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Moros y Cristianos

01/09/2001 - Autor: R. A. Reyment. Introducción y comentario de Abderrahmán Me - Fuente: Verde Islam 16
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Un distinguido profesor de la Universidad de Uppasala, R.A. Reyment, evocó hace algún tiempo determinados trabajos de investigación histórica sobre Al-Ándalus y el Islam en la Península Ibérica, citando a Cardillac, Américo Castro, Baer, Bourdon, Levi Provençal, K.M. Watt y mi obra Historia de Andalucía. Resaltaba de forma especial dicho trabajo con el entusiasmo del científico, avalando con sus estudios personales y los del Instituto Paleontológico de la prestigiosa Universidad de Uppsala, en Suecia, las tesis defendidas en nuestra Historia de Andalucía y corroborando y ampliando el magnífico texto de Ignacio Olagüe La Revolución Islámica en Occidente.

Debido a la importancia y complejidad técnica del descubrimiento del profesor Reyment y el Instituto Paleontológico, considero preciso una reflexión atenta y una explicación suficiente de dicho informe por su extraordinario interés y primicia. Los datos publicados de forma insistente sobre la expulsión de los musulmanes de Al-Ándalus y su repoblación por castellanos, aragoneses, gallegos, catalanes, italianos, alemanes, etc., son refutados categóricamente por las conclusiones de este informe científicamente verificable: la presencia de estos repobladores no pasa de ser anecdótica.

Reconoce también dicha exploración las conclusiones de nuestro estudio sobre el carácter legendario de la llegada en el año 711 de Musa Ibn Nusayr al mando de tropas árabes o de Tarik al mando de tropas musulmanas beréberes. Nada hay de cierto en dicha leyenda. Son los duros enfrentamientos sucesivos entre cristianos unitarios y trinitarios, junto a la eclosión del hecho profético de Muhámmad (s.a.s) en la Península Ibérica, gracias a las relaciones comerciales con Oriente Medio, los que van a propiciar, en un largo período de islamización de cerca de trescientos años, la Revolución Islámica en Occidente, la arabización lingüística de Al-Ándalus y el logro de aquella gran civilización.

Es preciso continuar indagando con esta juiciosa y acertada orientación histórica; sirva como gran aportación el análisis del presente estudio.

Introducción

La creciente disponibilidad de datos sobre grupos sanguíneos ha sido apuntada en los últimos años por historiadores y antropólogos, como potencial fuente primaria de información para reconstruir el desarrollo histórico de las poblaciones humanas; fuente, además, libre de subjetividad. Algunos de los estudios preliminares realizados han arrojado resultados transcendentales. Al interpretar dichos análisis, debe recordarse que es imprescindible acompañarlos de un profundo conocimiento del trasfondo histórico.

El tema de este artículo está lleno de interés. Mucho se ha escrito sobre la influencia étnica del Islam en las costumbres e instituciones españolas y portuguesas, pero poco o nada sobre la naturaleza concreta relativa a la composición de la población actual en la Península Ibérica. Los análisis aquí presentados tienen como objetivo fundamental mostrar el valor de los datos serológicos como elemento auxiliar en la reconstrucción histórica a través del uso de métodos estadísticos multivariables. No obstante, es necesario señalar que los datos sobre poliformismo sanguíneo en el Estado español están lejos de ser del todo fiables. Por ejemplo, en la crucial región andaluza no pueden conseguirse públicamente otro tipo de análisis que no sean las frecuencias de ABO.

Trasfondo histórico

La turbulenta y colorista historia de la Península Ibérica ha cautivado a los historiadores durante cientos de años. Uno de los capítulos más fascinantes es el relativo al periodo musulmán, cuya duración, de forma manifiesta, se extiende durante 900 años, habiendo concluido de manera oficial con el edicto de expulsión de los moriscos de 1609.

En el presente artículo intentaremos rastrear las huellas del periodo islámico a través de su manifestación en los grupos sanguíneos de los actuales habitantes de los Estados de España y Portugal. Tales análisis, si fuesen acertadas las opiniones de las más antiguas generaciones de historiadores, darían como resultado un alto grado de homogeneidad serológica en toda la Península Ibérica, siendo justamente todo lo contrario.

