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¿Quién Golpeó a América?

De Buenos Aires a Oklahoma

15/09/2001 - Autor: Said Alami - Fuente: Verde Islam 17
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La Administración de Estados Unidos vive, desde el nefasto día del 11 de septiembre de 2001, en que fueron perpetrados los incalificables e inhumanos atentados terroristas contra Nueva York y Washington, en un estado de histeria que está contagiando a media Humanidad. He aquí al presidente George W. Bush pretendiendo arrastrar a sus aliados miembros de la OTAN, o sea, a la mayoría de los países de la Unión Europea, a una guerra contra un enemigo invisible, pero que de momento, y para ir abriendo boca, devastará a Afganistán. Por descontado que todos los objetivos de esta guerra, que perjudicará enormemente al pueblo de Estados Unidos como a los pueblos de la UE, estarán situados en países islámicos y árabes. En una palabra: Bush quiere arrastrar a Europa a una guerra contra el mundo islámico, a pesar de que el propio Bush se está esforzando en hacer creer que no pretende tal cosa.

Estados Unidos, de hecho, tiene declarada (sin haberla declarado oficialmente), como parte de su servidumbre respecto a Israel, una guerra contra el mundo islámico y árabe. Si no, que alguien nos explique en qué contexto se pueden enmarcar los ataques que el Ejército de Estados Unidos ha lanzado en los últimos años contra Irán, Líbano, Libia, Irak, Sudán y Afganistán. Bombardeos en los que decenas de miles de personas perdieron la vida, pero que son incomparables a los crímenes cometidos por los ejércitos estadounidenses, a lo largo de años en Japón, Vietnam y Corea. También pequeños países como Panamá, Grenada, Cuba, Nicaragua, etc., sufrieron los salvajes zarpazos de tan poderosa potencia.

Numerosos países pueden contar al resto de la Humanidad incontables verdades sobre lo bárbara que es la superpotencia estadounidense, barbarie que estos países han sufrido en su propia piel.

Por esto mismo, hoy, diez días después del tremendo golpe terrorista sufrido por EEUU, la Administración del ahora ‘superhéroe’ Bush está actuando a ciegas, presa de su desmedido orgullo que siempre —no importa el inquilino de turno de la Casa Blanca— ha despreciado al resto de la Humanidad —con el más puro estilo israelí— sin saber hacia donde dirigir sus Ejércitos... pues éstos han hecho tantísimo daño a tantísimos países y pueblos, que los países y pueblos enemigos de Estados Unidos se cuentan por decenas.

Pero acusar al Islam, a los musulmanes y a los árabes es la primera medida que se toma en estos casos... mucho antes de saberse nada sobre los autores del atentado de turno, dado que la ‘civilización’ estadounidense está gobernada por un poder mediático enemigo del mundo árabe e islámico por la sencilla razón de que es un poder sionista e israelí. Dato éste harto comprobado y sabido por todo el mundo. ¿Qué se espera entonces de una superpotencia cuyos medios informativos y de comunicación de masas están absolutamente controlados por el único enemigo de los árabes y del Islam que existe en el mundo, el sionismo, cuyo brazo armado se llama Israel?

Disidencia y terrorismo en USA

¿Recuerdan los lectores cuando tuvo lugar, en 1995, el tremendo atentado de Oklahoma, en Estados Unidos? Aquel atentado provocó la muerte de 168 personas inocentes. Entonces, los medios de información del Tío Sam (léase del tío Samuel) afirmaron reiteradamente y sin el menor pudor que los autores eran árabes... hasta el punto de que más de un alto funcionario estadounidense les siguió el juego, insistiendo en estos términos anti-árabes y anti-islámicos, para luego descubrir que el autor del atentado era estadounidense, cristiano y anglosajón, llamado Timothy McVeigh, que ha sido recientemente ejecutado. Pero, para entonces ya se habían vertido ríos de tinta contra todo lo islámico y lo árabe. Descubierta la verdad nadie pidió perdón a los que fueron acusados falsamente. El crimen mediático terrorista había sido consumado.

