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El Magreb: del Islam reformista al Islam oficial

23/11/2001 - Autor: Agencia Islámica de Noticias
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El renacimiento del pensamiento islámico a finales del siglo XIX, fenómeno encarnado por el movimiento salafiyya, convirtió al islam en una fuente ideológica y cultural decisiva para los pueblos árabo-musulmanes en su lucha por la independencia y en la defensa de su conciencia identitaria. En Argelia y Marruecos el movimiento salafí contribuyó directamente a la ideología y la organización del nacionalismo. Pero ese islam reformista encabezado por una jerarquía religiosa de tipo tradicional no sobrevivió a la creación de nuevos estados-nación de corte occidental en la postindependencia. Tanto en Argelia como en Marruecos se configuraron regímenes políticos de carácter centralista que consideraron oportuna, en pro de la cohesión nacional, la neutralización de todo poder, ya fuera religioso o político, susceptible de convertirse en una fuerza de oposición que desafiara el poder establecido.

En Marruecos el monarca alauita Mohammed V, cuya soberanía gozaba de un reconocimiento popular importante, impuso su autoridad político-religiosa tras haber jugado un papel decisivo en favor de la independencia nacional alcanzada en 1956. Sin embargo, hubo de enfrentarse a fuerzas concurrentes en el campo político: Partido del Istiqlal — y el religioso: ulemas tradicionalistas y zawiyyas. Para contrarrestar la creciente influencia del partido nacionalista y evitar así la instauración de un régimen de partido único, el poder monárquico alentó la creación de nuevos partidos políticos, entre los que cabe destacar el Movimiento Popular, mayoritariamente amazigh, cuya importancia en la lucha identitaria ha sido bastante limitada.

En cuanto al poder religioso, éste fue subyugado mediante su integración dentro de un sistema de monopolización estatal de la religión que convierte al monarca en la principal autoridad religiosa del país — en su calidad de Amir el Muminin (Príncipe de los Creyentes) y descendiente directo del profeta Muhammad. Así pues, el islam reformista fue superado por un nuevo islam, el islam oficial dependiente del poder político.

El salafismo convirtió al islam en una ideología reformista que aunó los esfuerzos de los eruditos religiosos y los intelectuales en provecho de la lucha nacionalista. Una vez lograda la independencia, los ulemas reformistas fueron relevados por las elites nacionalistas que, sometiendo el islam a nuevas lecturas e interpretaciones, lo oficializaron convirtiéndolo en una ideología apta para la legitimación de los nuevos regímenes políticos.

Sin embargo, el uso político del islam por el estado difiere en los casos argelino y marroquí —es decir, el papel que juega la religión en la vida política del país—, lo cual interesa por ser un factor determinante en la configuración de la contestación islamista. En realidad, el islam oficial y el islamismo constituyen dos concepciones distintas y antagónicas de un corpus teológico común.

En Marruecos el islam ha legitimado tradicionalmente la institución monárquica. El nuevo régimen monárquico instaurado tras la independencia del país convirtió la religión en su principal apoyo ideológico, reforzando su legitimidad política. El islam es institucionalizado como fuente de poder para el monarca, que asume un liderazgo hegemónico en las esferas política y religiosa, convirtiéndose en el árbitro indiscutido del estado. El vocabulario político y religioso confluyen en un sólo lenguaje: el lenguaje del poder.

Por el contrario, en Argelia el islam no legitimaba ninguna institución, pero siendo la religión un punto de referencia identitario fundamental se recurrió a su potencial cohesionador. La elite nacionalista que dirigió los destinos de la moderna Argelia independiente gozaba de legitimidad política debido a su pasado revolucionario en la guerra de liberación nacional (1954-1962). La religión constituyó un elemento legitimador auxiliar pero esencial al convertirse en el canal transmisor de uso estatal para comunicar al pueblo su mensaje de modernización y la decisión de promover el socialismo y el desarrollo económico. Tal explotación política del vocabulario religioso se realizó a partir de un islam —objeto de relecturas y reinterpretaciones— que se convirtió en el islam oficial que sostenía el nuevo proyecto de estado. Ello implicaba necesariamente la represión de toda manifestación religiosa al margen del control oficial.

A pesar de que en ambos países existe una versión oficial de la religión islámica, la marroquí es pluralista frente al carácter monista del islam oficial argelino. Tal oficialización implicó la creación de una elite religiosa afín al estado que integró a los ulemas tradicionalistas. En ambos países se crearon sendos ministerios de asuntos religiosos, así como ligas de ulemas de patrocinio estatal. Sin embargo, algunas secciones de eruditos religiosos rechazaron tal supervisión estatal del islam, enemistándose con el régimen, y en algún caso reaccionando contra él, casos de shaikh Ahmed Sahnoun y shaikh Abdellatif Soltani que desde una postura islamista, presionaron al régimen argelino en los años ochenta proclamando abiertamente la necesidad de instaurar un estado islámico.

El islamismo, emergente en los años setenta y activado fuertemente a raíz de la revolución iraní de 1979, constituye un movimiento de ideologización política de la religión alternativo al oficial, un islam militante rupturista con el islam oficial que se rechaza juntamente con el proyecto de estado al cual está vinculado.

En cuanto a las zawiyyas y el morabitismo que representan la religiosidad del pueblo, el islam oficial marroquí la absorbió adquiriendo ese carácter plural. Pero cabe matizar que si bien el culto a los santones del morabitismo es tolerado, la influencia de algunas hermandades sufíes fue refrenada mediante la confiscación de sus tierras y propiedades porque éstas no consideraron que debieran lealtad a la dinastía gobernante. En el caso de Argelia la lectura renovada del islam comportó la represión de toda manifestación popular de la religión, por considerarla incompatible con la modernidad del nuevo estado.

La religiosidad magrebí se origina en la actitud específica de los imazighen frente a lo sagrado, lo cual sugiere la cuestión de si existe un islam específicamente amazigh. En efecto, existe una práctica religiosa popular más o menos sincrética que incluye muchos ritos de origen antiguo, remontándose al animismo religioso profesado por la población originaria del Magreb, los imazighen.

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