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Las mentiras de la guerra

Buscando el equilibrio en los juicios

23/11/2001 - Autor: Darío Gil Muñoz
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Una de las verdades invariables a través de la historia de la humanidad en el mantenimiento de la institución de la mentira. Dentro de sus múltiples aplicaciones, por ejemplo, se ha echado mano a ella con el objeto de estructurar los fundamentos justificantes de la guerra. Nadie ha ido a una contienda bélica sin la convicción necesaria y suficiente de estar asistido por la justicia en sus pretensiones. Este fenómeno constante e inexplicable, al cual nadie escapa, tiene por titulares del mismo, en forma indistinta, a cualquiera de los integrantes de las fuerzas beligerantes. Por esta razón, podemos deducir que los argumentos esgrimidos para sustentar la legitimidad de una guerra deben tomarse con "beneficio de inventario". En efecto, no queda otro remedio que apelar a la realidad y contrastar con ella aquellos fundamentos, de manera de corroborar si se subsumen dentro del mundo fáctico y de una posible adecuación a la lógica y sana crítica. Entonces, ¿dónde está el problema? En algo todos coincidimos; en el rechazo de la violencia como metodología para llevar a cabo nuestros objetivos. Pero a poco de andar nos apercibimos que la raza humana no ha hecho otra cosa que apelar a ella hasta el cansancio. Evidentemente, y una vez más, la humanidad no hace más que dejarse arrastrar por los vientos de la guerra, con la certeza de que ella será el único medio de remediar las dificultades. "La guerra para la paz" dijo alguien en las primicias de la guerra contra Irak.

El 11 de setiembre de 2001 los Estados del norte sufrieron un atentado terrorista que ocasionó los perjuicios que son de público conocimiento. Todos (o casi todos) condenamos este acto de violencia. Pero luego, y animados de un fanatismo tan exagerado como el de los atacantes, sedientos de sangre, salimos en una "cacería de hombres" asistidos de argumentos místicos que no han demostrado sino el carácter fundamentalista de los mismos; "La guerra del bien contra el mal". ¿Qué diferencia sustancial existe entre éste término y el de "La Guerra Santa". El concepto se traduce de la siguiente manera; "ojo por ojo y diente por diente".

Lo más lamentable es que se ha prescindido del orden jurídico internacional al cual, no es necesario demostrarlo, ya nadie respeta. Un ejemplo. Si en el orden interno de un país alguien es víctima de un acto delictivo, el Estado de derecho le impide ejercer la justicia por mano propia. Es el Estado, como titular del monopolio de la fuerza legítima, el encargado de "hacer" justicia. En el orden internacional debería pasar lo mismo. Existe una organización internacional llamada ONU (que ahora es reemplazada por la NATO, según las últimas declaraciones de su secretario general), compuesta por los países "civilizados", que sería la encargada aplicar la ley. Nada de esto se hizo. Un solo país tomó la iniciativa bélica al son de "justicia infinita" pervirtiendo los principios jurídicos más elementales, sustentándolos con argumentos falaces y contradictorios. Solo se ha apelado a la ONU con carácter residual.

A) Un viejo principio dice que "se presume la inocencia hasta que se demuestre lo contrario". Los Estados Unidos, incriminaron e hicieron responsables a personas al día siguiente del atentado sin ningún tipo de pruebas ni evidencias. Ahora están arrasando un país completo (ya nadie se cree que los únicos objetivos son militares) con el pretexto de terminar con el terrorismo. ¿Ésta es la manera de eliminar el terrorismo? Se pregunta el Vaticano. Pensamos que la justicia no se puede ejercitar en base a apreciaciones basadas en la adivinación, en el impulso de los instintos primitivos o en algún disparate semejante. Un estado de derecho debe basarse en la ley y en los principios jurídicos que la sustentan. Luego, "las pruebas" reunidas no fueron entregadas a quiénes debían conocer de ellas para permitir la entrega del supuesto responsable.

B) Otro concepto que encierra un contenido irracional es el término "vivo o muerto" en las carteleras precedidas por el tristemente célebre "Wanted". Aquí, nuevamente se mancilla el principio comentado y consecuentemente, se reivindica la muerte como método de castigo.

C) Un ministro de la administración Bush, apenas comenzada la artillería ideológica de improperios bélicos hacia el mundo, dijo en los primeros días, que ya no importaba quiénes habían sido los responsables, y en consecuencia que era necesario hacer igualmente una demostración de fuerza.

