaba

De pie frente a la mejor de las criaturas de Dios, el amado de Dios, el Mensajero de Dios, quien nos trajo de parte de Dios lo que hoy tenemos

08/02/2002 - Autor: Abdallah Yusuf de La Plata - Fuente: Webislam
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Umrah en la Kaaba, Meca (Foto Webislam)
Umrah en la Kaaba, Meca (Foto Webislam)

En el Nombre de Dios, El Compasivo, El Misericordioso.

Dice el Sagrado Corán :

"Dios ha prescrito a los hombres la peregrinación a la Casa, si disponen de medios. Y quien no crea... Dios puede prescindir de las criaturas."

(3:97)

Y dice también :

"¡Llama a los hombres a la Peregrinación para que vengan a ti a pie o en todo flaco camello, venido de todo paso ancho y profundo."

(22:27)

Introducción

Hace 15 años que me islamicé, al hamdu lil Lah Rabbil alamín, y ahora gracias a Dios pude realizar el sueño de todo musulmán creyente y sincero que es realizar un viaje a la Casa de Dios en la Meca. Un viaje de neto signo espiritual, cargado de Mercedes y Bendiciones, colmado de emociones fuertes y sutiles, el cual abrió para mí una puerta a un estado muy difícil de describir, el cual involucra una nueva visión de la vida. Es imposible presentarse ante la Casa de Dios y no cambiar de estado interior. La Casa de Dios le extrae a uno el corazón y al marcharse se lo retorna con una consigna marcada a fuego : "Al Kaabatul Qiblati". Esta realidad late en el pecho de cualquier musulmán que haya tenido esta Bendición de poder asistir a la Meca : "La Kaaba es mi Qiblat". Esta frase ahora echó raíces en mi corazón y extendió sus frondosas ramas de hojas perennes, las cuales brindarán jugosos frutos hasta el fin de mis días, si Dios Altísimo así lo quiere.

Quisiera poder compartir con nuestros lectores, en especial con mis hermanos musulmanes, algunos aspectos de esta extraordinaria experiencia para que puedan tener una noción de lo que la misma significa y anhelen ellos mismos poder realizar algún día este viaje, tal como yo deseo repetirlo. Si el creyente anhela fervientemente algo, Dios le facilita los medios para obtenerlo, en especial cuando se trata de algo tan beneficioso como una visita a Su Casa, visita a la cual El Mismo nos Ha invitado. Y no hay Fuerza ni Poder sino en Dios Altísimo, el Único, el Imponente, el Grandioso.

¿Por qué me islamicé ?

Antes de comenzar a describir mi viaje, quisiera mencionar un punto que me fue varias veces preguntado por distintas personas que fui conociendo en el camino : ¿ Por qué me islamicé ? En más de una ocasión traté de eludir la respuesta, pues la misma me resulta difícil de explicar incluso para mí mismo. Los hermanos que han tenido la suerte de nacer en una familia musulmana, se han librado de la inquietante necesidad de encontrar una respuesta satisfactoria a la cuestión de por qué una persona se separa de la cultura en la que fue criado, de la educación que recibió de sus padres, de su familia, de su ambiente, de su sociedad, etc., para adoptar una religión y una creencia totalmente ajena y extraña al medio en el cual vive y se desenvuelve, con todo lo que esto implica (separación y conflicto con los padres, hermanos, familiares, amigos y todo cuanto nos rodea). Voy a hacer un recuento de lo sucedido:

En mi caso particular, provengo de una familia atea. Mi nombre es Néstor Pagano, y mi apellido está indicando que el ateísmo y rechazo de la religión ha sido algo muy arraigado en mi familia, una tradición ancestral diría yo. Los apellidos no suelen ser una casualidad, y si figura en mi familia seguramente mis ancestros han tenido enfrentamientos con la iglesia que los han llevado a cargar ese apelativo. Si bien esto es una suposición, mi padre realmente era una persona muy atea y francamente enemiga de toda religión. Su enemistad provenía de sus ideas "de izquierda", pues los socialistas en general no supieron separar el mensaje propio de la religión de aquello que ellos veían que hacían las instituciones religiosas y sus conductores y líderes corruptos.

Mi padre (a pesar de lo que alguno pueda pensar al leer que era muy atea) era una persona muy buena y me enseñó tres cosas en las cuales basó mi educación con insistencia : primero, amar a los pobres con todo lo que implica (ayudar al necesitado, respetar a la gente humilde y luchar políticamente para que la gente tuviera un salario digno que le permita llevar una vida digna). Segundo, ser siempre honrado (nunca mentir, cumplir las promesas y comportarse decentemente, para llevar siempre la frente en alto y nunca tener que esconderse de nadie ni avergonzarse ante nadie). Tercero, el rechazo de todo lo religioso. El consideraba que todo los males provenían de la religión. Yo acepté sus dos primeras enseñanzas pero no la última, porque supe distinguir un punto que él no pudo captar : los males vienen de los hombres que manipulan las religiones, no de las religiones en sí.

De ahí que a pesar de mi educación atea, siempre tuve una inclinación hacia una búsqueda religiosa. Siempre creí en Dios, aunque en mi casa me enseñaban lo contrario. A los 14 años de edad hice la peregrinación a Luján con el anhelo de estar cerca de los creyentes. Pero nunca me acerqué a una iglesia, quizás por los prejuicios inculcados.

Ya en la Universidad (soy veterinario) quedé fascinado con el estudio de las células, los microorganismos y demás maravillas de la creación hasta que llegué al sistema nervioso. Me maravillaba ver que las neuronas de los animales son básicamente iguales a la de los hombres y que los impulsos nerviosos se basaban en ondas eléctricas que finalmente eran movimientos de átomos a través de una membrana... ¿Y dónde está la diferencia entre los hombres y los animales? ¿Qué permite al hombre tener pensamientos tan complejos y elevados muy por encima del nivel de los animales?

