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Los tres mundos

Citas y comentarios sobre la doctrina de la Unicidad del Ser del sheij Al Alawi

02/02/2002 - Autor: Martin Lings - Fuente: Webislam
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Martin Lings
Martin Lings

Antes de considerar algunas de las formulaciones del propio Shayj Al‑‘Alawî sobre la doctrina de la Unicidad del Ser, veamos lo que cita del «Shayj de nuestros Shayjs, Mawlây Al‑‘Arabî al‑Darqâwî»:

«Me hallaba en un estado de recuerdo, con los ojos bajos, y oí una voz que decía: Él es el Primero y el último, el Exteriormente Manifiesto y el Interiormente Oculto. Permanecí en silencio y la voz repitió estas palabras una segunda vez, y luego una tercera; entonces dije: En cuanto al Primero, lo comprendo, en cuanto al último, lo comprendo, y en cuanto al Interiormente Oculto, lo comprendo, pero en cuanto al Exteriormente Manifiesto, no veo más que cosas creadas." Entonces la voz dijo: "Si hubiera algún exteriormente manifiesto distinto de Él mismo, te lo habría dicho." En ese instante percibí toda la jerarquía del Ser Absoluto» (1).

La Guía de los Elementos Esenciales del Conocimiento Religioso (2) de Ibn ‘Âshir, del que la obra del Shayj Al‑Minah al‑Quddusiyya es un comentario, formula como sigue lo que debe necesariamente atribuirse a Dios: «Ser, No‑Principio, No‑Fin, Independencia Absoluta, Incomparabilidad, Unidad de Esencia, de Cualidad y de Acción, Poder, Voluntad, Conocimiento, Vida, Oído, Palabra, Vista.»

El Shayj hace el siguiente comentario

«Aquí explica lo que pertenece a Al-lâh. Ve, pues, oh siervo, lo que te pertenece a ti, pues, si tú te cualificaras con alguna de estas cualidades, estarías en conflicto con tu Señor.

»A Al-lâh pertenece la prerrogativa del Ser, y el Ser es el verdadero Sí Mismo de Aquel que es. Es el Ser Absoluto que no se puede limitar ni medir, ni poner de lado. No puede existir otro ser al lado de este Ser, en virtud de Su Infinitud, de la Fuerza de Su Manifestación y de la Inmensidad de Su Luz. Debes saber que este Ser no tolera ninguna negación en el ojo interior de los Gnósticos, como tampoco los objetos sensibles toleran ninguna negación en la visión de los que están velados (por la ignorancia). E incluso la evidencia de la verdad espiritual es para el Intelecto más fuerte y más directa que la evidencia del objeto sensible para los sentidos. Así, la Manifestación del Ser Absoluto se impone a la percepción del Sufí de tal forma que éste se halla completamente sumergido en su realización del Infinito. Si recorre el vasto Sin Principio no descubre ningún punto de partida, y si se vuelve hacia el Sin‑Fin, no encuentra ni límite, ni finalidad. Se sumerge en las profundidades del Misterio más secreto y no encuentra salida, y se eleva a través de la jerarquía de la Manifestación Exterior y no halla escape, de modo que, en su perplejidad, implora un refugio. Entonces, las Verdades de los Nombres y de las Cualidades se dirigen a él, diciéndole: "¿Acaso tratas de limitar la Esencia? ¿Querías atribuirle dimensiones? Estás en una estación que conlleva el conocimiento de los Secretos de los Nombres y de las Cualidades. ¿Qué tienes que ver con las cosas creadas?" Y entonces se abandona el Ser y ve que no hay, fuera de Él, ni nada ni ser» (3).

Sobre la Incomparabilidad Divina hace el comentario siguiente

« Otra cualidad necesaria es la diferencia de Al-lâh respecto de lo que es contingente, pero esta cualificación no es soporte para los Gnósticos, puesto que la comparación no entra en su pensamiento... Para ellos, el que ve está contenido en Lo que es visto. No hay nada que posea el ser fuera de Al-lâh de forma que pueda ser comparado con Él. Sin embargo, esta calificación de Incomparabilidad es útil a los que están velados —es más, es el arca misma de su salvación.

» La Verdad trasciende todas las cualidades de las cosas contingentes, y si los Gnósticos, retiran la envoltura exterior de Su Cualidad de Trascendencia quedan maravillados, pues descubren que la Verdad trasciende la Trascendencia. Desean entonces describir estos misterios maravillosos, pero la profusión de las letras del alfabeto sobre sus lenguas les es un obstáculo; puede ocurrir, pues, que surja una expresión que se parezca a una comparación, capaz de ofender al oído de los que están velados, aunque esta expresión sea en realidad una afirmación extrema de la trascendencia.

» Nadie está libre de caer en la trampa que consiste en cualificar a la Verdad y en hacer comparaciones respecto a Ella, excepto aquel que se convierte en compañero de los Gnósticos y pisa el camino de los que realizan la Unidad...

» ¿Cómo se libraría de delimitar a la Verdad aquel que la concibe como lejana? ¿Y cómo atravesaría las fronteras de la ignorancia si a sus ojos el Universo creado todavía existe?...

» No sirve de nada afirmar Su Trascendencia con la lengua mientras en el corazón se afirma Su semejanza con otras cosas. Si estás velado, aunque parezca que afirmas Su Trascendencia, afirmas de hecho Su Semejanza con algo que es otro que Él por tu incapacidad de concebir la Verdad de Su Trascendencia, mientras que, si Lo conoces, aunque parezca que Lo comparas con otros, afirmas de hecho Su Trascendencia por la total anulación de tu ser en Su Ser. En una palabra, la afirmación de Su Semejanza por parte del Pueblo trasciende la afirmación de Su Trascendencia por parte de la mayoría.

