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Islam y progreso

31/07/2001 - Autor: Abdullah Bartoll Ríus - Fuente: Webislam
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Suyyud
Suyyud

"Es poco probable que el Islam se pierda en la civilización occidental hasta el punto de olvidar su Personalidad, aunque puede utilizar el estímulo exterior como poderoso motor para asegurar su propia revitalización.». «El Islam es eminentemente humano en el sentido de que acepta al ser humano tal como es, y humanista pues le interesa el descubrimiento y la manifestación de las riquezas potenciales del ser humano».

(A. Toynbee. Islam. p. 224)

Todos los musulmanes, saben lo que significo la llegada de la Revelación Quránica a este mundo hace 1420 años. Esta Revelación/Revolución produjo una transformación radical, dijo el Profeta: «El Islam cortó con todo lo anterior». Este cambio radical, produjo una profunda revolución personal y social. En el plano personal dio un sublime valor a la condición humana: el sentido de la Unidad en la transcendencia. En el plano social: inauguro la utopía esperada por los oprimidos: la equidad y la justicia social, y la esperanza de un futuro mejor después de la muerte.

La claves del éxito de la expansión del Islam hay que buscarlas en la decadente situación geo‑política, cultural, social, económica y personal del mundo que conoció muestro Magnánimo Profeta, Muhammad —s.a.a.s.—. Un mundo en el cual reinaba la decadencia moral, la dictadura, la desigualdad y la injusticia.

Los Estados‑nación oligárquicos Bizantino y Persa campaban a sus anchas y su sistema económico basado en la esclavitud dominaba toda la vida social y ética de ese tiempo. El Islam aportó al mundo la conciencia de la Umma, la verdadera hermandad, que es la equidad; pues solo puede existir la igualdad y el respeto entre hermanos, entre iguales.

Muhanunad —s.a.a.s.— enseñó a sus seguidores a liberarse del ego, de la idolatría del culto a la personalidad, y que este ego es el creador de los dioses, y nos enseño que el Poder corrompe a los individuos. Liberó a los esclavos, repartió la propiedad entre toda la comunidad umma, sin distinción de sexo, color, creencia. Cortó radicalmente con los lazos de sangre, con el sistema tribal, y creó la Umma Universal. Umma comunidad que es la población unida entre si mediante el lazo del iman, el vínculo es la idea que habita en la mente y en el corazón, es el concepto que define la vida y la esencia conectándolas con Al‑lâh —s.w.t.— por el soplo de cuyo Rûh el ser humano se ha hecho Insan Hombre, la unidad y la igualdad. En esa época los musulmanes eran los paladines de la lucha contra la tiranía, libertadores.

Hoy para que los musulmanes volvamos a ser lo que fueron nuestros heroicos hermanos y hermanas debemos convertir al Islam en una ideario progresista. Porque el Islam inicial y original fue eso, un ideario progresista, dentro de un contexto geo‑político‑ social: reaccionario, totalitario. Para tal cometido debemos crear un movimiento renovador, restaurador, reformista o como algunos Imámnes lo llaman: Modernista muyadid.

Hoy en día nos ha tocado vivir en la Dictadura del Capital Internacional, sistema económico y ideológico parecido al sistema esclavista de la etapa del Profeta —s.a.a.s.—. Pero el Profeta —s.a.a.s.— dio su respuesta a ese mundo: la Umma Islámica inaugurada doce años después de la Revelación del Generoso Qurán. Pero, por desgracia, el Profeta —s.a.a.s.— ya no está entre nosotros, aunque su Luz esta en nuestros corazones, esperando que nosotros la descubramos y la hagamos surgir hacía el exterior.

Una pregunta que se platea es ¿cómo y de que forma pueden los musulmanes contemporáneos pueden dar su propuesta a un mundo globalizado donde el 80% de la población vive en la miseria más absoluta?. ¿Cuáles son nuestras propuestas a un mundo que se encuentra al borde de la destrucción ecológica y el exterminio del genero humano? ¿Cuáles son muestras propuestas de progreso para el futuro? ¿Qué alternativas, qué respuestas debemos dar a un mundo donde todo sufre? ¿Podemos los musulmanes dar respuestas cuando nos encontrarnos en el atraso y en la marginación?

