webislam

Viernes 28 Febrero 2020 | Al-Yuma 04 Rajab 1441
950 usuarios en linea | Español · English · عربي

WebIslam.com

» Artículos

?idt=1848

Máslama, de Madrid

30/10/2001 - Autor: R. Fuentes Guerra
  • 0me gusta o estoy de acuerdo
  • Compartir en meneame
  • Compartir en facebook
  • Descargar PDF
  • Imprimir
  • Envia a un amigo
  • Estadisticas de la publicación

Vistas desde Medinat Al-Zahra
Vistas desde Medinat Al-Zahra

Recuperamos un texto escrito en el año 1963 por el polígrafo cordobés Fuentes Guerra. En este breve estudio sobre Máslama de Madrid, hombre de ciencia que pasa por ser uno de los introductores de la "enciclopedia de los hermanos de la pureza" en Al-Andalus, se hace referencia a un hecho de gran importancia en la astronomía: la resituación de la "cúpula de Arin", o centro del mundo, en Córdoba, como referente para todos los cálculos astrológicos.

Los grupos culturales de Madinat al-Zahra

Corriendo, probablemente, la vida de Máslama desde mediados del siglo X a los primeros años del siglo XI, viene encuadrado su principal quehacer por el reinado del califa de Córdoba Al‑Hakan II, y dentro de lo que puede llamarse el primer período en el esplendor cultural de la civilización hispano‑árabe, que al finales del siglo X, o sea, en continuidad a la mayor potencia civil y militar del antecesor en el trono, Abd al Rahman III, tiene en Córdoba, y más detalladamente en Madinat al Zahra, sus mejores y también más trascendentes luminarias e influencias. Así, para la posible interpretación de este sabio madrileño, parece conveniente pasar muy somera revista a cuantos científicos, andaluces y no andaluces, tuvieron su cometido en la esplendorosa ciudad califal; que con "Al‑Mustansir", y ya pasado el período instaurador de su padre, llega a ser la residencia de Zahra el gran compendio del saber mundial, para cuyos fines no escatimaba el califa medios de que a su ámbito acudieran los mayores investigadores de la Baja Edad Media, que, organizados en academias y diversos centros culturales, abiertos siempre a las más amplias y encontradas discusiones, formaban auténtico y distinguido ornato, teniendo bien lejanas y firmísimas proyecciones, incluso fuera de los términos de general relación e institucionalmente normativos.

Dejando aparte los estudios y enseñanzas coránicas y teológicas, reducidas principalmente al núcleo súmmico (y a veces aljámico), de la tan nombrada como esplendorosa ciudad califal, se pueden establecer, y a modo diferencial, dos fundamentales grupos que, sin embargo, tendrían bastantes puntos de unión dentro de la conjuntada labor de investigación y asesoramiento.

Como primer grupo hay que considerar el Astronómico-Matemático, del cual, como veremos, es pieza capital Máslama. En cuanto al segundo, puede ser definido como Físico-Botánico (y que también con moderna terminología se debería agregar el, nominal estimativo de Médico); presentando en el mismo las características de más destacada personalidad, el cordobés Abulcasis.

Estos dos principales grupos culturales, de Madinat al Zahra, ahora a diez siglos de distancia, puede interpretarse fácilmente su excepcional relevancia y al mismo tiempo la valiosísima colaboración que en el desarrollo evolutivo de las ciencias han representado históricamente.

En Astronomía, aun conservando las teorías geocéntricas, casi intocables entonces, en los fundamentos astrológicos, y también en la procedencia autorizada de Aristóteles y Ptolomeo, no hay duda que estos grupos culturales, en las postrimerías del siglo X, apuntan ya la posibilidad de un movimiento de rotación de la tierra alrededor de su eje. Respecto a la Medicina, toma evidentemente con los árabes un carácter estamental y orgánico hacia las modernas interpretaciones de Fisiología, Anatomía, etcétera, de las cuales Abulcasis lleva la prioridad en España, seguido no mucho tiempo después por los también españolísimos Avempace, Averroes, Maimónides.