Ha existido en el pasado una marcada tendencia a plantear como sinónimos de lo bueno a la Cristiandad y a los Visigodos y a Islam y Moros como sinónimos de lo malo (Levi-Provençal 1932, p 32). La manifestación más ridícula de esta línea de pensamiento vio la luz en el siglo XVI con la ordenanza de “limpieza de sangre”, que se encontraba aún vigente en fecha tan tardía como 1860. La pureza de sangre —esto es, no tener raíces judías o musulmanas— era un requisito oficial para puestos oficiales y para el servicio eclesiástico. La condición requerida de pureza, obviamente, sólo podía ser juzgada, ante la carencia de registros fiables, mediante rumores. Hay que recordar aquí que el intervalo de tiempo en juicio era de más de 900 años en el caso de antepasados musulmanes y de más de 1.600 en el de judíos, y todo ello en un período lleno de inquietud y altibajos de población.

De hecho, arrojar sombras sobre la pureza de sangre de alguien era uno de los métodos predilectos para eliminar competidores, o al menos, desacreditarlos.
La nueva generación de historiadores ha comenzado a elaborar una evaluación más meditada sobre la construcción demográfica de los diferentes pueblos del Estado español contemporáneo y dicha visión es, junto a la del orientalista francés Levi-Provençal (1932-1967), la que aquí utilizaremos. En este sentido, habría que reseñar la dureza crítica de A. Castro (1965) para con la tendencia de ciertos autores anteriores a ocultar la historia de la población española. A. Medina Molera (1980) ha incidido igualmente en este punto, planteando además que la versión islámica de la historia de la España musulmana es igualmente discutible.

Inmigraciones semíticas y norteafricanas tempranas

Oficialmente, la era mora en la Península Ibérica comienza con el desembarco de Tarik (cuyo nombre se rememora en ‘Gibraltar’, Yebel Tarik) en la Bahía de Algeciras. No obstante, diferentes historiadores (E.G. Rodríguez 1979, A. Medina Molera 1980), han apuntado que las costas del Sur y Este de la Península estuvieron sometidas a frecuentes períodos de colonización a cargo de grupos norteafricanos, tanto antes como durante el período romano; la influencia norteafricana se dejó sentir con más fuerza en la región Bética de Andalucía.

Durante el período visigodo, especialmente en los siglos sexto y séptimo, existió un libre intercambio cultural entre Andalucía y el Norte de África (A. Medina 1980, p. 149). Los ‘moros’ eran una mezcla de andaluces exiliados —lo que hoy llamaríamos “luchadores por la libertad”— y norteafricanos. La cultura y etnia de Tartessos es ya mora.

En lo relativo al origen de los íberos, las opiniones están profundamente divididas. Para A. Medina (1980), el elemento íbero en España no es más que una manifestación cultural (véase también Perellada 1980). Para otro (Gran Enciclopedia de Andalucía 1979-1981, p.961), los íberos eran un pueblo específico que al parecer entraron en la Península procedentes del norte de África y al que se supone relacionado con los bereberes.

El componente visigótico en España nunca fue superior al 2% de la población; en Andalucía era virtualmente inexistente (Gran Enciclopedia de Andalucía 1979-1981, p. 3.295).

La pretendida invasión musulmana

En el año 711, un reducido grupo formado por bereberes y andaluces exiliados, bajo las órdenes de Tarik cruzaron el Estrecho de Gibraltar en apoyo del arzobispo cristiano unitario Don Oppas y en un corto período de tiempo —y con la colaboración de un amplio segmento de la población nativa, que eran cristianos unitarios— conquistaron la casi completa totalidad de la Península y acabaron con el tambaleante e impopular régimen de la minoría cristiana trinitaria visigoda.
Las fuerzas ocupantes eran, de hecho, no musulmanas; Tarik, gobernador de Tánger, (en aquellos momentos una posesión visigoda) era posiblemente de origen visigodo (cf. Medina 1980, Gran Enciclopedia de Andalucía 1979-1981, p. 1.461).
Uno de los aspectos más sobresalientes de este suceso fue la gradual aceptación masiva del Islam por parte de la población indígena.

Medina (1980) interpreta el hecho como resultado de la similitud entre las primeras formas del Din musulmán y las creencias del Cristianismo Unitario que practicaban la mayor parte de los habitantes de las provincias romanas de la Bética-Cartaginense y la Tingitana-Mauritania, incompatible con el nuevo Trinitarismo adoptado por los segmentos más poderosos de la sociedad visigoda (A. Medina 1980).