Para que los musulmanes vuelvan a dar respuesta a estos terribles problemas y para muestra propia super­vivencia como umma debemos restaurar, de renovar la umma musulmana; debemos para ello restaurar, volver al espíritu verdadero del Qurán, que es nuestra idea‑fuerza. Debemos esforzarnos a modernizar, reformar o restaurar la concepción que tienen los musulmanes del Islam y de sí mismos. Ningún restaurador o modernista ha dudado que la umma no es capaz de posibilitar una restauración del pensamiento islámico y que éste puede movilizar al pueblo musulmán para recobrar su protagonismo histórico.

El movimiento modernista fue iniciado por los pensadores, Yarnâl ad‑ Dîn Afgani, Muhammad ‘Abdu, Mu­hammad Iqbâl, Saîyid Ahmad y Saîyid Amir ‘Ali, en el mundo sunnita; Moteza Motahari, Dr. ‘Ali Xariati, Surush, Muytahed‑Shabestari. Montazeri. Kadivar. Seyyed Hêdayat Yalili. Marziêh Sadighi. Muhsen Said Zâdêh, Muhammad Hussein Fadal‑lâh en el mundo xiíta. Estos pensadores han abordado los problemas de los fundamentos ideológicos o filosóficos del derecho, tema fundamental para el desarrollo del auténtico pensamiento musulmán contemporáneo. Todos ellos llegaron a la siguiente conclusión:

Nos encontramos marginados, empobrecidos, faltos de ideas para afrontar la época que nos ha tocado vivir. Necesitamos una restauración, nuestro corpus jurídico no es valido para esta época. Carece de una vitalización y una visión universalista. Los juristas fuqara’ musulmanes son provincianos que desconocen la exégesis histórica, la critica constructiva, el libre pensamiento, y la evolución de las ideas del Derecho Universal, la razón: «la mayoría de nuestros corpus canónicos fueron creados por los hipócritas musulmanes munafiqûn». La idea es la siguiente: cuando murió asesinado el último de los cuatro Jalifas, el Jalifa —Imâm ‘Ali —a.s.— se produjo una contra‑revolución, dirigida por el usurpador Mu’âwiya, a partir de ese momento apareció la dictadura que ha durado hasta nuestros días. Y fueron estos dictadores los que ordenaron la creación el corpus canónico, que fue el resultado de un complejo proceso histórico que floreció durante un período de aproximadamente tres siglos. Fueron ellos los que crearon falsos hadit, los que crearon una jurisprudencia que atentaban contra los derechos de la gente, marginaron y quitaron los derechos de las mujeres, crearon la misogamia, el sexismo, y la segregación; el apartheid del tradicionalismo árabe, de los sexos. E inventaron el término jurídico taqlîd imitación servil que legitimaban sus privilegios y los privilegios de las clases poderosas. la al‑Taqlîd, de la época medieval y impuesta, por los dictadores califales y los juristas vinculados al Poder.

Por esto necesitamos una restauración, y enviar estos corpus al museo para que los historiadores del dere­cho los puedan consultar. Y debemos reemplazarlos por otros nuevos que sean validos a las circunstancias actuales. Debemos profundizar de los fundamentos del dîn, utilizar el ijlas consenso y el istijâr elección de la mejor solución posible para el bien de la comunidad y la utilización de las divergencias yjtilâf, la dialéctica de la tesis, la antitesis y la síntesis.

El modernismo o restauración es un movimiento no organizado intelectual, no de tomas de poder por la fuerza o violentos, y anti‑jerárquico laico, es decir, independiente de cualquier institución religiosa, de cualquier Estado, o grupos de poder, y democrático, es decir, que quiere aportar y participa en la realización de la democracia verdadera.