Quizás a algunos esto le parezca tonto, pero yo estuve meses con este interrogante en mi cabeza hasta que un día casi por inspiración obtuve una respuesta : el hombre tiene un alma, la cual no es perceptible por los elementos de la ciencia. Para otros esto puede ser algo elemental, pero para mí significó todo un descubrimiento. A partir de ahí comencé una búsqueda espiritual que permitiera desarrollar mi alma y cumplir con el objetivo de la vida (que no sabía cuál sería, pero que alguno debería ser). Comencé leyendo libros, desde la Biblia hasta Budismo Zen, pasando por Hinduismo y también algo de Islam. También de pensadores como Gurdieff y otros cuyos nombres ya no recuerdo. Finalmente decidí aprender algo de idioma para leer fuentes originales y me acerqué a un Centro Islámico donde enseñaban árabe. Este Centro Islámico funcionaba en la ciudad de La Plata (en la calle 4 esquina 56), en un lugar alquilado y mantenido por un pequeño grupo de conversos platenses (con capital y esfuerzos propios) bajo la dirección desde Buenos Aires del imam Mahmud Husein (quien desde hace muchos años realiza una gran tarea de difusión del Islam entre no musulmanes en Argentina). En este Centro se dictaban clases de árabe y religión, y se ofrecían periódicamente conferencias sobre Islam.

Yo no iba con la intención de aprender religión pues consideraba (con la soberbia y pedantería de quien lee algunos libros) que no iba a poder enseñarme nada. El hermano que me recibió (un platense convertido al Islam) fue muy amable y atento, lo cual remarco pues la primera impresión siempre es importante para quien se acerca al Islam. El me demostró con pocas palabras que estaba en el error, que tenían mucho para enseñarme y que yo realmente no sabía nada. Yo siempre digo el mismo ejemplo: me acerqué con un vaso buscando un poco de agua y el hermano me mostraron un océano plagado de riquezas ante el cual quedé atónito. Me regalaron unos folletos y empecé a asistir a las clases de árabe y de religión que se impartían, y pocas semanas después me islamicé. Una decisión pesada que consideré muy seriamente y en la cual me comprometí de por vida.

Pasaron ya más de 15 años de mi islamización. Realmente el Islam cambió toda mi vida de un modo profundo. El Islam era lo que toda mi vida estuve buscando y cubrió mis necesidades mucho más de lo que yo esperaba.

En cuanto a mi padre, él se sorprendió mucho de que yo siguiera un camino religioso y se preocupó de que no cayera en manos de una secta lava-cerebros. Creo que es una preocupación sincera y lógica de toda familia de convertidos. Tuvimos varias conversaciones y cuando comprobó mi firme determinación en seguir mi camino, me dejó sin interferir en absoluto. El quería lo mejor para mí y aceptó que yo siguiera el camino que me hacía feliz. Yo no tuve tiempo de presentarle de manera conveniente el Islam y la esplendorosa figura del Profeta (BPD), pues él falleció poco después. Estoy seguro que él hubiera amado a la figura del Profeta (BPD) si lo hubiese llegado a conocer convenientemente.

Algunos años después encontré casi por casualidad a mi actual maestro, el sheij Muhammad Muallemi Zadeh, con quien comenzamos una tarea de traducción que aún hoy sigue. Dentro de los libros traducido se encuentra "Al Haiat", una obra que volvió a cambiar mi vida por completo al punto que siempre digo que volví a descubrir el Islam. Fue para mí casi como una segunda islamización (por describirlo de alguna manera, para que los hermanos lo entiendan). Recibí tanta luz que me asombró y dejó atónito, igual que la primera vez que me acerqué a un Centro Islámico. Igual que la primera vez, comencé el trabajo pensando que ya lo sabía todo acerca del Islam y descubrí que no sabía nada. "Al Haiat" iluminó mi vida y vivificó mi corazón. Y desde entonces me rijo con los parámetros aprendidos allí, que son tomados directamente del Corán y el Hadiz.

El Islam tiene todo lo que el ser humano necesita. Tiene el remedio para los males de las sociedades y los padecimientos espirituales y materiales del hombre. Si la gente se pudiera acercar al Islam sin los prejuicios impuestos por nuestros enemigos y con sinceridad, lo aceptaría inmediatamente. El Islam es la joya anhelada por todo buscador espiritual, sea que lo sepa o no. Y Dios le facilita el camino a quienes hacia El se dirigen con sinceridad.

Esta es una explicación más detallada de mi islamización, la cual cuando me preguntaban por esto, no daba en tanto detalle. Realmente nunca me puse a describir esto en detalle y creo que aún hoy tampoco lo hago. Pero en mi viaje llegaron a preguntarme por esto, para lo cual utilicé una explicación sencilla que pudiera librarme del apuro. Estaba buscando un camino para acercarme a Dios, pues provenía de una familia atea, de ideología socialista, y carecía de una religión, aunque tenía necesidad de una. Leí algunos libros sobre diversas religiones y uno de ellos atrajo mi atención. Hablaba de un modo muy sencillo sobre el Islam. Supe de un Centro Islámico en mi ciudad y me acerqué buscando más información. Y cuando me hablaron del Islam, lo reconocí como el camino verdadero y lo acepté. Ese fue el resumen planteado.

Hoy, después de haber repasado miles de veces esta actitud mía, sigo sin poder explicarla del todo. ¿ A cuánta gente se le habla del Islam por mucho más tiempo y no se islamiza? ¿Cuántos buscadores pasan por Centros Islámicos, asisten a conferencias y leen muchos más libros que los que yo leí, mucho más profundos y completos, y no se islamizan? ¿Qué es lo que hace que algunas personas acepten el Mensaje del Islam entre muchas a las que puede parecerle muy interesante, pero no se comprometen con él?

Un sheij que conocí en este viaje me acercó a una respuesta : la esencia del ser humano, cuando está pura, libre de prejuicios y otros defectos similares que la velan impidiéndole ver la realidad, y es sincera, reconoce el Mensaje de Dios y lo acepta. En estos casos, el alma de la persona es musulmana antes de islamizarse, porque su corazón reconoce (ante de que lo haga su lengua) que no hay divino sino Dios ("La ilaha illa Allah"), siendo ésta la raíz del Islam. En tal estado, el hombre que sale a buscar un camino, está dando un paso hacia Dios. Y como dice el "hadiz", entonces Dios da diez pasos hacia uno.

El Islam es lo que el ser humano busca y necesita en este mundo. Su Mensaje es reconocido de inmediato por la naturaleza innata del hombre ("fitrat"). La cuestión es que los prejuicios no le impidan aceptarlo y que la sinceridad le otorgue las fuerzas y el ánimo necesarios para ello.

