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Crece la cultura bélica en EEUU

12/11/2001 - Autor: Jon Hillson - Fuente: La Jiribilla
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Mientras las bombas llueven sobre el pueblo de Afganistán -el primero pero no el último blanco de lo que el presidente Bush llama una "lucha larga y dura"- la cultura oficial del imperio se ha convertido en una gigante máquina de promoción de la guerra.

Miles concurrieron para escuchar a una galaxia de estrellas de la música contemporánea en el Estadio Robert F. Kennedy de Washington D.C., donde los músicos agitaban la bandera. Fragmentos del espectáculo del 22 de octubre, patrocinado por Unidos Resistimos United We Stand fueron transmitidos por la cadena de televisión ABC el primero de noviembre.

Michael Jackson encabezó el espectáculo, que de acuerdo con el periódico New York Times, se presentó "como el Salvador, como Cristo, con los brazos abiertos." Jackson también se presentó en el montaje de un video, en el cual él se ofrecía ser "como el sucesor de Gandhi, del Reverendo Martin Luther King y de la Madre Teresa".

La estrella de música rap, P. Diddy, anteriormente conocido como Sean ("Hinchado") Puffy Combs y el ex compañero de Jennifer López, cantó vestido de camuflaje, agregándole letra nueva a una de sus canciones después del 11 de septiembre: "Oiga esto, terrorista, quiero combatirte, me gustaría combatirte tanto, no soporto a alguien como tú".

Sir Paul McCartney, un ex miembro de los Beatles, organizó un espectáculo para la República, igualmente animado, el 12 de octubre en el Madison Square Garden, de la Ciudad de Nueva York, que fue televisado por la cadena musical VH1. Este "Concierto para la Ciudad de Nueva York" honró a más de 6 mil policías y bomberos presentes en el auditorio, mientras que los artistas en el escenario se ponían gorras y camisetas del "servicio de uniformados".

El trato como celebridades que se da a la policía de Nueva York a raíz de los ataques del 11 de septiembre es de particular interés, intenta borrar cualquier indicio de la historia del terror y la brutalidad del departamento de policía, ya que convierten a los policías en "héroes", supuestamente intachables.

Entre las personas que presentaban los diferentes actos del espectáculo se encontraban los directores de cine Woody Allen y Spike Lee, que se unieron a Mick Jagger y Keith Richards de los Rolling Stones y el grupo The Who, mientras que la audiencia coreaba como lema, "¡USA! ¡USA!"

McCartney interpretó su última canción, "Libertad", escrita al inicio de la guerra contra Afganistán y que en parte dice "lucharé por el derecho de vivir libre". Sin duda alguna estas palabras no fueron dedicadas al pueblo palestino o puertorriqueño. Más tarde, McCartney dio una lección de historia, diciendo que a pesar de sus imperfecciones, por lo menos "el Occidente no permite a gente como Hitler", como si Alemania no estuviera en Europa. Se presentó la misma semana en Nashville, Tennesse, un "Concierto para la Libertad", con estrellas de la música country.

La campaña del gobierno de echar más leña a la llamarada patriótica ha creado un nuevo mercado. La versión de Whitney Houston del himno nacional "himno de las barras y las estrellas", The Star Spangled Banner es uno de los discos más vendidos. Eventos deportivos hacen una pausa para "Honrar a América," completándolo con el canto de "Dios bendiga a América" God Bless America y banderas producidas por computadoras en los marcadores. Estos espectáculos por lo general saludan a la policía, los bomberos y las tropas de Estados Unidos en Afganistán.

Todo esto está grabado en la campaña incesante de "pesar y duelo nacional" que Washington inició todavía antes de que se extinguieran las llamas en los escombros de las Torres Gemelas. Este "duelo colectivo" es promovido las 24 horas por los canales de televisión, "programas de entrevistas", programas especiales y una abundancia de revistas y artículos en los periódicos. Todavía no se ha llegado al punto máximo de esta campaña.

Hoy se hace eco del estilo del Ministro Nazi de Esclarecimiento y Propaganda, Josef Goebbels, quien exhortó a una "movilización mental" para forjar la obediencia popular hasta tal punto que "las masas no puedan resistirnos". Para Goebbels, el estado de ánimo ideal era el "delirio inconsciente".

Esta manipulación cínica del trauma y las emociones de la gente tiene un objetivo ideológico y político bastante claro: sutilmente obligar a los afectados de los ataques a apoyar la guerra sin cuestionarla. Esto es ahora un aspecto central de la "cultura" estadounidense, con música rock, películas y otras "estrellas" a bordo del tren de la guerra, incorporando su música y arte con las necesidades de la campaña bélica -un bombardeo incesante de saturación ideológica contra el pueblo de los Estados Unidos.