Máslama, cuya completada genealogía es: Abul‑Qasim, Máslama ibn Ahmad al‑Faradi al‑Hasib al-Qurtubi al-Mayriti, presenta además un concepto de vital y extraordinaria importancia en las relaciones de Oriente y Occidente, pues según autorizadas opiniones fue viajero por el Califato de Bagdad y conocedor de sus más famosos centros culturales, lo que le permitió establecer intercambio con Córdoba en las principales y eruditas trayectorias. Incluso se le atribuye la difusión por España de la gigantesca y excepcional enciclopedia islámica llamada "Los Hermanos de La Pureza", que, con sus amplísimas teorías evolutivas, tuvo decisiva influencia en los siglos X al XII. De todas formas no hay duda del gran e importante simbolismo que representa Máslama en las fundamentales relaciones de Oriente y Occidente, y que nuevamente tendremos ocasión de comprobar con sus estudios astronómicos, como también su ferviente patriotismo, tan destacado en el sintomático cómputo de las Eras orientales y en la acomodación hacia Andalucía de la cúpula de Arin, interpretativa entonces del centro del mundo.

Con referencias completas se tienen las siguientes obras de Máslama:

"Tratado del Astrolabio", que se conserva en la biblioteca del Monasterio de El Escorial con el número 967 del Fondo Árabe.

"Extracto de las tablas de Al Battani, para posición de los astros y ecuaciones de los planetas".

"Libro de Aritmética práctica". Con los datos que se tienen en la referencia de Abenabioseida, es más bien interpretado como compendio de transacciones comerciales, en cuyos conocimientos fue bien destacado Máslama, siendo calificado por sus contemporáneos, y en directa continuidad, como el príncipe de los matemáticos e ilustre alfaradi, es decir, indiscutible autoridad en los pleitos sobre partición de herencias y valoración de terrenos.

Las obras aritméticas de Máslama también han sido conocidas por los nombres de "Fi taman ilm al‑adad" (Teoría de la perfección de las ciencias numerales), y también "al‑Mu’amalat" (Cálculo comercial).

Luego se tienen las dos tan discutidas obras de Alquimia y Magia: "Rutbat al‑hakini fil‑kimiya" y "Gayat alhakim fil‑shi". Entran plenamente en las características culturales de las civilizaciones orientales en su evolución hacia Occidente, con su nominativo y titular simbolismo de la aspiración o perfección del sabio en la Alquimia y en la Magia (también se han nombrado a estas obras, principalmente la segunda, "El peldaño del sabio"); como en los excepcionales conceptos que desarrolla, lo mismo en el aprovechamiento exhaustivo de las fuerzas terrestres que en los singulares y exóticos medios que propone de hacer descender las fuerzas superiores, extraterrenas, empleándolas y orientándolas hacia un humanismo tan remoto como original.

No debe quedar la menor duda que Máslama, al margen del sentido extraviante, e incluso notorio, que presentan estas obras (Fondo Árabe de El Escorial número 947, Cas-CMXLII), lega a la posteridad conocimientos documentales de grandísimo valor. En primer lugar se debe tener muy en cuenta el carácter didáctico en los escritos de Máslama, claramente significativos en sus obras de Alquimia y Astrología, por donde señala los conocimientos previos en los aspirantes o todavía no plenamente iniciados. Profundamente fundados en estudios matemáticos, con referencias, que señala, de Euclides y Ptolomeo, y que luego deberá completar en lo llamado actualmente ciencia experimental (laboratorios, seminarios... ).

En la parte normativa de estas obras, junto a los conceptos apuntados de influencias astrales, transmutación dc metales, elixires, encantamientos, amuletos, etc., figuran datos de excepcional importancia relativos a sistemas de pesas y medidas; y también operaciones, en realidad científicas, de laboratorio, y que en opinión de distinguidos tratadistas, doctor L. Blas, doctor Holmyard; es la primera vez que, con datos de Historia, se presentan en formal organización. Así tenemos los ensayos cuantitativos en la oxidación del mercurio, la copelación del plomo argentífero, purificación por copelación y de la plata en fusión de azufre. Junto a los conocimientos experimentales, sorprende en la parte descriptiva la extensa y detallada relación de productos plenamente conocidos y empleados, como magnesia, talco, vitriolos, alumbre, marcasita, mercurio, azufre..., significativos de la cultura científica, excepcionalmente relevante en la por tantos conceptos estimable civilización hispano‑árabe, de hace diez siglos.

Como atribuible a Máslama se viene también señalando una verdadera enciclopedia que seguramente debe ser adaptación, o nueva forma de la ya nombrada de los "Hermanos de la Pureza", y que forma un conjunto de cincuenta y un tratados de muy diversas materias (Catalogada y referenciada por Casiri).