Muchos clientes Musalima, cuyos descendientes fueron llamados muwallads estaban de hecho, sólo parcialmente asimilados y hay abundante evidencia de una observancia superficial de las formas islámicas confundidas con prácticas unitarias durante más de un siglo (Castro 1965, p. 176, A. Medina 1980, p. 178, Sánchez 1981, pp. 80-83, Martín 1981, p.104). Algunos de los inmigrantes musulmanes adoptaron el Cristianismo Trinitario, los llamados ‘tornadizos’. Otros habitantes de la Península adoptaron ambas religiones, según convenía mejor a sus intereses, los llamados ‘enaciados’, que habrían de jugar un importante papel en la última fase de la ‘reconquista’ y de los que aún se conserva memoria en algunas regiones, (Levi-Provençal 1967, pp.183-184, 217).

Tanto si eran cristianos trinitarios (Mozárabes, de ‘Musta-Ribun’, el nombre de los trinitarios bajo gobierno musulmán), musulmanes o enaciados, los descendientes de los habitantes primitivos de la Península tendieron a mantener una cierta distancia social de las personas o pequeños colectivos de origen inmigrante, (Castro 1965, p. 191). Hablaban romance, aunque tanto muwallads como mozárabes cultos solían ser letrados en árabe, la lengua de cultura del momento. Abundaron los conflictos e insurrecciones contra los cuadros dirigentes musulmanes y, por ende, también eran frecuentes las disputas entre las personas y grupos inmigrantes.
Las estimaciones sobre la población de la Península Ibérica en el momento del triunfo militar de los cristianos unitarios oscilan entre los dos y cuatro millones, de los que una gran mayoría terminarían identificados con el Islam. Durante los primeros siglos, el poder de los estados cristianos bajo dominio vasco aumentó (cf. Allieres 1977, p. 23).

Consecuentemente —y a pesar de las oleadas de Almorávides y Almohades intransigentes en los siglos XI y XII, que introdujeron un elemento desconocido de intolerancia en la vida diaria y que favorecieron la migración de mozárabes y judíos hacia los reinos cristianos del norte— el Reino de Granada, el último bastión libre del Islam en la Península Ibérica, capituló en 1492. En ese momento, sólo Granada y algunas zonas de Murcia y Alicante poseían un núcleo importante de población árabe-parlante, el resto de la población mora-andalusí había sido o bien asimilada a lo largo de siglos de dominación cristiana, o degenerado en musulmanes sólamente de nombre (mudéjares), sin conocimiento del árabe y sólo con una vaga idea del Islam. (Lea 1901, pp. 55, 59, 151, Watt 1965, pp. 54, 56, García Arenal 1975, p. 103, Zoido 1981, pp.318-325) han revisado el proceso de asimilación, en especial en la región de Sevilla, y planteado la falta de interés oficial por las masas anónimas: sólo las personalidades dirigentes de las comunidades musulmanas conquistadas fueron deportadas. Véase igualmente Carol (1976, pp. 237-238).
En un esfuerzo por eliminar los últimos vestigios del Islam, los moriscos, supervivientes del Reino de Granada cristianizados a la fuerza, fueron expulsados entre los años 1609 y 1614. El número total de deportados ha sido estimado ligeramente por debajo de los 300.000, lo cual supone un 10 o 20% de la población musulmana estimada en los siglos XI y XII (Lea 1910, p. 360, García de Cortázar 1976, p. 75).

Los trabajos de expulsión sólo fueron realizados con moderado éxito. Primero, por su monstruosa arbitrariedad y, segundo, por la negativa de los propietarios de tierras a cumplir los términos del edicto ya que necesitaban una abundante provisión de mano de obra barata para sus propiedades; este hecho fue de particular importancia en las regiones orientales donde, en paralelo al aumento del celo de la Santa Inquisición, crecía el tráfico de certificados de buen comportamiento cristiano. Muchos moriscos que no tenían interés alguno en la práctica activa del Islam, regresaron clandestinamente a sus regiones de origen antes de enfrentarse a las incertidumbres de una vida en el Norte de África. No había diferencias físicas entre cristianos ‘viejos’ y ‘nuevos’ y tampoco podían hacerse distinciones sobre los hábitos lingüísticos. Una conspiración de silencio espontánea surgió del miedo, y la entrada en los osarios de la Iglesia era inmediata para los habladores (Cardaillac 1979, Caro 1976).