Por desgracia hoy en día el colonialismo y la tradicionalización han dañado la creatividad, la crítica cons­tructiva y el nivel intelectual de los musulmanes, pero nuestra obligación es crear un movimiento restaurador militante aunque tolerante; libre, aunque no conformista, y apoyado en los principios del Islam original y de los métodos dialécticos de nuestros libres pensadores. El Islam no puede conducir, en el campo de la política, a la defensa de los privilegios ni económicos, ni políticos ni religiosos, sino sólo al progreso o a la vida prospera al­-Hayat de los seres humanos, cuya vida en la historia es la manifestación misma de los Nombres Divinos.

Puntos de la restauración modernista:

1º Reforma del Derecho.

La reforma filosófica del derecho se basa en la indagación intelectual racional libre ijtîhad, que somete a duda todo principio de autoritarismo. «La modernidad no es una corriente de pensamiento independiente. Ser modernista es no estar vinculado, en la dinámica del pensamiento, a las propias tradiciones, sino interrogar a la razón, porque ella podría fijar las vías, constantes o variantes del pensamiento». Ayatul‑lâh Sayyed Muharnmad Hussein Fadal‑lâh

En la propuesta modernista la ley está moldeada por las necesidades de la sociedad; su función es dar res­puesta a los problemas sociales. Según la tradición clásica, la ley se impone desde arriba y establece los patrones eternos a los que la estructura del Estado impone a la sociedad y esta debe conformarse. En su forma legal el modernismo descansa sobre la noción de que la voluntad de Al-lâh —s.w.t.— jamás fue expresada en términos tan rígidos o globales como mantiene la doctrina clásica, sino que enuncia amplios principios generales que admiten variadas interpretaciones y aplicaciones acordes a las circunstancias temporales. El modernismo por lo tanto, es un movimiento hacia una exégesis histórica de la Revelación Divina. La Xari’a se originó como plasmación de los preceptos de la Revelación Divina dentro de las estructuras sociales existentes que pretendía cambiar.

2º Restitución de los derechos de las mujeres

Restituir los derechos que el Qurán otorgó a la mujer y que eran iguales a los de los varones. Y que los dictadores califales que detentaron el poder después del asesinato del cuarto jalifa, el Imâm ‘Ali, quitaron a las mujeres con la intención de mantener sus intereses y su opresión.

3º Revisión científica de los hadits

El que la autenticidad de los hadit este avalada por la mera citación de los nombres de quien fue transmi­tido no avalan la veracidad de estos. Hay que utilizar las ciencias modernas para conocer si los hadit son fiables.

4º Unidad entre sunnitas y xiítas.

A partir de ‘Ali —a.s.— y con la llegada de Mu’awiya al poder de la dirección de la Ummât aparece la dic­tadura de los Omeyas y se organiza el Imperio. Dictadura que ha sobrevivido hasta nuestros días.

Las últimas palabras del Imâm Oculto —a.s.— en el corazón de todo mu’min de la xiía fueron: «En adelante, todo esto no incumbe más que a Al-lâh —s.w.t.—».

«El Imâm Oculto no aparecerá hasta que seamos capaces de comprender, incluso por las correas de las sandalias, los secretos del Taûhid». Salj Sa’doddîn Hamûyeb, siglo VII/ XIII.

Xáhid az‑ Zamám el que domina el tiempo es la designación característica del Imâm Oculto: «... invisible a los sentidos, pero presente en el corazón de sus fieles». ‘Aziz Nasafî, siglo VI/XIII.

Con las palabras: «En adelante, todo esto no incumbe más que a Al-lâh —s.w.t.—», entiendo que se refiere a que la elección del Imâm dirigente de la Ummât será a partir se su ocultación una cuestión que nos atañe a todos los musulmanes, es decir, que el Imâm debe ser elegido por toda la comunidad, en una comunidad en la cual el «pre‑ requisito principal sea la justicia social» Al‑lamah Tabataba’i, Teherán Times, Noviembre 15, 1997. Pág. 2. El Muecín, año VII‑44. Argentina. Abril 1998, y debe ser elegido democráticamente ar‑ Xuwara: «... y sus autoridades Ámr: mandar, ordenar; autoridades, asuntos, ordenes, decretos, poderes. son elegidas en consultas mutuas wûrârâ entre ellos». Sura 42, ayát 38; etapa de Makka

En una comunidad en la cual se debe resolver las diferencias pacíficamente: «Y sabed que debéis resolved vuestras diferencias amistosamente». Sura 8, ayát 1

Y este es el punto que nos acerca a los sunnitas. Hoy es posible y es una obligación nuestra, crear las bases para la unidad de todos los musulmanes del Planeta.