Si rehúsan esta obligación patriótica, disminuye su viabilidad comercial o son censurados. El 18 de septiembre, la compañía Clear Channel Communications, propietaria de 1 700 radiodifusoras en todo el país, circuló una lista de 150 canciones que pedía a sus afiliados no las tocaran en la radio. La compañía dijo "que todas las canciones del grupo Rage Against the Machine" eran censurables. Los miembros del grupo protestaron esa designación, aunque el grupo sintió la necesidad de expresar su apoyo al gobierno también. En la lista estaban las canciones pacifistas "Imagine" de los Beatles y "Peace Train" de Cat Stevens, quien es ahora musulmán.

Aaron McGruder, creador de la tira cómica "Boondocks", ha estado peleando contra de los censores desde octubre, ya que varios periódicos han dejado de publicar su tira cómica. La tira cómica de McGruder tiene como protagonista a un joven negro enfadado -McGruder es negro- y se publica en 250 periódicos de Estados Unidos. En una de las series acusó al presidente Ronald Reagan de apoyar el terrorismo, a los "freedom fighters" afganos de los años 80. A pesar de la censura, McGruder continúa con su sátira, prácticamente la única que se publica en la prensa norteamericana.

Se han renovado los esfuerzos para permitir que se rece en las escuelas públicas, más una campaña para que se entone el "Juramento de la Bandera" en las aulas escolares. El Presidente Bush ha alentado a que los niños recauden un dólar per cápita para los niños de Afganistán y a que adopten un "amigo por correspondencia" en los países árabes para demostrar que la guerra no es dirigida contra el "Islam". Todo esto se convierte en "noticias", con grandes titulares en la prensa. Los niños son utilizados como accesorios de propaganda.

Populares programas de televisión, como "The West Wing" El Ala Occidental de la Casa Blanca que pretende mostrar las actividades de una administración parecida a la de Clinton, dramatizó un "ataque terrorista".

El fomento de las fuerzas represivas y de autoridad no acaba en la Casa Blanca. ¡El nuevo programa de televisión "The Agency"-la agencia es la CIA- cuyo estreno fue poco después del 11 de septiembre, mostró como agentes de la CIA impidieron un intento de asesinato a Fidel Castro!

En todos los aeropuertos del país las tiendas están promoviendo la venta de camisetas y jarros con las iniciales de la CIA, del FBI y del Departamento de Policía de Nueva York. Esta comercialización de organizaciones de espionaje y policía va ligada a la aprobación de nuevas leyes "antiterroristas", promovidas por políticos demócratas y republicanos y firmadas por el Presidente Bush a finales de octubre. Estas medidas incrementan considerablemente el poder de la policía de "investigar" a presuntos "terroristas", de espiarlos, escuchar conversaciones telefónicas y detener a sospechosos sin tener cargos. Se ha incrementado el poder de las instituciones federales de expulsar a extranjeros. En Canadá y Australia se están considerando nuevas leyes que forzarían la autoincriminación.

Desde el 11 de septiembre el FBI ha detenido 1 082 personas -la gran mayoría americanos de ascendencia árabe y ciudadanos de países árabes y del Asia Central. Muchos de ellos no han sido identificados. Algunos han protestado por abusos físicos. La policía migratoria ha arrestado a 182 personas. A pesar de este operativo policial de captura, uno de los más grandes en décadas -desde la infame encarcelación de 120 mil ciudadanos de origen japonés- Washington no ha podido presentar ningún cargo en contra de los arrestados por el secuestro de los aviones del 11 de septiembre.

La exigencia de Washington de utilizar estas herramientas represivas -y todavía se están considerando otras medidas- marcha en paralelo a su promoción del histerismo de la guerra y el pánico ante el "terrorismo". Se están implantando nuevas medidas draconianas en los aeropuertos estadounidenses, que someten a los trabajadores a todo tipo de intrusas revisiones de sus antecedentes y cateos personales, como si fueran probables "terroristas". Miles de tropas de la Guardia Nacional armados con rifles M-16, patrullan los aeropuertos.

La actual "amenaza del ántrax" en Estados Unidos ha acelerado los esfuerzos del gobierno de crear un clima de miedo. El 28 de octubre, el Secretario de Justicia, John Aschcroft, máximo funcionario policial del país, anunció su segunda "alerta" sobre posibles "ataques terroristas" en suelo norteamericano contra "intereses de EE.UU." Igual que en su alerta previa, no proporcionó ninguna prueba -naturalmente no se dio ningún ataque. El objetivo de dichos declaraciones era confirmar la necesidad de un mayor ataque contra los derechos democráticos, en nombre de "prevenir el terrorismo".

