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Doncella como instante

30/10/2001 - Autor: Huseyn Vallejo
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"¿No los ves como vagan confusos por todos los valles...?"
Del Qurán al-Karim, Sura Los poetas. (Ax-xa’arâ’u, 26: 225)

 

1

Mis gemidos delatan que estoy vivo:
entre el atardecer y el hambre de la ausencia
hallé un camino.
Su hallazgo fue un placer inesperado:
tierra de fuego y en el fuego nada.
Es estrecho el ferviente deseo de adorarte
pasa por desaparecer completamente.

2

Algunos dicen que estoy vivo,
que vivo solamente de tenerte
entre el Decir y el dicho.
¡Daría mi vida por ver como exhala
su aliento el corcel decisivo!
Al desaparecer en la palabra
tiendo puentes de fuego compasivo.

3

Apenas si el desierto consintiera
daría forma al viento y al susurro
daría nuez al tiempo y luz al día.
Confundido entre el resplandor del mundo
y el otro mundo pongo las manos en el suelo.
Pero ante la increíble forma en que el sol brilla
mi modo de adorarte queda en nada.

4

Suelo perder el lugar y la espera
desdobla la alfombra del tiempo presente.
Se trata de arder sin el fuego y llover sin la lluvia,
se trata de estar sin presente abocado
a estar a la espera del tiempo que llega.
Suelo invocar las sobras
de tu magnificencia amante.

5

En la ausencia mortal de mis días sin lluvia,
de mis días sin pero y sin después.
En la muy dulce tiniebla de estar vivo
solo por ti y sediento de otra vida
nace la voz temible de la ausencia.
En la ausencia del canto se entreabre
la doncella.

6

Palacio de adobe, fortaleza hendida
por el relámpago de la presencia.
En el paisaje sin destino,
sin solución ni pensamiento
revierte cuanto toco.
Derruida presencia inmortaliza
lo que no pudo ser en esta vida.

7

Ni siquiera tenerte,
ni siquiera poder tocar tu cuerpo ahora
y danzar en la clara majestad del ahora.
Lo que no está ya me ha atrapado,
lo que nunca estará.
Ni siquiera tu cuerpo perfecto saciaría
las ganas de adorarte.

8

Lo que no pudo ser:
mi sed derecha,
mi querer concreto,
mis pasos rectos por lo que amanece,
mi voz directa al corazón del tiempo.
Lo que no pudo ser: nada es tenerte
doncella, congregada.

9

Estuve muerto como imagen,
muerto de mortandad imaginaria.
Estuve un día a tientas de mi mismo,
a tientas de abrazarte como un hombre
ya puede comprender la muerte como
hijo del hombre que perdió a su hijo.
Estuve donde tu mirar moraba.

10

Desde que vi tu cuerpo en una nube,
desde que oí tu voz en sueños me parece
que el tiempo es la medida de tu ausencia.
Crece el fulgor y tiende
un puente roto tu mirar de hierro.
Solo la muerte puede
vaciarme, donarme tu caricia.

11

Crece como la espuma mi extravío.
Pasan los días sin que mi deseo
de ti permanezca inalterable.
Cada día que pasa me alejo más del día de la imagen
sonámbula que diste tú al mendigo.
Soy una bola de nieve en la pendiente
de la desesperada ausencia.

12

Amé la suavidad del día que termina,
la incontestable sed de aurora de la noche,
amé el fluir del tiempo que perece
en manos de otro tiempo que ya acaba.
Las huellas hablan y el desierto brilla.
Tu aroma en el instante donde todo
se paraliza, en el instante brilla.

13

Si no estuviese allí, donde el deseo
se encuentra con la muerte.
Si no estuviese allí donde el palacio
de viento
se hace pasar por piedra
jamás aspiraría a poseerte en esta vida y otra, y otra vida.
Fue la entrada en la piedra, fue el silencio de un hijo no nacido.

