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Símbolos de un manicomio global

El lucro de la guerra

05/11/2001 - Autor: Eduardo Galeano
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Negocio. «Esta guerra será larga», ha anunciado el presidente del planeta. Mala noticia para los civiles que están muriendo, excelente noticia para los fabricantes de armas. No importa que las guerras sean eficaces. Lo que importa es que sean lucrativas. Desde el 11 de Septiembre, las acciones de General Dynamics, Lockheed, Northrop Grumman, Raytheon y otras empresas de la industria bélica han subido en línea recta en Wall Street. La bolsa las ama. Como en Irak y Yugoslavia, la televisión rara vez muestra a las víctimas: está ocupada exhibiendo los nuevos modelos de armas. En la era del mercado, la guerra no es una tragedia, sino una feria internacional.

Hollywood. La realidad imita al cine: todo estalla, los niños reciben misiles de la película «Atlantis» en la cajita de McDonalds, y es cada vez más difícil distinguir entre la sangre y el ketchup. Ahora el Pentágono ha encargado a algunos guionistas y expertos en efectos especiales que ayuden a adivinar los nuevos objetivos terroristas y que imaginen la manera de defenderse. Uno de ellos es el guionista de «Duro de matar».

Vestuario. En una de sus imágenes más difundidas, el duro de matar Bin Laden lleva turbante pero tiene puesta una casaca del Ejército de EEUU, y luce un reloj Timex, made in USA. El también es made in USA, como los integristas islámicos que la CIA reclutó y armó contra el comunismo ateo en Afganistán. Cuando EEUU celebró su victoria en aquella guerra, la presidenta de Pakistán, Benazir Bhutto, advirtió a Bush padre: «Han creado un monstruo, como el doctor Frankenstein». Y se ha comprobado que los cuervos arrancan los ojos de quien los cría. Pero el sponsor los sigue utilizando. Ahora, los fanáticos le sirven de coartada para hacer la guerra y consolidar su dominio. Y también para dar explicaciones indiscutibles. En septiembre, las empresas de EEUU dejaron en la calle a 200.000 trabajadores: «Llámenlos los números de Bin Laden», dijo la secretaria de Trabajo, Elaine Chao. Un par de semanas antes del derrumbe de las Torres, se estaba derrumbando la economía, y la revista The Economist aconsejaba: «Consíganse un paracaídas». Desde entonces, quien no consiga un paracaídas puede encontrar, al menos, un culpable fabricado medida.

Pánico. Toda la Humanidad está sintiendo los síntomas del ataque del ántrax. Todos tenemos miedo de abrir las cartas, y no porque contengan alguna impagable cuenta de impuestos o de luz.

Los militares de Ucrania estaban de maniobras cuando un misil SA-5 derribó un avión de pasajeros y mató a 78 personas. ¿Fue por error o porque los misiles inteligentes sabían que los aviones de pasajeros son armas enemigas? ¿Atacarán ahora las oficinas de correos?

Armas. El portaviones Nimitz estuvo por un día en aguas uruguayas. La visita me preocupó porque en mi barrio hay un edificio que tiene todo el aspecto de una mezquita, y con los misiles inteligentes nunca se sabe. Afortunadamente, no pasó nada. O casi nada: unos cuantos políticos uruguayos fueron invitados a conocer el portaviones y casi se matan. El avión que los llevaba aterrizó mal y quedó con un ala en el agua. Gracias a la visita, supimos que el Nimitz ha costado 4.500 millones de dólares. Según Unicef, con tres portaviones así se podría dar comida y remedios, durante un año, a todos los niños hambrientos y enfermos del mundo.

Mano de obra. No sólo el terrorismo islámico tiene sus durmientes: también el de Estado. Uno de los protagonistas del Plan Cóndor en los años de las dictaduras militares en América del Sur, el coronel uruguayo Manuel Cordero, ha dicho que la guerra sucia «es la única manera» de combatir al terrorismo, y que son necesarios los secuestros, las torturas y los asesinatos. El tiene experiencia, y ofrece su mano de obra.

Antecedentes. También el embajador tiene experiencia. John Negroponte, representante de EEUU en la ONU, amenaza con llevar la guerra «a otros países», y sabe de qué habla. Hace unos años, llevó la guerra a América Central. Negroponte fue el padrino del terrorismo de los contras en Nicaragua y de los paramilitares en Honduras. Reagan, por entonces presidente, decía lo mismo que ahora dicen el presidente Bush y su enemigo Bin Laden: vale todo.

Víctimas. Esta nueva guerra, ¿se hace contra la dictadura talibán o contra el pueblo que la padece? Cuatro afganos, que trabajaban para la ONU, fueron los primeros «daños colaterales» de los que se tuvo noticia. Todo un símbolo: se dedicaban a desenterrar minas. Afganistán es el país más minado del mundo. Muchas fueron plantadas por los rusos y muchas contra los rusos, por donación del Gobierno de EEUU a los guerreros de Alá. Afganistán nunca ha aceptado el acuerdo internacional que prohíbe las minas antipersona. EEUU, tampoco.

Desgarros. Rigoberta Menchú, hija del pueblo maya, que es un pueblo de tejedores, advierte que estamos «con la esperanza en un hilo». Y así es. En el manicomio global, entre un señor que se cree Mahoma y otro que se cree Buffalo Bill, entre el terrorismo de los atentados y el terrorismo de la guerra, la violencia nos está destejiendo.

* Eduardo Galeano es escritor y periodista uruguayo,
autor de Las venas abiertas de América latina. IPS/Comunica.
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