Teniendo en consideración que las diferencias entre sunnitas y xiítas nunca han sido de carácter político, creo que en cuestiones de política se puede llegar a un entendimiento. Creando los medios necesarios y con buena voluntad este punto que siempre nos han separado, podría volver a unirnos.

Los sunnitas siempre han sostenido en que el Jalifa debía de ser elegido democráticamente entre las personas que mejor preparadas estuvieran para dirigir la Ummat: «La única institución política islámica en la que todos los musulmanes estarnos de acuerdo, por el Corán, y por las innumerables referencias que sobre ello existen en la Sunnah, es la Xawara, la consulta mutua. Sabemos los musulmanes que la sociedad preconizada por el Profeta Muhammad, la paz y las bendiciones sean con él, la que él alentaba, era una sociedad participativa. Jamás tomo una decisión sin someterla a la consulta de sus Compañeros y allegados, e incluso, como sabemos, en alguna ocasión hizo prevalecer la decisión de la Xawara sobre la suya propia, a pesar de que él, como Profeta, conocía lo equivocado de la decisión como se demostró por las consecuencias ver, quizás Batalla de Badr. Sabemos que el Corán no indica formas particulares de gobierno y que el profeta no explicitó este tema ni el de la sucesión». Dr. Mansur Abdu‑s‑Salam Escudero, Presidente de la FEERI‑Cie. "El Islâm ante el laicismo en el proyecto social". Véase: http://www.webislam.com página 3

Esta es la opinión de los sunnítas, veamos ahora la opinión del Xaîj Tabataba’i: «Después de la desaparición del Santo Profeta —s.a.a.s.—, la mayoría de los musulmanes creyeron que debían elegir ellos mismos al califa sucesor que gobierne la sociedad islámica. Pero la Xi’ia cree que los califas son los doce Imâmes de la Familia Profética elegidos por Al-lâh y anunciados por el Profeta —s.a.a.s». Tabataba’i dice que hoy, en ausencia del Santo Profeta —s.a.a.s— y el doceavo Imâm, P. aún por venir, es responsabilidad de los musulmanes en la sociedad islámica, escoger a sus gobernantes. El proceso de elección, sin embargo, lo considera distinto al que prevalece en la monarquías u oligarquías». Al‑lamah Tabataba’i, Teheran Times, Noviembre 15,1997. Pág 2. El Muecín, año VII‑44. Argentina. Abril 1998

Obsérvese que las dos opiniones no están de acuerdo en la primera parte, es decir, en la elección del suce­sor del Profeta —s.a.a.s.—, pero sí están de acuerdo en la segunda parte.

Los xi’itas sostenemos que después del Profeta —s.a.a.s.— era ‘Ali —a.s.— y los Once Imâmes —a.s.— quienes debían dirigir la Ummat Islámica y que esta elección no era democrática. Pero, y después de la ocultación del Duodécimo Imâm —a.s.— y sus últimas palabras son claras: se debe elegir al dirigente democráticamente. Al estar el XII Imâm —a.s.— "oculto en los corazones de todos los sinceros musulmanes", también se legitima la democracia por esa vía.

Y este es el punto en el cual todos los musulmanes, tanto sunnitas como xi’itas estamos de acuerdo: los administradores de la sociedad deben ser elegidos democráticamente. Esto nos acerca más de lo que las dos tendencias piensan. Hoy en día es totalmente necesario que la comunidad Islámica sea una solo cuerpo para luchar contra la opresión, las injusticias sociales y la recuperación del protagonismo histórico de la ummat islámica.

Por otro lado, todos considerarnos a ‘Ali —a.s.— como Imâm, los xi’itas, y como Jalifa, los sunnitas. Y todos estarnos de acuerdo que después de ‘Ali —a.s.— apareció la dictadura. Incluso los Xaîj sufís consideran al Imâm‑Jalifa ‘Ali —a.s.— como el transmisor de los conocimientos proféticos del Profeta Muhammad —s.a.a.s.—. La clave de la unidad musulmana está, pues, en la figura del Imâm‑Jalifa ‘Ali Ibn Abu Talib —a.s.—.

