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El doble juego de EEUU mina la base del sistema internacional de los derechos humanos

Entrevista a Pierre Sané, Secretario General de Amnistía Internacional (1)

27/08/2001 - Autor: Asensio Rodríguez
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Pierre Sané
Pierre Sané

Coincidiendo con el 40 Aniversario de Amnistía Internacional (AI), el que ha sido su Secretario General durante los últimos diez años, el senegalés Pierre Sané, cede su puesto en la organización a la bangladeshí Irene Khan. Cuando en 1992 Sané inició su mandato dijo que lo hacía porque "trabajar por la universalización de los derechos humanos es el mejor servicio que uno puede hacer a los débiles y desposeídos de nuestras sociedades". Una década después, Pierre Sané analiza los futuros retos para la organización y los nuevos desafíos en materia de derechos humanos.

 

Se cumplen 40 años en la vida de AI ¿Cuáles cree que han sido los grandes momentos de la organización? 

 

 

La década de los sesenta, cuando nace Amnistía, fue una época de cambios significativos. El 68 fue un momento clave, que se tradujo en un importante crecimiento para la organización, porque la gente se identificaba con la defensa de las libertades individuales que AI promovía. Después, en el 77, llegó el Premio Nobel de la Paz, el primero otorgado a una organización no gubernamental. Fue el reconocimiento internacional y nos propulsó a otro nivel, a la vez que supuso una carga de responsabilidad más pesada. Durante el 50 Aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, AI reunió 13 millones de firmas de todo el mundo de apoyo que le fueron entregadas a Kofi Annan. Al mismo tiempo celebramos la primera Cumbre de Defensores de Derechos Humanos en París donde participaron más de 300 organizaciones y se consiguió que la Asamblea General de las Naciones Unidas designase a un representante especial para la protección de defensores de derechos humanos. El 98 también fue un año importante a causa del caso Pinochet y por la firma en Roma del Estatuto del Tribunal Penal Internacional. 

¿Cuáles son los retos que se plantean para el futuro?

 

 

Uno es el asunto de la indivisibilidad de derechos. No se pueden dividir los derechos humanos, hay que trabajar con ellos como un conjunto, con los derechos políticos, civiles y económicos. También está el desafío de la impunidad; después de Pinochet, la lucha contra la impunidad debe ser extendida a otros violadores de derechos humanos. Y está el desafío de la identidad; hasta ahora nuestro trabajo ha estado enfocado a víctimas de la libertad de expresión, ahora el desafío es trabajar por las víctimas a causa de su identidad étnica. Los desafíos son grandes: ¿cómo organizarnos para defender a toda esta gente? ¿Cómo movilizarse para hacer campaña contra la pena de muerte, la tortura en prisiones o la defensa de los refugiados?; es difícil, pero sólo lo lograremos basándonos en el principio de que los Derechos Humanos son para todos. El desafío fundamental es el de la universalización de los derechos. La gente vuelve a su identidad nacional, como respuesta al movimiento de globalización, y esto nos aboca al fundamentalismo. Para AI la defensa de los Derechos Humanos está por encima de los pasaportes o la religión.

¿Sigue siendo una utopía el Tribunal Penal Internacional?

 

 

 Yo creo que no. En la Conferencia de Roma no sólo 120 estados dieron el voto para la adopción del Estatuto del Tribunal Penal Internacional, sino que aún más, 139 lo firmaron y 29 de ellos, casi la mitad de los necesarios para establecer el Tribunal, ya lo han ratificado. Esto es la evidencia de que gobiernos de todas partes del mundo creen que el Tribunal puede tener un efecto práctico para acabar con la impunidad. 

¿Existen muchos intereses en su contra?

 

 

Hay varios grupos en ciertos países que han expresado sus reservas contra el establecimiento del Tribunal, incluso un número importante de Senadores de Estados Unidos. Pero hasta en los Estados Unidos, los sondeos continúan demostrando un amplio apoyo popular para su establecimiento y la ratificación del Estatuto. 

El caso Pinochet ¿implica un nuevo orden de justicia en el mundo?

