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El terrorismo es una enfermedad esencial del sistema

05/11/2001 - Autor: Tony Negri - Fuente: El Corresponsal
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Los autores de los atentados eran todos miembros de las élites árabes (¿estudiantes? de aviación, estudios universitarios en Alemania o en los Estados Unidos). No han obrado únicamente por los intereses de los desheredados, aunque lo han hecho en su nombre: como todas las élites que aspiran a devenir clase dominante, Ben Laden, la red de Al Qaeda, etc. deben obtener el favor de un sector significativo de la población. Para eso el Corán no basta.

Esta es la razón por la cual han golpeado el centro del poder económico y del poder militar norteamericano. Para las masas árabes (no solo iraquíes y palestinas), éste era -por razones que cada uno comprende- objeto de odio.

Haciendo esto, han dado por descontada la reacción norteamericana, que consiste en obligar a los estados islámicos, o los que lo pretenden serlo (Arabia Saudita, Pakistán, Emiratos Arabes Unidos) que juegan con la ambigüedad entre el Islam y la alianza con los Estados Unidos, a escoger su campo. Esta elección es, para estos regímenes de base religiosa pero aliados de Washington, una elección dolorosa y, sobre todo, peligrosa. Si conservan a su precioso aliado externo pierden a las masas y viceversa.

Esta crisis de legitimidad permite el remplazo de una élite "moderada" por una élite islamista que no discute mínimamente el orden neoliberal ni tampoco la dominación norteamericana, pero contesta el monopolio de poder ejercitado por los monarcas del petróleo. Como la revolución islámica iraní, que no ha puesto en discusión el capitalismo, Ben Laden y su red quieren empujar a las masas para destronar las monarquías corruptas y remplazarlas con una república teocrática.

No es necesario confundirse: si los atentados han golpeado los símbolos del poder norteamericano, su finalidad no era en absoluto socavarlos, entre otras cosas porque no existe ya un poder autónomo norteamericano en el contexto de la mundialización. El único beneficio de los atentados es un beneficio regional para el mundo islámico: se trata de determinar quién asegurará un gobierno neoliberal en la región.

Los que han perpetrado los atentados son verosímilmente hombres de la red de Ben Laden formados por la CIA y los servicios secretos de Pakistán para combatir (en la modalidad terrorista) al régimen pro-soviético afgano. Son, por lo tanto, aliados de uno de sus objetivos: el Pentágono. Obteniendo sus fondos de la especulación financiera y aprovechándose de la liberación total del movimiento de capitales (impuesta por los Estados Unidos a todo el mundo para financiar su deuda pública y la enorme deuda privada con el sistema de la burbuja financiera). Por lo tanto no eran extraños ni a las Torres Gemelas ni a Wall Street.

Ben Laden y compañía así pues son unas criaturas o más bien una enfermedad esencial del sistema. Para combatirla el sistema mismo debe destruir los propios pilares, controlando el movimiento de capitales y destruyendo una alianza política y económica que lo sostenía (Arabia Saudita, Pakistán, Emiratos, los mismos talibanes...). Y haciendo esto perderán una gran parte de su poder económico y de su fuerza militar. En gran parte el riesgo es la condición de existencia del capitalismo globalizado (Giddens dixit): el mantenimiento de estos regímenes presupone en principio no solamente la miseria del Tercer Mundo y en la parte desfavorecida del centro, sino también la inseguridad en todas partes. A fuerza de crear palestinos en todo el planeta se acaba por vivir en la inseguridad permanente como hacen los israelíes.

El pueblo del mundo entero ha sido, por lo tanto, golpeado en Nueva York y en Washington este 11 de septiembre de 2001 por una facción neoliberal extremista. La guerra que se incuba en todo el mundo ha sido finalmente globalizada: Manhattan parece Ramallah. Las facciones en el poder en los Estados Unidos se aprestan a obtener los dividendos políticos de este estado de guerra después de haber impugnado los dividendos bursátiles como el mismo Ben Laden no se ha privado de hacer. Esta facción ha decretado un estado de guerra prolongado (10 años al menos, según Bush) que volverá extremadamente difíciles las movilizaciones de las fuerzas democráticas que desde Seattle en adelante se han expresado contra la globalización capitalista.

Es absolutamente necesario terminar este estado de guerra permanente y ahora ya universal y crear condiciones que no permitan ni a Ben Laden ni a Bush sentarse sobre la gente con el poder del "mercado" en nombre de la lucha entre el bien y el mal. Un movimiento contra la violencia y la tiranía de los mercados es siempre más necesario si queremos defender la seguridad, la vida y la democracia en todo el planeta.

El capitalismo globalizado está enfermo de la violencia y de la miseria que genera. Es necesario organizar el éxodo de los pueblos y crear en la misma resistencia las nuevas relaciones sociales, si no queremos morir con él.

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