Respecto al carácter madrileño y cordobés o cordobés y madrileño de Máslama, es fácilmente interpretable. Córdoba era en el siglo X el prepotente y avasallador faro cultural, que con extraordinaria personalidad destacaba constantemente sobre todas las ciudades del mundo, y por ello parece natural que cuantos hombres de ciencia brillaban en sus estudios, a Córdoba se encaminaban y se establecían allí con residencia más o menos prolongada; y así este sabio madrileño desde temprana edad fue presa del singular atractivo de la gran metrópoli andaluza, y así también se definía en su ilustre genealogía como "qurtubí", es decir, cordobés, significando de tal modo su preclara y distintiva ejecutoria en la fuerte asimilación de la más trascendente cultura. Recientes estudios y publicaciones (de los distinguidos e ilustres escritores señores Oliver Asín, Sáinz de Robles y Gil Montero presentan la incrementada importancia del Madrid árabe, que señaladamente va personalidad con Muhammad I, emir independiente de Córdoba, cuyo reinado se extiende del 852 al 880. Completó este príncipe omeya el recinto amurallado de la villa, presidido por la estratégica ciudadela (almudena), que tan excelentes servicios defensivos (y ofensivos) prestaría potencialmente al emirato y califato frente al voluble reino moro de Toledo, de tan difusa como debilísima amistad; y también adelantada y vigilante fortaleza en el fundamental camino de Medinaceli, núcleo de muy excepcional importancia por toda la frontera superior. Vemos así que el desarrollo del Madrid árabe marcha paralelamente a la creciente de la España musulmana, llegando en el esplendor del califato, o sea, en los reinados de Abd al Rahman III (912‑961 ) y Al‑Hakam II (961‑976), a formar un grupo cultural de cierta importancia en Astronomía (y Astrología), en cuya fácil acomodación debió naturalmente ser parte muy destacada, el bonancible clima madrileño y la diafanidad de sus serenas noches.

Volviendo al tema fundamental, en el enlace de las dos ciudades españolas que por trascendentes períodos históricos han sido y también vienen siendo sublime representación de nuestra patria, pueden tener como el mejor resumen en el compendio de los diez siglos transcurridos desde la culminación del califato cordobés, la excepcional figura de un sabio como Máslama, de Madrid (y de Córdoba), cuya ejemplar vida ya hemos visto, comprende desde mediados del siglo X a los primeros años de la undécima centuria.

Ptolomeo, Almagesto

Nuevas orientaciones.

La singularísima personalidad del grupo cultural de Madinat al Zahra, en terrenos de Matemáticas y Astronomía, le concede tan ínclita categoría, que la conocida como Escuela de Máslama se agiganta proyectivamente en el curso de los años. A ella pertenecieron muy ilustres figuras, de las cuales se conocen los nombres de Ibn al Samh, Ibn al Saffar, Ibn‑Kirmani, Ibn‑Khaldun, Al‑Zahrawi, como también los distinguidos continuadores de su obra: Djabir Ibn Aflah, Abu‑l‑Hassan Al Marrakushi, al Zarkali, al‑Gafequi.... que en árabe, y luego en otras lenguas, fueron meritoriamente transmisores de los escritos de Máslama. Vemos que incluso algunos de estos sabios lleva el apelativo de Zahrawi como total vinculación a la famosísimamente espléndida ciudad califal de los alrededores de Córdoba. De lo mucho ya investigado en ella, y en este aspecto siempre es obligadísimo mencionar admirativamente a quienes desde hace bastantes años, como los señores Hernández, Castejón y Ocaña, distribuyen allí sus nobles actividades; sorprende en la meticulosidad de las excavaciones los numerosos restos de relojes solares encontrados, y que por el esmero y selectos materiales indican utilización en fines también investigadores. Naturalmente que entonces los estudios astronómicos, en su mayor parte, tenían sentido orientativo hacia la mejor Astrología, no debiendo quedar duda de que con la civilización árabe, y aún mejor con la hispano‑árabe, los continuados y cada vez más perfeccionados estudios astrológicos fueron magnífico camino para el desarrollo, ya en categoría científica, de la Astronomía, con normativa derivación hacia las modernas teorías.

Destacadamente se presenta lo indicado en el famosísimo "Tratado del Astrolabio", tic Máslama, que magníficamente se conserva en la por tantos conceptos ínclita biblioteca del Monasterio de El Escorial (manuscrito número 967 del Fondo Árabe). Lo mismo con la profusión, que en la perfección de sus dibujos forma documento de excepcional valía para los estudios astronómicos y matemáticos en general, a los cuales suministra Máslama nueva y vigorosa savia.