» Otra verdad que hay que creer acerca de Al-lâh es Su Unidad en Esencia, Cualidades y Actos, pues Él no está compuesto de partes ni es múltiple.

» La Unidad de la Verdad no permite que nada le sea añadido, pues, en verdad, Ella no admite Su disminución. "Al-lâh era, y nada era con Él" (4). "Él es ahora tal como era" (5), pues las Cualidades no existen por sí mismas de forma que sean independientes en Su Ser, o que estén separadas de Lo que describen, que es la Esencia.

» En cuanto a la Unidad en la Acción, esto significa que es imposible que pueda haber ningún acto, salvo el Acto de Al-lâh.

» El conjunto del Pueblo puede ser dividido en tres grupos. El primero es el grupo de aquellos que ven que no hay ningún agente salvo Al-lâh, realizando así la Unidad en los Actos por medio de la percepción intelectual directa y no meramente por medio de la creencia, pues ven el único Agente a través de la multiplicidad de los actos. El segundo es el grupo de los que realizan la Unidad en las Cualidades, es decir, que nadie tiene oído, vista, vida, habla, poder, voluntad, conocimiento, salvo Al-lâh. El tercero es el grupo de los que realizan la Unidad en la Esencia y que están velados respecto de todo lo demás porque la infinitud de la esencia les ha sido revelada, de modo que no queda lugar para la apariencia dé ninguna cosa creada. Ellos dicen: "En verdad, no hay nada más que Al-lâh", pues lo han perdido todo salvo a Él. Éstos son los esencialistas y los Gnósticos unificadores, todos los demás están velados y no están atentos; no han gustado el sabor de la Unidad ni sentido el perfume de la Singularidad, sino que tan sólo han oído hablar de esta doctrina y creen adherirse a ella porque ha llegado a sus oídos. En realidad, están lejos de la Verdad y separados de Ella.

» En cuanto a sus Cualidades de Poder, Voluntad, Conocimiento, Vida, Oído, Habla, Vista, son como un velo sobre la Esencia, pues la fuerza superabundante de Su Manifestación exterior levanta pantallas. Así, el Poder es el velo del Poderoso, la Voluntad es el Velo de El que Quiere, el Conocimiento es el velo del Conocedor, la Vida es el velo del Viviente, el Oído es el velo de El que Oye, la Vista es el velo de El que Ve, y la Palabra es el velo de El que Habla.

» Asimismo las Cualidades están veladas a la vista: así, el Poder está velado por las manifestaciones exteriores de poder, la Voluntad por los diversos impulsos, la Palabra por la diferenciación de las letras y las voces, la Vida por su inseparabilidad de la Esencia (6), el Oído y la Vista por la fuerza de su manifestación en las criaturas, y el Conocimiento por su extrema capacidad de abarcar todas las cosas conocidas.

» Estas Cualidades son de tres clases distintas, y cada grupo tiene su mundo especifico. El Oído, la Vista y la Palabra son las Cualidades del Mundo de los Sentidos Humanos (âlam al‑nâsût) (7), el Poder, la Voluntad y el Conocimiento son las del Mundo de la Soberanía (âlam al-malakût) (8), mientras que la Vida es la del Mundo de la Dominación (âlam al‑Yabarût) (9), y ninguna de ellas está separada de la Esencia en virtud de Su Capacidad de Abarcarlo Todo (10) y de Su Trascendencia a toda localización.

» Pero cuando el Pueblo de Al-lâh habla de las Cualidades como si Éstas fueran dependientes de las cosas creadas (11), quiere decir que Ellas dependen de Sí mismas en cuanto a Su manifestación exterior, ya que la existencia está tejida de las Cualidades al igual que una estera está tejida de juncos. Así, las Cualidades, lejos de estar formadas por criaturas, son ellas mismas el verdadero tejido (12) de todas las cosas existentes. En verdad, si examinas todo cuanto es, no descubrirás nada que sea un añadido a la Unidad de la Divinidad —Unidad en Esencia, Cualidades y Actos.

» El Acto no es más que uno con el Agente antes y después de su venida a la existencia: no aparece por sí mismo, sino solamente si Aquél lo manifiesta y Se manifiesta en él, pues las cosas no son nada en sí mismas (13).

» Al enumerar de este modo las prerrogativas necesarias de Al-lâh, él (14) no pretendía limitarlas, pues las Cualidades de la Verdad carecen de límites y no pueden ser circunscritas; sólo trataba de hacer su exposición más accesible al entendimiento humano» (15).

En su enseñanza oral, el Shayj acostumbraba a parafrasear como sigue las fórmulas del Shayj Al‑Bûzîdî sobre estas verdades:

« El Infinito o el Mundo de lo Absoluto, que concebimos como exterior a nosotros, es, por el contrario, universal y existe dentro de nosotros así como fuera. Sólo hay Un Mundo, y es Él. Lo que vemos como el mundo sensible, el mundo finito del tiempo y del espacio, no es más que una conglomeración de velos que ocultan el Mundo Real. Estos velos son nuestros propios sentidos, nuestros ojos son los velos de la Verdadera Visión, nuestros oídos son los velos de la verdadera Audición, y lo mismo ocurre con los demás sentidos. Para poder tomar consciencia de la existencia del Mundo Real es necesario apartar los velos de los sentidos... ¿Qué queda entonces del hombre? Queda un débil destello que se le revela como la lucidez de su consciencia... Hay una perfecta continuidad entre este destello y la Gran Luz del Mundo Infinito, y, cuando esta continuidad ha sido captada, nuestra consciencia puede (por medio de la oración) tomar impulso y desplegarse por así decirlo en el Infinito y no ser más que Uno con Él, de modo que el hombre llega a ver que sólo es el Infinito y que él, la consciencia humana, existe solamente como un velo. Una vez que este estado se ha realizado, todas las luces de la Vida Infinita pueden penetrar en el alma del Sufí y hacerle participar en la Vida Divina, de modo que tiene derecho a exclamar: "Yo soy Al-lâh". La invocación del nombre Al-lâh es como un intermediario que va y viene entre las vislumbres de la consciencia y los esplendores deslumbrantes del Infinito, afirmando la continuidad existente entre ellos, entrelazándolos en una relación cada vez más íntima, hasta que "se funden en la identidad"» (16).

El Shayj hace algunos comentarios detallados sobre los opuestos de las Cualidades Divinas, que Ibn ‘Âshir enumera afirmando que son imposibles en lo que concierne a Al-lâh. Voy a dar algunas citas de lo que se dice acerca de la nada, la extinción, la muerte, la sordez, la mudez y la ceguera:

« Aquí habla de lo que es imposible respecto de Al-lâh e inevitable para el siervo, y por "siervo" el Pueblo entiende el mundo, desde su cenit bajó el Trono hasta su nadir en los confines inferiores de la creación; es decir, todo cuanto ha entrado en la existencia a la palabra "¡!", todo lo que es "otro". Así pues, toma consciencia, hermano, de tus propios atributos y mira con el ojo del Corazón el comienzo de tu existencia, cuando surgió de la nada, pues, cuando verdaderamente habrás tomado consciencia de tus atributos, Él te enriquecerá con los Suyos.

» Uno de tus atributos es la pura nada, que te pertenece, así como al mundo en su totalidad. Si tú reconoces tu nada, Él te enriquecerá con su Ser....

» La extinción también es uno de tus atributos. Tú ya estás extinto, hermano, antes de que te extingas y no eres nada, antes incluso de ser aniquilado. Eres una ilusión en una ilusión y una nada en una nada. ¿Cuándo has tenido la Existencia para que puedas extinguirte? Tú eres como un espejismo en el desierto: el hombre sediento cree que es agua, hasta que, llegado allá, no encuentra nada; pero en su lugar encuentra a Al-lâh (17). Igualmente, si te examinaras a ti mismo encontrarías que este "ti" no es nada, y allí encontrarías a Al-lâh, es decir, que encontrarías a Al-lâh en vez de encontrarte a ti mismo y no quedaría de ti más que un nombre sin forma. El Ser en sí pertenece a Al-lâh, no a ti; si llegaras a captar esta verdad y a comprender lo que es Al-lâh despojándote de todo lo que no es tuyo, descubrirías que eres como el corazón de una cebolla. Si la pelas, quitas la primera piel, luego la segunda, la tercera, y así sucesivamente hasta que ya no queda nada de la cebolla. Así es el siervo con respecto al Ser de la Verdad.

» Se dice que Râbi’a al-‘Adawiyya encontró a un Gnóstico y le preguntó sobre su estado, y él respondió: "He caminado por el camino de la obediencia y no he pecado desde que Al-lâh me creó", oyendo lo cual ella dijo: "Ay, hijo mío, tu existencia es un pecado al que ningún otro puede compararse."

» Camina, pues, hermano, por el camino de los que realizan la Unidad y afirman que el Ser no pertenece a nadie más que a Al-lâh, pues, si alguno de entre el Pueblo se atribuye el Ser a sí mismo, es culpable de idolatría. Sin embargo, la mayoría no puede evitar afirmar la existencia de lo que es otro que Al-lâh, aunque al hacerlo afirma todos los males.

 

» La vida no es uno de tus atributos, pues tú estás muerto bajo la apariencia de la vida, como un poseso que pretende ser alguien que no es. Pero si te llevaran ante tu Señor, con el cuerpo yacente como el de tu padre Adán, Él te insuflaría Su Espíritu y te crearía a Su Imagen; entonces, habiendo realizado tu estado de muerte, podrías decir sin error: "Estoy vivo", mientras que antes, al atribuirte la vida y al darte una existencia independiente, estabas en conflicto con tu Señor.

» Otro atributo del siervo es la sordez. Tú eres sordo ahora, oh siervo y, el Oído no pertenece a tu naturaleza. Al-lâh es El que Oye, y es porque te atribuyes esta facultad a ti mismo, por lo que eres sordo. Aunque tienes orejas, no oyes. Si pudieras oír, oirías la Palabra de Al-lâh en todo momento y en toda circunstancia, pues Él nunca ha cesado de hablar. Pero, ¿qué oyes tú de esta Palabra y qué entiendes de este Discurso? Tú eres sordo y te encuentras todavía en lo más hondo de la nada. Pero si accedieras al Ser, oirías entonces la Palabra del Universalmente Adorado, y si pudieras oírla, podrías responder. Sin embargo, ¿cómo podrías responder, si la mudez es una de tus cualidades? ¿Cómo puedes pretender que posees el Habla, que es uno de los Atributos de tu Señor? Si verdaderamente fueras capaz de hablar, servirías para maestro, pero nadie viene a sentarse a los pies de un mudo. Si tomaras consciencia de tu mudez, Él te enriquecería con Su Habla, llegarías a hablar con el Habla de Al-lâh y conversarías con Él, de manera que tu oído sería el Oído de Al-lâh y todo lo que oirías vendría enteramente de AL-LÂH.