En esencia, fue eso lo que me sucedió. Me acerqué al Centro Islámico pensando en tomar un poco del conocimiento del Islam para luego seguir mi camino. No tenía la intención de islamizarme. Me hallaba buscando acercarme a Dios con sinceridad y sin prejuicios. Y no cabe duda que Dios guía a quien lo busca de esta manera y se acerca hacia quien da un paso hacia El. Como dije, no tenía la intención de islamizarme. Pero me encontré con un profundo mar de conocimiento, con respuestas a todas mis inquietudes y con un Mensaje que mi corazón reconoció como auténtico y aceptó inmediatamente. Me islamicé y desde entonces Dios me ha dado las fuerzas necesarias para mantenerme firme en este camino, un camino que hoy me ha conducido hasta la misma Casa de Dios, la Kaaba. ¡Al hamdu lil Lah, Rabbil alamín!

Por eso yo testimonio que no hay divinidad excepto Allah, Unico y sin asociados, y que Muhammad (BPD) es Su siervo y Su Mensajero.

Los preparativos

Todo se inició cuando el sheij Muallemi Zadeh con quien trabajo en la difusión del Islam traduciendo libros y material del árabe al castellano desde hace 10 años, me invitó a realizar una Umrah para el mes de Shaaban. Una comisión de la Fundación donde desarrollamos nuestro trabajo, encabezada por el saied Shahrestani, realizaba la Umrah en ese momento y nos invitaba a hospedarnos con ellos, lo cual solucionaba el tema del alojamiento y la comida. El sheij me facilitó el dinero para el pasaje y los trámites y yo pude arreglar sin problemas la licencia en mi trabajo. Por otra parte, mi esposa y varios hermanos musulmanes se movilizaron para ayudarme a conseguir la visa, trámite que si bien no es imposible, resulta algo tedioso para quien vive a cierta distancia de la embajada, como es mi caso. En este caso, debo agradecer especialmente al hayy Muhammad Hamzah, a su sobrino Adnan Hamzah y a otros hermanos quienes me facilitaron todas las cosas, al hamdu lil Lah, gracias a lo cual pude obtener sin mayores inconvenientes la visa para viajar a tiempo. Es importante para quien quiera realizar este provechoso viaje, consultar con un mes de anticipación en la embajada todos los detalles de los requisitos para tener tiempo suficiente como para completarlos sin demoras. Finalmente, debo agradecer muy especialmente a mi esposa Zahra sin cuyo apoyo no hubiese podido realizar este viaje.

La partida

Finalmente llegó el día de la partida. Aquella noche casi no pude dormir de la emoción. Mi esposa estaba muy feliz por mi viaje y a la vez triste, pues en 10 años de casados era la primera vez que nos distanciábamos tanto y por tanto tiempo. Por mi parte, yo no tenía experiencia alguna en viajes tan largo, en moverme en los aeropuertos, en los trasbordos, etc. Todo era nuevo para mí. Me encomendé a Dios y confié todos los asuntos del viaje en Sus Manos. Si todo se estaba dando de una manera plena de bendiciones, no tenía que preocuparme porque algo pudiera salir mal. Recitamos con mi esposa un Fatihat, Al Ijlas, las suras del conjuro y aiatul Kursii, y luego inicié aquel largo viaje con paz y tranquilidad en el corazón.

El largo camino a Medina

Sin duda que viajar desde Argentina hasta Arabia es un camino muy largo. Tuve que hacer un vuelo de unas 13 horas a Roma, luego un trasbordo a Milán, aguardar allí casi 12 horas para luego tomar el avión a Jeddah. Allí, una vez realizados los trámites de inmigración, tenía que tomar un taxi para pasar a otros aeropuerto donde abordaría un avión hacia Medina, donde me recibiría el sheij Muallemi Zadeh. Yo no tenía experiencias en viajes internacionales ni hablaba el idioma, ni el árabe ni el inglés. Desde que subí al avión en Ezeiza hasta que me encontré con el sheij en Medina no me crucé con ninguna persona que hablara el castellano, salvo uno en Italia a quien le consulté una cuestión sin importancia para mi viaje. Tuve que hacerme entender con señas, mostrando el pasaje, o a través de algunas palabras sueltas del inglés. Sin embargo no tuve ningún inconveniente en absoluto para encontrar el camino. En ningún momento me perdí ni me equivoqué de rumbo. El trasbordo en los aeropuertos es sumamente sencillo, pues todo se encuentra perfectamente señalizado. Y cuanto más grande es el aeropuerto, mejor señalizado está. Comento esto para las personas que puedan sentirse intimidadas ante la posibilidad de realizar semejante viaje : no hay que preocuparse por nada. En general, los lugares están preparados para las personas que viajan y la gente comprende que uno es extranjero y se prestan a ayudar. Sí es útil que uno trate de estudiar algo de inglés y de árabe como preparación para el viaje, pues de esa manera puede comunicarse mejor con la gente que uno se cruza en este camino. Los musulmanes (en especial los árabes) son de relacionarse con otros que se encuentran en su camino y buscan conversar con uno. Cuando fui a abordar el avión de Milán a Jeddah, comencé a ver musulmanes y a sentir que me acercaba a mi destino. Algunos se pusieron a rezar en el mismo lugar. Allí conocí al primero de muchos : un árabe que me contó que vivía en Jeddah desde hacía 17 años y que tenía un restaurante. Las comunicaciones en estos casos son bastante breves, por la limitación del idioma. La mayoría de las veces cuando decía que no era árabe, me preguntaban si era iraní, turco o ruso. Algunos no conocían la Argentina, y si la ubicaban era por el fútbol. Para los árabes, Argentina es sinónimo de fútbol y Maradona. Muchos se asombraban al saber que yo venía desde tan lejos para hacer una Umrah. Entonces me pedían que suplicara por ellos o me tocaban el brazo, como si pudiera transmitir algún tipo de bendición especial. Uno resulta honrado de esta manera. Es parte de las Mercedes de este viaje.