Mucho y muy diversamente se han comentado las difusas teorías a que hubo necesidad de acomodar la Astrología y la Astronomía, primitivamente inicial, para definir prácticamente los movimientos observados en los planetas, sin alterar fundamentalmente los conceptos geocéntricos, pues como dice el profesor Cohen en su atractiva obra "El nacimiento de una nueva Física", con epiciclo y deferente (y una dosis de ingenio) se obtenían combinaciones cinemáticas y también dinámicas, en virtud de las cuales se desplazaban los centros orbitales aparentes, llegando finalmente al movimiento del astro según una curva elíptica.

Respecto al españolismo de Máslama, forma también muy fundamental capítulo que agregar a esa gigantesca evolución hacia Occidente, que a partir del siglo VIII presentan las ciencias árabes e islámicas; interpretable primeramente en la reducción de las cronologías erarias persas e indias a los sistemas generales arábigos para seguidamente adaptarlas a las específicas nomenclaturas de Al‑Andalus en los excepcionales centros compiladores de Córdoba y Toledo; siendo tal vez el momento más científicamente estelar (puesto que de estrellas y astros se trata) la adaptación a España de la llamada Cúpula de Arin o centro del mundo, y que en tributo a la cultura hispano‑árabe deseamos presentar, acuerdo tan decisivamente trascendente, dimanado y amparado desde la inmortal ciudad califal de Madinat al Zahra.

Un día entre los días, el gran califa de Córdoba Al‑Hakam II, completadas en el mayor acierto las líneas generales de su trayectoria política, por donde exteriormente, y luego de breve como potencial alarde, se llega a diplomáticas y subordinadas relaciones de los Estados limítrofes, e interiormente se agrega a una justa e institucional jerarquización civil, la más grande amplitud cultural conocida por España. Entonces este ilustre príncipe omeya, deseando dignificar de acondicionada manera la gran labor científica que en los postreros años del reinado de su padre, produce la insigne publicación llamada "El calendario de Córdoba", y en donde con su ejemplar e inicial dedicatoria fue nominalmente honrado; tras los obligados trámites, se reunió en una memorable tarde del suave otoño cordobés, en el salón occidental (Al‑Garbi) de Madinat al Zahra con el más brillante grupo de sus consejeros intelectuales científicos y políticos, entre los cuales, además de Máslama, figurarían:

Muhammad, Abí Dalim, Umar y Ahmad Ibn Yunus, lbn Duraid, lbn Kutaiba, al‑Zubaidi, M. Yusuf al‑Warrak, M. ibn Harith al‑Kushod, Ahmad ibn Kadim V. Mushafi, Abul‑Qasim Khalaf, Yabya ibn Ishaq, Ali ibn Jafar, M. ibn Tamlih, Jayn Ibn Hassin, Jafar ibn Utman, I. Futays, ...

y efectuados los acatamientos de rigor, se expresó del siguiente modo el ínclito soberano omeya: "Sea ante todo nuestro mayor y más ferviente tributo al gran Señor de los Mundos, y puesto que desde hace décadas viene amparando en su benévola omnipotencia a este nuestro universal califato, es bien que en sumisa alabanza Y luego interpretando tan manifiesta protección, sea también esta Córdoba el centro del primer motor y núcleo del centro de los mundos, y así ¡oh Abu al‑Qasim Máslama ibn Ahmad al‑Faradi al‑Hasib al Qurtubi al‑Mayriti, nuestro Primer Astrónomo y nuestro Primer Matemático, yo te demando y te ruego que recogiendo este común sentir de los descendientes imperecedores del también perenne en su perfecta memoria, nuestro gran Abd Manaf (Allâh y los musulmanes les sean propicios y se apiaden de él), en unión de nuestros visires, caides, imanes, jefes de la surta y del barid . ...

y, demás dignidades del imperio del Al‑Andalus; que en el perentorio plazo de dos lunas quede establecida y solemnemente proclamada la primordial y única referencia tabular de Córdoba en la universal cronología, lo mismo en Oriente como en Occidente, y también por todos esos mundos que caminan y navegan más allá de nuestros sentidos."