 

 

El caso Pinochet, junto con la adopción del Estatuto de Roma de 1998, reflejan un cambio fundamental en el derecho internacional: no más crímenes de guerra, no más crímenes contra la humanidad ni genocidios. El caso ha demostrado también que el derecho internacional no es un conjunto de acuerdos que se puedan ignorar sino que es un mecanismo esencial para la protección de los individuos. La actuación de los tribunales del Reino Unido ha creado un precedente muy importante para el futuro de los derechos humanos. Se ha abierto también una puerta de esperanza para todas las víctimas y familiares que todavía esperan justicia.

¿Hasta qué punto la justicia internacional puede intervenir en un estado sin violar su propia soberanía?

 

La justicia universal no es una invasión de la soberanía nacional, aunque los estados pueden, o más bien deben, investigar y procesar a personas sospechosas de crímenes bajo el derecho internacional. Al hacerlo así, están actuando en favor de la comunidad internacional entera y no en su propio beneficio. 

¿Se pueden justificar las invasiones y los bombardeos en nombre de los derechos humanos? 

 

 

La invasión o la pasividad nunca deben ser las únicas opciones. Limpieza étnica o bombardeos: los activistas de derechos humanos nunca deberían tener que elegir entre estas dos opciones. AI ha rehusado desde hace tiempo adoptar una postura sobre si deben o no desplegarse tropas extranjeras en las crisis de derechos humanos. En lugar de ello, afirmamos que estas crisis pueden y deben evitarse. AI no se opone al uso de la fuerza, las leyes deben hacerse cumplir. Cuando la organización pide a los gobiernos que protejan a la gente de las violaciones de derechos humanos y lleven a los infractores ante los tribunales, entiende que esto puede requerir el uso de la fuerza, incluso el uso de medios letales. Cuando nos dirigimos a aquellos que han recurrido a la lucha armada para conseguir sus objetivos, no les pedimos que depongan las armas sino que respeten los derechos básicos de los civiles y de sus oponentes. Lo mejor que podemos hacer es garantizar que, sea cual sea el camino que se elija, haremos todo lo que este en nuestra mano para contener el sufrimiento y dar a conocer nuestra indignación a los poderosos. La prevención de las crisis de derechos humanos es el camino adecuado. El problema no es la falta de alerta temprana, sino la falta de acción temprana. Pedimos que las cuestiones de derechos humanos se consideren un factor fundamental en todas las etapas del proceso de resolución del conflicto, de mantenimiento y de construcción de la paz. Pedimos a todas las partes que respeten el derecho internacional. Mantenerse al margen del clamor en favor de la acción armada es difícil en vista del sufrimiento inmediato; significa reconocer nuestras propias y dolorosas limitaciones. No obstante, considero que es una postura sensata, y desde luego la más defendible, para una organización que se dedica a la protección imparcial de los derechos humanos. 

¿Piensa usted que la pena de muerte puede ser abolida en el mundo?

 

El año pasado dos países, Malta y Costa de Marfil, abolieron la pena de muerte para todos los delitos. Albania también la abolió, pero sólo para casos por delitos comunes.  Como el número de países que quieren abolirla está creciendo significa que el sueño de nuestros fundadores se está convirtiendo en realidad. Según nuestros archivos, más de la mitad de los países del mundo la han abolido. Hasta la fecha, 75 países abolieron la pena de muerte para todos los delitos, 13 para lo que denominamos delitos comunes, 20 países son abolicionistas en práctica, que significa que desde hace 10 años no han ejecutado a nadie, y 87 son retencionistas, es decir que su código penal prevé la pena de muerte. Frente a esto, también tenemos que decir que durante el año 2000, 1.457 personas fueron ejecutadas en 28 países y 3.058 personas fueron sentenciadas a muerte. 

¿Qué opinión le merece que el nuevo presidente de Estados Unidos defienda la pena de muerte?

 

 


Por lo menos sabemos con certeza que quien está en la Casa Blanca es autor activo de la pena de muerte. Él no finge que quizá un buen día pudiese cambiar. Esto da más fuerza a los grupos de defensa de los derechos humanos.

 

Parece paradójico que un país estandarte de los derechos humanos y la libertad en el mundo, sea uno de los mayores violadores de muchos de ellos.

