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Un llamado inevitable a lo inimaginable

17/09/2001 - Autor: John Pilger - Fuente: Rebelión
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Si los ataques contra EE.UU. tienen su origen en el mundo islámico, ¿a quién puede sorprenderle?

Dos días antes de los hechos, ocho personas fueron muertas en el sur del Irak, cuando aviones británicos y estadounidenses bombardearon áreas civiles. Que yo sepa, no apareció ni una palabra en los medios convencionales en Gran Bretaña.

Aproximadamente 200.000 iraquíes -según el Health Education Trust en Londres- murieron durante la matanza conocida como la Guerra del Golfo y en los días que la siguieron. Nunca constituyeron noticias que tocaran la conciencia pública en Occidente.

Por lo menos un millón de civiles, la mitad niños, ha muerto desde entonces en Irak como resultado del medieval embargo impuesto por EE.UU. y Gran Bretaña.

En Pakistán y Afganistán, los muyahidin, de los que provienen los fanáticos Talibanes, fueron en gran parte la obra de la CIA. Los campos de entrenamiento de terroristas -en los que se dice que Osama Ben Laden, ahora "el hombre más buscado por EE.UU.", planificó sus ataques-, fueron construidos con dinero y apoyo de EE.UU.

En Palestina, la continua ocupación ilegal de Israel, hubiera terminado hace tiempo, si no fuera por el apoyo de EE.UU.

Lejos de ser los terroristas del mundo, los pueblos islámicos han sido sus víctimas ¾sobre todo las víctimas del fundamentalismo de EE.UU., cuyo poder, en todas sus formas, militar, estratégica y económica, es la mayor fuente de terrorismo en el globo. Este hecho es censurado por los medios de comunicación occidentales, cuya "cobertura" minimiza, en el mejor caso, la culpabilidad de los poderes imperiales. Richard Falk, profesor de relaciones internacionales en Princeton, lo formuló de la siguiente manera: "La política exterior occidental es presentada casi exclusivamente a través de una pantalla unilateral con pretensiones de superioridad moral y legal, (con) imágenes positivas de los valores y de la inocencia occidentales, retratados como si estuvieran amenazados, validando una campaña de violencia política irrestricta."

Que Tony Blair, cuyo gobierno vende armas letales a Israel y que ha acribillado Irak y Yugoslavia con bombas de dispersión y uranio empobrecido y que fue el mayor proveedor de armas a los genocidas de Indonesia, pueda ser tomado en serio cuando ahora habla de "vergüenza" y del "nuevo mal del terrorismo masivo" dice mucho sobre la censura de nuestro sentido colectivo de cómo se maneja el mundo.

Recuerda una de las palabras preferidas de Blair -"fatuo"- Por desgracia, no es de ninguna utilidad para las familias de miles de estadounidenses ordinarios que han muerto de manera tan atroz, el que los perpetradores de su sufrimiento sean el producto de la política occidental. ¿Pensaban los círculos dominantes estadounidenses que podían financiar y manipular los acontecimientos en el Oriente Medio sin costo alguno para ellos, o más bien para su gente inocente?

Los ataques del martes son la culminación de una larga historia de traición contra los pueblos islámicos y árabes: el colapso del imperio otomano, la fundación del estado de Israel, cuatro guerras árabe-israelíes y 34 años de brutal ocupación por Israel de una nación árabe: todo, parece ha sido obliterado en unas horas por los actos de terrible crueldad del martes, cometidos por aquellos que dicen que representan a las víctimas de la intervención occidental en sus patrias.

"EE.UU., que nunca ha conocido la guerra moderna, ahora tiene su propia terrible tabla de clasificación: con, tal vez, hasta 20.000 víctimas."

Como señala Robert Fisk, la gente en el Oriente Medio lamentará la pérdida de vidas inocentes, pero preguntará si los periódicos y las redes de televisión de Occidente dedicaron alguna vez una fracción de la cobertura actual al medio millón de niños muertos en Irak, y a los 17.500 civiles muertos en la invasión de Líbano por Israel en 1982. La respuesta es no. Hay raíces más profundas de las atrocidades en EE.UU., que las hizo casi inevitables.