Luego de corta pausa, en obligado y respetuoso homenaje al califa, y a una breve indicación del visir, tomó la palabra el gran Máslama, quien primeramente recordó que ya en la adaptación de las Tablas de Albattenio, venía desde hace algún tiempo efectuándose acomodación a la nomenclatura occidental. Después se extendió en prolijas consideraciones de la evolución experimentada por la llamada cúpula de Arin, que con origen en la ciudad india de Ujjiaini, por donde también existía un importante observatorio, llevó luego la trayectoria hacia Occidente de las civilizaciones indo‑europeas e irano‑europeas, de tal modo, que durante algún tiempo la referencia en los sistemas orbitales geocéntricos pasó a depender de un nuevo y fugaz observatorio establecido en la isla de Socotora, ya con integradora acomodación respecto a los pueblos árabes e islámicos; estimando muy natural que al ser el califato de la Córdoba omniada el faro cultural más importante y universalmente reconocido, fuera también la gran capital andaluza el preferente centro de compiladora referencia para los estudios astrológicos y astronómicos.

Después, y según venía siendo costumbre en las reuniones de Madinat al Zalira, se debió prolongar bastante tiempo, en animadas y amigables discusiones, tan distinguida como científica asamblea; que muy selecta y agradablemente sería obsequiada por el califa con la tradicional gentileza de la inmortal ciudad omeya.

Es tan importante y trascendente la colaboración cultural hispano‑árabe, que la mayor parte de los conocimientos científicos transmitidos o creados por los árabes se mantienen ostensiblemente como piezas fundamentales casi hasta final del siglo XVII, ya que incluso las teorías de Kepler y Copérnico fueron prestamente arrinconadas por consideraciones teológicas.

Literariamente, vemos esta cultural influencia en dos de nuestros mejores escritores: Juan de Mena y Cervantes.

Del genial poeta (y también ilustre prosista cordobés) Juan de Mena, en su grandiosa y capital obra "El laberinto", se tienen numerosas referencias astronómicas, con las mismas acomodadas interpretaciones, hasta tal punto que sus capítulos vienen encuadrados y amparados bajo los tradicionales círculos orbitales, (1º, Orden de la Luna; 2º, de Mercurio; 3º, de Venus; 4º, del Sol; 5º de Marte, 6º, de Júpiter, 7º, de Saturno... ). Presentando después, y en la copla 126, que forma parte de las dedicadas a don Enrique de Villena (o de Aragón), las siguientes estrofas, bien representativas de divulgados estudios astronómicos en los más puros y directos conceptos tradicionales:

"Aquel que tú ves estar contemplando

el movimiento de tantas estrellas

la obra, la fuerza, la orden de aquellas,
que mide los cursos de cómo y de cuando,

ovo noticia filosofando
del movedor e de los conmovidos,
e fuego de rayos, de son de tronidos,
e supo las causas del mundo velando."

De Cervantes, en el capítulo XLI, segunda parte del "Quijote", dialoga con Sancho el excepcional protagonista, caballero en Clavileño: "ya debemos llegar a la segunda región del aire, adonde se engendra el granizo o las nieves; los truenos, los relámpagos y los rayos se engendran en la tercera región, y si es que desta manera vamos subiendo, presto daremos en la región del fuego, y no sé cómo templar esta clavija para que no subamos donde nos abrasemos".

Al regreso del "viaje" refiere Sancho su famosísima escena con las siete cabrillas, o sea, la llamada constelación de pléyades (del nombre de la diosa Pleyone). Interrumpiendo don Quijote tan eufórica narración con su más "pensado razonar" (que esta vez sí puede decirse de tal modo):

"Bien es verdad que sentí que pasaba por la región del aire, y aun que tocaba la del fuego; pero que pasásemos de allí no lo puedo creer, pues estando la región del fuego entre el cielo de la luna y la última región del aire, no podríamos llegar al cielo donde están las siete cabrillas."

Finalmente, deseamos presentar fragmentadas algunas de las composiciones poéticas incluidas en "El collar de la Paloma", y de claras referencias astrológicas y astronómicas:

"Caen postradas las flores ante su rostro;
rostro perfecto, donde riada sobra ni falta;
cálido, cuando el Sol de la mañana está en Capricornio;
fresco y placentero, cuando el Sol está en Leo."

"Tenía que pedir a la Fortuna una cosa,
que estaba en conjunción con el lejano planeta Júpiter.
La fortuna, amablemente, la empujó
hasta dejarla cerca de mi vista."

"Parece que soy el guarda de este jardín verde oscuro del firmamento,
cuyas altas yerbas están bordeadas de narcisos.

Si Tolomeo viviera, reconocería que soy
el más docto de los hombres en espiar el curso de los astros."