 

Sí, a pesar de sus demandas a la dirección internacional en derechos humanos, los EEUU no están respetando la promesa fundamental de derechos para todos en su país y en el extranjero. Miles de personas son víctimas de violaciones de derechos humanos en su territorio, y los EEUU contribuyen a estos abusos proveyendo de equipo y entrenando a gobiernos y a grupos armados que han realizado torturas, matanzas políticas y otros abusos. Los EEUU desempeñaron un papel fundamental en la concepción de la ONU y de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Dentro de la ONU  han ocupado una posición privilegiada, siendo uno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad con derecho de veto, con poder para bloquear decisiones. Durante los años 80, ha ido rechazando el pago de deudas como miembro de la ONU a la vez que intentaba influenciar su política. Una década más tarde, todavía no ha pagado lo que debe, llevando a la ONU al borde casi de la bancarrota. Este doble juego mina la base del sistema internacional de los derechos humanos proponiendo una noción muy selectiva y política de los mismos.

Una de las campañas actuales de AI se centra en el tráfico de armamento ¿cree que es posible controlar este comercio internacionalmente?

 

En el mundo se están librando al menos diez guerras internacionales y veinticinco guerras civiles, muchas de ellas en el África subsahariana, y las exportaciones de armas a la región casi se duplicaron el año pasado. Mientras la atención internacional se centra en las armas nucleares, químicas y biológicas, la proliferación de armas ligeras prácticamente se ha pasado por alto. El verdadero problema es que las mayores potencias del mundo, que son las principales exportadoras de armamento, no han puesto casi nunca los derechos humanos y la protección humanitaria como prioridad del control de armamento. Más bien, tienden a tratar estas exportaciones como otra empresa, haciendo de ellas un negocio. Hace tres años, AI presionó a los estados de la Unión Europea para aceptar un Código obligatorio para las Exportaciones de Armamento, y seguimos trabajando en este sentido. Cada vez más, los gobiernos despiertan y comienzan a actuar. 

Y la mujer, ¿sigue siendo un asunto clave para  AI?

 

Sí, en el nuevo plan de operaciones el Secretariado Internacional se ha comprometido a continuar la investigación y acciones sobre infracciones de derechos contra mujeres y niños. Una Unidad de Género se establecerá en breve para coordinar las investigaciones y campañas relacionadas con los derechos de la mujer. Y continuaremos nuestro trabajo con ONG y redes nacionales e internacionales especializadas en asuntos de género. 

Hace unos días terminó su mandato en AI, ¿siente que se han visto cumplidas sus metas después de 10 años en la organización?

 

En su mayor parte. Los noventa fueron para mí un período de adaptación y de toma de tiempo para entender qué nuevo mundo estaba surgiendo como resultado del fin de la Guerra Fría, y del hecho de existir una sola superpotencia. Por aquella época hice un análisis del desplome del socialismo en Europa del Este, del fracaso del desarrollo en la mayor parte del tercer mundo y de la globalización de la economía. Supuse que la globalización tendría un papel central en el crecimiento de conflictos y que habría una transformación en las violaciones de derechos humanos; me cuestionaba cómo sostener la presión sobre los violadores de derechos humanos y cómo hacer para que durasen los cambios; del mismo modo, me planteé promover los derechos socioeconómicos. Estos eran algunos de los desafíos que me propuse en aquel momento. Ahora, cuando vuelvo a leer este papel, pienso que más o menos he logrado lo que quise, llevar a la organización al punto donde estuviese preparada para moverse en el siglo veintiuno. Cuando ahora veo a los defensores de los derechos humanos, me doy cuenta que el cambio ha sido tremendo.

 

Nota

(1) Pierre Sané, de 52 años,  casado y  padre de dos hijos, nació en Dakar, aunque en la actualidad reside en Londres. Nombrado Secretario General de Amnistía Internacional (AI) en 1992, Sané ha dirigido el Secretariado Internacional y ha ejercido de director ejecutivo y principal portavoz de la organización, representando al movimiento ante gobiernos y  organizaciones internacionales. Su historial académico incluye estudios en ciencias políticas, administración pública, finanzas y contabilidad. Es miembro fundador del comité internacional de PANAF, organización no gubernamental creada por africanos que tiene como objetivo la unificación africana. En 1998 se dirigió al Consejo de la Organización de los Estados Americanos para pedir la suspensión de la pena de muerte en América. Asimismo, encabezó la campaña mundial para conmemorar el cincuentenario de la Declaración Universal de Derechos Humanos, y presidió la Cumbre de Defensores de los Derechos Humanos de 1998. Después de 10 años como Secretario General de AI terminó su mandato a finales del mes de abril a punto de conmemorarse el 40 Aniversario de la organización.

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