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La visita de la basmala

Intuí su presencia envolvente, traspasándolo todo

17/08/2001 - Autor: Huseyn Vallejo
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Basmala
Basmala

A mediados de mes vino a verme la basmala, yo no podía verla pero intuí su presencia envolvente, traspasándolo todo. Primero fue un susurro, pero su suavidad y modo de alagarme me alarmó: creí que se trataba del Shaytán, que venía a embaucarme. Pero esa presencia muy despacio fue aclarándose en su origen, y al definirse dejó claramente su signo en mi lengua quemada: se trataba de la mismísima basmala, que había venido desde el Libro para acompañarme en la obertura. La presencia de la rahma me iba llenando de compasión y de ternura, me conducía de paisaje en paisaje, de un asombro a otro asombro, de un poema a otro poema.

A esta experiencia la he llamado "visualización de la basmala", y ha dejado como resultado este breve texto, donde trato de expresar su modo de aparecerse ante mi en esa ocasión inolvidable:

Avanza la basmala con su cuerpo de aire,
entre los árboles de fuego,
de par en para abiertos a la nada.

Avanza la basmala con un fluir y confluir de suertes,
de azar sin condición, de azar dado al provecho de lo Uno.

Cruza por precipicios sin vida y sin sentido,
por apariencias rotas y perdidas en lo precario de nuestra alegría.

Cruza por parturientas y por piedras,
por águilas y hombres que abren de par en par sus pechos a la rahma.

En su avanzar lo abarca todo, cruza por los desiertos y las plantas
con una suavidad de viento que enamora,
dándose enteramente a formas y disfraces,
a las mentiras y al cansancio, al criminal y a la locura,
al traidor y al traicionado, a la amistad y al grito, al corazón y a la pezuña.

Avanza la basmala como quien sabe todo de todos y a todos ayuda,
como si darse fuera dar la fuerza, abrirse ser la llave,
donarse dar los dones que devolver al mundo.

Traspasa la basmala todo eso, va más allá del más allá
y se posa tan solo en el avance de su sueño:
allí queda parada, atónita y contenta, viéndose arder como agua fría,
quemar como agua helada.
Y en su parar destruye una montaña.

Traspasa la basmala todo eso y avanza hacia el vacío
de donde surge el hueco de donde surge el canto de la ilaha.

Avanza la basmala hasta la ilaha,
se rompe en su presencia y se somete desde su corazón de criatura.

Cuando hube acabado de escribir sentí su aprobación muy dulcemente. A lo largo de las siguientes semanas ella iba posicionándose dentro mío como un aliento húmedo y caliente, haciéndome entrar en un sopor bendito. Su voz, sin embargo, se fue haciendo oscura, temible en apariencia. Por ciertos signos y sucesos a mi alrededor me di perfecta cuenta de que se trataba de ar-rahmân, la mitad de la basmala. Sorprendido por su oscuridad, me vi llevado a preguntarle:

— ¿Si no traes la vida... a que has venido?

— Yo, que traigo la vida, también traigo la ausencia de vida como signo. Soy vientre y vacío de luz a tu lado que busca donarse con hambre y deseo... pero también, como toda criatura, estoy obligada a leer los signos para no perderme. Tu eres poeta, tu eres hijo de la ausencia... así pues, no preguntes: ¡escribe!

Inmediatamente me propuse obedecerla, no sabiendo muy bien que ni como debía escribir. La única manera posible de hacerlo era dejarse llevar por su mandato. Se trataba de someterse, de aceptar esa noticia oscura que ahora la basmala me traía con el criterio de la Unión detrás de todo. En esa estación de somnolencia, rendido y postrado junto a ella, me puse a repetir la illaha. Sentí como de nuestro dzikr conjunto surgía una tercera voz: era una voz vinculada con ar-rahîm en mí, que se iba haciendo ahora luminosa. De sus palabras que hice mías, puedo ahora repetir esta du’a:

Allahuma Dador de vida, Dador de muerte
te entrego mis anhelos, mis ansias de dar vida,

te entrego mi camino celeste y mi destino

es ya ante Ti un reflejo de la nada.

Allahuma Dador de muerte en vida,

te doy todas mis ansias de más vida,

me enlazo a Ti solidamente por mis huesos,

por el cuerpo sutil y por la mano

abriéndose a los hombres sin futuro.

 

Allahuma Dador de vida,

me doy al devenir, fluir de lo que sea,

como palabra dentro de una frase

que yo no se decir, que no se sabe cuando

cobrará sentido.

 

Allahuma me entrego como el Verbo,

con manos y con brazos y costado

traspasado de amor, hacia Sophia.

Allahuma Dador de lo que sea,

quiero fluir por dentro de la vida

como gota en el mar de Tu deseo.

 

Todo esto me sucedió en Córdoba, entre julio y agosto del año 2.001 después de Cristo, o en el Jumada al-Awwal del 1422 de la Hégira.

Así pues recibí la visita de la basmala. Ella no trajo en esta ocasión la vida, pero trajo la Unión, una experiencia de Tawhid real y contundente, tal y como he tratado de expresar de la manera que me es propia.

Al-lâhu Akbar

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