La llegada

En el aeropuerto de Jeddah nos dieron unos papeles para llenar tanto a mí como a otras personas que allí se encontraban, y me puse a hacer una cola para control de pasaporte. Una ventanilla de un costado se desocupó y el hombre que estaba delante de mí me llamó "¡Ia hayyi!" señalándome el lugar libre. Aquello me produjo una emoción particular al ser respetado como visitante de la Casa de Dios. Toda la gente común sin excepción respetan al peregrino. Eso provoca por un lado una dicha especial que rebalsa el pecho, y por otro lado, una carga que implica la responsabilidad de ser un digno visitante de la Kaaba.

Luego de pasar sin ningún contratiempo por la aduana, el cambio de aeropuerto me resultó tan fácil como las otras etapas del viaje. Salí de la aduana y varias personas comenzaron a ofrecerme el servicio de taxi. Todas vestían igual: yilaba blanca y pañuelo rojo a cuadros en la cabeza, típica vestimenta de la península. Arreglé con uno de ellos y viajé sin problemas hasta el otro aeropuerto, donde abordé el avión a Medina.

Los aviones del mundo islámico

Varias cosas distinguen a los aviones de las compañías islámicas, sea la compañía de Arabia Saudita, de Irán o Gulf Air. Primero, las mujeres azafatas visten el correcto "hiyab" (vestimenta islámica para la mujer), aunque en Gulf Air no es tan así. Segundo, las pantallas del avión nos señalan la posición de la Kaaba en todo momento, para que sepamos hacia donde se encuentra nuestra Qiblat. Tercero, cuando nos van a hablar comienzan por el "Bismillah" y antes de despegar, realizan una súplica pidiendo a Dios por el vuelo. Cuarto, la comida es "halal" y no se sirven bebidas alcohólicas como en las compañías occidentales (a propósito, uno debe recordar siempre solicitar dieta vegetariana antes de abordar, porque de lo contrario se va a encontrar con toda comida ilícita para musulmanes). Estos pequeños detalles hacen que uno viaje más cómodo y tranquilo que en los aviones de compañías occidentales.

De esta manera comencé a introducirme en el territorio islámico, un territorio donde el recuerdo de Dios es permanente, donde todo tiende a la devoción y la espiritualidad. Por todas partes uno se cruza con carteles de diversos tamaños con frases islámicas tales como "La ilaha illa Allah", "Subhana Allah", "Allahu Akbar", "Astagfirul Lah" , "Muhammad Rasulul Lah (BPD)" , etc. Hay estos carteles a los costados de los caminos, en las puertas e interiores de los micros y autos, en los hoteles, en los ascensores, en la calle, etc. La religión late en el ambiente y lo hace de un modo absolutamente natural, no forzado en lo más mínimo. Esa religiosidad que occidente ha perdido, se percibe en cada detalle en el mundo musulmán, y con mucha intensidad en Medina y Meca. Es la fuerza de la fe que el Islam mantiene vigente y que da vitalidad a todos los musulmanes.

Recuerdo un "hadiz" (dicho o tradición) del Profeta Muhammad (BPD) se estaba pegado en el parabrisa de un colectivo que nos llevó a visitar el desierto de Arafat. Decía así:

"Quien abandona el salat del fayr, su rostro no tiene luz. Quien abandona el salat de zuhr, su riqueza no tiene bendición. Quien abandona el salat del asr, su cuerpo no tiene fuerza. Quien abandona el salat del magreb, sus hijos no dan frutos. Y quien abandona el salat del isha, su cuerpo no descansa (no concilia el sueño)."

Madinatun Nabi: una cálida bienvenida

Finalmente arribé a Medina, la ciudad del Profeta (BPD). El sheij Muallemi Zadeh me esperaba en el aeropuerto, tal como habíamos acordado. Nos trasladamos al hotel donde me dí un baño ritual ("gusl") con intención de visitar la tumba del Santo Profeta (BPD). Inmediatamente le pedí al sheij ir a la mezquita, la cual se encontraba a menos de dos cuadras de donde nos alojábamos, al hamdu lil Lah.

Es muy difícil describir tanto la mezquita del Profeta (BPD) como el Santuario de la Meca. Son lugares soberbios, extraordinarios, con una arquitectura deslumbrante, impactante. El piso brilla como un espejo y a pesar de que siempre hay cientos de personas en el lugar, no hay ni siquiera un pequeño papel tirado. Todo se encuentra ordenado y lustroso, como aguardando nuestra visita. Por doquier hay gente rezando o leyendo el Corán. El piso se encuentra cubierto por alfombras de tonos rojizos mientras que las paredes y columnas llevan tonos dorados de mayor o menor intensidad. Así, el ambiente porta una coloración cálida, más allá de que la refrigeración hace que uno no padezca la temperatura ambiental.

El clima de Medina era similar al que había dejado en Argentina, algo más cálido y sin lluvias. A veces soplaba un viento muy caliente que daba la sensación de traer tormenta, y se nublaba un poco, pero no llovía. A la noche el ambiente era mucho más agradable, pero el calor no fue insoportable en ningún momento. Debo mencionar que en ese momento allá era otoño.

Recé en la mezquita del Profeta (BPD) dos rakats meritorios para la mezquita, primero por mí y luego en nombre de todos los hermanos y hermanas creyentes que conocía, muchos de los cuales me habían encargado que suplicara por ellos en mi viaje. Luego recuperé las oraciones que no pude hacer durante mi viaje y volví a rezar en forma meritoria. Después leímos la salutación al Profeta (BPD) y nos dirigimos ante su bendita tumba.

Allí estaban el minbar del Profeta (BPD), algunas columnas que llevaban una arquitectura diferente al resto y tenían denominaciones especiales, las cuales correspondían a las existentes en la mezquita original, y el cuarto que alberga la tumba del Santo Profeta (BPD). El espacio entre la tumba y el minbar se lo conoce como "Al Rawdah" y según una tradición, es uno de los jardines del Paraíso. Allí continuamente hay gente rezando y es difícil conseguir un lugar para hacer dos rakats, aunque en otra visita logramos hacernos de un pequeño espacio para rezar en ese punto.

Frente a la tumba del Profeta (BPD) siempre hay gente realizando salutaciones. En ciertas horas del día es más fácil acercarse que en otras. Por ejemplo, después de las oraciones obligatorias cientos de personas van a saludar al amado Profeta (BPD) y uno puede tardar más de una hora en llegar hasta la tumba. En otros momentos hay menos gente y es más fácil acercarse y permanecer allí unos minutos.

