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Operación Censura Infinita

10/10/2001 - Autor: Jenaro Villamil - Fuente: La Jornada
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Donald H. Rumsfeld
Donald H. Rumsfeld

En un artículo publicado en The New York Times, el titular de Defensa de Estados Unidos, Donald H. Rumsfeld, subrayó que el reciente despliegue militar de su nación podría tener entre sus primeras "bajas" a la verdad. "Incluso -agregó el jefe del Pentágono- el vocabulario de esta guerra será diferente. Cuando se hable de invasión del territorio enemigo bien podría tratarse de una invasión al ciberespacio. Quizá no se registren tantas cabezas de playa atacadas como oportunidades negadas".

Sobre aviso no hay engaño. Ciertamente, en menos de una semana la principal libertad que ha sido conculcada para muchos estadunidenses ha sido la de expresión y el derecho a la información. Tras ellas se han instrumentado violaciones a la libertad de movimiento -Washington anunció que derribará cualquier avión comercial que se reporte como secuestrado-, la libertad de asociación -ahí están las protestas de decenas de organizaciones no gubernamentales reportadas por los corresponsales de La Jornada Jim Cason y David Brooks- y la libertad de creencias -ahora resulta que llevar en el equipaje rezos islámicos o musulmanes es suficiente para que se conviertan en versos satánicos y eso que no se trata de escritos de Salman Rushdie.

¿Por qué hasta ahora se dieron a conocer en los medios las "cartas" que poseía uno de los supuestos secuestradores?-. La simplificación y la reducción a caricatura de "los otros", los "enemigos", se convierten en una peligrosa moneda corriente de los medios de información, particularmente la televisión. En Televisa, Dolores Ayala presentó en su noticiario la información de los escritos musulmanes como un "manual terrorista". Bastaría tener facciones árabes para que el prejuicio se imponga o para que la sicosis prevalezca, nos parece decir a cada instante la cobertura televisiva.

El propio George W. Bush lo volvió a repetir frente a las cámaras el pasado viernes 28 de septiembre: "lo dije alto y fuerte: a veces se podrán ver nuestros movimientos en la televisión, otras veces los estadunidenses no podrán ver lo que hacemos". La prensa en esta guerra deberá comportarse "responsablemente" ante las autoridades y respetar "ciertas limitaciones" para evitar las consecuencias de "divulgar demasiado". Toda esta censura proclamada -algo que los ciudadanos estadunidenses que padecieron la guerra de Vietnam saben de qué se trata- es a nombre de la "gran patria estadunidense", de la "guerra contra el mal", del combate a la "amenaza terrorista" y, por supuesto, va en contra de lo que afirmó el magistrado Hugo Black, miembro de la Suprema Corte de Estados Unidos, quien recalcó que una prensa libre "debe servir a los gobernados, no al gobierno".

En otras palabras, el establishment estadunidense justifica desde su peculiar perspectiva patriótica una especie de yihad o "guerra santa" mediática contra los impíos que, en este caso, ya tienen un nombre, un rostro y un adjetivo: Osama Bin Laden y el "terrorismo islámico". Las cadenas televisivas estadunidenses -y sus replicantes en todo el mundo, incluyendo las mexicanas- no dejaron de transmitir durante esta semana una entrevista realizada por ABC en 1998 -es decir, hace más de tres años- al presunto autor intelectual del atentado del 11 de septiembre a las Torres Gemelas. Aparecieron "estudios de especialistas" sobre la personalidad de Bin Laden a partir de un manuscrito de su supuesta autoría y le encontraron al otrora aliado estadunidense desde instintos homicidas hasta "altos niveles de actividad erótica". Las principales revistas estadunidenses, de Time a Newsweek, ya encontraron al individuo a vencer, la amenaza personificada en Bin Laden.