En 1618, el intento cada vez más claramente inútil de identificar moriscos retornados y aquellos que habían permanecido escondidos o disfrazados como gitanos, fue abandonado por las autoridades eclesiásticas (García Arenal 1975) y una sensación de alivio generalizado se extendió por toda la población, entre ellos un gran número de cristianos viejos que, en los primeros momentos de deportación frenética, habían sido víctimas de denuncias injustas por parte de vecinos celosos. (Lea 1910, pp. 353, 357, 364, 365, 374).

Los matrimonios entre miembros de diferentes religiones no eran extraños hasta finales del siglo XI (Castro 1965, pp. 179, 209, Lea 1910, p. 344) pero se hicieron menos frecuentes durante la ocupación almorávide. Durante los 120 años del período morisco de la historia del Estado español, los matrimonios entre miembros de distintas religiones se vieron favorecidos por la impuesta homogeneidad religiosa (Lea 1901, pp. 19, 21, 26, 344, Levi-Provençal 1932, p. 35, Cardaillac 1979, p.48).

Se concedieron eximentes del edicto de expulsión que afectaron principalmente a la nobleza granadina que había sido incorporada a la aristocracia cristiana, a los miembros del clero, miembros compuestos de responsabilidad civil, los nacidos de matrimonios mixtos y a los huérfanos (Lea 1901, p. 321, Cardaillac 1979, Domínguez 1979, pp.142, 144-146, Gran Enciclopedia de Andalucía 1979-1981, Caro 1976, p. 22).

Los moriscos portugueses sufrieron en escasas ocasiones el edicto de expulsión y, si así era, venía justificado por una negativa explícita a adoptar la religión cristiana; esta medida fue un intento de hacer evidente la separación respecto de la Inquisición Española (Boudon 1970, Livermore 1976).

De este modo el Sur de Portugal puede considerarse como modelo referencial de un núcleo intacto de población mora (una advertencia sobre este punto: los datos serológicos para Portugal deben ser usados con extremo cuidado debido a la amplia asimilación de negros africanos a lo largo de los últimos 400 años).
Es interesante reseñar que las costumbres musulmanas han sobrevivido hasta el momento presente en zonas de la Andalucía rural (Gran Enciclopedia de Andalucía 1979-1981, pp. 210, 2.309, 2.353, 2.454, 2.768, 27.809, 3.230) y en fecha tan tardía como 1769, un granadino fue castigado por practicar el Islam (Lea 1901, pp. 392-393). Véase igualmente Caro (1976, p. 246).

Las Taifas

Vemos que, en las subdivisiones regionales de la Península Ibérica que acontecieron tras el hundimiento de la estructura del califato de Córdoba, los reinos de las taifas orientales eran gobernados por las llamadas “dinastías esclavas”, esto es, pueblos de origen mayoritariamente cristiano (los saqalibas) y resultantes de una fusión de las élites de los cuerpos militares de esclavos francos, negros, eslavos y catalanes, y otras importaciones demográficas (Ladro 1979, p. 101). Hasta qué punto esta mezcla había permeado a estas sociedades, es una incógnita.

Se observa una gran extensión central en manos de mawallads y otras áreas más pequeñas al sur gobernadas por dinastías de origen bereber. Intentaremos probar que estas divisiones regionales son relevantes para la discusión estadística. Hay que reseñar igualmente la importación de un número considerable de esclavos africanos para el uso doméstico y también de concubinas dentro de las áreas musulmanas.(Levi-Provençal 1932, p. 31, Watt 1965, p. 91, Gran Enciclopedia de Andalucía 1979-1981, p. 308, Caro 1976, p. 87-91).

Judíos de la Península Ibérica

En el momento de la invasión norteafricana de 711 existía en la Península una comunidad judía bien asentada, de tamaño considerable y socialmente influyente (Torroba 1967, Levi-Provençal 1967, p. 230, Bourdon 1970, p. 44, Domínguez 1977, Porcel 1977, Medina 1980, Vaer 1981, Valdeón, p.28). Medina (1980, pp. 441-459) mantiene que la mayoría de los judíos ibéricos descienden de prosélitos. Aquellos judíos que se negaron a aceptar el cristianismo tras la rendición de Granada en 1492, fueron deportados. El bautismo fue aceptado por muchos y estos conversos forzados incrementaron el vasto grupo ya existente resultado de las persecuciones en masa de años anteriores.