No estoy planteando que todos los musulmanes tengamos un mismo dirigente, sino que nuestros represen­tantes, en asociaciones, en nuestros pueblos, regiones y países sean elegidos siguiendo los principios de la Ummât nin Haqq Comunidad de Derecho. Pretender que todos tengamos la misma dirección es una ilusión infantil, y anti‑Quránica. Lo que planteo es que luchemos todos juntos para que muestras formas organizativas reflejen el espíritu Quránico, por eso somos musulmanes por encima de otras cosas.

Nuestra responsabilidad es importantísima, pues debemos dar respuestas a la situación desesperada de nuestro mundo actual, donde el 80% no tiene nada. Hoy se espera de nosotros que el fenómeno de la Revolución Social iniciada por el Profeta —s.a.a.s.— vuelva a estar en pie. Y que se alcen los principios de equidad qist, justicia social adfi y democracia xuwaral que el mundo perplejo vio en el siglo VII. Durante los diez años que el Profeta —s.a.a.s.— dirigió la Ummât Islámica la humanidad jamás vio tan sublime y hermosa Revolución.

«¡Y sabed que debéis aferraros todos unidos al pacto de Al-lâh, y no os dividáis! ¡Recordad la ayuda que Al-lâh os ha dado, cuando érais enemigos reconcilió vuestros corazones y, por Su ayuda, os convertisteis en hermanos! ¡Estábais al borde de un abismo de fuego y os libró de él! ¡Así os explica Al-lâh sus enseñanzas para que estéis guiados! ¡Y sabed que debéis establecer una Comunidad que reivindique escoger lo mejor y ordene la adquisición del conocimiento y se abstenga de la ignorancia! ¡Y no debéis ser como quienes, después de haber recibido las pruebas evidentes, se dividieron y discreparon! si hacéis como ellos ¡Para ésos será el castigo más severo!» Walal ‘Iram, sura 3, enseñanzas: 103‑104‑105; etapa de Madina

«¡Y que el odio de las gentes que os han apartado de la Mezquita Inviolable no os haga violar lo que se os ha ordenado! ¡Ayudáos mutuamente a practicar la auténtica obediencia y la taqûa! ¡Y sabed que no debéis de ayudaros mutuamente a cometer delitos ni a ser injustos ! ¡Tened taqûa a Al-lâh! ¡En verdad, Al-lâh es severo en el castigo!».

al‑Anfâl, sura 5, ayát 2; etapa de Madina

«¡Hoy los que son kafirûn son quienes desesperan de vuestro Dîn! ¡Así pues, no les temáis a ellos, pero sed temerosos a Mi Justicia Divina! ¡Hoy os he perfeccionado y he completado Mi ayuda para con vosotros! ¡Y he escogido el Islám como Dîn para vosotros!».

Sura 5, aydt 3; etapa de Madina

«Y recordad la ayuda que Al-lâh os ha dado y el pacto, aquél que vosotros aceptásteis libremente cuando dijisteis: «¡Oímos y obedecemos!». ¡Y tened la taqûa a Al-lâh! ¡En verdad, Al-lâh conoce lo que encierran vuestros pechos! ¡Oh, quienes tenéis imân! ¡Que vuestro fundamento sea lo que Al-lâh os ha enseñado que es justo y de derecho, siendo testigos de la equidad! ¡Y que el odio a las injusticias de unas gentes no os hagan cometer injusticias! ¡Sed de los equitativos! ¡Esto es lo más próximo a Mi taqûa! ¡Y tened taqûa a Al-lâh! ¡En verdad, Al-lâh está bien informado de lo que hacéis!».

Sura 5, ayát 7‑ 8; etapa de Madina

4º El retorno al Qurán

Es un escándalo comprobar que los musulmanes no conocen el Qurán y carecen de una formación Qurá­nica. Pero si que conocen hadit que en su mayoría son falsos. Algunos piensan, por ejemplo, que castigar con la lapidación a los adúlteros es un precepto Quránico; y así podríamos citar miles de ejemplos.