Como dice Ruth Bloomfield, en un artículo publicado por la agencia Kronos, en Internet, una semana después de los atentados de Nueva York y Washington, “Cuando fue detenido McVeigh, por conducir sin matrícula, llevaba en el asiento de su coche el libro de William Pierce: Los Diarios de Turner (y esta vez en inglés, no en árabe) manual que inspiró y guió sus actos y justificó la matanza”.
Y sigue diciendo :”El mismo libro cuenta cómo Turner —el white angry male…o el macho blanco e indignado— que encarna el rostro más puro del movimiento disidente americano, elige el martirio arrojándose con un avión sobre el Pentágono en una acción televisada a todo el mundo”.

¿Quien puede garantizar ahora que no estamos ante un nuevo caso del terrorismo de los iluminados disidentes estadounidenses, quienes en su haber figura tan espantosa matanza como la de Oklahoma?. Pero, en el más puro estilo de los regímenes dictatoriales cuando se ve amenazados desde el interior, el Sistema estadounidense se apresura a dirigir las acusaciones contra un enemigo exterior inventado: el Islam.

¿Acaso se acuerda algún medio de información occidental, hoy en día, de la sarta de mentiras que inundaron el sistema mediático estadounidense y, por ende, el europeo, tras los atentados de Buenos Aires en 1992 y 1994? ¿Se acuerda alguien ahora del sinfin de datos prefabricados que se publicaron a diestro y siniestro, a lo largo de más de cuatro años, en los que se acusaba de los atentados a “terroristas islámicos”, concretamente iraníes?. Seguimos hoy esperando que alguien aporte un solo dato fiable que respalde aquellas acusaciones. A pesar del formidable apoyo prestado a las autoridades argentinas por la CIA , el FBI y el Mossad, ni una sola prueba se pudo obtener sobre la hipotética autoría islamista de aquellos atentados. Pero el daño a la imagen del Islam ya estaba hecho, y de un modo muy grave y muy beneficioso para Israel.

En los últimos años se apuntó a los servicios secretos israelíes como autores de los dos atentados, tanto el primero que destruyó la Embajada de Israel como el segundo que demolió la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA). Según investigadores independientes, los dos atentados fueron producto de la guerra intestina que entonces tenía lugar entre un sector de la Inteligencia israelí favorable al proceso de paz y otro frontalmente opuesto a cualquier diálogo con los palestinos y que poco más tarde acabó con la vida del primer ministro de Israel, Isaac Rabin.

A pesar estos cruciales antecedentes, el de Buenos Aires y Oklahoma, además de otros, hoy se vuelve a representar la misma increíble farsa en todo lo relacionado con los atentados de Nueva York y Washington, sin tener una sola prueba de peso en las manos.

¿Quien se beneficia enormemente de esta tragedia?

El FBI asegura que los crímenes perpetrados en Nueva York y Washington son obra de “terroristas musulmanes”, que éstos eran 19 hombres que viajaban a bordo de los aviones estrellados contra las Torres Gemelas y el Pentágono, además del aparato estrellado o derribado cerca de Pittsburg. ¿En qué se basan? ¿Es que todo pasajero árabe o musulmán a bordo de esos aviones tenía que ser terrorista? ¿Es que los árabes, de los que el FBI dice que han hecho cursos de aviación en Florida y que estuvieron a bordo de los aviones estrellados, tuvieron que ser forzosamente los pilotos suicidas de esos aviones?.

Y suponiendo que lo fueran ¿Es seguro que fueron reclutados para esta criminal misión por una organización de las llamadas en Occidente “fundamentalistas islámicas” o “terroristas islámicas”? ¿Por qué no pueden haber sido reclutados por los servicios secretos de un Estado enemigo del mundo árabe, enemigo del Islam y enemigo del pueblo palestino?