No es sólo la cólera y los motivos de queja en el Medio Oriente y en Asia del Sur. Desde el fin de la guerra fría, EE.UU. y sus adláteres, sobre todo Gran Bretaña, han ejercido, exhibido y abusado de su riqueza y poder, mientras las divisiones que ellos y sus agentes han impuesto a los seres humanos, han crecido como nunca antes. Un grupo de elite de menos de mil millones de personas ahora se reparte más de un 80 por ciento de la riqueza del mundo.

En defensa de este poder y privilegio, conocido por los eufemismos "libre mercado" y "libre comercio", las injusticias forman legión: desde el bloqueo ilegal de Cuba, al comercio asesino de armas, dominado por EE.UU., a su abuso de las decencias ecológicas más básicas, al asalto contra economías frágiles por instituciones como la Organización Mundial de Comercio, que son poco más que agentes del Tesoro de EE.UU. y de los bancos centrales europeos, y las exigencias del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, obligando a los países más pobres a pagar deudas impagables; a un nuevo "Vietnam" estadounidense en Colombia, y al saboteo de las conversaciones de paz entre Corea del Norte y del Sur (para reforzar el estatus de "nación canalla" de Corea del Norte.)

El terror occidental forma parte de la historia reciente del imperialismo, una palabra que los periodistas no se atreven a expresar ni a escribir. La expulsión de la población de Diego García en los años 60 por el gobierno Wilson apenas recibió cobertura mediática. Su patria es ahora un basural de armas nucleares estadounidenses y una base desde la cual los bombarderos de EE.UU. patrullan el Oriente Medio.

En Indonesia, en 1965/6, un millón de personas fueron asesinadas con la complicidad de los gobiernos de EE.UU. y Gran Bretaña: los estadounidenses suministraron listas de asesinatos al General Suharto, y después iban marcando los nombres a medida que eran liquidados.

"El que volvieran al país las compañías británicas y el Banco Mundial, fue parte del acuerdo", dice Roland Challis, que fue el corresponsal de la BBC en Asia del Sudeste.

El comportamiento de Gran Bretaña en Malasia no fue diferente de la historia de EE.UU. en Vietnam, para la que fue una inspiración: la retención de alimentos, convertir aldeas en campos de concentración y desposeer por la fuerza a más de medio millón de personas.

En Vietnam, el desposeimiento, la mutilación y el envenenamiento de toda una nación, fueron apocalípticos, pero disminuidos en nuestra memoria por las películas de Hollywood y lo que Edward Said llama correctamente el imperialismo cultural.

En la Operación Phoenix, en Vietnam, la CIA organizó el homicidio de unas 50.000 personas. Como revelan ahora los documentos oficiales, fue el modelo para el terror en Chile, que tuvo su clímax con el asesinato del dirigente democráticamente elegido, Salvador Allende, y 10 años después, el aplastamiento de Nicaragua. Todo ello fue ilegal. La lista es demasiado larga para este artículo.

Ahora el imperialismo está siendo rehabilitado. Las fuerzas estadounidenses operan actualmente con impunidad desde bases en 50 países.

El objetivo claramente definido de Washington es "el dominio de espectro total." Léanse los documentos del Comando Espacial de EE.UU., que no dejan duda alguna.

En este país, el entusiasta gobierno de Blair se ha embarcado en cuatro aventuras violentas, defendiendo "intereses británicos" (disfrazados de "mantenimiento de la paz"), y que tienen poca o ninguna base en la ley internacional: un récord que ningún otro gobierno británico ha igualado en medio siglo.

¿Qué tiene esto que ver con las atrocidades de esta semana en EE.UU.? Si se viaja por la mayoría empobrecida de la humanidad, se comprende que tiene todo que ver con ellas. La gente no está ni tranquila, ni es estúpida. Ven que su independencia está en peligro, que se les arrebatan sus recursos y sus tierras, y las vidas de sus niños, y sus dedos acusadores señalan cada vez más hacia el norte: hacia los grandes enclaves del saqueo y del privilegio. Inevitablemente, el terror engendra el terror y más fanatismo.

Pero, qué pacientes han sido los oprimidos. Hace sólo unos pocos años que se formaron los grupos islámicos fundamentalistas, dispuestos a hacerse volar en Israel y Nueva York, y sólo después de que Israel y EE.UU. rechazaron directamente la esperanza en un estado palestino, y en la justicia para un pueblo marcado por el imperialismo.

Ahora se oyen sus distantes voces de cólera; los horrores diarios en lejanos sitios atormentados, han llegado por fin a su destino.


*Traducción para Rebelión: Germán Leyens
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