Al principio los judíos del Estado español encontraron refugio en el Estado portugués, donde, sin embargo, también toparon pronto con el celo inquisitorial. Algunos huyeron a países limítrofes del Mediterráneo (donde aún existen comunidades de judíos castellano-parlantes), otros los hicieron a los Países Bajos y Gran Bretaña, por ejemplo, los Disraeli (Torroba 1967, Mourant, Kopec y Domaniwska-Sobezad 1978, Baer 1981).

Implicaciones analíticas en la historia de la Península Ibérica

El trasfondo histórico del Estado español permite realizar las siguientes hipótesis de orden serológico:

(1) Los pueblos de la costa oriental pueden presentar rasgos distintivos en la relación a los de otras partes de la Península Ibérica en lo relativo a la frecuencia de B y de CDE (reflejando así el rastro de los reinos taifas-esclavos, y un factor añadido resultante de colonizaciones anteriores (Perellada 1980), poseyendo la región un amplio memorial de incursiones semíticas previas al período histórico musulmán.

(2) La población del sur del Estado portugués debiera presentar características ‘moras’ identificables si, realmente, los moros poseían frecuencias típicas de polimorfismo sanguíneo.

(3) La amplia distribución de los descendientes de conversos debiera guardar alguna relación con la frecuencia de grupos sanguíneos de las modernas comunidades sefardíes, a menos que, como defiende Medina, la mayoría de los judíos Ibéricos desciendan de prosélitos.

Datos y métodos

Todos los datos se derivan de las tablas publicadas en las referencias-modelo de Mourant, Kopec y Domaniewska-Sobezak (1976-1978). Por razones obvias, el material disponible varía según las diferentes coberturas geográficas de la información y la complexión de los datos estadísticos (cf. nota de Piazza, Menozzi anda Cavalli Sofrza 1981). El sistema ABO es el mejor representado, como podía esperarse, mientras que los polimorfismos de rhesus están mucho menos documentados. La falta de determinación de RH para Andalucía es un ejemplo.
Los métodos estadísticos multivariables no han sido utilizados de modo significativo en el estudio de datos serológicos humanos aunque muchas situaciones interesantes son casos altamente multivariables. No obstante, recientes aplicaciones han sido realizadas por Carmelli y Cavalli-Sforza (1979) sobre judíos y problemas metodológicos con multivariables han sido considerados por Piazza (1981). Los diagramas triangulares mostrando las frecuencias de ABO no son, hablando estrictamente, estadísticas multivariables y presentan, además, un problema de conclusión al tener las frecuencias que sumar obligatoriamente una constante (cf. Mourant et al. 1978); según ha demostrado Aitchison (1982) tales diseños pueden distorsionar las relaciones entre los puntos de las muestras.
La gran ventaja del análisis estadístico de multivariables es que ordena las pequeñas diferencias en las observaciones de manera que, si tomadas electivamente pueden ser significativas, cuando son observadas de forma individual, pueden no ser susceptibles de diagnóstico.

En el caso especial de datos de frecuencia, como los polimorfismos sanguíneos, es especialmente necesario tener cuidado. Estos polimorfismos representan variables discretas en el sentido de que parte de un alelomorfo puede no ser heredado. Consecuentemente, si una población tiene representación cero de un alelomorfo, digamos B para los vascos, sería erróneo embarcarse en un análisis multivariable de un conjunto de polimorfismos, en tanto que el efecto ordenador de las técnicas multivariables tendería a hacer desaparecer la significación del diagnóstico implicado en B=O.

Algunas referencias técnicas de utilidad para los métodos multivariables usados aquí son las de Blackith y Reyment (1971), Benzecri (1973), Joreskog, Klovan y Reyment (1976), Gnanadesikan (1977), Everitt (1978), Pimentel (1979) y Hawkins (1980).

Métodos multivariables y análisis sexológico

Para asegurar la aplicación satisfactoria de los métodos multivariables a datos serológicos es necesario proceder mediante una estrategia analítica. Según lo ya señalado, una preocupación fundamental es la condición de suma constante de las mediciones en los poliformismos sanguíneos, por ejemplo, si se ha determinado A y B para una cierta población, el valor de O puede obtenerse por simple sustracción. Tales variables ocurren en un espacio cerrado simple para el que los métodos comunes de análisis estadísticos variable no tienen aplicación inmediata.

