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Jamriyya

Poema báquico

14/09/2001 - Autor: Ibn A-Fârid
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Evocando con vino al Amado, bebimos hasta embriagarnos
cuando aún la viña estaba por crear.

De la copa, luna llena que, cual sol, el creciente circunda...
¡Cuán copiosas surgen en su unión las estrellas!
Mas, si no fuese por lo intenso de su perfume, a su taberna no me hubiera encaminado, y si no fuese por su resplandor, mi imaginación no lo hubiera concebido.

De él no conservo el Tiempo sino su última bocanada,
como si al evaporarse se hubiera escondido en el seno de la mente.

Con sólo mencionarlo en la tribu, las gentes se embriagan,
sin por ello acarrear la vergüenza o el pecado.

Ascendió desde las entrañas de las jarras,
y en verdad sólo quedó su nombre.

Si algún día vibra en el ánimo de alguien,
se le apoderará la alegría, al tiempo que se le aparta el pesar.

Para que los comensales se embriagaran,
les bastaría con contemplar el sello de su vasija.

Si salpicasen lo que contiene, hasta empapar la tumba de un muerto,
éste recobraría su espíritu, al tiempo que su cuerpo resurgiría.

Si al moribundo dejaran a la sombra de sus viñedos,
sanaría sin duda, abandonándolo el mal.

Si al inválido trajesen a sus bodegas, en ellas andaría;
tanto como al solo recuerdo de su sabor, el mudo hablaría.

Si se extendiera su aroma por el Oriente,
quien perdió su olfato lo recobraría por Occidente.

Si al tocar la copa, se tiñera alguien las manos,
hallaría al anochecer las estrellas en sus palmas.

Si en secreto se manifestara al ciego, al día siguiente vería,
y el sordo llegaría a oír oyendo su rumor.

Si un grupo de jinetes cruza la tierra de sus viñedos,
y alguien sufre una picadura mortal, nada le ocurrirá.
Si sobre la frente del doliente escribe el hechicero las letras de su nombre, hace que el dibujo le sane.

Si en el estandarte de un ejército su nombre es bordado,
embriaga a todos quienes bajo él marchan.

Forja los caracteres de los compañeros,
y en el abúlico infunde resolución.

Hace liberal a quien su mano la largueza desconoce,
e indulgente a quien ignora el perdón.

Si el tonto del pueblo besa su tapadera,
tal beso le ofrece la más preciadas virtudes.

Dicen: "descríbelo tú, que eres maestro en hablar de él",
pues bien, eso hice, por estar en ello versado:

Puro, sin ser agua; suave, sin ser aire;
luz, mas no fuego; espíritu y no cuerpo.

A todo lo creado precede eterno su discurso;
allí donde ni forma ni traza había.

Gracias a sus virtudes, y después de que el olvido lo impidiera
surgió todo cuanto existe.

Mi espíritu fue por el vino cautivado, hasta que fuimos uno solo,
sin que uno al otro poseyera.

Así como no hay vino sin viña, Adán es mi padre,
mas, como aun sin vino viña puede haber, tal es mi madre.

En verdad, la finura de las jarras depende de las virtudes que ­contienen,
pues éstas a aquéllas enaltecen.

Una vez ocurrida la "separación", luego de ser ambos uno,
nuestros espíritus se truecan en vino y en viñas nuestras figuras.

No hubo un "antes" que les precediera, ni tras de el hubo un "después"
siendo ellos mismos, como es la Ley , los "antes" de cada "después".

Antes de surgir el Destino, ya su propio Destino existía
y la época de nuestros padres vino tras de él.

Tales son sus bellezas, que a los fieles arrastran a celebrar
y ¡qué bien lo hacen tanto en prosa como en verso!

Quien aún no las conoce se alegra al serle mencionadas,
tal como el amante de Un‘m hizo cuando evocaba tal nombre.

Dijeron: "bebiste el (filtro del) pecado", a lo que respondí: ¡No!
¡Bebí sólo lo que hubiera sido pecado evitar!

Saludos cordiales dimos a las gentes del monasterio.
¿Cuántos y cuánto bebisteis? —les preguntamos—, pero ellos callaron.

Ya antes de la infancia, habitaba en mí esa embriagadora emoción,
que me acompañará por siempre, aun cuando roídos estén mis huesos.

¡Tómalo puro, pues yerras si deseas su mezcla!
¡Lo supremo sólo se encuentra en la blancura de los dientes del Amado!

¡Tómalo en la taberna! Donde en su libación melodiosas tonadas acompañan,
de esas que obtienen galardón.

Así como jamás mora el vino con el pesar,
tampoco lo hace con la aflicción el canto.

Si estando ebrio de él, la vida fuese un instante,
mirarías al tiempo como a un siervo fiel, pues tú tendrías el Poder.

No hay lugar digno en el mundo para quien vive sobrio,
pues el saber se le escapa a quien ebrio no muere.

¡Que llore pues quien desperdició su vida sin gozarle,
pues de él nada obtuvo!

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