En todo el mundo no hay más que un Estado que reúne esta condición de enemistad sin límite hacia los tres ejes —el árabe, el musulmán y el palestino— y que además reúne las otras dos condiciones imprescindibles para llevar a cabo semejante empresa terrorista: capacidad financiera, operativa y técnica y el móvil más que suficiente como para perpetrar tan espantoso crimen. Este Estado se llama Israel y todos conocen sus servicios secretos, desde el Mossad hasta el Beit Shen, pasando por el Shabak. Tres servicios secretos famosos en el mundo por la cantidad de crímenes que han perpetrado y siguen perpetrando, siempre en la más completa impunidad, con la aquiescencia estadounidense y vanagloriándose de ello en muchas ocasiones.

A todo esto hay que añadir otro factor decisivo que apunta con el dedo de la acusación hacia los servicios secretos israelíes: Israel y el Sionismo internacional (que forman una única entidad) son los únicos beneficiarios en el mundo de la explosión de la ira estadounidense contra árabes y musulmanes, tanto que ya están recogiendo, desde el primer momento, los frutos de la tragedia. Basta con un un repaso a la verborrea de la que están haciendo gala los gobernantes y políticos israelíes, de derechas y de izquierdas, desde el carnicero Sharon hasta Shlomo Ben Ami, Peres, Eliezer, Netanyahu, etc.

Leyendo sus declaraciones publicadas casi a diario por la prensa española —que no se molestó en la misma medida en buscar declaraciones y artículos de árabes y de musulmanes— se detecta fácilmente la incontenible alegría por lo que está aconteciendo y ante la explosión de los sentimientos de odio hacia los musulmanes y árabes que se está registrando en Occidente, especialmente en Estados Unidos, y que son alimentados y atizados sin parar, y desde hace decenios, por el formidable poderío mediático sionista en Occidente, vía cine, radio, televisión, libros, y prensa escrita. Difamar al Islam, a los árabes y a los palestinos ha sido siempre un objetivo estratégico y primordial tanto de Israel como del Sionismo.

Leyendo las declaraciones de los gobernantes y políticos israelíes hallamos un factor común y constante, que se repite machaconamente en todos los casos, y es el de recalcar y subrayar hasta la saciedad que nos hallamos ante un “choque entre civilizaciones”, la Occidental y la Islámica. Para los criminales israelíes nada colmará sus aspiraciones excepto una guerra abierta en la que Occidente, encabezado por Estados Unidos, declare la guerra al mundo árabe, una guerra en la que el Sionismo trataría de cumplir su sueño de un Estado israelí que se extendería por toda la Mesopotamia hasta Egipto, en lo que sería la culminación del plan iniciado por Theodor Hertzl a finales del siglo XIX, de construir el Gran Israel, cuyo territorio se extendería, como mínimo, desde el Eúfrates hasta el Nilo, geografía reflejada en la bandera de Israel con sus dos bandas azules que representan a los dos ríos mencionados.

Estos goberantes y políticos israelíes y sus fanáticos jefes directos en el Congreso Sionista Mundial y en el Congreso Judío Mundial no paran de esgrimir, a través de un sinfín de medios de información norteamericanos y algunos europeos, desde hace varios años, la sucia teoría del Choque de Civilizaciones, establecida por otro sionista, Samuel Huntington, que practica un terrorismo intelectual, siempre al servicio del terrorismo sanguinario de Israel y sus servicios secretos. Esta es la teoría que ha reiterado el propio Huntington en los últimos días en la prensa española, asegurando que la convivencia entre Occidente y el mundo islámico es, como mínimo, imposible.

Este engañabobos no ha podido embaucar a nadie en Occidente, dado que tan grande majadería intelectual sólo ha sido aceptada por aquellos occidentales que de antemano sufren de islamofobia, morofobia, arabofobia y palestinofobia. Los que no sufren de ninguna de estas enfermedades mentales se rien a carcajadas cada vez que escuchan a alguien —por ejemplo a Javier Rupérez, en Toledo, año 1998— poniendo el grito en el cielo contra el Islam e intentando hacer creer al personal de turno que sus ideas no se deben a ninguna fobia, sino a la demencial teoría de Huntington. Muchísimas más guerras se registraron a lo largo de los siglos entre potencias y países occidentales que entre Occidente y el mundo islámico. El número de victimas de las primeras, especialmente en los últimos tres siglos, ha sido muchas veces mayor que el de las otras.