» La ceguera, oh siervo, es otro de tus atributos. Si pudieras ver, contemplarías Su Nombre El Exteriormente Manifiesto, pero ahora no ves más que apariencias. ¿Dónde está tu visión de la Manifestación de la Verdad, cuando otras cosas que Él son más evidentes a tus ojos? ¡Lejos de Él el que pueda haber algún velo sobre Su Manifestación! (18). Ocurre tan sólo que la ceguera, tu atributo, te ha vencido y te has vuelto ciego aunque tengas ojos; todo por atribuirte la Vista a ti mismo. Pero si tomas consciencia de tu ceguera y tratas de acercarte a Él mediante actos tales que Su Buena Voluntad los acepte, entonces Él será tu Oído y tu Vista, y cuando Él sea tu Oído y tu Vista, no oirás más que a Él y no verás más que a Él, pues Lo verás con Su Vista y Lo oirás con Su Oído.

» Considera bien tu atributo de ceguera y medita sobre la sabiduría que reside en el atribuírtela a ti; entonces aparecerán sobre ti los rayos de la Visión. Entonces oirás lo que no oías y verás lo que no veías, pero esto no es posible más que por el conocimiento de ti mismo y por la meditación sobre la nada que es tuya con pleno derecho.

» Es Al-lâh quien ha manifestado las cosas por Su Propia Manifestación en ellas, como lo ha dicho precisamente un Gnóstico:

Tú Te manifestaste a Ti mismo en las cosas cuando las creaste y he aquí que en ellas los velos son apartados de Tu Faz, Tú formaste al hombre con una parte de Tu Propio Sí, y él no está unido a Ti ni separado de Ti. (19) (20)

Ibn ‘Âshir formula como sigue las «pruebas» de la Eternidad de Al-lâh:

«Si la Eternidad no fuera necesariamente Su Atributo, entonces Él debería por fuerza ser efímero, debería estar sometido al cambio y a las vicisitudes. Si la extinción fuera posible, la Eternidad estaría proscrita.»

Y el Shayj comenta:

«En cada demostración dice: "Si tal y cual cosa no fuera el caso, entonces lo sería tal y cual otra", a la manera de los lógicos, y esto conviene a los jóvenes que empiezan a aprender la doctrina del Islam, pero los Gnósticos que están firmemente establecidos en la estación de la visión cara a cara, no pierden el tiempo con tales enseñanzas, se avergonzarían ante Al-lâh de expresarse en esos términos, aun sin imaginar la existencia de fases y vicisitudes en la Divinidad —de hecho, esto es imposible para el cerebro de los Gnósticos y no encontraría un lugar en sus inteligencias donde fuera admitido— La certidumbre a la que han llegado es tal que no utilizan pruebas lógicas ni demostraciones, ni siquiera como método de enseñanza, puesto que están revestidos con el manto de la Proximidad en la Presencia de la Contemplación directa.

» Sin embargo, conciben la prueba en otro sentido (21), como, por ejemplo: si la extinción que es pura nada fuera posible, el Puro Ser, atributo íntimo (22) de la Eternidad, estaría proscrito. Así, la Eternidad se vería privada de Lo que es Eterno, ya que hemos hablado de la nada en Su Presencia; mientras que, no sólo el ser relativo, sino también la nada se desvanecen en esta Noble Presencia. Al-lâh era, y no había ni nada ni ser junto a Su Ser.

» En cuanto a la pura nada, si pudieras examinarla después de haberla concebido, descubrirías en ella una Verdad de Sus Verdades, puesto que ninguna verdad está desprovista de la Verdad de la Esencia. Precisamente, la Esencia es llamada la Verdad de las Verdades. Así, toda imposibilidad posee una Verdad Divina subyacente que los hombres, generalmente, no conciben, y esta Verdad debe ser entendida según Su Palabra: Adonde quiera que os volváis, allí está la Faz de Al-lâh (23). Las cosas están escondidas en sus opuestos y, sin la existencia de los opuestos, El que Opone no tendría manifestación.

» Nadie comprende lo que acabo de decir excepto aquel que ha realizado la Verdad de la Unidad de la Esencia y todo lo que esta Verdad implica. El que está velado corre el peligro de entender que la unidad significa que Al-lâh es Uno en el sentido de que Su Esencia no es compuesta o de que no hay esencia comparable a Ella. No ve que la Unidad se niega a admitir que la menor cosa sea coexistente con Ella.

» No cuentes a este mundo como una cosa y no creas que posee eternidad alguna con respecto a la Divina Presencia o que Le sea ajeno, pues no es más que una de Sus Manifestaciones, uno de Sus Secretos, una de Sus Luces. Al-lâh es la Luz de los Cielos y de la tierra» (24).

A modo de comentario de este último versículo, cita a continuación otro pasaje del Corán:

Y así mostramos a Abraham el reino de los Cielos y de la tierra a fin de que fuera de los que poseen la certeza. Cuando la noche se extendió sobre él, vio un astro y dijo: "Éste es mi Señor". Pero, cuando se puso el astro, dijo: "No amo las cosas que se ponen." Cuando vio la luna que salió, dijo: "Éste es mi Señor." Pero, cuando se puso la luna, dijo: "Sino me dirige mi Señor, voy a ser, ciertamente de los extraviados." Cuando vio el sol que salía, dijo: "Éste es mi Señor. Éste es el más grande." Pero, cuando se puso, dijo: "Pueblo mío, en verdad soy inocente de todo lo que asociáis a Al-lâh. En verdad, he vuelto mi rostro hacia Quien ha creado los Cielos y la tierra." (25).