5º Restauración del Ihtiyad

Las verdades auténticamente esenciales del Islam y el esfuerzo del pensamiento racional. Las primeras deben entenderse dentro de su propia evolución dialéctica, pero vistas desde el análisis de los grandes pensadores universales. El segundo debe tener una profunda base realista. «Ser modernista no quiere decir renunciar a la dimensión social; los muyadid restauración exige una clara conciencia de la real situación humana. El tiempo no es algo establecido, que se nos da, sino que es constituido permanentemente por el ser humano como sujeto».

6º Revisión y eliminación de los elementos judaicos, cristianizantes, y la tradicionalización árabe, y el platonismo dualista.

7º Rehabilitación del Líbre albedrío

El Iº Imâm‑Jalifa ‘Ali —a.s.— cuando dijo: «Se les dio a los seres humanos completa libertad de pensamiento en este mundo, para que pensaran lo que quisieran e hicieran lo que desearan, de modo que educaran sus mentes, y, con la ayuda de éstas, tuvieran libre voluntad en un período de vida que les había tocado en suerte, y pudieran encontrar el propósito por el que fueron creados ... Jutbah 86, del libro "Nahjul Balaghah".

En el libro Nahjul Balaghah el Iº Imâm‑Jalifa ‘Ali —a.s.— nos explica que Al-lâh —s.w.t.— creó al hombre como un ser libre con razón y sano juicio, y lo condujo con Su bendición hacia la Vía recta, pero que fue el ser humano el que se encadenó a su "sí mismo" ego con deseos falsos y ambiciones desenfrenadas. Hay que tener claro que todo esto sucede porque el ser humano tiene libertad, y si no existiese la libertad tampoco existiría el Islam.

Para Muhammad ‘Abdu el determinismo nació del materialismo del poderoso grupo omeya. La contra­revolución del califa Mu’âwiya; sus engaños en las acciones de Kerbalâ, debían justificarse. Nada mejor que cargarlos en la cuenta de Al-lâh, porque éste así lo había predeterminado. El determinismo es radicalmente incompatible con la sabiduría y con la justicia divina. El poder de Al-lâh no se manifiesta a través de actos caprichosos y abstractos, sino en orden, regulada y universalidad de la creación. Es, por tanto, absolutamente conciliable con las leyes naturales en lo físico y con la libertad humana en lo ético. El ser humano es libre incluso de aceptar el depósito del imân, que no se hace ciegamente, sino con conocimiento de causa. Y como es libre para pensar y actuar, tiene el deber de ejercitar su facultad racionativa para examinarlo todo iytîhad y para no tener que aceptar nada por imposición, sino mediante una reflexión ponderada. Al‑Naazzâm había sentado el principio de la duda metódica. Precisamente la decadencia de los musulmanes fue contemporánea del abandono de los principios críticos inherentes del Mensaje Divina. Estos fundamentos son los que hay que reconstruir para revivificar el Islam.

8º Análisis y crítica científica de la Historia Islámica sira, biograría de la vida del Profeta