14

Fue atravesar ceniza, fue desterrar la tierra,
fue conducirme como un loco acaso
la respuesta.
Mi amor se aclara en ti si lo recuerdo,
fuente y jardín de los deseos.
Te hallas detrás de todo, imperturbable,
te hallas allí donde el no ser se eleva.

15

La belleza del sol cuando aparece
tras la más negra noche de tormenta.
Nos encontramos siempre desnudos como el mundo
en la respiración de la mirada
que transita los mundos y se cubre de plegarias.
Belleza del desierto, del avance
de la unidad cautiva en su contexto.

16

Clamé a todas las horas, a todos los minutos,
clamé en verdad como un amante cuya amada
hubiese muerto sin ser poseída.
Apenas queda de su brillo un eco
que ha de arrancarme versos todavía.
La majestad del tiempo que perdura
atado al resplandor de lo adorable.

17

Sabed que me imagino de ayer
lo que perece en esta nueva forma de acabarme.
Sabed que me entretengo contando los segundos
de piel salobre en forma de adorada
que emerge, que da cuerpo a lo que nace.
Clamo a la majestad de lo que llega
a ser puerta no siendo más que forma pasajera.

18

Amada muerta, luz del día siempre
que anochece:
¿Acaso no estoy ciego de amor cuando me inflamo
sin verte, sin tenerte?
¿Acaso no dirás que soy tu hijo
si me dejo matar por tu mirada?
Saber que me contemplas me sostiene.

19

Bruma incesante del no ser revela
la dureza radiante de la espera.
Descifradora de lo que acontece,
de lo que ha de morir a cada instante.
Tu me has donado un mundo y una forma
de huir de él, tu me has donado el modo
de esperarte.

20

Esbelta perla dada al infinito,
tu separas el cielo del infierno
y me sitúas frente a ti como enemigo
de mi mismo.
Partiendo de si mismo preso
en si mismo se encuentra la condena.
Partido en dos mitades me escucho reposar en la plegaria.

21

Aparición de su fulgor cortante,
de su estriada mano dando a todo
hielo y rigor de plenitud ahogada
en su propia manera de abocarse.
Dirás lo que consiga que diga mi plegaria,
fuente increada, voz que pertenece
a la amenaza del yahannan.

22

Acaso pienses que se trata de jugar con las palabras.
Pero escucha: sin verbo no hay camino y sin camino
no hay verbo y sin camino
no hay verbo y sin camino
no hay Verbo...
Nacido de si mismo desespera
por ser signo de Aquel que lo ha creado

23

Desaparezco bajo tu mirada
cuando contemplo el mundo mudo como un niño
lleno de admiración y me acompaña
la inmensa adoración que cubre el tiempo.
La ausencia es la morada
donde se decapitan los reyes y el sentido.
Desaparezco bajo la plegaria.

24

Tu ornamento es la noche,
tu corazón la muerte, oh adorada
¿cómo habré de tocarte?
Un triste arrullo de paloma
me llena de tinieblas.
Acaso el corazón del sabio permanece
contento como perla evaporada.

25

No importa lo que diga:
jamás te tocaré ni saldré de este día interminable.
Tan solo dormiré contigo.
Tan solo un pedazo de cielo es tu regazo
si el mundo se estrella en el esperma de mi sueño.
No importa lo que diga:
tu ya estas muerta si te veo.

26

Si te nombro eres sombra de un destello,
sombra que a la respuesta pertenece.
Respuesta de estar frente a frente,
respuesta que separa.
Es por eso que hoy en el camino
de poseerte busco que te incendies,
me busco en el incendio de mi sueño.

27

El juego es siempre el mismo: la muerte es la morada
y el descenso del creyente a la creencia
pasa por contemplar el cielo
vacío, y el infierno de su nombre
saliéndose del mundo lo aniquila.
Es bello contemplar como amanece,
como el creyente mata su creencia y amanece.

28

Nos encontraremos a la luz del mediodía
un día y otro día,
y en cada anochecer cuando la entrega
sea perfecta.
Entonces yo daré el tesoro
del tiempo al tiempo, yo daré el tesoro
sin tocarlo.
Ya tus jardines me darán sus rosas.

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