» Abraham no decía, Éste es mi Señor en el sentido de una comparación, sino que hablaba así para afirmar de forma absoluta la Trascendencia de Al-lâh, cuando le fue revelada la Verdad de todas las Verdades, indicada en el noble versículo: Adondequiera que os volváis, allá está la Faz de Al-lâh. Informó a su pueblo de esta Verdad a fin de que éste pudiera dar prueba de piedad hacia Al-lâh en relación con todas las cosas. Todo esto se refería a lo que le había sido revelado sobre el dominio de los Cielos y de la tierra, de modo que descubrió la Verdad del Creador existente en toda cosa creada (26). Quiso entonces comunicar a los demás el conocimiento al que había llegado, pero vio que sus corazones estaban apartados de la pura doctrina de la Unidad para la que Al-lâh le había escogido, por lo cual dijo: Pueblo mío, soy inocente de todo lo que asociáis a Al-lâh» (27).

En cuanto a las palabras: No amo las cosas que se ponen, el Shayj las explica así en otro pasaje:

« Aunque la Verdad se manifiesta a Sus siervos bajo ciertas formas, no obstante tiene celos por Sus otras formas de manifestación en las cuales La olvidan, pues la forma limitada a la que se apegan es muy a menudo de la más efímera transitoriedad... Abraham no quería ser fiel a Al-lâh en algunas formas efímeras sin reconocerlo en todas, y por eso dijo: No amo las cosas que se ponen, es decir, no quiero conocer a Al-lâh en una cosa y en otra no, no sea que, con la desaparición de esta cosa, Le olvide. Más aún, he vuelto mi rostro, y a cualquier lado que lo vuelva, allí está la Belleza de Al-lâh.

» Abraham tenía una cierta preferencia por uno de sus hijos y Al-lâh le probó con ello dándole la orden de sacrificarlo; Abraham mostró su obediencia, probando así su sinceridad» (28).

En otro lugar, dice

«Es Su Voluntad que tú Le conozcas en lo que Él quiere, no en lo que tú quieres; ve, pues, como Él va y no trates de mostrar el camino. Si Lo conocieras en la Esencia, no Lo negarías en las manifestaciones de Esta. Su Voluntad es que Lo conozcas de verdad y no solamente de oídas.

» El Exteriormente Manifiesto no está velado sino por la intensidad de las manifestaciones; así pues, está presente con Él y no velado de Él por lo que no tiene ser fuera de Él. No te pares en la Ilusión de las formas y no prestes atención a la apariencia exterior de los receptáculos.

» No Lo conozcas solamente en Su Belleza, negando lo que te viene de Su Majestad (29), más bien adquiere una profunda ciencia en todos los estados y considéralo como conviene en los opuestos. No Lo conozcas sólo en la expansión, negándolo en la contracción, ni Lo conozcas tan sólo cuando concede, negándolo cuando retiene, pues un conocimiento así sólo es superficial. No es un conocimiento nacido de la realización» (30).

Más adelante ilustra estas observaciones a propósito del simbolismo del Peregrinaje. Después de afirmar que la circunvalación alrededor de la Ka’ba significa la sumersión en la Presencia de la Unidad, dice que Safâ y Marwa, las dos rocas (31) situadas en el interior de la Mezquita Santa, representan, respectivamente, la Belleza y la Majestad.

« Las idas y venidas de los Gnósticos entre estas dos estaciones son como el balanceo del niño en la cuna. Es la Mano de la Solicitud Divina quien los mueve de aquí para allá y los protege en los dos estados, de modo que no sufren por ello ninguna prueba, puesto que ya han sido sumergidos, en virtud de su circunvalación, en la Presencia de la Unidad y han llegado a ser como una parte de Ella. Y así, ni la Majestad ni la Belleza les afectan interiormente, pues están ya en el interior de Ellas, mientras que. para cualquiera que no sea ellos cada una de Ellas es una prueba. Os probamos por el mal y por el bien (32). Para el Gnóstico, la Majestad Divina no es otra que la Belleza Divina y por ello se deleita en ambas a la vez. Nuestro Shayj, Sidi Muhammad Al-Bûzîdî, decía a menudo en momentos de sufrimiento: "Mi Majestad es Una con Mi Belleza", y entonces se le veía todavía más radiante de felicidad y con una mayor superabundancia de sabiduría que cuando se hallaba en una fase de Belleza. Un día sufrió una crisis tal que una de sus piernas y uno de sus brazos quedaron paralizados, y cuando llegamos a su lado, llenos de tristeza, las primeras palabras que nos dirigió fueron las siguientes:

"Desde que entré en la Vía, no he encontrado una expresión de la Verdad más elocuente que ésta: he dormido parte de esta noche bendita, y, al despertarme, he tocado mi brazo paralizado con la mano del que puedo mover; creía que no era yo mismo, pues mi brazo sin vida no sentía mi contacto. Lo tomé, pues, por un cuerpo extraño y llamé a la gente de la casa para que me encendieran una luz, diciendo: "Hay una serpiente a mi lado. La he cogido." Y cuando han encendido la luz, he visto que la mano de uno de mis brazos apretaba al otro, y no había ninguna serpiente junto a mí, ni en realidad nada que no fuera yo mismo, por lo que dije: "¡Gloria a Al-lâh! Éste es un ejemplo de la ilusión que se le presenta al buscador antes de haber alcanzado la Gnosis." Ve, pues, hermano, la condición del Pueblo, y cómo se deleita en la Majestad de Al-lâh porque están con Él en todo momento y no con las manifestaciones de Majestad o de Belleza y contemplan la expansión y la contracción igual que contemplan la noche y el día (Hemos hecho de la noche un velo y hemos hecho el día para la vida) (33), dos fases que son necesarias para la forma corporal, siendo la contracción el atributo de la carne y la expansión la del Espíritu. Al-lâh es el que contrae y el que expande (34). Pero, por el hecho de que el Gnóstico está con Aquel que contrae y no en la contracción misma, y con Aquel que expande y no con la expansión misma, es activo más bien que pasivo y está como si nada te hubiera ocurrido. Está, pues, con Al-lâh, oh tú que buscas y todo estará contigo, sometido a tus órdenes. Incluso aquello que para otros sería el fuego del Infierno se convertirá para ti en un Paraíso, ya que la Mano de Misericordia, de Gracia y de Solicitud te mece de acá para allá, cuidando de que no conozcas ningún sufrimiento y de que no te falte nada. Deja que la Estación te busque: no la busques tú (35), puesto que ella fue creada para ti, no tú para ella. Permanece vuelto hacia Al-lâh, acogiendo con satisfacción todo cuanto te viene de Él. No te preocupes de nada, por el contrario, deja que todo se ocupe de ti; por tu parte, ocúpate en proclamar el Infinito diciendo No hay más Al-lâh que Al-lâh, completamente liberado así de todas las cosas, hasta que llegues a ser el mismo en uno o en otro estado y estés en Safâ como estás en Marwa. Que la Perfección (Kamál), que es Beatitud a la vez en la Majestad y en la Belleza sea tu atributo» (36).

En otro pasaje, después de citar los versos siguientes de Al-Harraq (37):

La suma de las búsquedas está en Tu Belleza. Todo el resto, para nosotros, no vale una mirada (38) Más aún, cuando miramos vemos que no hay nada junto a Tu Rostro Maravilloso

comenta

«El Gnóstico no ha alcanzado la Gnosis si no reconoce a Al-lâh en todas las situaciones y en cualquier dirección a la que se vuelva. El Gnóstico no tiene más que una dirección, y ésta es hacia la Verdad Misma. Adondequiera que os volváis, allá está la Faz de Al-lâh, es decir, adondequiera que volváis vuestros sentidos hacia las cosas sensibles, o vuestra inteligencia hacia las cosas inteligibles, o vuestra imaginación hacia las cosas imaginables, allí está la Faz de Al-lâh. Así, en todo ayn (donde) está ‘ayn (39), y todo es la ilâha illa Al-lâh.

» En la ilâha illa Al-lâh está comprendido todo ser, esto es, el Ser Universal y el ser individual, o el Ser y lo que se dice metafóricamente que existe o el Ser de la Verdad y el ser de la creación. El Ser de la creación se sitúa bajo la ilâha, lo cual significa que todo salvo Al-lâh es nada (bâtil) (40), es decir, negado, sin la menor posibilidad de afirmación, y el Ser de la Verdad se sitúa bajo illa Al-lâh. Y así, todos los males se sitúan bajo la primera parte y todo lo que puede ser loado se sitúa bajo la segunda.

» Todo ser está comprendido en la afirmación de la Unidad (la ilâha illa Al-lâh), y debes incluirlo también nombrando al más noble de los siervos diciendo Muhammádun Rasúlu‑Al-lâh, ( Muhammad es el Mensajero de Al-lâh).

» Esta segunda atestación comprende los tres mundos: Muhammad designa el Mundo del Reino, esto es, el mundo sensible, y la referencia a su cualidad de Apóstol es una referencia al Mundo de la Soberanía, el mundo interior de los secretos de las concepciones abstractas, y éste es intermedio entre lo efímero y lo Eterno; el Nombre Divino indica el Mundo de la Dominación, el Mar del que proceden tanto los sentidos como los conceptos.

» Rasûl (apóstol, mensajero) es verdaderamente el mediador entre lo efímero y lo Eterno, puesto que, sin él, la existencia sería reducida a la nada, pues, si lo efímero se encontrara con lo Eterno, lo efímero desaparecería y sólo permanecería lo Eterno.

» Cuando el Apóstol fue situado en su relación exacta entre ambos, entonces el mundo fue ordenado, pues exteriormente él es un pedazo de arcilla e Interiormente es el Califa del Señor de los Mundos.

» En resumen, el sentido de la afirmación de la Unidad no es completo, y su beneficio no tiene todo su alcance, sin la afirmación de la Unidad en Esencia, Cualidades y Acciones. Esta afirmación debe entenderse de la fórmula Muhammádun Rasúl‑Al-lâh.

» Cuando uno de los Gnósticos dice la ilâha illa Al-lâh, no ve más en realidad, y no tan sólo metafóricamente, que Al-lâh. No te contentes, pues, hermano, con la mera pronunciación de esta noble sentencia, pues entonces sólo tu lengua, y nada más, se beneficia de ella, lo cual no es el fin que se persigue. Lo esencial es conocer a Al-lâh tal como es. "Al-lâh era, y nada era con Él. Él es ahora tal como era." Sabe esto y descansarás de las cargas de la negación, y nada quedará para ti salvo la afirmación, de modo que, cuando hables, dirás: Al-lâh, Al-lâh. En cambio ahora, tu Corazón está cargado y su visión es débil. Desde que fuiste creado has estado diciendo la ilâha... ¿Pero cuándo esta negación será efectiva? De hecho, no se hará efectiva, porque no es más que una negación de la lengua. Si negaras con tu Intelecto, es decir, con tu Corazón y tu más íntimo secreto, entonces el mundo entero desaparecería de tu vista y encontrarías a Al-lâh en lugar de encontrarte a ti, sin hablar de tus semejantes. El Pueblo ha negado la existencia de todo lo que no sea Al-lâh, ha encontrado reposo y ha entrado en Su Fortaleza para no abandonarla jamás, mientras que tus negaciones no tienen fin...

