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Palestina: Estado de asedio

14/09/2001 - Autor: Amanecer del Nuevo Siglo
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estado de asedio
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En la actualidad, las ciudades palestinas están sufriendo un duro asedio en un momento además en el que Israel está incrementando sus ataques con aviones F-16, helicópteros, tanques, artillería y misiles contra uno de los pueblos más empobrecidos de la tierra. No contentos con esto, los israelíes han lanzado un conato de invasión por tierra contra la ciudad de Yenin, pero se vieron obligados a retirarse. Sus tropas están también preparadas para invadir Belén.

La escalada en la violencia israelí contra los palestinos sobrepasa la utilizada en 1987 para reprimir la primera intifada, en la que fueron utilizados, sobre todo, armas de fuego y gases lacrimógenos. En sólo las dos primeras semanas de la intifada de Al Aqsa, que comenzó en septiembre de 2000, han sido asesinados más palestinos que en los primeros cuatro meses de la intifada de 1987. Hasta el momento, más de 600 palestinos han fallecido y unos 15.000 han resultado heridos. Israel ha recibido duras críticas de organizaciones de derechos humanos tales como Human Rights Watch y Amnistía Internacional por su indiscriminado uso de la fuerza, los asesinatos selectivos, la utilización de castigos colectivos, la confiscación de propiedades, la demolición de casas y la violencia y saqueos protagonizados por los colonos.

Sin embargo, mientras que la atención mundial se ha dirigido a las confrontaciones militares y las maniobras diplomáticas, poco se ha dicho acerca de la guerra económica lanzada por Israel y la entidad del desastre humanitario que ha causado entre los palestinos. Israel ha mantenido su asedio contra los territorios palestinos en los pasados 11 meses. Su bloqueo por tierra, mar y aire ha sellado Cisjordania y Gaza y las ha aislado del mundo exterior. Las fronteras de estos territorios con Egipto y Jordania permanecen cerradas. El comercio exterior de los territorios ocupados ha quedado totalmente interrumpido, pues los productos palestinos no pueden franquear los puestos de control israelíes. Estos controles, establecidos en todas las carreteras, impiden también la entrada en Israel a los 120.000 trabajadores palestinos que tenían empleos en la construcción, la agricultura, hoteles y fábricas. Otros 200.000 trabajadores empleados en los propios territorios ocupados no pueden tampoco realizar sus tareas. Según la Oficina de Estadísticas palestina, el 64% de los tres millones de palestinos viven ahora bajo el umbral de la pobreza, frente al 23% de antes de la intifada. Este umbral está establecido en torno a un ingreso mensual de menos de 434 dólares (unas 86.800 pesetas) por cada hogar, compuesto como media por dos adultos y cuatro niños.

Los cierres afectan con una dureza especial a los palestinos que viven en la franja de Gaza. Dado que Gaza tiene la mayor densidad de población del mundo, carece de recursos naturales y su pequeña industria es totalmente dependiente de la israelí, el bloqueo de los israelíes ha convertido a la franja en un gigantesco campo de concentración. Las fábricas han dejado de funcionar, pues ya no pueden enviar sus productos a los mercados. Los precios de los artículos básicos, que logran superar el bloqueo, se han disparado debido a los riesgos que conlleva este transporte. Cientos de autobuses han dejado también de funcionar, lo cual ha creado una dificultad no sólo para llegar al lugar de trabajo, sino también para mantener el contacto con los miembros de la propia familia.

Con este bloqueo, Israel pretende estrangular la economía palestina y empujar a los palestinos hacia un mayor nivel de pobreza y endeudamiento, que pueda conducir a medio o largo plazo a la capitulación. Los israelíes han retenido la mayoría del dinero perteneciente a la Autoridad Nacional Palestina ?procedente de impuestos, tasas y otros conceptos? desde el inicio de la intifada, impidiendo así a la ANP pagar a sus empleados. Esto supone una violación directa del Acuerdo de París, que obligaba a Israel a entregar el dinero que recogía por cuenta de la ANP, como por ejemplo las tasas aduaneras, en el plazo de los seis días siguientes a su recaudación. En noviembre de 2000, la economía palestina estaba perdiendo alrededor de 3,4 millones de dólares diarios debido a la retención de esos fondos por Israel. Hacia principios de mayo, los ingresos de la ANP cayeron desde una cantidad previa estimada en 90 millones de dólares mensuales a sólo 20 millones. A esto hay que añadir las pérdidas por la drástica reducción del turismo en los Santos Lugares, que es una fuente de obtención de divisas muy importante para los palestinos.