El libro por excelencia para el estudio de la biografía del Profeta —s.a.a.s.— es el Qurán, pues Al-lâh nos habló sobre el Profeta —s.a.a.s.— de sus caracteres personales, de su estilo de cumplir la misión de difundir el Islam, de las circunstancias que rodearon su Exilio, también nos cuenta de sus combates y su forma de liderazgo en los puntos de debilidad, y en los puntos de fuerza, nos habla de la compasión y su clemencia, su total apertura hacia Al-­lâh —s.w.t.—, su forma de compartir con los musulmanes los sufrimientos y las esperas, su modestia con ellos como si fuera uno más de ellos. El estudio del al‑Qurân al‑Karîm, en lo que se trata de la biografía del Profeta Muhammad —s.a.a.s.— nos puede aportar muchos datos y deducciones. El segundo libro es el Nahj el Balagha el camino de la elocuencia, ya que su escritor, el Imâm ‘Ali —a.s.— es alumno del Profeta, su compañero y su sucesor, vivió con él, y habló de muchos aspectos de la vida y personalidad del Profeta —s.a.as.—. También podemos servirnos, aunque con reservas, de la vida de Ibn Isaac aludida por Ibn Hicham y mencionada por Tabarî. Pero ante todo, tenemos que buscar en los dichos de los Imâmes de la Familia del Profeta —s.a.a.s.—, que contaron mucho sobre la biografía del profeta. Cuando leemos el al‑Qurân al‑Karîm, en lo que dice: «Realmente tenéis en el mensajero de Al-lâh un excelente ejemplo para aquellos que esperan contemplar a Al-lâh, y salvarse el Día del Juicio Final, mencionado a Al-lâh frecuentemente» y también: «Dile, si verdaderamente amáis a Al-lâh, seguidme, y Al-lâh os amará». Cuando leemos esto sabemos cómo estudiar la vida del Profeta, para considerarla una guía en todo lo que hacemos y lo que dejamos, porque él es el libro parlante, como el al‑Qurán es el libro mudo, tenemos que leer la biografía del Profeta en el libro de la vida, como leemos en el libro de Al-lâh». Ayatul‑lâh Sayyed Muhammad Hussein Fadal‑lâh

9º Creación de un lenguaje islámico-castellano

El Islam tiene su propio lenguaje, su propia psicología y sociología. Y traducir ciertos términos como por ejemplo: Al‑lâh, yahannam, yannat, taqûa par. act. muttaqîm, yinn, iblis, xaitan, nafs, imân par. act. mu’minûn, dîn, mil‑lat, zakat, anfal, sadaqat, gaîb y kufr par. act. Kafirûn, la traducción habitual de estas palabras contiene conceptos que no encajan en la concepción del mundo Quránico, y sería desvirtuar el Islam. Hay que tener en cuenta que el Islam no es una religión, pues cualquier religión se argumenta y se sostiene con los Mitos, el Dogma, el Misterio, la Magia, la Fe, el fatalismo o el Pecado Original. El Islám no tiene ninguno de estos elementos que fundamentan a las religiones. Quizás esta afirmación sorprenda al lector, pero el lector culto sabe que estos elementos es el armazón ideológico de las religiones y que el Islam no tiene.

Ayatul‑lâh Sayyed Muhammad Hussein Fadal‑lâh define así la corriente del pensamiento islámico denominado Modernismo, y también denominado " La Tercera Vía": «La modernidad no es una corriente de pensamiento independiente. Ser modernista es no estar vinculado, en la dinámica del pensamiento, a las propias tradiciones heredadas, sino interrogar a la razón, porque ella podría fijar las vías, constantes o variantes, del pensamiento.

«Así, el modernismo expresa un método de pensamiento sin incluir un contenido intelectual preciso que estaría o no de acuerdo con el Islam. La idea que hemos lanzado es que debemos, por el hecho de vivir en una determinada época: «1/ Comprender la mentalidad y el sentimiento de esta época, saber cómo piensa el hombre contemporáneo «2/ Conocer los fundamentos y el método de su pensamiento.

«A partir de ahí, decirnos que el Islam nos obliga a dirigirnos a cada época según su mentalidad, y a cada época según su razón. Es lo que dice el hadiz de Rasúl (s): "Se nos ha dado la orden, a los Profetas, de hablar a la gente según su razón". No se puede hablar a un hombre cuya razón está marcada por la cultura determinada de la misma manera que a otro cuya razón esté marcada por otra cultura. No se puede hablar a un hombre instruido de la misma manera que se hace con un hombre sin instrucción, porque cada vez se trata de una situación distinta que implica diferencias en el método, el lenguaje y el pensamiento.

«Pero cuando decimos que tenemos que vivir en sentido de la modernidad, no decimos que tengamos que aceptar todas las ideas de la época moderna. Cuando llamamos a la apertura a la modernidad, no decirnos que tengamos que aceptar todas las innovaciones y todas las corrientes modernistas, porque poseemos nuestro pensamiento islámico que no se desgasta con el tiempo. El pensamiento islámico es el de la vida, porque ha sido revelado por Al-lâh —s.w.t.—. Así que este pensamiento cuya evolución, elementos y naturaleza no suscitan la unanimidad entre todos los mujtahid puede entenderse según un método nuevo y ser tratado con medios nuevos.