Es muy difícil para mí describir ese momento. De pie frente a la mejor de las criaturas de Dios, el amado de Dios, el Mensajero de Dios, quien nos trajo de parte de Dios lo que hoy tenemos, lo que hoy nos permite ser hombres dignos y felices. Cuando uno dirige su saludo al Profeta (BPD) y le dice "Aquí estoy, Profeta de la Misericordia. He venido de tan lejos a visitarte y saludarte. He recorrido un largo camino desde las tierra de la incredulidad hasta estar hoy aquí en esta tierra del Islam, en este lugar donde fundaste la primera comunidad musulmana, junto a miles y miles de musulmanes de todo el mundo, trayéndote el saludo de muchos musulmanes de mi tierra, quienes se esfuerzan por llevar adelante el Islam y padecen injusticias por ser musulmanes..." , entonces resulta muy difícil contener las lágrimas. Uno siente el deseo de permanecer horas allí de pie, saludando al Profeta (BPD) y contándole cada uno de los detalles de su vida, el bien que hizo, las dificultades que tuvo que afrontar, la ayuda que recibió de otros hermanos, etc. Pero la emoción es muy fuerte y la mayoría de las veces sólo se alcanza a decir:

¡Allahumma salli ala Muhammad ua ali Muhammad!

La oración comunitaria en Medina

Resulta difícil salir de la mezquita del Profeta (BPD). Uno desea quedarse allí durante todo el día. Uno pasa horas allí rezando, recitando el Corán, suplicando, pasando frente a la tumba del Profeta (BPD), etc. No se puede cansar con nada. Todo el ambiente es de devoción y espiritualidad sin límites. Hay cientos de personas y no se escucha ningún griterío, ningún bullicio. Sólo un suave murmullo de las voces de los creyentes en devoción. Siempre hay gente realizando actos de devoción, desde la mañana hasta la noche (por la noche la mezquita se cierra al público). Los rostros de aquellas personas son realmente hermosos, llenos de luz y piedad. Allí supe lo que eran "la frescura de los ojos" y "las huellas de la prosternación". La mayoría de los ojos se encuentran bañados en lágrimas y las frentes de muchos musulmanes presentan marcas del tamaño de un puño o mayores, similares a la huella de un casco de caballo.

Un momento muy especial es cuando se realizan las oraciones. Los horarios de los rezos están bien señalizados por todos lados, y todos los conocen perfectamente. Desde 15 o 20 minutos antes del "adhan" (llamado a la oración), la gente comienza a confluir en masa por todas las calles y callejones hacia la mezquita. Cuando se hace el llamado a la oración, los negocios cierran y la afluencia de la gente es aún mayor. Miles y miles de personas se apresuran en orden a asistir a la oración en la mezquita. Resulta maravilloso ver como tanta gente se reúne cinco veces al día, rezan y luego se dispersan en un perfecto orden, sin incidentes ni altercados de ningún tipo. No puedo calcular con precisión la cantidad de gente que se congrega a rezar. Son entre 30 y 50 mil personas, quizás más.

Rezar entre tal cantidad de musulmanes es algo maravilloso. Todos moviéndose al unísono, codo con codo, como un solo cuerpo, un sólido edificio de fe. Ahí se comprende cabalmente que la oración es el pilar del Islam.

Luego de la oración, una parte de los presentes comienza a irse. La mitad o más se quedan rezando y suplicando un rato más. La mayoría de las veces traen a un recién fallecido y se realiza allí la oración del difunto. Luego, un río humano se moviliza lentamente para saludar al Santo Profeta (BPD) antes de irse. Muchos se quedan en sus lugares y allí permanecerán hasta la próxima oración. Como ya dije, esto es algo muy fácil de hacer en ese ambiente de religiosidad. Lo más difícil es decidir cuando marcharse.

El rezo en comunidad con miles y miles de hermanos musulmanes es una de las grandes bendiciones de este viaje. Disfruté mucho de estos momentos, en especial porque al vivir un tanto alejado de la comunidad musulmana en mi país, la mayoría de las veces rezo sólo. Y realmente la oración comunitaria es superior a la que uno realiza sólo en su casa. Los musulmanes que vivimos en países no islámicos debemos esforzarnos más por establecer las oraciones comunitarias. Debemos comprometernos más en este asunto, pues la oración comunitaria es una importante fuente de energía que vitaliza nuestra fe y fortalece los lazos de unidad y hermandad entre los musulmanes.

¡Ojalá que todos los musulmanes puedan realizar este viaje y puedan rezar en comunidad con miles y miles de musulmanes en las mezquitas de Medina y La Meca, para disfrutar de esta Merced inolvidable y palpar así la fuerza de la oración colectiva!

El cementerio de Al Baqi

Saliendo de la mezquita por uno de sus costados se encuentra el cementerio de Al Baqi, el cual alberga a innumerables personalidades de una altísima honra y jerarquía. Allí se encuentra enterrada Fátimah Zahra (P), la ilustre hija del Profeta (BPD). Allí se encuentran, cerca de su entrada, cuatro Imames: Hasan Al Muytaba, Alí Zain Al Abidín, Muhammad Al Baquir y Ya’far As Sadiq (P).

El lugar lleva a pensar en la muerte y en cual es el destino final de las obras de este mundo. Sólo tierra alisada y algunas rocas desperdigadas, donde los pájaros comen las semillas que los visitantes les arrojan. La gente se pasea por las veredas que cruzan el terreno embargadas por esa profunda emoción que genera aquel ambiente sumamente triste.

