webislam

Viernes 22 Noviembre 2019 | Al-Yuma 24 Rabi al-Auwal 1441
712 usuarios en linea | Español · English · عربي

WebIslam.com

» Artículos

?idt=1902

La universalidad de la revelación

05/09/2001 - Autor: Omar Fernández
  • 0me gusta o estoy de acuerdo
  • Compartir en meneame
  • Compartir en facebook
  • Descargar PDF
  • Imprimir
  • Envia a un amigo
  • Estadisticas de la publicación

Imagen emiratosarabes.pordescubrir.com
Imagen emiratosarabes.pordescubrir.com

1

Allâh le habla a cada persona. Es decir, el ser humano puede definirse por la capacidad de abrirse y abismarse en el pozo infinito que encuentra en su corazón. Lo haga o no lo haga, la capacidad existe. El hecho de hacerlo o no hacerlo, y el modo en que se vaya viviendo esa eventual apertura y abismamiento, todo ello depende de la naturaleza que conforma y moldea nuestra individualidad. Nuestra dimensión universal nos da alas para un viaje infinito, mientras que nuestra dimensión particular nos fija una ruta determinada. ¿Cuál es nuestra ruta? ¿Hasta dónde y por dónde iremos? Eso depende de Allâh, que nos da cada instante de existencia. La arrogancia con la que nos plantamos en el mundo queda aniquilada en la prosternación en que termina cayendo todo lo que creemos que hemos erigido y construido, hasta que Allâh nos deja sentados en nuestro sitio: ni la arrogancia de quien cree conectar cielo y tierra en una línea vertical, ni la humillación de la nada prosternada, sino aquella postura intermedia que nos recuerda lo relativo de toda existencia. Nuestro camino parte de una aurora en que nos afirmamos a nosotros mismos, pasa por un replegamos y contenemos ante la plenitud del mundo, sigue por una madurez decadente en que todo parece declinar y perderse, nos lleva a un ocaso de lo evidente pero haciendo brotar en nosotros lo imperecedero que siempre nos conforma, y termina por reintegrarnos en aquello de lo que salimos continuamente a la existencia. En ese camino se nos revela y desvela algo de lo que creíamos velado, pasamos a la cámara del trono y encontramos el tesoro.

Lo público es el mundo de las formas, y el sentido tiene su hogar en la intimidad. Asomarse al abismo del sentido es el camino que nos hace completamente humanos por el solo hecho de asomarnos. Cada uno llegará hasta donde tenga que llegar, no es algo que una persona pueda decir de antemano. Como tampoco puede decir nadie por dónde se habrá de asomar otro. Sólo sabemos que tenemos esa posibilidad infinita, y eso es lo que nos hace humanos, ésa es la universalidad de la revelación.

2

El sentido y la forma

El sentido es otro nombre de la intención; la intención está en el ámbito de lo privado, y lo privado exige discreción. No hablemos, pues, del sentido de forma indiscreta, sino que hagámoslo en la intimidad. Lo público es el mundo de las formas que vertebran un marco de convivencia en que tejemos nuestras vidas formando un mundo lleno de sentido.

3

Allâh sabe más sobre nuestros pasos, unos pasos que nosotros, como individuos particulares, necesitamos dar. Cada decisión que tomamos es un paso que damos: ahora doy un paso, ahora me detengo... Siempre estoy decidiendo, siempre estoy dando pasos. Y mis pasos no tienen por qué llevarme a ningún sitio, pero necesito mis pasos para llegar a mi meta. Mis pasos no me llevan, pero son la compañía que necesito. Puedo creer que mis pasos me llevan a mi prójimo; que me llevan a mi Origen, que es mi Meta; que me llevan a mi mismo, que me soy tan íntimo. Y es verdad que mis pasos me acompañan en mi camino hacia el momento en que abra los ojos a mi prójimo, a mi Señor, a mí mismo. Hasta ese momento seguimos dando pasos. Cada salât es un paso, cada ayuno es un paso, cada zakât es un paso, el peregrino da pasos, cada esfuerzo es un paso, y la shahâda, la contemplación activa, es el gran paso que nos pone en ruta hacia ser plenamente humanos, es el gran paso que nos libera de ser esclavos de las fantasías ilusorias; la shahâda nos libera de ser como animales que sólo responden a estímulos, a premios y castigos. Esta contemplación activa de la shahâda nos hace posible que tomemos decisiones basadas en el conocimiento de la realidad, no por conseguir un premio o por evitar un castigo, sino porque nuestra decisión corresponde a algo real, verdadero, auténtico, haqq. Y entonces nuestros pasos comienzan a tener sentido, empiezan a llevamos al despertar.

4

Cuando empezamos a tomar decisiones basadas en el conocimiento de lo real, nuestros pasos comienzan a tener sentido y a acompañarnos al despertar. Pero se trata no sólo de despertarse, sino de permanecer despierto. Y para mantenemos despiertos necesitamos apoyamos en algo real. Si buscamos el apoyo de algo ilusorio seguiremos soñando un mundo irreal, viviremos en un espejismo que terminará por esfumarse; pero si nos apoyamos en algo que refleje, en sí mismo, el lugar que ocupamos en la realidad, entonces ese apoyo será siempre una luz y una puerta abierta a ese estado de continuo despertar con que damos sentido a nuestros días.

