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La fortaleza de la Ummah

10/08/2001 - Autor: Ahmed Lahori
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Si decimos que el Islam sigue vivo como fuerza capaz de renovar el mundo es porque el creyente ha hecho de la Revelación algo constante. Cuando esto sucede Allâh se manifiesta en todo, sus dones desbordan. Los medios de Allâh para llegar al hombre son múltiples, son tantos como hombres hay y han existido, y tienen que nacer todavía. Sus caminos infinitos cubren de resplandores la tierra como madre, y eso es así aunque muchos no lo vean.

Nosotros decimos que la Revelación de la Ley es el núcleo del Mensaje. La Ley es sólo eficaz allí donde hay un corazón que la recibe, donde hay un creyente que la cumple —que le da cumplimiento. Ningún Estado, por muy islámico que se llame, puede sustituir el hecho esencial de la Revelación por un aparato legalista adaptado a los intereses de una clase. Ningún gobierno tendrá jamás legitimidad para interponerse entre el Señor y Su siervo.

La vida del musulmán está dominada por lo Absoluto. El hombre no es una criatura de Allâh simplemente porque cumpla con un rito: un esquimal o un indio de la selva amazónica, que nunca han oído hablar de Muhammad, pueden estar más cerca del Absoluto que un supuesto creyente que se postra y compra y vende carne humana, como sucede, por ejemplo, con la familia real saudí (casi) al completo, aunque estos sean más esenciales a la ummah desde el punto de vista de su propagación externa.

Si el rito es necesario es por su capacidad de unir a los hombres, y para hacer capaz al hombre de ser recipiente de la rahma. Siendo así, prescribir su obligatoriedad legal por parte del estado, y tratar de imponerla mediante vigilancia y acción policíaca equivale a pretender imponer el Dîn, cuando el Dîn, por su propia esencia, no puede ser impuesto: es algo que se inicia en el corazón del hombre y desde fuera solo se le pueden facilitar los medios para que ello suceda, pero jamás imponerse.

Desde el momento en que la asalat colectiva es utilizada por unos poderes políticos determinados pierde su carácter y se convierte en otra cosa. El ver convertirse al Islam en una ideología es algo que nos amenaza desde el momento en que se aplican métodos de lectura puramente lineales a la Palabra revelada, renunciando completamente al Tawil, a la hermenéutica espiritual que ha sido uno de los grandes aportes del Islam como cultura.

El Dîn no puede imponerse, como queda claramente remarcado en el Corán, y añadiremos que fue desde un principio su autenticidad lo que hizo al Islam expandirse tan rápido en los primeros tiempos, y no la espada. Dicha autenticidad no es más que el resultado de la cercanía del fenómeno total e irreductible de la Revelación. La espada no podía garantizar un lazo verdadero, y por eso se desmembró el Islam como idea de imperio, para dejar paso a las sectas y facciones que tanto nos sorprenden. Y aunque para algunos esa diversidad sea un problema, en verdad es la muestra de una vitalidad sin límites.

¿Porqué Allâh ha querido la actual diversidad y territorialización del mundo islámico? Nosotros no podemos acceder al verdadero conocimiento, pero tenemos el deber de musulmanes de tratar de pensarnos como insertos en el plan divino, y debemos creer que, aunque para nosotros sea inalcanzable, dicho plan existe. Por ello pensamos que en el momento presente la variedad del Islam es un don incomparable, aunque para muchos sea un síntoma de error o de debilidad.

Internamente, nos obliga a abandonar la concepción tribal-imperialista, que tanto daño causa y ha causado. En el clima de enfrentamiento actual, cuando occidente impone su terror y ataca al Islam en todos los frentes, se nos hace claro que no es militarmente como el Islam puede defenderse del sistema shaytánico. Debemos aprender la lección de toda guerra: éstas las ganan los fabricantes de armamentos.

Si pensamos en la situación actual, hace ya más de una década que oriente medio se ha convertido en el mayor mercado para los fabricantes de armas y equipamiento militar, y esas armas no han contribuido ni un ápice a mejorar la situación, ni del pueblo palestino ni de ningún otro. De ese modo solo conseguimos alimentar a la bestia. Puede considerarse colaboracionista con el sistema shaytánico internacional a todo aquel que compra y vende armas y plantea la guerra como Vía de liberación de las naciones.

Los que pretenden vincular la supervivencia del Islam a la idea de un Estado fuertemente armado, capaz de defender las distintas fronteras nacionales caen en un profundo sinsentido. Defender unas fronteras que el Shaytán nos ha impuesto no es tarea de musulmanes sino más bien algo propio de una bestia acorralada. La supervivencia del Islam no se ha dado al nivel del Estado, sino al nivel del pueblo. Sólo tras la colonización ha aparecido la ideal de un Estado islámico. Pero dicho estado pretendidamente islámico basado en la Sharia aplicada por una casta de jueces y verdugos —por un aparato represor— está muy lejos de representar a la Ummah.

La realidad es que Allâh ha querido la debilidad militar de los llamados países musulmanes, pero al mismo tiempo ha dado al mundo islámico la suficiente amplitud y fortaleza como para constituir una amenaza para aquellos que pretenden dominar el mundo mediante la destrucción y el desarraigo. El Islam sigue aspirando a la hegemonía, y sabe que los modos de Allâh son misteriosos. Él nos ha dado el Libro como fruto, y no como arma. Aspirar a una hegemonía no militar sino por la conciencia de la superioridad de la civilización anunciada en el Libro es confiar en Allâh y en el poder de su Mensaje. El musulmán debe comprender aquello que el Islam puede ofrecerle a la totalidad de un mundo en vías de extinción, y no competir como doctrina. El musulmán debe pensar de nuevo lo que la universalidad es y representa.