D) El término "cacería" de hombres no es más virtuoso que los anteriores, pues indica a las claras el desprecio de la vida humana. ¿Es que ese atentado nos habilita moralmente para dejar escapar esa cascada verbal apologética del crimen? La nueva violencia parece conllevar el espíritu purificador inquisitivo propio de los regímenes intolerantes del medioevo. Seguramente el concepto de "cruzada" da testimonio y confirma nuestras sospechas.

E) La "simpática" Secretaria de Estado norteamericano, ha manifestado a una periodista de CNN que las 500.000 muertes de niños en Irak justificaban el bloqueo a ese país. Y por otra parte, el domingo próximo pasado se le ha respondido a Fidel Castro que no compare el atentado sufrido a un avión cubano en donde murieron "solamente" setenta y tantas personas, con el sufrido en New York que fueron 5.000 aproximadamente. ¿En qué quedamos? En Irak murieron más personas que en las torres de "Babel" y en Cuba un número menor. ¿Y en ningún caso importa? Lamentablemente llegamos a la conclusión que en la mentalidad norteamericana siempre valen más, cuantitativa o cualitativamente hablando, las vidas de sus nacionales que los del resto del mundo.

Lo que se hace difícil de comprender, dentro de ese conjunto de contradicciones, es la metodología para enfrentar al supuesto terrorismo. ¿Realmente se quiere atacar este mal o es uno de los nuevos justificativos de los Estados Unidos para generar-una vez más- una contienda armada en oriente? A veces parece, que a más del desastre sufrido, el hecho terrorista se le presentó al gobierno norteamericano como el pretexto que les hacía falta para poner en marcha la máquina bélica inactiva. Pero más difícil es tratar de comprender que la lucha contra el terrorismo se lleve a cabo con métodos de guerras internacionales. ¿No hay otra forma de más racional y, a la vez menos violenta, para llevar a cabo el supuesto objeto buscado? Hace unos días un legislador Uruguayo decía que él creía que la guerra al terrorismo se iba a llevar a cabo con procedimientos de "inteligencia" y no en la forma que se lo está haciendo. Por otra parte, Irán señaló en forma similar, que los Estados Unidos "mintieron" sobre el plan que se realizaría. ¿Esto no era previsible? ¿A quién sorprende que una nación como los Estados del norte, que han hecho toda la vida un negocio de la guerra, desperdicien esta oportunidad que le brindaron los ataques del 11 de septiembre, para instalar su hegemonía en un lugar tan deseado, para ellos, como es Afganistán? ¿Cómo es que a nadie en el mundo le importan los ataques aéreos permanentes a que es sometida Irak (agreguemos los 500.000 niños "bien inocentes" muertos por el bloqueo) y sí derrama sus lágrimas de consuelo por las víctimas del atentado? ¿NO tendríamos que ser un poco más justos en nuestras apreciaciones?

Parece que la realidad nos demuestra que el pueblo norteamericano es tan o más violento que los que ellos condenan; que siempre han vivido de la guerra; que han negociado con ella; que han desbastado la superficie terrestre con sus bases militares y sus huestes de exterminio. De ninguna manera queremos sugerir a contrario sensu que la otra metodología es preferible. No puede ni debe haber preferencias en las distintas manifestaciones de la violencia. Todo lo contrario; es tan execrable el terrorismo como las guerras que han provocado los Estados Unidos (e Ingleses)a lo largo de la historia. Tratemos de no ser cómplices, concientes o inconscientes, de un genocidio que se avecina.

Parece innecesario comentar que el "horror" más grande que enfrentan los E.U. es la humillación de ser atacados en el centro de su corazón financiero, quedando expuestos para escarnio y vergüenza del mundo, aquellos que siempre se jactaron de ser los mejores y más grandes de la tierra. En esto consiste "el gran pecado" del Islam que, según aquellos, deberán pagar con su sangre. "Ojo por ojo y diente por diente". Los dos aviones que derrumbaron las "gemelas" parecen representar el Hiroshima y Nagashaki de ultratumba.

Hoy, los viejos mercaderes de esclavos, junto a los piratas del Reino Unido, se unen sin la autoridad moral necesaria y suficiente, en una "cruzada" que no es más que la satisfacción y protección de sus ancestrales intereses de dominio sobre la humanidad entera.

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