Esto aumenta el nerviosismo entre sectores de la clase media. Recientemente un artículo titulado "Comprando Tranquilidad", publicado en el periódico Los Ángeles Times, decía que "la venta de artículos de seguridad -incluyendo un paracaídas para rascacielos- ha aumentado vertiginosamente en la batalla contra el terrorismo." La foto adjunta al artículo muestra a un hombre vestido en un "traje de protección," de cuerpo entero y de plástico transparente y una máscara de gas.

En las audiencias y convenciones de las corporaciones hay un auge del interés en oradores "que puedan hablar de patriotismo, terrorismo, bioterrorismo y terrorismo cibernético, y seguridad personal y de la corporación", observó el periódico Los Ángeles Times en un artículo del 24 de octubre. Muchos de estos oradores altamente remunerados son oficiales retirados de las fuerzas armadas, ex agentes de la CIA y del FBI.

Mientras unos venden la "guerra contra el terrorismo", otros trafican con medicinas para el alma afligida y la mente atormentada. Un artículo en el New York Times, titulado "Bálsamo Espiritual, a solo $23.95", se inserta en el creciente menú de terapias y otros remedios de la "Nueva Era". "A raíz del desastre, las ofertas de alivio psíquico hacen cuestionar los gustos", comentó el Times.

Inclusive la industria de la moda estadounidense, cuyos productos desde hace mucho tiempo "hacen cuestionar los gustos", ha abrazado el fervor patriótico. El 23 de octubre, más de 100 diseñadores de los más famosos, reunidos por el Consejo de Diseñadores de Moda de América y la revista Vogue, lanzaron "Moda para América" en la Ciudad de Nueva York -todos vestidos con la misma camiseta blanca, azul y roja, con la imagen de la bandera estadounidense en un corazón. Su "misión es hacer resurgir a nuestra ciudad y a nuestra nación", dijo un pez gordo de la industria. Un artículo sobre este evento que salió en Los Angeles Times comentó que los diseñadores promovían la idea de que "ir de compras es una obligación patriótica". Esto ha sido tema de comentarios por parte del Presidente Bush y el enfoque de la industria turística, de las aerolíneas y otras industrias, que han ofrecido grandes descuentos para recuperar las pérdidas como resultado de la disminución de viajeros después del 11 de septiembre.

De igual manera, la industria automotriz está ofreciendo cero por ciento de interés en préstamos concedidos para la compra de automóviles, intentando estimular a los compradores -y otras empresas están siguiendo su ejemplo.

Esta es la "solución" que la clase capitalista propone para resolver una crisis económica que ya existía antes de los ataques al World Trade Center -como si esto fuera a sacar a la economía norteamericana de la recesión que la mayoría de los comentaristas aceptan como realidad.

Los trabajadores ya se dieron cuenta de esta situación. Más de un millón de trabajadores industriales, de manufactura y del transporte han perdido sus empleos en Estados Unidos entre septiembre del 2000 y septiembre del 2001 y las cifras continúan subiendo. En el mismo período, el sector tecnológico bajó en valor por más de un trillón y medio de dólares, mientras que decenas de miles de trabajadores fueron despedidos y cientos de compañías se derrumbaron cuando se reventó el globo de la especulación.

La dura realidad económica que enfrentan millones de trabajadores no puede ser encubierta por el desbordante patriotismo o por las imágenes a favor de la guerra que presenta la sociedad burguesa. "La banderomanía" no puede borrar las contradicciones sociales que se profundizan. Un pequeño reflejo de este hecho: en Los Ángeles, en los barrios proletarios negros y latinos hay mucho menos banderas de EE.UU. que en las zonas residenciales de los ricos.

A pesar de ser denunciados como antipatrióticos, el 14 de octubre, 23 mil trabajadores estatales concluyeron una huelga sólida de dos semanas en el estado de Minnesota, logrando un modesto incremento salarial y de beneficios. El gobernador de Minnesota, Jesse Ventura, utilizó mil soldados de la Guardia Nacional como rompehuelgas.

El 15 de octubre, 800 trabajadores en los estados de Michigan, Ohio y Pennsylvania se fueron a la huelga en contra de General Dynamics. Los obreros, afiliados al sindicato United Auto Workers, construyen sistemas anfibios de combate para el ejército de EE.UU. y para los marines. "¿Cómo puede el gobierno sacrificar la libertad para luchar por la libertad? Hay un problema si no tenemos la libertad de ir a huelga", dijo un huelguista al periódico socialista, Militante.