«Así, vivir según las exigencias de la época moderna no implica inclinarse ante las corrientes de la época moderna, sino dirigirse a la época moderna según su mentalidad y sus métodos para afirmar nuestro propio pensamiento con métodos susceptibles de convencer al hombre de la época moderna. Efectivamente, estamos en desacuerdo con el Marxismo, con el Existencialismo y con muchas otras corrientes políticas, económicas o filosóficas.

«Aquellos que nos acusan de optar por el contenido intelectual de la modernidad no han comprendido nuestras consideraciones. Porque somos musulmanes y consideramos al Islam como el fundamento de todas lógica y movimiento vitales, porque el Islam es el dîn de Al-lâh y no puede ser alcanzado por la falsedad. Pero decimos que los ulemas comprendieron el Islam de una determinada manera y es nuestro deber comprenderlo de la nuestra, no porque la innovación, el modernismo y el cambio sean buenos por sí mismos, sino porque Al-lâh les dio un pensamiento con el que produjeron su jurisprudencia, igual que a nosotros nos ha dado un pensamiento que —a partir de los mismos principios, el Qurân y la Sunnah— permite que reproduzcamos algo diferente y dar visiones jurídicas distintas a las suyas.

«Por todas estas razones, no hay contradicción entre la fidelidad absoluta a las constantes islámicas y a la categoría de la modernidad, porque tratamos con la época moderna con sus métodos que no son rechazados por le Islam. Queremos conservar estas constantes islámicas y protegerlas con un espíritu nuevo que las presentará en principio más aceptables para los demás. Hay una gran diferencia entre la traición del contenido y la adopción de procedimientos contemporáneos necesarios para vivir en la época moderna. No traicionamos el contenido, sino que lo vivificamos al afirmarlo, y nos falta hacer una evolución en nuestros procedimientos y en nuestros métodos para comprender mejor el Qurân y la Sunnah y percibir el dinamismo de la realidad en todas las cosas».

Conclusión:

Hoy es posible crear un insan islámico nuevo y una sociedad fraterna y tolerante. Para realizar tal el mundo islámico tiene que aprender a distinguir en la praxis de la sociedad política concreta y la estructura socio‑religiosa y realizar la necesaria formulación islámica. Esta tentativa por realizar una formulación islámica han resultado fallidas, por insuficientes, y por ser perseguidas y han tenido que ocultarse. Las primeras, porque la astucia económica neo‑colonial a matado el espíritu musulmán. La segunda, han sido abogados por Dictadura del Capital Internacional y en otros se han visto oprimidos por las oligarquías dictatoriales o por lideres carismáticos.

El profesor Muhammad ‘Azîz Lahbâdi inventó un término muy interesante: Falsafiyyat al‑ Gadiyya la filosofía del permanente reamanecer humano. Gadiyya alborada que Lahbâdi sitúa en un nuevo tipo de insan: el tercermundista transcendental, para distinguirlo del conyuntural tercermundismo político. El tercer mundo es una auténtica apuesta; un nuevo pari. Pero no se trata de una estricta tensión política, sino de una fiel esperanza humanista musulmana. Sólo si el insan consigue «destraumatizar» su vida será posible una rehumanización integral. No se trata, pues, del rutinario desarrollismo que nos ha conducido al callejón sin salida en que hoy se debate el insan: capitalista liberal, capitalista de Estado o tercermundista; desarrollado, en desarrollo o subdesarrollado; sino de sustituir el desarrollo por la promoción es decir, elevar a las personas a una dignidad superior y transcendente. Y eso no es posible sin la Falsafiyyat al‑ Gadiyya, una filosofía del permanente amanecer humano, de una reentificación del insan Hombre, no de una simple remodelación.

Porque: «el destino de la civilización futura dependerá del grado de universalidad que tenga el tipo de insan que aquella produzca».

 

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