Aitchinson (1982-1983) ha prestado una cuidadosa atención al problema sugiriendo un medio para transformar el espacio cerrado simple en espacio abierto cartesiano. Propone el uso de la transformación del logaritmo proporcional; esta aproximación ha sido utilizada en los cálculos del presente artículo cuando concurren grupos de frecuencias en las cuales se observa una tendencia a la curvatura (Aitchinson 1983). (N.B. No es posible escapar de la imposibilidad de crecimiento en la conclusión por la simple eliminación de una de las variables del conjunto).

Los métodos estadísticos multivariables pueden considerarse agrupados en tres grandes categorías:

(1) Los análisis de conjuntos de datos presumiblemente homogéneos.

(2) Los análisis de relaciones entre subvectores de una población presumiblemente homogénea.

(3) Métodos desarrollados a partir de la comparación entre dos ó más poblaciones.
La mayoría de los análisis del presente artículo usan la primera de estas categorías. Los métodos habituales para estudiar dichos datos son diferentes versiones del “análisis-eigen”, a saber los componentes principales (y suplentes) para análisis destinados al examen de relaciones entre variables (modo-R) y algunas formas ‘invertidas’ de los componentes principales, tales como las coordenadas principales, para relaciones entre individuos de una muestra (modo-Q). Las propiedades de los diferentes métodos de interés aparecen en Joreskog (al. 1976). Este procedimiento combina desarrollos del modo-R y Q en el mismo gráfico, a la escala conveniente, y su uso es casi exclusivamente gráfico. Un cargo útil de este método es que provee una ayuda visual para localizar distancias entre puntos en relación a componente principales específicos cargados de significación por la segregación entre individuos o grupos de individuos.

En la presente conexión, se ha prestado especial atención a aspectos de estimación vigorosa en el análisis multivariable para la interpretación de observaciones atípicas (cf. Piazza et al. 1981, Campbell y Teymen 1980)

Selección de datos

El análisis estadístico está orientado, en primera instancia, a la elucidación de las relaciones serológicas multivariables en la Península Ibérica y el Norte de África. Se han utilizado para ello, siempre que ha sido posible, muestras homogéneas de frecuencia media para los alelomorfos usados. En algunos casos, las frecuencias de polimorfismos provenientes de una fuente diferente aunque obtenida sobre el mismo grupo de población. Los datos pertenecientes a zonas limítrofes de la región de interés principal han sido igualmente incluidos por motivos de comparación e interpretación justificados por las razones reseñadas abajo.

Islas Canarias

Aunque considerada una provincia del Estado español, la población indígena tiene un sustrato de origen africano que se supone similar al bereber (los llamados guanches). Descendientes de sus pobladores originales han sido, pues, incluidos en el estudio.

Sicilia

El elemento dominante de la población siciliana parece ser de origen norteafricano (cf. Perellada 1980). Sicilia, por lo tanto, debe presentar una configuración serológica similar a la de algunas áreas de la Península Ibérica.

Malta

El elemento fundamental de la población de Malta es árabe y norteafricano (el maltés es un dialecto del árabe). Serológicamente los malteses deben ser similares a los habitantes de Sicilia y el Norte de África.

Al-Ándalus

Andalucía, Murcia, Badajoz, el Algarve, La Sierra de Alcaraz y aledaños, el Valle de Alcudia, Almadén, Puertollano y aledaños, aunque considerados región del Estado español, la población indígena tiene un fuerte sustrato similar al bereber (norteafricano) descendientes de los pobladores originales tartessos.

Análisis estadísticos

Los resultados presentados en esta sección están estructurados de forma que los problemas de dimensionalidad de incremento progresivo aparecen considerados de forma satisfactoria.

El sistema ABO

Las conexiones entre las poblaciones de Al-Ándalus, Argelia, las Canarias, Túnez, Libia, Sicilia y Marruecos fueron estudiadas mediante análisis de las variables canónicas para obtener una impresión gráfica de coincidencias eventuales entre las regiones. Se muestra la proyección de los campos de puntos individuales en el plano de las variables canónicas primera y segunda (véase Blackith y Reyment 1971, para el estudio detallado de historiales de aplicación de las variables canónicas en biología). Al-Ándalus configura un grupo a la derecha rodeando una media tunecina (marcada W para los wahabitas, una secta musulmana original de Djerba, considerados como bereberes puros (cf. Enzyklopaedides Islams 1913, p. 1175), algunas medias de isleños canarios y una media marroquí.