¿Exageran quienes señalan a Israel como potencial sospechoso de haber sido el responsable del devastador ataque a las Torres Gemelas y al Pentágono? ¿Es que Israel no ha atacado en el pasado objetivos occidentales, incluidos los estadounidenses, causando víctimas mortales? El lector podría obtener numerosos datos sobre el terrorismo sionista contra Estados Unidos en la obra de Norberto Ceresole titulada El Terrorismo Judío contra Los Estados Unidos de América, editado en Madrid hace dos años.

En ese libro podemos leer, por ejemplo, lo siguiente: “Este sentimiento antinorteamericano, más específicamente anti-Washingtoniano, que en los últimos tiempos han asumido los colonos israelíes —que en gran parte son de origen norteamericano— no es algo nuevo en Israel. Allí existe, desde hace muchos años, una doctrina, elaborada básicamente por el Ejército, que sostiene que “las potencias occidentales son nuestro principal enemigo”, y que “el único modo de disuadirlas es mediante acciones directas que las aterroricen”. Shimon Peres comparte esa misma ideología, desea atemorizar a Occidente para que apoye los objetivos de Israel”. (Moshe Shariett, Diario, Yoman Ishi Diario Personal)”. El referido libro narra numerosos actos de terrorismo israelí encubierto contra intereses de países occidentales, especialmente contra Estados Unidos.

Recordemos, a modo de ejemplo, el bombardeo aéreo que la aviación israelí efectuó impunemente el 8 de junio de 1967, en plena guerra israelí-árabe, contra el barco de guerra estadounidense USS Liberty, provocando 34 muertos y casi 200 heridos. Aquel bombardeo duró 70 minutos, mientras el Liberty enarbolaba pabellón estadounidense muy visible y se encontraba en aguas internacionales del este del Mediterráneo.

Know how

Pero, se preguntará más de uno, ¿Cómo podrían ser los servicios secretos israelíes los autores de la matanza de Nueva York y del ataque al Pentágono si los implicados directamente en los atentados son árabes y musulmanes? La contestación tiene dos partes: la primera es que no existe hasta el momento un solo dato fiable que confirme fehacientemente que Muhámmad Atta y los demás sospechosos en los atentados sean, de verdad, los autores de los mismos.

El FBI puede fabricar todos los sospechosos que le hagan falta, pero de ahí a que todo esto se convierta en acusaciones firmes ante la Justicia, y posteriores dictámenes judiciales favorables a las tesis del FBI, hay un trecho galáctico, que creo que nunca se va recorrer, por la sencilla razón de que no existe.

Lo mismo sucedió dos veces en Buenos Aires, luego en Oklahoma, y también en el avión de pasajeros egipcio que se estrelló cerca de Nueva York, en las aguas del océano, cuando el FBI acusó al copiloto, egipcio, de haber estrellado la nave deliberadamente al grito de Allahu Akbar (Dios es el más grande) “dada su condición de fundamentalista” según decían los sesudos agentes del FBI, quienes aseguraban también que “Allahu Akbar” es una especie de grito de guerra y que sólo se dice (¡cuanta ignorancia!) en situaciones de “desesperación extrema” y “decisiones de vida o muerte”. Los musulmanes decimos Allahu Akbar en numerosas ocasiones, en la vida cotidiana, a lo largo del día.

La segunda es que muchos servicios secretos en el mundo practican habitualmente el camuflaje para reclutar a activistas que luego actuarán en contra de sus propios intereses o contra los intereses de un tercer país para provocar el enfrentamiento entre ese país y el del activista. Esa es una de las prácticas más comunes utilizadas por los servicios secretos israelíes, los cuales disponen de numerosos efectivos árabes. No olvidemos que el 60 por ciento de la población judía de Israel es de origen árabe y que entre esta mayoría existen cientos de miles de árabo-parlantes que hablan perfectamente la mayoría de los dialectos del mundo árabe, además de los numerosos agentes árabes, musulmanes y cristianos, colaboracionistas con Israel y traidores de su propio pueblo.

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