El desempleo, que era oficialmente de un 15% con anterioridad al inicio de la intifada, ha crecido alarmantemente. Esta cifra era, en realidad, engañosa puesto que de ella estaban excluidos los jóvenes y todos aquéllos que tenían algún empleo temporal o esporádico. En realidad, el desempleo era del 30%. Hoy en día, esta cifra ha aumentado hasta situarse en el 50%. Según estadísticas de la ONU, en sólo dos meses ha habido un 10% de reducción del PIB palestino frente al anterior crecimiento del 4%. Hacia finales de marzo los ingresos palestinos se habían reducido a la mitad con respecto a su nivel de septiembre y la cifra oficial de desempleo era tres veces mayor. Tal drástico deterioro de los niveles de vida en un plazo tan reducido de tiempo no tiene paralelo alguno en la historia. En la actualidad, el palestino es uno de los pueblos más pobres del mundo. En 1999, los ingresos per cápita en Cisjordania fueron de sólo 2.000 dólares, comparados con los 18.300 de Israel, pero incluso esta cantidad representó el doble de la renta per cápita de Gaza.

La actual situación pone de relieve la dependencia de la economía palestina, que quedó consolidada por el Acuerdo de Oslo y el Acuerdo Económico de París. En dichos acuerdos no se incluyó ninguna provisión o plan para el desarrollo de una economía palestina viable, pues su objetivo real era el de mantener al futuro estado palestino "independiente" bajo la dominación económica israelí.

Cada mes, la Agencia de la ONU de Obras Públicas y Socorro, que se encarga de los refugiados palestinos (UNRWA), suministra a medio millón de familias un paquete de comida básico, que contiene harina, azúcar, arroz, aceite y leche. Sin embargo, la malnutrición está creciendo y ha alcanzado ya la cifra del 14%. De hecho, la escasez de alimentos está afectando ya al crecimiento y desarrollo de una parte de la población infantil.

Israel ha puesto también en práctica una política de tierra quemada y destruido unos 400.000 olivares, limoneros y almendros. El Instituto de Investigación Aplicada de Jerusalén informa que los ataques contra la agricultura palestina se llevan a cabo mediante la destrucción con bulldozers y la quema de árboles frutales y cosechas, el cierre y separación de pueblos y distritos, la intimidación y asesinato de agricultores por parte de los colonos y soldados israelíes, la destrucción de equipos y aparejos agrícolas, la matanza de animales, la destrucción de puertos y embarcaciones pesqueras, los ataques a pescadores y la limitación de sus movimientos. Azzim Tbeleh, ministro palestino de Agricultura, ha declarado recientemente a la revista financiera Globes, que hasta el mes de mayo los militares y colonos israelíes habían destruido propiedades en este sector por valor de 300 millones de dólares (unos 60.000 millones de pesetas).

La denegación del derecho a la salud

Los cierres de los territorios han tenido también un impacto desvastador en todos los aspectos de la vida social, incluyendo la salud y la educación. Cada desplazamiento dentro de los territorios conlleva numerosos riesgos. Los coches y camiones son detenidos, registrados y bloqueados. Cuando un palestino sale de su casa no tiene la certeza de si volverá a su hogar o cuando podrá hacerlo.

En la práctica los cierres de los territorios han afectado a la población más vulnerable: los viejos, los niños y los enfermos. El asedio de las ciudades ha llevado a un rápido deterioro de las condiciones sanitarias, algo que contraviene claramente el Derecho Internacional y, más específicamente, la Cuarta Convención de Ginebra de 1949.

El artículo 17 de esta convención señala que: "Las partes en conflicto deberán esforzarse para concluir acuerdos locales para la evacuación de las zonas asediadas o cercadas de los heridos, enfermos, ancianos, niños y mujeres afectadas por recientes casos de maternidad, y también para el paso de personal médico y religioso y equipos médicos a dichas áreas". Sin embargo, al menos 17 palestinos han fallecido desde septiembre a causa de retrasos en los puntos de control israelíes, que les ha impedido recibir asistencia médica a tiempo. Hay que recordar que más del 70% de la población palestina vive en zonas rurales que no poseen nada más que los servicios médicos más básicos.

Los palestinos no pueden tampoco entrar en Jerusalén Este, que es el verdadero corazón de Cisjordania y de los Territorios Ocupados. Israel ha dividido en la actualidad a Cisjordania en dos cantones, separando a las familias y negando a la población el acceso a la enseñanza secundaria y universitaria y la atención médica hospitalaria. Esto afecta especialmente a las urgencias y a los partos. Las ambulancias son detenidas habitualmente en los puntos de control.

Baste dar unos pocos ejemplos para comprender las consecuencias que acarrea esta violación de un derecho tan básico como es la salud.Mujeres a punto de dar a luz se han visto obligadas a caminar durante muchos kilómetros para rodear los puestos de control de las carreteras y recibir tratamiento. Según cifras de la UNRWA, en los pasados meses se ha producido un incremento del 58% en los casos de partos prematuros y cuatro casos de nacimientos han tenido lugar en puestos de control israelíes. La Unión de Comités de Socorro Médico Palestino ha informado también de un incremento del 100% en los partos ocurridos en el propio hogar de la embarazada. Asimismo, la UNRWA ha señalado que ha habido una disminución del 52% en el número de mujeres que reciben algún tipo de asistencia post parto.