El conjunto norteafricano muestra una coincidencia considerable e igual sucede entre los campos italianos y norteafricanos.

Frecuencias de ABO, M y D

Es bien conocido que el alelomorfo MNS difiere muy levemente a escala regional (Beckma 1959, Mourante et al. 1976). No abundan los datos disponibles comparados con el sistema ABO y sólo en 11 conjuntos puede ser analizada esta conexión.

Los resultados para los análisis de las medias multivariables mediante las principales coordenadas aparecen en la figura 3. Se observa que parece existir una relación lineal entre Ibiza, los wahabitas de Djerba y el sur de Portugal. León aparece situado lejos de Asturias y Sevilla, las cuales aparecen situadas en la misma área general ocupada por Ibiza, el sur de Portugal y los wahabitas. Otro resultado interesante es que los puntos correspondientes a Sicilia y Lyautey (Marruecos del noroeste, uno de los lugares de asentamiento de refugiados moriscos durante el siglo XVII), se encuentran muy cercanos. Un aspecto sobresaliente de esta proyección es que las medias para los judíos sefardíes de Marruecos y Túnez (Djerba) se desarrollan distanciadas entre sí (cf. Mourant et al. 1987).

Inclusión del complejo rhesus cDe

El complejo cDe del sistema Rh ha sido considerado como diagnóstico adecuado para elucidar relaciones entre poblaciones del Mediterráneo Occidental, en tanto que su aparición en frecuencias significativamente altas se consideran como reflejo de la presencia de elementos del África negra.

La figura 4 muestra el gráfico de los ejes primero y segundo de las coordenadas principales de 16 medias de población para A, B, O y cDe. Este gráfico incluye una red de cruces del mínimo de Prim, un recurso que funciona como ayuda práctica para indicar relaciones de proximidad en un espacio multidimensional; debe observarse que tal árbol es específico para un conjunto particular de observaciones y no debe ser utilizado para generalizaciones (o hacerlo con todas las precauciones posibles). En esencia se confirma los resultados obtenidos para las frecuencias del ABO, aunque también aparecen otras muestras de judíos consideradas las cuales, a su vez, se encuentran localizadas en lugares similares.

Un análisis de correspondencia ha sido realizado para la combinación ABO: cDe. Como ya se ha señalado, este método ofrece un medio para mostrar las interrelaciones entre la distribución de las medias de población y las variables, especificándolas, en este caso, las cinco frecuencias. La zona del cDe congrega poblaciones de bereberes, valencianos, isleños canarios y barceloneses. El área con alta presencia de B se concentra en muestreos sobre poblaciones judías.
Los porcentajes para el tercer eje de análisis de correspondencias de los datos de ABO y cDe son particularmente informativos. Al sobreponerlos en un mapa los porcentajes para las provincias orientales del Estado español están cercanos a los obtenidos para los bereberes. Los porcentajes para el noroeste del Estado español y el Norte del Estado portugués son similares y difieren sustancialmente de los obtenidos para la zona sur y orientales del Estado español, el sur del Estado portugués y el Norte de África. Es interesante igualmente el valor obtenido para los musulmanes libaneses de la escuela Shiah al ser muy similar al del noreste de la Península Ibérica.

Sistema ABO y Complejos Rh cDe

Un análisis más comprensivo del sistema rhesus apoya los indicios ya obtenidos. El desarrollo de las dos principales coordenadas para estas variables tiende a polarizar una mayor diferenciación entre (1) noroeste ibérico (2) sur-oriental Ibérico con (3) África del Norte, Malta y Sicilia, y los judíos. Los datos para los vascos aparecen aquí incluídos y es quizá significativo que los catalanes y vascos no están muy alejados entre sí en la proyección (cf. Explicación histórica en Perellada 1980). ¿Puede interpretarse esto como prueba de la existencia de un elemento proto-vasco en Cataluña?

(Mourant et al. 1976, p. 64) El análisis anterior fue complementado por un estudio de un componente principal de 25 poblaciones, incluyendo una de vasco-franceses para la cual B=O. En todos los detalles esenciales apoya las indicaciones obtenidas en el análisis de coordenadas.