» Lo que es otro que Al-lâh no desaparecerá con un simple no de tu lengua, ni siquiera por el ojo de la fe y de la certidumbre, sino tan sólo cuando alcances la estación del testimonio directo y de la visión cara a cara; en verdad, tu Señor es el último Fin (41), en el que todo termina. Entonces no tendrás necesidad de negación, así como tampoco de afirmación, pues Aquel cuyo Ser es Necesario ya está afirmado antes de que tú Lo afirmes y aquello cuyo ser es imposible ya es nada antes de que tú lo niegues. ¿No irás con un médico que te enseñe el arte de la extirpación, a fin de que puedas de una vez por todas extirparlo todo aparte de Al-lâh, y que te conduzca al estado de sobriedad en el que no encontrarás nada salvo a Al-lâh? Entonces vivirás en Al-lâh, morirás en Al-lâh, crecerás en Al-lâh y habitarás en la morada de Verdad, en la corte de un Rey Todopoderoso (42); y esto será en virtud de tu recuerdo y de tu Gnosis de que no hay más Al-lâh que Al-lâh. Ahora sólo conoces la meta fórmula y tu conocimiento más amplio consiste en decir: "Nada tiene derecho a la adoración, salvo Al-lâh." Éste es el conocimiento de la mayoría, pero, ¿qué tiene esto que ver con el conocimiento del Pueblo? Ojalá hubieras conocido el conocimiento de los elegidos antes de conocer lo que conoces ahora, pues es precisamente tu conocimiento presente lo que te priva del otro. ¿No quieres negarlo todo entre las manos de un Shayj poseedor de una experiencia en la Verdad, hasta que para ti no subsista nada más que Al-lâh, no sólo por la fe y la certeza, sino por la percepción directa? El saber de oídas no es lo mismo que la visión cara a cara» (43).