El bloqueo de los territorios ha impedido que puedan ser llevadas a cabo, de una forma consistente, las diversas campañas de vacunación. De hecho, el número de personas vacunadas de diversas enfermedades disminuyó en un 12% durante los primeros cuatro meses de la intifada, lo cual puede producir más problemas sanitarios en el futuro.

Las personas que necesitan de un tratamiento más especializado, por sufrir de enfermedades graves como un fallo renal o un cáncer, deben de soportar largas colas en los puntos de control israelíes. El cierre de las fronteras internacionales ha impedido también que los palestinos reciban asistencia médica especializada en el extranjero en al menos 90 casos.

Incluso si estas personas son lo bastante afortunadas para obtener permisos para viajar al extranjero con el fin de recibir tratamiento médico, eso no significa que sus dificultades hayan terminado. Fatima Sharfi, de 64 años de edad, falleció en el punto de control de Rafah, en la franja de Gaza, cuando regresaba de recibir asistencia sanitaria en el hospital Naser de Egipto. Su fallecimiento estuvo causado por su débil condición, que no le permitió aguantar la espera de varios días en la frontera cuando intentaba regresar a su hogar en Gaza.

Ha habido también, al menos, 164 incidentes en los que se ha negado a personas el acceso a las ambulancias de la Media Luna Roja. Existen asimismo numerosos informes sobre ataques de soldados israelíes contra miembros del personal médico. Para citar un ejemplo, el pasado enero cuatro médicos de la Media Luna Roja fueron interceptados en un puesto de control israelí, obligados a salir de su vehículo y, a continuación, fueron registrados y golpeados durante más de cuatro horas.

Hay que mencionar aquí también el daño mental causado por el actual clima de temor y violencia. En la mayoría de los días, los aviones y helicópteros israelíes sobrevuelan las ciudades palestinas, poniendo a prueba los nervios de la población, que nunca sabe donde se puede producirse el siguiente ataque. El doctor Iyad Saray, jefe del Programa de Salud Mental de Gaza, afirma:

"Cada persona en Gaza, incluyéndome a mí mismo, está traumatizada. Los que más sufren son los niños. Ellos han perdido su mundo de seguridad.

Viven en una jaula, sin tejado y reciben el trauma desde el cielo y desde los ojos de sus padres. Algunas personas se hallan en un estado de pánico. Cada familia tiene, al menos, un miembro fallecido. Los niños pintan y escriben acerca de lo que han visto". Así pues, no es extraño que se hayan multiplicado los casos de estrés, depresión e hipertensión.

Ataques a las escuelas

Los cierres y bloqueos han afectado también al sistema educativo palestino. Más de la mitad de la población total palestina tiene menos de 16 años, pero cientos de escuelas y otras instituciones educativas han sido cerradas o han tenido que funcionar de forma intermitente. Los profesores y estudiantes son, además, incapaces de llegar a sus centros.

A esto hay que añadir que, al quedarse Israel con los fondos de la ANP, ésta no tiene en la actualidad dinero para pagar los salarios de los profesores y empleados.

Las escuelas en las áreas total o parcialmente controladas por Israel han sido objeto de ataques por parte de las fuerzas israelíes, que han matado o herido a docenas de profesores y estudiantes. El Ejército sionista ha convertido algunas escuelas en bases militares y ha cerrado otras indefinidamente. El pasado diciembre, por ejemplo, fuerzas israelíes rodearon la escuela para chicas Al-Sharaguih, cerca de Tulkarm, y abrieron fuego hiriendo a diez estudiantes. Posteriormente, hicieron lo mismo en la escuela de Sadih al Harthiyih, cerca de Yenin.

De este modo, a los jóvenes palestinos se les está negando una educación apropiada, ya que las escuelas que funcionan lo hacen sólo a tiempo parcial. Hay que añadir que esta situación afecta aún más a los centros para niños minusválidos. Geraldine Shawah, jefa de la Sociedad para los Niños Sordos Atfaluna, ha revelado que muchos de los que acuden a las escuelas de la organización no sólo están alterados, sino también hambrientos. Allí tienen que ser alimentados, lo cual ha hecho disminuir aún más los escasos medios con los que cuenta la asociación. Además, muchas familias no pueden permitirse el pagar los gastos del autobús y de las pilas para los equipos que los niños llevan en las orejas -unas 3.000 pesetas al mes en total-. Los niños sordos están aún más traumatizados que los otros, pues su sordera no les permite comprender bien lo que está pasando. Aunque no pueden oir las explosiones, pueden sentir las vibraciones y la tensión.