Interpretación de los análisis

Quizás el rasgo más sorprendente del estudios es que las poblaciones de Aragón y de las provincias orientales del Estado español se separan notablemente de las del noroeste español y norte de Portugal, no sólo en lo referente al sistema ABO, sino también en los complejos RH. Esto está sucintamente expresado para el tercer vector del análisis de correspondencias desarrollada sobre la situación geográfica. Ello se debe al origen moro de las provincias orientales por la fuerte influencia de las tribus andaluzas y norteafricanas.

Es un hecho conocido que la mayoría de la relativamente amplia población judía de la península Ibérica fue asimilada por medio de las conversiones en masa al cristianismo. Es por ello sorprendente que este hecho no haya dejado rastros identificables en los polimorfismos sanguíneos analizados. Medina (1980, p. 441) considera que la mayor parte de los judíos españoles son descendientes de prosélitos (conversos al judaísmo).

A la luz de los datos publicados, las frecuencias de polimorfismos sanguíneos analizados para Galicia y León (noroeste del Estado español), no difieren notablemente de los de la Europa del Norte. El noroeste de la Península Ibérica fue ocupado por los musulmanes de Al-Ándalus sólo de forma esporádica durante los primeros 200 años de existencia de Al-Ándalus, nunca con anterioridad.

Conclusiones

El análisis estadístico de las multivariables de los polimorfismos sanguíneos para el Mediterráneo occidental muestra la existencia de lo que puede ser considerado un “sustrato moro” en algunas zonas de la Península Ibérica. Estos rastros se hayan más acrecentados en áreas que sabemos han servido de asentamiento a una relativamente alta proporción de elementos exóticos de población, tales como son los reinos esclavos taifas (básicamente como resultado de las elevadas frecuencias de B y cD), sobre la información disponible, este hecho es particularmente notorio en las provincias del sur y orientales de la Península.

Dado que los moros de la Península Ibérica presentaban pocas diferencias raciales con los cristianos; parece constatarse el hecho de que cualquier rasgo moro identificable debe provenir del Norte de África, del Oriente Medio y del componente negro-africano de la población musulmana original. El contorno moro del sur y oriente peninsular puede verse incrementado a consecuencia del origen moro de estas poblaciones pre-islámicas (anfictionía de Tartessos, cultura ibero-bereber) relaciones con el norte de África y Oriente Medio (Medina 1980, Perellada 1980).

Castro (1965) ha especulado con la posibilidad de que las primeras áreas reconquistadas por los cristianos pueden presentar los niveles más altos de integración de la población (musulmana) original. Esta teoría se sustenta en las diferencias que tienen lugar entre las poblaciones del noroeste español (conquistadas tempranamente) y del noreste (ocupadas sólo de manera esporádica por fuerzas musulmanas).

¿Puede afirmarse algo sobre el período en que tuvo lugar la mayor parte del proceso de asimilación? Este período posiblemente fue anterior al siglo XII, cuando el nivel de tolerancia religiosa era mayor, e igualmente previo al endurecimiento de la actitud cristiana oficial provocada por los levantamientos, en el sur del Estado español, de la cruelmente explotada población mudéjar. Las áreas mediterráneas con un pasado similar al de la Península Ibérica presentan comportamientos similares al ser sometidas al análisis de multivariables (Malta y Sicilia).

Los métodos de análisis aquí utilizados carecen, necesariamente, de cierta sutileza debido a las restricciones derivadas de los datos disponibles. Aunque los análisis no pueden arrojar soluciones inequívocas para la paleodemografía de la Península Ibérica, ayudan a trazar nuevos caminos de investigación como, por ejemplo, la necesidad de más datos comprensivos serológicos para Andalucía. En algunos casos los resultados de las multivariables pueden anticiparse mediante la simple inspección de B y cDe.

El poder de aproximación multivariable, se hace visible cuando no existen distinciones claras entre las frecuencias y los casos en los que la información requerida aparece contenida dentro de algún orden natural de los datos.

Agradecimientos

Deseo expresar mi agradecimiento al profesor M. Hecht (Nueva York) y Dr. A.E. Mourant (Jersey), y a mis múltiples colegas españoles, entre los cuales quisiera citar al profesor J. González Donoso (Málaga) y al Dr. M. Palacios Lamolda (Bilbao) por su interés y apoyo. Agradecer igualmente al señor J. Aranki su ayuda en la traducción de textos en árabe. Este trabajo fue financiado parcialmente por la donación 2320-116 del Consejo Sueco para la Investigación de las Ciencias Naturales. (NFR)

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