Notas
(1) Minah, p. 174.
(2) Al‑Murshid al‑Mu’în.
(3) Minah, p. 35.
(4) Bujârî, Jalq, I.
(5) Cabe dudar de que incluso el más exotérico de los teólogos dogmáticos se atreviera a negar la verdad de este comentario sufí de la Tradición anterior.
(6) La Vida, como el Intelecto, no es, estrictamente hablando, de este mundo, sino que es un puesto avanzado del Mundo del Espíritu en este mundo, y, al igual que existe continuidad entre la Luz Divina y la chispa intelectual en el hombre, también hay continuidad entre el Ser Divino y la chispa vital. Es a esta continuidad a la que se refiere la palabra «inseparabilidad». Las otras Cualidades son también inseparables de la Esencia en virtud de la Omnipresencia de Ésta, pero jerárquicamente están más alejadas de Ella.
(7) El mundo material; en otro lugar lo llama ‘âlam al‑mulk, el Mundo del Reino.
(8) El mundo del alma, que, junto con el mundo material constituye lo que llamarnos «este mundo». Así, como observa más adelante (Minah, p. 49): «El aspecto interior de este mundo es Poder, Voluntad y Conocimiento Divinos, y su aspecto exterior es Oído, Vista y palabra Divinas —y no hay nada fuera de esto».
Hay que observar que el Conocimiento en cuestión no es ma’rifa (Gnosis), sino ‘ilm, que procede del Nombre Divino Al‑‘Alîm, el Omnisciente, y que en el hombre aparece como conocimiento mental, es decir, conocimiento discursivo, indirecto y analítico.
(9) El Ciclo, el mundo del Espíritu Divino. El Corán (XV, 29) dice de la vivificación de Adán: Le he infundido de Mi Espíritu. Para nombrar los tres mundos, así como en la mayoría de los demás puntos de terminología, el Shayj sigue a ‘Abd al‑Karím al-Yîlî (véase, por ejemplo, Al‑Insân al‑Kâmil, cap. 29), mientras que en tratados más antiguos, como el Ihyâ de Gazzâlî (IV, p. 216), los dos últimos términos están transpuestos y ‘Alam al Yabarût es el mundo intermedio.
(10) Los sufíes hablan a menudo de cuatro mundos, el cuarto de los cuales es precisamente esta Realidad Última, el mundo de la Esencia Omnicomprensiva, que es denominado, en relación con los otros tres, ‘Âlam al‑‘Izza, el Mundo del Poder Soberano.
(11) Evidentemente, está pensando en paradojas como esta de Ibn ‘Arabî: «¿Cómo es Él el Independiente (Al‑Ganî) cuando yo Le ayudo (al manifestar Sus Cualidades)? —Fusûs, final del cap. V.
(12) En otro lugar (p. 48) observa: «Retira los juncos de la estera y ésta no conservará ni nombre ni forma».
(13) Antes ya ha dicho: «El que se para en las Acciones está velado con respecto a la visión directa de la Esencia, mientras que el que conoce la Esencia, sólo está velado por la Esencia.»
(14) Ibn ‘Âshir, cuya obra comenta el Shayj.
(15) Minah, pp. 36‑39.
(16) ‘Abd al‑Karim Jossot, citado por Berque, pp. 704 y 750.
(17) Corán, XXIV, 39.
(18) Para la Tradición a la que aquí se hace referencia, véase Muslim, Da’wât, 16; Tirmidî, Da’wât, 19.
(19) ‘Abd al‑Karim al-Yîlî, cita de su ‘Ayniyya en su Al‑Insân al‑Kâmîl, cap. XIII
(20) Minah, pp. 39‑45.
(21) La lógica de Ibn ‘Âshir se dirige tan sólo a la razón. Pero el Shayj se refiere aquí a un argumento suprarracional que se dirige al Intelecto y que pretende provocar un atisbo intuitivo y súbito de la verdad. Ésta es la intención que subyace a la mayoría de las formulaciones místicas, especialmente a las del tipo que se citan en éste y en los siguientes capítulos. Si se representa la vía como la abertura de una serie de puertas, las «pruebas» de las que habla el Shayj son llaves que da el maestro espiritual, una detrás de otra, al discípulo; y en la Tariqa ‘Alawî, como sin duda en otras órdenes, el dicho: «Cuando la puerta ha sido abierta, tira la llave» es bien conocido. De todas formas, esta sentencia no debe interpretarse nunca de manera demasiado estricta, pues ciertas llaves abrirán más de una puerta y deben ser guardadas como un tesoro; pero al menos sirve para mostrar que la actitud de los místicos hacia sus propias formulaciones es muy diferente de la de los teólogos dogmáticos hacia las suyas, para no hablar de los filósofos.
(22) El Ser es, en cierto sentido, el «contenido» de la Eternidad v del Infinito, y la palabra «pura» sirve para recordar que, aunque al expresar una verdad relativa puede hacerse una distinción entre el Ser y la nada, en la Verdad Última el Ser es el Positivo Absoluto que excluye toda negatividad, cualquiera que sea , exactamente a como la Eternidad es el Presente Absoluto que excluye todo comienzo y todo fin, todo pasado y todo futuro, y el Infinito es la Totalidad Absoluta que excluye toda noción no sólo de «más», sino también de «menos».
(23) Incluso al dirigir su atención hacia la «nada», uno inevitablemente dirige su atención hacia Al-lâh.
(24) Corán, XXIV, 35.
(25) Corán, VI, 75‑79.
(26) En otro lugar (Unmûday, p. 11), cita los versos:
Tú Te has mostrado en otro distinto de Ti a mis ojos
Que no vieron al otro, sino que se gozaron en Ti solo.
Igualmente, antes que yo, el Amigo volvió hacia Ti su mirada
Cuando vio la luz del astro, de la luna y del sol. (‘ Umar ibn al‑Fârid, Kâfiyya, 45‑46)
(27), Minah, pp. 46‑48.
(28) Minah, p. 71.
(29) Así corino la Belleza Divina, arquetipo de la expansión, preside en toda manifestación exterior, la Majestad Divina preside en el proceso inverso de contracción. es decir, de reabsorción de todas las cosas creadas en la Esencia. En su capítulo sobre la Majestad, en Al‑Insan al‑Kamil (cap. 24, Yîlî da una lista de Nombres de Majestad (A1‑Asmâ’ al‑Yalâliyya) entre los que aparecen Al‑Qâbid (El que Contrae), Al‑Mumît (El que Mata), Al‑Mu’îd (El que Hace Volver, El que Reintegra, o El que Transforma), Al-Wârit (El Heredero).
La Belleza Divina despliega el mundo como un símbolo de Al-lâh, mientras que la Majestad Divina revela las limitaciones del mundo por cuanto éste no es más que un símbolo, y, al heredar «los juncos de la estera» (véase p. 135, nota 12), finalmente la reduce a nada. En este sentido, puede decirse que todas las imperfecciones, todas las corrupciones, todos los sufrimientos, todos los males, simples fases de una demostración gradual de que «no hay más él que Él», provienen de la Majestad. Provienen más directamente del caparazón protector del tiempo que envuelve al mundo y que sirve de «filtro» para la acción de la Majestad. Sin este escudo no podría haber mal, pues toda apariencia de algo otro que Al-lâh sería instantáneamente reducida a la nada.
(30) Minah, pp. 29‑30.
(31) Véase más arriba p. 93, nota 75.
(32) Corán, XXI, 35.
(33) Corán 1 , LXXVIII, 10‑11.
(34) Corán, 11, 245.
(35) Se refiere a la pureza de intención. Es en Al-lâh, exclusivamente, donde deben concentrarse todas las aspiraciones espirituales. En el mismo sentido, Râbi’a al‑‘Adawiyya decía: "Âl-Yâr tumma‑l-Dâr, «primero el Vecino, luego Su Casa».
(36) Minah, pp. 283‑285. 1
(37) Muhammád al‑Harrâq (fallecido en 1845), discípulo del Shayj Al‑Darqâwî.
(38) Variante de «Sólo tenemos que contemplar, nada más», que es una traducción de este verso tal como se encuentra en la edición Wardîfî del poema, en la p. 195 de Bugyat al‑Mushtâq (Bulaq, 1881).
(39) Esta palabra, extremadamente sintética, significa «ojo», «fuente», «sí mismo», «origen», y, como aquí, en una síntesis de todo, « la Esencia Divina».
(40) Eco de la Tradición, que cita en otro lugar (Al‑ Qawl al‑Ma’rûf p. 51): «La palabra más verdadera que ha dicho el poeta es: "¿No son todas las cosas nada, salvo Al-lâh?"» (Bujârî, Manâqib al‑Ansâr, 26). El poeta en cuestión es Labîd.
(41) Corán, LIII, 42,
(42) Corán, LIV, 55
(43) Minah., pp. 59‑62.

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