En lo que se refiere a las universidades hay que decir que, aunque la mayoría de ellas han mantenido abiertas sus puertas, los estudiantes que no viven cerca de ellas no pueden asistir a las clases y algunas de éstas han tenido que ser canceladas. El año académico ha sido prolongado en un intento de ayudar a los estudiantes a completar sus estudios. Los estudiantes han sido uno de los blancos preferidos de las fuerzas de ocupación judías y han sufrido frecuentes agresiones y arrestos en los puntos de control. Los estudiantes de la Universidad de Belén que proceden del sur de Cisjordania han sido objeto de numerosos hostigamientos y agresiones a manos de los militares israelíes y ya no pueden acudir a sus clases.

La violencia de los colonos

A este asedio de las ciudades hay que añadir la continuación del robo de tierras palestinas por parte de los colonos judíos y la ampliación de los asentamientos, en lo que constituye una abierta violación del Derecho Internacional. Según la organización pacifista israelí Paz Ahora, la cifra de colonos se ha incrementado en un 53% desde la firma de los Acuerdos de Oslo y su número ahora es superior a los 200.000.

Esta cifra no engloba, sin embargo, un número similar de colonos que residen en los distritos cercanos a Jerusalén Este y que han sido incorporados al Gran Jerusalén.

Desde 1993, han sido establecidos 42 nuevos asentamientos no oficiales en los territorios ocupados, 12 de ellos tras los Acuerdos de Wye Plantation de 1998, pese a las promesas del entonces primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu, de frenar esta expansión. Por su parte, durante el período en que Ehud Barak fue primer ministro, 22.419 colonos pasaron a residir en Cisjordania. Entre junio de 1999 y octubre de 2000, fueron ofertadas 3.499 nuevas viviendas en los asentamientos. Desde septiembre de 2000, fecha del inicio de la actual intifada, se ha financiado la construcción de otras 954 viviendas más. Cuando Ariel Sharon se convirtió en primer ministro en febrero de este año, autorizó planes para la construcción de 6.000 nuevas viviendas para colonos. En marzo, por ejemplo, ratificó la construcción de 2.832 nuevas viviendas en el asentamiento de Har Homa.

El gobierno israelí ha sancionado también las acciones de los grupos de colonos, que han estado llevando a cabo asesinatos y ataques contra casas y campos. Los crímenes de los colonos son fruto del apoyo que reciben éstos del Ejército israelí, que impide a los palestinos defenderse de sus ataques. Así por ejemplo, las autoridades militares sionistas han declarado en numerosas ocasiones a las localidades atacadas por los colonos "áreas militarmente restringidas" durante tres meses y han impedido a las familias que allí residían retornar a ellas, quizá temiendo que los palestinos pudieran tomar represalias contra los colonos por sus agresiones. Hasta tal punto tienen miedo los colonos de recibir un castigo por sus fechorías que han conseguido que el jefe del Estado Mayor del Ejército israelí apruebe una orden prohibiendo a los varones palestinos conducir un coche por cualquier punto de Cisjordania, a menos que uno de los pasajeros sea una mujer.

Una escasa ayuda internacional

Pese a las condiciones tan difíciles que han sido descritas, poca ayuda internacional ha sido prometida, y mucha menos entregada. El Banco Mundial prometió hace meses una ayuda de 15 millones de dólares y la Unión Europea otros 50 más para pagar los salarios de los empleados de la ANP e impedir así que ésta acabe en una situación de bancarrota. Sin embargo, tales ayudas dependen de que el Fondo Monetario Internacional confirme que la ANP ha aprobado efectivamente un presupuesto de austeridad. La UE exige, además, que estos salarios sean pagados por el Ministerio de Finanzas y no directamente por los jefes en los diferentes servicios. EEUU, por su parte, ha prometido una cantidad anual de 75 millones de dólares. Esta suma es insignificante si se compara con los 3.000 millones que recibe Israel cada año de las arcas norteamericanas. De cualquier forma, esta ayuda ha estado congelada durante meses.

El Programa Alimentario Mundial pidió el pasado mes de noviembre que los países industrializados ricos contribuyan con alimentos por valor de 3,9 millones de dólares para aliviar las necesidades de los palestinos, pero poco se ha hecho a este respecto. Incluso en los casos en los que la comida acaba finalmente llegando, queda bloqueada por las autoridades israelíes.

Algunos hombres de negocios del Golfo han constituido un fondo especial, que alcanza los 20 millones de dólares, para ayudar a los parados palestinos. Los gobiernos árabes, por su parte, han prometido unos 693 millones de dólares desde que la intifada comenzó y en marzo de este año prometieron otra ayuda suplementaria de 240 millones, pero sólo una pequeña parte de esta cantidad ha sido desembolsada hasta la fecha.

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