Visitamos el cementerio por la mañana y recitamos allí una salutación para Fátimah (P) y para los Imames (P). Luego lo recorrimos con solemnidad. Por la tarde, después de visitar la tumba del Profeta (BPD), regresé a Al Baqi solo. Estuve allí un rato antes de la oración del ocaso. Por la noche, luego de cenar, salimos a caminar con el sheij y le pedí volver al cementerio. En esa hora las puertas se cierran y mucha gente se sienta en la entrada, de cara a la Meca, a recitar súplicas y salutaciones, y a llorar en medio de las penumbras, pues el lugar no se encuentra iluminado. Se trata de una escena muy emotiva, con la fuerza del amor hacia la Gente de la Casa (P). Pude rezar allí dos rakats (como fue mi costumbre en este viaje: dos rakats por mí y dos rakats por mis hermanos de la Argentina) y sentarme un momento en la oscuridad a brindarle allí mi humilde homenaje a todas aquellas ilustres personalidades que allí se encontraban. ¡ La Paz de Dios sea sobre vosotros, nobles de la Casa del Profeta (BPD) !

Un recorrido alrededor de Medina

La mañana del tercer día tomamos un auto y salimos a realizar un pequeño recorrido que todos los que viajan a Medina realizan. Se visitan cuatro lugares históricos y allí se realizan rezos y súplicas.

El primero de ellos es la mezquita de Quba, donde el Profeta (BPD) realizó el primer "yumat". Es una mezquita espaciosa al compararla con otras mezquitas locales, aunque chica en comparación con la monumental mezquita del Profeta (BPD). Se encuentra rodeada de árboles que le dan un bello aspecto natural.

El segundo de ellos fue la mezquita de las dos qiblas ("Dhul Qiblatain"), donde en medio de la oración se realizó el cambio de orientación para el rezo de los musulmanes, de Jerusalem hacia La Meca. Fue ese un momento muy importante en la historia del Islam, pues los musulmanes adquiríamos una identidad propia y característica.

El tercer lugar histórico fue el valle de Uhud, donde se desarrolló la segunda gran batalla del Islam. Allí se encuentra un lote cercado donde se encuentran enterrados los mártires de Uhud, entre ellos Hamzah (RA). Allí realizamos una salutación y luego subimos a la colina donde el Profeta (BPD) ubicó a sus arqueros, los que cambiaron el curso de los acontecimientos de aquella batalla. En ese lugar nos comprometimos a no desobedecer nunca al Mensajero de Dios (BPD). ¡ Dios nos facilite este camino!

Finalmente, el cuarto lugar histórico fue el punto donde tuvo lugar la batalla de Jandaq, donde para enfrentar una coalición de los enemigos del Islam, los musulmanes cavaron un foso que impidió el acceso del ejército agresor a la ciudad. En ese sitio existen varias pequeñas mezquitas del tamaño de una habitación, a la intemperie, donde se reza. Una de esas mezquitas es por Salmán Al Farsi (RA), quien propuso la idea de cavar aquella fosa. Otra mezquita es de Alí ibn Abi Talib (P), quien desarrolló un papel muy importante en aquella batalla. También hay una mezquita de Fátimah Zahra (P), la cual se encontraba cerrada, y otras por otros compañeros del Profeta (BPD).

En todos estos lugares uno realiza oraciones y súplicas, y como sucede en la mezquita del Profeta (BPD), uno no se cansa nunca de esto, sino todo lo contrario : resulta difícil dejar estos lugares, a pesar de tratarse de ambientes más humildes y sencillos que la extraordinaria mezquita del Profeta (BPD). Sin embargo, cada uno de ellos está teñido de espiritualidad y religiosidad de un modo particular. Cada uno tiene una belleza propia que lo caracteriza. Esta es una parte de la Bendición que tiene este viaje. Al hamdu lil Lah, Rabbil alamín.

La confianza en el creyente

Una cosa que suele comentarse en occidente sobre el mundo islámico es que llega la hora de la oración y la gente deja sus cosas en el lugar y va a rezar con total confianza, sin que a nadie se le ocurra robar o siquiera tocar nada. Es tal cual lo describen. En primer lugar, la mercadería en los negocios está muy al alcance de la mano y nadie roba. En la hora del rezo, los negocios bajan las cortinas, pero dejan colgadas muchas cosas en sus exteriores. La gente que vende en la vereda, cubre sus mercaderías con un manto y se van a rezar a la mezquita. La gente que ha comprado cosas, deja sus bolsos con sus zapatos fuera de la mezquita y entra a rezar.

Una mañana pasé por un negocio camino a la mezquita y pregunté por el precio de una masbajah. Pensaba pasar más tarde a comprarla, ya que no llevaba dinero conmigo en ese momento. El vendedor me preguntó de dónde era yo, y cuando le dije que era argentino que estaba haciendo la Umrah, me entregó fiada aquella masbajah diciéndome que después pasara a pagarla.

Le comenté aquella actitud al sheij, quien me dijo "Ellos saben que usted no se va de Medina sin pagarle la deuda. Aquí los comerciantes confían en los peregrinos y muchas veces les entregan mercadería fiado." Un gesto que marca una diferencia fundamental con occidente, pues es una señal de fe.

La despedida de Medina

Luego de visitar en reiteradas ocasiones la tumba del Profeta (BPD) y Al Baqi, de rezar en comunidad varias veces, de realizar innumerables súplicas recordando a todos y cada uno de los musulmanes que conocía y de manera general a los que no conocía, era la hora de despedirme del Profeta (BPD) y de los mártires de Al Baqi. El sheij se había despedido a la mañana, pero yo quise dejar esto para último momento. Me costaba mucho despedirme, separarme de aquel lugar bendito del cual me había enamorado en esos pocos días. El sheij me ayudó en aquello con estas palabras : "Vaya ante la tumba del Profeta (BPD) y dígale : ‘Inshaa Allah vuelvo el año que viene’."

Fui primero al cementerio de Al Baqi y me despedí de mis amados de Ahlul Bait (P). Luego fui ante la tumba del Profeta (BPD) y le hablé como no lo había hecho en otras ocasiones, como si estuviera en intimidad con él (BPD), sin prestarle atención a las decenas de creyentes que allí le hablaban. Le hablé de los musulmanes de la Argentina, de nuestros esfuerzos por llevar adelante el Islam, de nuestros problemas por vivir en medio de una sociedad hostil. Le mencioné a quienes me habían ayudado y quienes le mandaban sus saludos, y también a los que no conocía. También le mencioné algunos de los problemas que había tenido en la vida, en especial aquellos que surgieron por mi islamización y por trabajar en el camino de Dios. Le pedí mucho a Dios que lo bendijera a él y a su familia (BPD) y finalmente me despedí aunque no quería hacerlo. "Hasta pronto, Mensajero de Dios (BPD)".