Completados estos trozos poéticos con las invocaciones al séptimo cielo, que igualmente figuran en dicha inmortal obra, vemos nuevamente relacionados, también científicamente, los dos ilustres escritores (de Madrid y de Córdoba), que en máximo grado honran este breve ensayo, con sus, preclaros como inmortales nombres.

El fin del siglo X

La agotadora labor política y cultural de la Córdoba del siglo X, llevada a extremos muy difícilmente superables, tenía que reflejar, a finales de este siglo, el intenso jadear, ya en los linderos de consunción, producido por tan gigantesca trayectoria civilizadora, criando y alimentando a sus pechos a casi todas las naciones occidentales.

Ya hemos visto que el fallecimiento de Máslama, históricamente se admite entre los años 1004 y 1007 de nuestra Era Q 6), y así puede decirse que gustó las mieles del Califato, en el esplendor cultural de Al‑Hakam II y el brillante período de Almanzor, sin llegar a las tan amargas hieles de la Fitna, luego de la trágica muerte del segundo hijo de Almanzor, Abd al Rahman (Sanchuelo).

El poderío cordobés, en los últimos años del siglo X, viene a representar tradicionalmente esa tan intensa vitalidad, casi precursora del colapso, que con todo el "ecumene" ha de hacer vibrar a los dos califatos y a sus amplísimas zonas de influencia. Parece entonces como si todas las personalidades intelectuales apretadas por esta conmoción de tan amplia magnitud tuvieran prisa en acumular, y seguidamente difundir, conocimientos profundos en sus cimientos y dilatados en su evolución; es el intuitivo discernimiento que vislumbra el declive de una civilización, y en cuyos conceptos precursores han sido siempre tan particularmente sensibles los intelectuales, y que años después también podemos tener análogas características, con Averroes, apresurándose a dejar la más dilatada constancia de sus estudios al presentir la cercana decadencia del imperio almohade.

Cronistas hispano‑árabes comparan la Córdoba madura de finales del siglo X como una rosa plenamente abierta que va desapareciendo pétalo a pétalo, en ese otoño que va a ser para ella el siglo xi y que aún entre el todo que invadirá tanto esplendor han de brillar todavía algunas fugaces flores otoñales, que suavemente perfumarán la que fue brillantísima capital del Califato de Occidente.

Políticamente, ya hemos visto que la fecha en que se admite el término de la vida de Máslama (muy probable, hacia el año 1007) corresponde todavía al esplendor amirita, ya en sus postrimerías, pues análogamente que en otras instituciones, el poder personal de su ilustre fundador ha de ocasionar muy pronto una rápidamente evolutiva transformación social, a la cual no pueden ser ajenos los hijos de Almanzor, que mueren muy prematura y cruelmente, en medio de feroz lucha de clases, natural consecuencia de todas las dictaduras; y entonces plenamente superado y liquidado, el siglo X dará paso a la anarquía de los reinos de Taifas, por donde determinativamente se esfuma una de las más brillantes etapas del poderío cordobés.

Pero la perennidad cultural de Córdoba facilita constantemente savia a todo el mundo occidental y oriental, y así vemos que reciente el cadáver de Máslama ya empieza a brillar en la misma ciudad del universal Califato la gigantesca figura de Ibn Hazm, en la siempre y continuada labor civilizadora de Al‑Andalus, proyectada esta vez hacia las más amplias facetas, pues todas fueron cultivadas con éxito por el excelso autor de "El collar de la Paloma".

Anuncios
Relacionados

Averroes (Ibn Rushd)

Artículos - 28/01/2003

Madrid islámico

Artículos - 26/12/2003

Medina Mayrit, Madrid siglo IX

Artículos - 03/08/2007



Escribir comentario

Debes iniciar sesión para escribir comentarios.

Si no estás registrado puedes registrarte en un minuto.

  • Esta es la opinión de los internautas, no de Webislam
  • No están permitidos comentarios discriminatorios, injuriantes o contrarios a la ley
  • Céntrate en el tema, escribe correctamente y no escribas todo en mayúsculas
  • Eliminaremos los comentarios fuera de tema, inapropiados o ilegibles

play
play
play
play
Colabora


 

Junta Islámica - Avda. Trassierra, 52 - 14011 - Córdoba - España - Teléfono: (+34) 957 634 071

 

Junta Islámica
https://www.webislam.co/articulos/25868-maslama_de_madrid.html