Esta actitud es un problema para Washington, que tiene que proseguir con la guerra en el exterior y al mismo tiempo librar una guerra doméstica en medio de un continuo deterioro de las condiciones económicas de los trabajadores.

Mientras tanto, más de 40 mil trabajadores de la aerolínea United -la segunda aerolínea más grande del mundo- y miembros del sindicato International Association of Machinists, que no han tenido un contrato laboral por más de dos años ni han recibido aumentos salariales en más de siete años, ahora se enfrentan a la posibilidad de que la compañía exija una reducción en los salarios y prestaciones supuestamente para que la aerolínea sobreviva, a pesar de que miles de sus compañeros de trabajo ya han sido despedidos. Desde septiembre, más de 150 mil trabajadores de los aeropuertos y las aerolíneas del país han sido despedidos. El gobierno premió a los dueños de las aerolíneas con 15 mil millones de dólares en efectivo y préstamos garantizados, mientras que los trabajadores despedidos no han recibido ni siquiera ayuda de emergencia.

Este es el destino de decenas de miles de trabajadores de los hoteles y restaurantes vinculados a la industria turística. Muchos de ellos reciben pocos beneficios, o nada. Los altos oficiales de los sindicatos en EE.UU -que ganan salarios cinco, diez, o quince veces mayores que los sueldos de los trabajadores en esos sindicatos- están abordando el tren de la guerra, jugando su papel como los tenientes laborales del capital.

La base vive en otro mundo. De hecho, solo el 13 por ciento de los trabajadores estadounidenses están sindicalizados y enfrentan la guerra a casa sin organización. Millones de esos trabajadores son inmigrantes. Esta realidad de la sociedad de clases tiene de trasfondo las continuas protestas en contra de la guerra. A pesar de que las manifestaciones han sido modestas en número, indican que miles de personas tienen la determinación de defender sus derechos. El 20 de octubre, más de cinco mil personas marcharon en San Francisco y la demanda principal de la protesta fue: "Alto a la guerra en Afganistán".

El 27 de octubre, miles de manifestantes participaron en docenas de marchas por todo el país para protestar por el masivo bombardeo de esa nación de Asia Central. Muchas de las protestas fueron de varios cientos de personas -más de mil en Los Ángeles y Minneapolis, con la participación de bastantes estudiantes y jóvenes. A principios de octubre, diez mil personas protestaron en Nueva York. Todas esas marchas se realizaron en contra de los ataques a los derechos democráticos y a los asaltos xenofóbicos contra los árabes y musulmanes en Estados Unidos.

El 25 de octubre en Hartford, Connecticut, la policía atacó a una manifestación antiguerra de 200 personas cuando los manifestantes trataron de marchar por las calles sin permiso oficial. La policía arrestó a 16 activistas -algunos enfrentan cargos graves.

También continúan los debates y las conferencias en muchas escuelas y universidades del país. Estos "seminarios" teach-ins atraen a cientos de estudiantes. En dichos eventos, los nuevos estudiantes radicalizados, están retando a los representantes de organizaciones tradicionales de pacifistas y "progresistas" que creen que Estados Unidos puede "llevar a la justicia" a los autores de los ataques suicidas del 11 de septiembre. Los jóvenes rebeldes, al contrario, argumentan que un sistema injusto no lo puede hacer y solo sabe hacer la guerra. También dicen que la ONU -responsable para las sanciones brutales que han matado 500 mil niños iraquíes desde 1991- es incapaz para jugar un rol progresista.

"Una vez que dices eso", explicó un veterano de la guerra de Vietnam en un seminario en la Universidad Estatal de California en Long Beach, "una vez que crees que Washington puede llevar alguien a la justicia, estás de su lado ya que ese es el pretexto que usan para justificar la guerra. Washington jamás podrá llevar a la justicia a nadie porque el sistema que defiende es la causa de la injusticia en el mundo. He estado en Vietnam y he visto la brutalidad de la cual son capaces".

El 25 de octubre en un mitin en la universidad UCLA, un activista de la India dijo que "Washington es la madre de todos los terroristas", ante los aplausos de mucho más de 100 estudiantes. Estos ejemplos -y hay muchos más- indican que hoy, hay espacio político para manifestar, intercambiar ideas, discutir y debatir. El 31 de octubre, habló el nuevo jefe de sección de intereses cubanos, Dagoberto Rodríguez, frente casi 100 estudiantes en la universidad de Aracadia, cerca de Philadelphia, Pennsylvania. Divulgó las posiciones del gobierno cubano sobre la guerra, contra el terrorismo y en defensa de los derechos democráticos del pueblo estadounidense. Muchos de los nuevos activistas conocen la postura de Cuba y mucha más gente está abierta a entenderla.