Rumbo a la Casa de Dios

Un par de días antes ya habíamos comprado mi "ihram" para visitar la Casa de Dios. Y ya era la hora de vestirlo. Para viajar más cómodos, decidimos empacar todas nuestras ropas y colocarnos el "ihram" en el mismo hotel de Medina. De ahí nos trasladaríamos al "miqat" , la estación donde se realiza la consagración, donde nos bañaríamos y haríamos la intención de consagrarnos como peregrinos.

El "ihram" es una vestimenta sumamente sencilla y cómoda. Consta de dos pedazos grandes de tela de toalla sin costuras, que se coloca uno alrededor de la cintura y otro sobre los hombros. Al colocarse el "ihram", uno se siente pequeño, insignificante, sinceramente humilde. Uno medita en el hecho de que posiblemente, si Dios quiere, aquellas telas le servirán de mortaja, como vestimenta para ingresar a la tumba, y se siente despojado y desapegado de todo lo mundanal. Rápidamente uno se enamora de aquella vestimenta y luego no desea vestir otra cosa.

El "ihram" coloca a todos los peregrinos en pie de igualdad. Ya no hay "sheij" ni "saied", ya no hay árabe, ni iraní, ni paquistaní ni nada más. Tampoco hay ricos ni pobres. Todos visten el mismo ropaje y son iguales ante Dios. Todos son peregrinos que buscan acercarse a El y son recibidos como iguales. La fe y las intenciones que cada corazón guarda sólo las percibe y distingue Dios.

Nos trasladamos al "miqat" cercano a Medina en micro. El lugar se llama "Dhul Halifa" y la mezquita que allí se encuentra se denomina "Masyidush Shayarat". Decenas de micros habían parado allí a la hora del ocaso. La mayoría se consagra después del ocaso y viaja de noche, pues en caso de hacerlo de día hay que usar un vehículo sin techo. Allí me hice el baño ritual ("gusl") y me puse las telas del "ihram" que sirvieron para secarme. Era justo la hora del salat del "magreb", por lo cual rezamos en comunidad con más de cien personas que allí había. Luego hice dos rakats meritorios e hicimos la intención de colocarnos el "ihram" y consagrarnos. Si bien habíamos ido hasta allí con el "ihram" puesto, la intención de consagrarse hay que realizarla en el "Miqat", por lo que hasta ese momento no estábamos consagrados. "Tenga cuidado, sheij", le dije al sheij Muallemi Zadeh inmediatamente después de consagrarnos, señalándole un pequeño insecto que caminaba junto a su pie para que no lo pisara. "Debemos estar atentos", me dijo. "Ahora estamos consagrados." El "ihram" resultó más pesado desde ese momento y el recuerdo de Dios fue más intenso.

"¡Labbaik, Allahumma, labbaik! La sharika laka, labbaik. Innal hamdu ual ni’mata laka ual mulk. La sharika laka, labbaik."

Aquel "dhikr" era repetidos por todos durante gran parte del camino a la Meca. Es el estandarte de los peregrinos, la voz que los distingue y caracteriza. "Aquí estoy, Dios mío, aquí estoy ! No hay asociados a Ti, aquí estoy. Ciertamente la alabanza y las Mercedes Te pertenecen, al igual que el Reino. No hay asociados a Ti.¡ Aquí estoy!"

Ante la Kaaba

Finalmente llegamos a la Meca. Dejamos nuestras cosas en el hotel, nos hicimos la ablución y nos dirigimos sin más demoras hacia la Kaaba, anhelando alcanzar el objetivo de nuestro viaje. El hotel se hallaba un poco retirado de la mezquita, a unas 12 cuadras, y tenía un servicio de micros que llevaba a sus inquilinos hasta la Kaaba. Como no estábamos orientados, usamos ese servicio, aunque en los siguientes días yo prefería ir caminando.

El micro nos dejó en un estacionamiento subterráneo. Lo primero que divisé fue la luz brillando en el cielo nocturno. Luego ví bandadas de murciélagos que circundaban el cielo como si fuesen aves. Mi primer pensamiento fue que efectivamente se trataban de aves, pero luego el sheij me corrigió recordándome que estaba muy avanzada la noche como para haber aves en el cielo. Después se empezaron a distinguir los grandes y gruesos minaretes y finalmente la edificación que rodea a la Kaaba. La arquitectura, como en la mezquita del Profeta (BPD) en Medina, es espléndida, magnífica, extraordinaria, deslumbrante. Con paredes muy gruesas y altas, la mezquita parece descansar en una especie de valle urbano, rodeada en parte por una montaña de cemento. Al ingresar, a través de las columnas se comenzó a divisar la Kaaba rodeada permanentemente de devotos que la circundan. En el mismo lugar donde me encontraba, me prosterné y agradecí a Dios por aquel momento extraordinario.

El patio central de la mezquita se encuentra a la intemperie. Por la noche se encuentra tan iluminado que la luz es mucho más brillante que en el día. Con los pisos de mármol blanco o color crema, el manto de la Kaaba negro brillante y los peregrinos dando vueltas, casi todos con ropas blancas o negras, el escenario es una impactante imagen en blanco y negro, casi sin color, radiante de frescura. Un lugar sumamente agradable en medio de un ambiente muy cálido, como un oasis en medio del desierto.

Eran las 2 de la mañana y había más de doscientas personas realizando el "tauaf", la circunvalación a la Kaaba. Eran pocas, bastante pocas personas en comparación con lo que pude ver en otros momentos. Hicimos las siete vueltas con súplicas e invocaciones. Uno tiene bastante tiempo para realizar súplicas de distintas clases entre las vueltas. "El tauaf es como el salat", me dijo el sheij. "Cuando uno está haciendo tauaf es como si estuviera haciendo salat".

Luego rezamos detrás del "maqam Ibrahim" y fuimos a ver las huellas de Abraham (P) conservadas en la roca. Son dos huellas profundas y grandes de distintos tamaños (una es mayor que la otra), conservadas allí desde hace miles de años.

Después realizamos la corrida entre Safa y Marua en conmemoración de Agar. El número de gente iba en aumento, pues en los pasillos donde se realizaba la corrida había más de mil personas. Aquel es el lugar más fresco de toda la mezquita.