Si vivimos cada detalle de cada acto de ‘ibâda, estamos despertando. Cuando buscamos lo real de cada cosa, cuando nos concentramos en vivirlo en cada momento, estamos despertando a aquellos aspectos de lo real que se nos quieren revelar en cada ocasión. Vivimos inmersos en la realidad, pero a veces relajamos la mirada, y entonces confundimos nuestras brumas miopes con las luces que nos empeñamos en difuminar. Enfoquemos la mirada. El mundo no es el caos que parece, el mundo no es la imagen chata de una pantalla plana; el mundo es un bello volumen en relieve que nos habla del sentido que tiene. Enfoquemos la mirada, y que la realidad nos hable hasta que aprendamos a entender los infinitos sentidos que nos regala. Enfoquemos la mirada hasta descubrir este infinito regalo que siempre estuvo ante nuestros ojos, este regalo que está inserto en el propio tejido de aquello que me mueve, que me rodea, y que me hace ser. Enfoquemos la mirada, que este sentido, que este tesoro, es la realidad.

5

Enfoquemos la mirada en la realidad.

Pero enfocar la mirada no es cosa de un momento único para luego revivir el recuerdo de lo que se nos dio a ver en aquella ocasión, porque vivir del recuerdo es negarse a vivir la riqueza de aquí y ahora.

Enfocar la mirada es apartar y quitar todo lo que no nos deja mirar a lo que realmente tenemos delante. Un pensamiento, una idea, una creencia, un apego, una aversion, una certeza, un objeto, una persona, una arrogancia, una humildad, una justicia, una injusticia... Todo ello puede taparnos la mirada. Por eso necesitamos acostumbrarnos a tener una mirada de hierro, afilada, que traspase y rasgue el velo de lo aparente, de lo parcial, de lo temporal. Debemos acostumbrarnos a lo real...

Enfocar la mirada y acostumbrarnos a lo real: ésta es la tarea del despertar. Cada ídolo al que nos aferramos se esfuma en un espejismo cada vez que despertamos, y vemos que era un sueño vacío. Mientras estemos dormidos necesitamos despertamos, y la ‘ibâda plena y consciente es clave para este despertar. Cada acto de ‘ibâda es dejar a un lado los ídolos y enfocar nuestro ser en lo real. Cada acto de ‘ibâda es una shaháda en la que contemplamos activamente el despliegue de lo real. Cada acto de ‘ibâda es ser plenamente humano al vivir, en todo nuestro ser, la realidad de que lâ ilâha illâ Allâh.

6

Una civilización humana se distingue de otras en sus diversos aspectos constitutivos, los cuales forman un todo solidario de coherencia interna en cada uno de ellos. Uno de esos aspectos constitutivos es el carácter que moldea y en que se forman las personas y colectividades que viven esa civilización. El carácter predominante y básico de la civilización islámica es el marco que ofrece para conducir constantemente hacia la consciencia del tauhid en todos los niveles: individual y social, material e intelectual, racional y emocional, activo y contemplativo...

Esta consciencia del tauhîd es alimentada mediante unos ejercicios de integración.

La shahâda es un ejercicio de integración mental donde acción y contemplación se despliegan y se funden como dos vivencias complementarias de la misma realidad.

El salât es un ejercicio de integración psicofisica, donde materia e intelecto (o espíritu) se despliegan y se funden como dos vivencias complementarias de la misma realidad.

El ayuno es un ejercicio de integración emocional, donde razón y emoción se despliegan y se funden como dos vivencias complementarias de la misma realidad.

El zakât es un ejercicio de integración social, donde individuo y sociedad se despliegan y se funden como dos vivencias complementarias de la misma realidad.

El hayy es un ejercicio de integración global, donde transcendemos la polarización de las vivencias se despliegan y se funden en su complementariedad como aspectos de la misma realidad.

Así se va superando la dispersión en todos sus aspectos, transcendiéndola en dirección de una unidad subyacente superadora de los particularismos superficiales.

Anuncios



Escribir comentario

Debes iniciar sesión para escribir comentarios.

Si no estás registrado puedes registrarte en un minuto.

  • Esta es la opinión de los internautas, no de Webislam
  • No están permitidos comentarios discriminatorios, injuriantes o contrarios a la ley
  • Céntrate en el tema, escribe correctamente y no escribas todo en mayúsculas
  • Eliminaremos los comentarios fuera de tema, inapropiados o ilegibles

play
play
play
play
Colabora


 

Junta Islámica - Avda. Trassierra, 52 - 14011 - Córdoba - España - Teléfono: (+34) 957 634 071

 

Junta Islámica
https://www.webislam.co/articulos/25709-la_universalidad_de_la_revelacion.html