Pero la actitud más claramente antiguerra, intransigente, antimperialista es de una pequeña minoría. A veces, la oposición pacifista a la guerra está mezclada con conceptos patrióticos y nacionalistas. Los politiqueros liberales del Partido Demócrata están en la vanguardia dirigiendo los ataques contra las libertades civiles y exigiendo un incremento de fuerzas militares para fortalecer la agresión militar.

Hoy, la gran mayoría del pueblo norteamericano en realidad está de acuerdo con los objetivos de Washington en la guerra -como fue explicado por la administración, sus aliados y la prensa- y Bush tiene un apoyo amplio. Esto no es sorprendente. Los activistas que niegan este hecho simplemente se engañan a sí mismos.

Los objetivos verdaderos de la guerra real -no de las imágenes patrióticas pintadas en rojo, blanco y azul para el consumo popular- no son claros para el pueblo trabajador. Tampoco es una sorpresa. La farsa de la "guerra contra el terrorismo" se hará añicos sólo cuando el verdadero propósito se revele durante el combate: una guerra de conquista en Asia Central y del mundo árabe, con miras expansionistas hacia los territorios de la antigua Unión Soviética.

En debates cada vez más abiertos que salen en la prensa, "expertos militares" discuten cuántas tropas serán necesarias para derrotar al gobierno de Afganistán. La cifra más grande, citada por el New York Times, es 250 000, más del doble de la cifra más alta utilizada por la Unión Soviética en su campaña de los años 80. Un número alto de soldados norteamericanos muertos en combate aumentará momentáneamente el patriotismo y las protestas serán más difíciles.

Cuando Bush anunció nuevos controles férreos contra la inmigración y el otorgamiento de visas -incluyendo la vigilancia estricta de 600 mil estudiantes extranjeros en los Estados Unidos- dijo que "todo americano es un soldado, y todo ciudadano está en esta lucha".

Este cambio -combate regular en la tierra y más represión doméstica- no eliminará las bases objetivas para la lucha de clases. El costo humano, social y moral en esta guerra, sin precedentes, en dos frentes al mismo tiempo, no será respaldado en silencio por los pueblos del mundo, ni por el pueblo de Estados Unidos. Todas las fuerzas del aparato cultural del imperio no podrán cambiar este hecho histórico. De hecho, los sondeos más recientes indican que una creciente minoría tiene dudas e inquietudes sobre la trayectoria de la guerra.

Washington busca resolver las contradicciones de un sistema mundial inestable por medios militares, pero eso es imposible. Como dijo Fidel Castro a los periodistas de Página 12, de Argentina, en una entrevista que se publicó el 10 de octubre, "el mundo va a estallar."

Un editorial importante del New York Times del 27 de octubre, titulado "La guerra apenas ha comenzado", dice que el Talibán "ha demostrado ser tenaz e ingenioso". Esto es otra manera de decir que los imperialistas por su arrogancia han subestimado la voluntad del pueblo afgano de resistir su agresión. Repetirán este error congénito muchas veces.

Tomando en cuenta las dificultades políticas, militares, geográficas y del clima, el artículo del Times declara que "los americanos tienen que estar preparados para un conflicto militar largo... No se debe esperar una victoria temprana". Federico Engels explicó el dilema que enfrentan los imperialistas con mayor precisión científica hace más de un siglo, cuando dijo: "Aquellos que ponen en marcha fuerzas controlables también ponen en marcha fuerzas incontrolables".

Ni toda la riqueza, el poder, la tecnología, la hegemonía cultural e ingeniosidad del imperio, pueden detener la aplicación de esta ley en todo el mundo, incluyendo la Yuma, sin excepción.

"Hay décadas en que nada sucede", escribió Lenin, poco antes de partir exiliado de Suiza a Finlandia, "y hay semanas en que suceden décadas". Los fusiles de agosto de 1914 dieron luz a la revolución de octubre de 1917.

No es simplemente que "la guerra ha empezado" como anuncian con gravedad los redactores del New York Times -la voz de la civilización más avanzada- sino que han llegado las semanas donde transcurrirán décadas. Y a través de este proceso, los pueblos del mundo crearán una nueva cultura de vida, contra la cultura del espectáculo, de la conquista y de la muerte.

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