Finalmente, en el montículo de Marua nos cortamos las uñas. Luego fuimos a beber agua del pozo de Zam zam y fuimos a realizar el tauaf de las mujeres y el salat detrás del maqam Ibrahim correspondiente. Así finalizamos los rituales de Umrah Mufradat.

Nos acercamos a la Kaaba para rezar cerca de su puerta y en el lecho de Ismael ("Yire Ismail"), donde hay una pequeña pared que separa a los que allí rezan de los que circunvalan la Kaaba. Allí rezamos muy cerca de la Casa de Dios, a escasos centímetros de la misma. Luego pude acercarme a tocar y besar el manto que cubre la Kaaba, y agradecer a Dios por permitirme estar allí. Uno tiene miles, millones de cosas para decir en un momento como ese. Pero se queda mudo, embargado por la emoción.

Allí concluyó mi primera visita a la Casa de Dios. En los siguientes días volvería a ir por lo menos dos veces al día a repetir el "tauaf", a rezar junto a la Kaaba, a recitar el Corán de cara a la Casa de Dios. Los actos de devoción, al igual que en Medina, aquí resultan muy livianos y fáciles de realizar, al hamdu lil Lah, Rabbil alamín.

Un paseo por los alrededores

Saliendo de la mezquita por el costado del pasillo donde se hace la corrida entre Safa y Marua, donde hay varias puertas, cada una con un nombre especial (una de ellas es la puerta de Bani Shaiba, por donde el Profeta –BPD- ingresó cuando fue elegido para resolver el conflicto entre las tribus de Quraish durante la reconstrucción de la Kaaba en el momento de colocar la piedra negra en su lugar). En las afueras, tras una amplia explanada, existe una pequeña casa donde hoy funciona una biblioteca, y se trata del lugar donde nació el Santo Profeta (BPD). Frente a la misma se encuentra el lugar donde antes estaba la casa de Jadiyah (P). A algunas cuadras de ese lugar, se encuentra el cementerio de Abu Talib donde se encuentran los restos de Jadiyah , Abu Talib y Abdul Muttalib (P). Fuimos allí a realizar una salutación.

Al regreso, cruzando el mercado, se encuentra una pequeña mezquita donde se reveló la sura de los genios (suratuy-Yin, número 72 del Corán). Rezamos allí dos rakats y luego nos dirigimos hacia la mezquita para el salat del magreb, el cual rezamos ubicados en sus afueras. El número de musulmanes que se congrega al rezo en La Meca lo calculo mayor que en Medina, y estimo que pueden llegar a unas 100.000 personas.

Otro día por la mañana salimos con un micro a recorrer Arafat, Muzdalifa y Mina. Vimos de lejos el lugar donde el Profeta (BPD) se ocultó durante la emigración, aquella cueva en la cual tan sólo una delgada telaraña lo separaba de sus enemigos. Luego visitamos el monte de la Misericordia (Yamalul Ramat) donde el Profeta (BPD) dio el sermón de la despedida poco antes de morir. Allí arriba pude realizar dos rakats sobre la roca, al aire libre, ante una vista muy hermosa. Cruzamos luego el terreno de Arafat y Muzdalifa, donde los peregrinos se reunen en el Hayy. Hay una mezquita muy grande y hermosa llamada la mezquita de Ibrahim Jalil que se abre en la temporada del Hayy y en ese momento estaba cerrada. Visitamos en Mina la mezquita de Jif donde los Imames de Ahlul Bait (P) solían rezar. También realizamos dos rakats en ese lugar. Luego fuimos a Mina y vimos los montículos de piedra donde se realiza la lapidación del demonio en el Hayy. Y en todos estos lugares le rogamos a Dios que nos permita en otra ocasión poder realizar los rituales de Hayy junto con los dos millones de musulmanes que allí se reúnen todos los años. ¡Ojalá que Dios nos permita vivir esta experiencia al menos una vez a todos los musulmanes!

Una lluvia sobre la Kaaba

El día que visitamos Arafat hizo un calor muy agobiante. El clima de la Meca es siempre muy pesado, pero ese día fue peor que otros. Por los cambios de temperatura sufridos por el aire acondicionado del hotel, el sheij se encontraba con una gripe muy fuerte y tuvo que quedarse en cama después del paseo. Yo tenía un serio resfrío y algo de faringitis, pero no me impedía concurrir a la mezquita a realizar un "tauaf". Hice eso y luego subí al primer piso para contemplar el patio con la Kaaba y su gente desde arriba. A pesar del fuerte calor, el número de personas realizando el "tauaf" era de unos cinco mil. Permanecí allí hasta el tiempo del salat del magreb. Justo antes de la oración el cielo se cubrió con oscuras nubes cargadas de relámpagos y fuertes rayos. Rezamos e inmediatamente comenzó a llover en forma torrencial. En ese momento, el número de personas en el "tauaf" se duplicó. Todos querían circunvalar la Casa de Dios bajo la lluvia. Era una escena conmovedora, una intensa manifestación de fe de parte de los musulmanes. Permanecí allí recitando Corán, rezando y suplicando hasta la hora del salat del isha , cuando paró de llover. De regreso al hotel, me detuve a telefonear a mi esposa y le dí aquella noticia: acaba de llover en La Meca.

La despedida

Finalmente llegó el momento de despedirnos de la Casa de Dios. El sheij me dijo : "Pídale a Dios que Le permita realizar una Umrah y un Hayy cada año. Debemos tener la intención de visitar Su Casa dos veces por año." Y con esa intención realicé mi último "tauaf", pidiéndole a Dios que me permita volver a realizar una Umrah con mi familia y un Hayy. Bebí agua de Zam zam una vez más por mí y por todos los hermanos musulmanes conocidos, en especial por aquellos que sufren enfermedades y le eché una última mirada a esa hermosa Casa engalanada de negro brillante. Sin duda que es el motor que emana la fe que mueve al mundo. Sin duda que mi corazón tiene ahora un nuevo hogar en aquella Casa. Sin duda que haré todo lo posible por volver. Las piernas me tiemblan y los ojos lagrimean, por lo que me vuelvo una vez más para saludarla. ¡Hasta pronto!

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