Lo paradójico y lo peligroso de esta especie de guerra santa desde el púlpito mediático es que sus primeras víctimas son los propios comunicadores y periodistas estadunidenses. Como muestra bastan los siguientes ejemplos:

El comentarista del noticiario nacional de ABC, Peter Jennings, ha recibido más de 10 mil llamadas telefónicas y correos electrónicos de queja por sus "comentarios negativos" el día del ataque al World Trade Center. Entre esos comentarios Jennings, de origen canadiense, se atrevió a preguntar al aire: "¿y dónde está el presidente Bush?". Los televidentes consideraron que era una afrenta patriótica cuestionar la inoperancia del mandatario en los momentos más críticos del 11 de septiembre. El vicepresidente de la televisora independiente Global Vision Inc, ubicada frente a la poderosa y conservadora cadena Fox, Danny Schechter, reconoció que "ha habido mucha presión para silenciar las voces que se expresan a favor de la paz".

Entrevistado por la agencia CIMAC, Schechter subrayó que "si la población no conoce la política exterior del gobierno estadunidense, por supuesto que la reacción, tras el ataque a las Torres Gemelas no puede ser más que de enojada ignorancia. No se puede pensar en la paz porque les han dicho que los malos han atacado a los buenos". La agencia Global Vision se ha dedicado en los últimos días a cubrir las manifestaciones de grupos pacifistas y defensores de los derechos civiles, que han ocupado un lugar marginal en la avalancha informativa de Estados Unidos.

El pasado viernes, The New York Times informó que dos periodistas fueron despedidos de periódicos regionales por sus comentarios críticos a la conducta de George Bush. El mismo periódico reportó que en Washington han "seleccionado" a los periodistas y reporteros dóciles de los que no lo son, todo a partir de su cobertura de los discursos de Bush. La agencia informativa DPA ha dado cuenta de la persecución y censura a periodistas y columnistas que no son del agrado del equipo Bush.

La viuda de Lennon, Yoko Ono, ha provocado un escándalo entre los belicistas porque se atrevió a publicar a página entera en The New York Times la frase: "Imagina a todo el mundo viviendo en paz". Como estas frases pacifistas, otras se han convertido en "políticamente incorrectas" en este momento de contrataque del Pentágono. Los medios le han apostado a justificar y avalar el deseo de venganza estadunidense o, como caracterizó el inefable Jorge G. Castañeda, el "derecho de represalia". La paz suena casi a traición.

Las cadenas televisivas de Estados Unidos están editando algunas series o comedias que trataban el tema del terrorismo en sus episodios. Por ejemplo, la cadena CBS borró una frase de la serie Ellens Show, en la cual la protagonista señalaba: "Espero que no te quedes atrapado en el edificio". Se censuró un episodio de la serie Los Simpson en el que se muestra cómo le colocan un inmovilizador al coche de Homero, frente al World Trade Center, según el periódico The Washington Post. No deja de ser un poco esquizofrénico censurar a Los Simpson y desplegar las imágenes de bombarderos, marines y toda la parafernalia armamentista como símbolos de poder. El patrioterismo se impone como negocio y como fórmula de consumo, en medio del duelo de miles de estadunidenses. El concierto por las víctimas del 11 de septiembre alcanzó una audiencia récord de más de 150 millones de espectadores, es decir, tuvo más televidentes que las imágenes primeras de los atentados. La emisora radial texana Clear Channel Communications, a la cual pertenecen mil 200 estaciones de todo el país, difundió una lista de 150 canciones "proscritas" entre las que se encuentran Ticket to ride de los Beatles y You dropped a bomb on me, de Gap Band, por considerarlas "incorrectas". La poderosa agencia de noticias CNN ha emprendido una campaña para impulsar el consumo de productos estadunidenses en sus emisiones y en su página web, a nombre del "mundo libre".

La riesgosa operación mediática, lejos de contribuir a una percepción más civilizada y humana de los sucesos, parecería orientada a impulsar la revancha bélica. Ya el propio Franklin D. Roosevelt, presidente señero de Estados Unidos, le advirtió a su propia nación que, en circunstancias de psicosis, hay que tenerle "más miedo a nuestro propio miedo".

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