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Carta abierta a la iglesia Argentina

27/01/2002 - Autor: Julio Carreras
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Julio Carreras se dirige aquí a lo que Margarita Porette llamaba "la gran iglesia", es decir: a todos aquellos que mantienen viva su creencia al margen de las instituciones. Todos los creyentes, sea cual sea la vía concreta que siguen, deberían escuchar estas palabras, y posicionarse en contra de un sistema que niega la dimensión trancendente del ser humano para convertirlo en "fuerza de trabajo". Lo que está sucediendo en Argentina, así como en el mundo, debería hacernos meditar el porque de la prohibición de todas las religiones en contra de la usura. Nosotros, desde webislam, y como musulmanes comprometidos en la consecución de la justicia, queremos sumarnos a este llamamiento, deseando de corazón que esa otra (y verdadera) iglesia aún exista…

 

(Aclaración del autor: al decir Iglesia me refiero a ella en su sentido original, esto es "la congregación de los fieles". No a las burocracias administrativas de ninguna de las estructuras llamadas religiosas que existen en nuestro país). 

 

Convocatoria

 

Hago un llamado de corazón a los cristianos de la Argentina para buscar la verdadera reconciliación: aquella que se funda sobre la Justicia.

 

Justicia significa: pan, trabajo y moderada prosperidad para todos. Educación universal y estabilidad social. Vida digna y respeto igualitario para todos. Todo ello esta hoy ausente en la Argentina y debe obtenerse como requisito previo a cualquier perdón que pudiera otorgarse a los responsables.

 

La Justicia en nuestro país ha sido violada desde nuestros orígenes. Primero fueron los conquistadores españoles, quienes impusieron con violencia y saña perversa formas de organización y pautas religiosas extrañas a los aborígenes, verdaderos propietarios de la tierra. Luego, a poco de la Independencia Nacional, grupos financiados por banqueros ingleses y europeos impusieron un sistema político y principalmente económico absolutamente contrario a nuestro desarrollo equilibrado.

 

Además instigaron la división entre hermanos y vecinos, alentando la secesión de Bolivia, Uruguay y Perú, que junto a la Argentina conformaban una gran Nación, de cultura e intereses económicos comunes hasta 1810. La tragedia más cruel de este plan en nuestra contra efectuado durante el siglo XIX fue la Guerra del Paraguay, donde los traidores a la Patria Mitre y Sarmiento, junto a ejércitos brasileños y uruguayos, destruyeron al Gran Estado Paraguayo, verdadero ejemplo del mejor camino seguido por una nación latinoamericana para su desarrollo.

 

Siglo XX

 

Roca terminó de asesinar a los verdaderos dueños de la tierra argentina para entregar millones de hectáreas a sus secuaces. Sobre esta banda de criminales se estableció la "clase alta" porteña (como gustan llamarse a sí mismos). Esta oligarquía inútil, salvo para la destrucción, fue la que gobernó el país casi ininterrumpidamente desde entonces.

 

Ya en 1890 y durante el gobierno de Juárez Celman, la Argentina estaba en una crisis asombrosamente igual a la que pasa hoy. Su oligarquía administraba con perversidad los intereses de la usura internacional, entonces timoneada por los ingleses.

 

Movimientos populares lograron interrumpir brevemente este predominio en dos períodos durante el siglo XX: el de Hipólito Yrigoyen (1916-22, 1928-30) y Juan Domingo Perón (1946-52, 1952-55). Sus gobiernos fueron los únicos períodos de la historia argentina en que se gozó un elevado proceso de Justicia Social y prosperidad económica real. Ambos fueron derribados por dictaduras militares.

 

Desde principios de los 60 hasta 1976 se desarrolló una intensa gesta revolucionaria de raíz cristiana, socialista y popular que fue interrumpida a sangre y fuego por los militares a sueldo de la usura internacional.

 

Los asesinatos, violaciones a los derechos humanos, torturas y todo tipo de perversidades fueron tales que llegaron a destruir todas las organizaciones sindicales, empresariales, religiosas o culturales que pudiesen oponerse a los planes imperialistas, de un modo aún más cruel de lo que se hubiese ensayado recientemente en Uruguay y Chile con los mismos métodos. José Alfredo Martínez de Hoz fue el ideólogo de la represión general y la imposición de los renovados planes del capitalismo salvaje internacional. Junto a él actuaron Alsogaray, Alemann y muchos otros nombres que se repiten desde el siglo XIX en la traición a la Patria y el genocidio poblacional. La ignorancia original de las nebulosas mentes que sirvieron como mercenarias a los ingleses, fue reemplazada por un mecánico sistema de ideas infundido en Harvard, junto a un total desprecio por su raza, territorio y cultura nacional.

 

Hoy conducen todavía el desastre nacional, desde el Club de Caza y otras organizaciones de tipo masónico, donde han dado cabida a los principales dirigentes políticos argentinos contemporáneos.

 

Rol de nuestra iglesia

 

Los obispos católicos están cometiendo un grave error si es que son sinceros. Ya fueron por acción u omisión cómplices de la dictadura militar asesina, cometiendo por ello pecados gravísimos que difícilmente los salvarán de duras penas en el momento del verdadero juicio, al que deberán presentarse en espíritu.

 

Quieren constituirse ahora en apuntaladores del sistema. Cuando el sistema continúa controlado por los banqueros, especuladores de todo tipo, delincuentes, asesinos y mercenarios que son responsables de la injusticia sin límites que en los últimos cincuenta años ha sido implementada sistemáticamente sobre los habitantes de nuestra nación y su territorio.

 

Esto es un grave error que los compromete políticamente con quienes no desean el bien de nuestra Patria, sino su continuidad en un sistema internacional de esclavitud y muerte.

 

Por ello quienes deseamos seguir construyendo la Iglesia de Jesús Cristo sobre la tierra llamamos con humildad pero con firmeza a todos los cristianos para renovar completamente las relaciones políticas, sociales y económicas de nuestra nación.

 

Ello puede hacerse únicamente continuando las movilizaciones populares hasta alejar a todos los representantes de los partidos corruptos del gobierno nacional.

 

Ninguno de los Evangelios, ni canónicos ni apócrifos, da cuenta de que Jesús haya concurrido a reuniones de las autoridades imperiales salvo como prisionero. Si de verdad queremos ser cristianos, hoy debemos imitarlo concurriendo adonde se reúnen los pobres y castigados por el sistema, llevando paz, alivio y voluntad de lucha renovada.

 

Para obtener a través de Asambleas Populares un verdadero gobierno Argentino.

 

Debemos refundar nuestro país. Esta es la oportunidad. Mantengámonos constantemente en contacto y velemos pues la Buena Hora está por llegar.

 

* Autonomía, Santiago del Estero, Argentina.

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