El canibalismo contemporáneo (la creación y mantenimiento de países-fábrica en los cuales se explota sistemáticamente a la población con la connivencia de una minoría, los planes de aniquilación masiva, etc.) no puede tener futuro: está condenado a auto-fagocitarse, siguiendo la lógica interna del nihilismo que lo inflama.

No es mediante la defensa de estados islámicos altamente militarizados como defendemos al Islam. El Islam debe trabajar al margen del Estado, debe trabajar propiciando ese aflorar de la vida unida al Creador de los mundos, debe potenciar cualquier forma de hacer y de unir a los hombres al margen de las instituciones. La Ley del Islam es la Ley de lo que aflora, de lo que se revela al corazón del hombre que solo se postra ante Allâh.

"¡Y te hemos revelado a ti el Libro con la Escritura Divina para rectificar lo que las manos han cortado del Libro y cuidar de él, para que administréis justicia entre vosotros con lo que Allâh os ha revelado! ¡Y no sigas sus pasiones porque te apartarán de lo que de la verdad te ha llegado! ¡Para todos hemos hecho surgir entre vosotros una Ley de Leyes y un modo de vida! ¡Y sabed que si Allâh hubiese querido, habríamos hecho de vosotros una única comunidad; para probaros en lo que se os ha dado! Así pues ¡rivalizad en las mejores obras! ¡Todos volveréis hacia Allâh! ¡Entonces se os informará de todas vuestras discrepancias!"

Corán Al-Ma’idah (5: 48)

Cuando el sistema shaytánico se derrumbe (y ya está empezando a hacerlo) será a causa de su propia inercia, de la semilla de muerte que contiene. En el momento de su desmoronamiento solo quedará en pie aquella visión de la vida que se haya mantenido fuerte al margen del sistema, que haya sabido eludir esa lucha exterior a la que el sistema nos aboca, para dar cabida a la Palabra y su potencia creadora. Y el Islam debe estar preparado para entregar la luz que sólo el retiene, para recomponer el mundo en torno a una Palabra entendida como fuerza que cohesiona, que se dona a las gentes para garantizarles un marco en el cual puedan desarrollar sus potencialidades libremente, sin que su camino personal se vea desviado por ningún interés ajeno.

El año 1621 el inglés Robert Burton publicó su Anatomía de la melancolía. Según éste, el exceso de leyes muestra la falta de respeto del Estado hacia el hombre. Por ello, un estado respetable es aquel que tiene pocas y buenas leyes (navaja de Ockham), pero cumplidas de forma precisa. En dicho Estado el ciudadano se verá libre de las tensiones y abrumadoras cargas que un exceso de normativa acarrea, libre de la insatisfacción y la histeria, de las manías y todo tipo de desarreglos mentales. No es el cumplimiento de una obligación lo que nos abruma, sino lo complejo e inasible de un sistema legalista y altamente burocratizado donde el hombre pierde su consistencia y ya no puede valerse por si mismo.

La psicología medieval europea clasificó y denominó canibalismo a una desviación patológica extrema de la melancolía. Se trata de aquella situación en la cual el objeto del deseo se convierte en mito que nos aboca a una exterioridad sin esperanza, pero al mismo tiempo se aumenta el deseo. Se trata de un mundo que se devora a si mismo para saciar su hambre de progreso y ansias de poseer aquello que se nos escapa, a saber: el carácter imposible de fijar de un mundo que si no se comprende como tal nos crea una ficción en la mirada, ficción que repiten incansablemente los medios y nos nubla el cerebro sin alcanzar sosiego más que en la posesión y el despilfarro.

La melancolía se ha convertido en angustia, y ésta es el resultado de anular la inspiración (palabra interior) como motor para la acción humana. Dicha desviación funciona hoy en día del modo más cruel imaginable, pues nadie hubiese pensado que dichos complejos primitivos se desarrollasen hasta la exasperación en una sociedad técnicamente avanzada, capaz de poner maquinaria y técnica al servicio de una sed insaciable de dominio.

La Sharia es esa Ley con la cual soñaba Robert Burton: no una carga abrumadora sino un medio simple y abarcador de lograr que los hombres desarrollen su potencial interno. Y en el centro de la Sharia está el Quisas: la Ley de la balanza, de los vasos comunicantes, el único camino para que todo vuelva a ese orden natural que ha sido transgredido. No debemos ver el Quisas como una forma de castigo sino como la ley emocional interna de capaz de reestablecer un equilibrio que ha sido destruido.

Junto al Quisas, como su pareja inseparable, está el Perdón: abolir el Quisas internamente es aquello que los íntimos de Allâh han realizado, pues ellos han comprendido que no hay maldad en el mundo, que todo forma parte de la rahma, y que los que transgreden actúan contra si mismos por ignorancia, y esa ignorancia debe ser combatida. La fortaleza interna de la ummah se muestra allí donde los hombres son capaces de valorar lo que los une por encima de lo que los separa, y los creyentes saben que todos los hombres se hallan unidos por su origen en Allâh. La posibilidad externa de la ummah está en saber aplicar ese saber en el camino de la lucha por la liberación de las naciones, una lucha que nos implica en tanto que hombres universales.

¡Musulmanes! Guardaos del Shaytán, guardaos de caer en sus maquinaciones y propagad la luz. Combatid con la luz de la Palabra y del conocimiento, con la visión de la Unidad de todo lo creado como único horizonte, de la magnificencia y generosidad de Allâh como única certeza...

Pero sólo Él sabe.

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